lunes, diciembre 06, 2010

Dominicana: Faltan respuestas integrales para las mujeres violentadas

Mirta Rodríguez Calderón
AmecoPress/SEMlac.- Después de nueve años haciendo terapia a mujeres violentadas en el Núcleo de Apoyo a la Mujer de Santiago de los Caballeros, la segunda capital de República Dominicana, la psicóloga Xiomara García pasó a dirigir la Casa Modelo de Acogida, donde buscan protección mujeres de todo el país: en 18 meses han pasado por allí 87.

El hecho de que, a estas alturas del año, haya casi 150 feminicidios permite presumir que 2010 será un año terrible para las dominicanas. ¿Cómo lo ve usted?

Sí, las estadísticas superan las de años anteriores. Y hay que agregar a dominicanas asesinadas en otros países. No hay duda que será un año terrible.

¿Qué es lo más difícil al tratar con las mujeres acogidas? ¿Les persiguen hasta allí sus agresores?

Para mí ha sido una experiencia un poco frustrante, ya que me encuentro cada día con el gran obstáculo de que el sistema no tiene respuestas integrales que ofrecer a las mujeres, ni en la justicia ni en la salud.

El sistema de justicia es muy deficiente para apresar a los agresores. A partir de abril de 2009, hemos recibido casi 100 mujeres y el sistema de justicia sólo ha dado respuesta limitada a 10 por ciento de los casos. La mayoría de los agresores no son sometidos. Y hay algunos con un perfil de violencia muy alto. Otro obstáculo son las limitaciones del Estado para el sostenimiento de estos programas, que limitan la calidad de los servicios.

Se tiene la impresión, desde fuera, de que las Casas de Acogida resuelven poco, puesto que las mujeres violentadas permanecen por escaso tiempo, ¿y después qué?

En mi opinión personal, las casas de acogida constituyen una forma de privar las de sus derechos, ya que estando albergadas pierden libertad, trabajo, estudios. No obstante, en un país como el nuestro, que no tenía la experiencia en refugios, es una respuesta parcial a las situaciones que viven las mujeres que, de cierto modo, pueden salvar la vida temporalmente.

En mi experiencia, en la Casa han tenido un tiempo para estar acompañadas por profesionales que les han permitido fortalecerse, trabajar su autoestima y salir con una visión diferente de su situación de violencia. Pero ellas necesitan la respuesta de otros sectores. Y el programa del refugio debe ser ampliado para ofrecer seguimiento y apoyo para su empoderamiento personal de forma integral: salud emocional, trabajo, estudio…

¿Por qué quienes trabajan con mujeres violentadas no han podido hacer valer la ley de que se entregue a las Casas de Acogida el cuatro por ciento del dinero preveniente de la incautación de armas ilegales y las multas que pagan los agresores? ¿Se conoce suficientemente esa ley?

La ley es poco conocida. Cuando se promocionó el servicio de las Casas de Acogida en las diferentes fiscalías del país, se socializaba la ley y, aún así, el personal que trabaja en justicia no la conoce. En relación con los fondos, me parece que ese cuatro por ciento se desvía para otras actividades, aunque hablo sin fundamento de prueba.

¿Qué experiencias ha tenido en la Casa de Santiago?

Se aprende mucho de las mujeres por la oportunidad de permanecer con ellas durante cierto tiempo. La mayoría de las que han estado en la Casa, después de cierto tiempo, se interesan por salir porque sienten que tienen que valerse por sí mismas.

Esto rompe un poco el mito de que las mujeres se acomodarían en los refugios y se volverían dependientes. Como lo recursos son tan limitados, he confirmado la importancia del trabajo en redes: la coordinación con ONGs, centros de cuidado infantil, de capacitación, me ha permitido dar mejores respuestas a las mujeres.

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