martes, octubre 05, 2010

Mujeres Venezolanas, Empleo Remunerado y Autoempleo: para un ejercicio pleno de independencia

Por: Marián Torres Calabrese
1. Introducción
“Todos los «derechos de la mujer» ― matrimoniales, políticos, sociales― se determinan únicamente por su papel dentro del sistema económico”
Alexandra Kollontai (1976)

En el marco de cambio de paradigma que se está librando en el mundo ocasionado por la revolución pacífica de las mujeres -y algunos hombres- tras la búsqueda de la igualdad, no se pueden escapar los estudios con perspectiva de género de la pobreza, la educación, la salud, la justicia, la fuerza de trabajo, entre otras áreas no menos importantes. Dichos estudios han ayudado a determinar qué factores son los que influyen en el mantenimiento de la opresión. Es así como inmersa en esta lista se encuentra una de las áreas más significativas e importantes para las relaciones entre los géneros, la cual es precisamente la fuerza de trabajo, que Alexandra Kollontai (1976) describe como determinante en la consecución real y efectiva de los derechos de las mujeres.

2. Mujer y trabajo

Luego que la historia de la humanidad dejara atrás al feudalismo y con la aparición en Europa del capitalismo como nuevo sistema económico mundial, se determinó al hombre como mano de obra productiva y a la mujer como reproductora no productiva, clasificación conocida como la división sexual del trabajo. Desde esa época que se remonta a mediados del siglo XIII no muchas cosas han cambiado en los roles que llevamos las mujeres y los hombres en el mundo, se sigue aún con el estigma de la mujer responsable de la casa y el hombre como cabeza de hogar y sustentador.

La división sexual del trabajo es una teoría que intenta explicar la situación de la mujer en el mercado laboral, la cual es vista como una clasificación de acuerdo a la estimación social y económica según los roles ejecutados por mujeres y hombres. Estimación que desde la perspectiva capitalista minimiza a las mujeres y es perjudicial. Esa valoración a su vez reproduce la desigualdad puesto que un hombre “vale más que una mujer” y desde ese punto el juego de poderes también capitalista se inclina a que los hombres son los ganadores. Como ejemplo sencillo se puede evocar el momento en que en nuestra sociedad nace una personita varón –va a ser un macho-, si por el contrario nace hembra es común escuchar: también sirve. Sin mencionar si nace con ambos sexos.

Estos roles definidos para hombres y mujeres conducen a la aparición de estereotipos, los cuales forman parte del sistema de género y es definido como la organización social que procede de la división sexual del trabajo, la cual se encarga de regular y organizar la sociedad de una manera que los hombres y las mujeres sean, actúen y se observen desiguales. Un factor determinante y ejemplo de ello es lo suscitado dentro de los ambientes educativos, con el currículo oculto que está presente y, en donde se reafirman las diferencias, además de que se reproduce el androcentrismo a través de la institución en pleno, desde los docentes, los ambientes o espacios asignados a impartir la educación, hasta llegar a la literatura utilizada para la formación –pedro es ingeniero, maría cocina-.

Pese a lo definido como la división sexual del trabajo que confinaba a la mujer a la “cacerola”, con el fin de mantener al hombre, ya sea padre, hermano o esposo sano para el trabajo, así como también para la reproducción que asegurara el relevo de la mano de obra, se logró un importante paso en la historia de las mujeres –gracias a mujeres luchadoras-, lo cual fue su inclusión en el ámbito laboral remunerado. Sin embargo, como resultado de este paso las mujeres han tenido que pagar un precio alto, pues las que decidieron tener acceso al empleo remunerado o se autoemplearon no dejaron atrás las responsabilidades domésticas. Se convirtió el trabajo remunerado entonces en una carga adicional, lo cual es denominado como “doble jornada” o “doble presencia”. Consecuencias que muchas mujeres han decidido no asumir, no teniendo hijos o familias.

Tras este suceso nace una nueva división sexual del trabajo, con mujeres asalariadas en el mundo público pero con las mismas responsabilidades domésticas. Esto evidentemente ha sido contraproducente para la emancipación de las mujeres, pues se presenta en una sociedad que no estaba preparada para los nuevos cambios y requerimientos que surgieron del novel estilo de vida e identidad de las mujeres.

3. El Trabajo de la mujer en Venezuela

En el caso de Venezuela seguimos ese mismo patrón antes mencionado de las “súper mujeres”.Ésta es una manera atractiva de manipularnos. Esos poderes “exclusivos” son utilizados para mantener el control y manejar nuestro tiempo en pro de que los hombres tengan más tiempo para utilizarlo en ser los mejores empleados o sencillamente para el ocio. Sin embargo, esto sucede con las mujeres venezolanas que logran tener acceso a un empleo remunerado o autoempleo, las cuales constituyen sólo el 50% de las mujeres en edad de trabajar.

Es así como los datos relacionados con la “inactividad laboral” revelan que la situación de las mujeres es limitada y que su inclusión en empleos remunerados o autoempleos no está siendo eficiente. A pesar de que actualmente existe una significativa diferencia con respecto a 1971 en donde se encontraba una tasa de inactividad del 76,1%, la cual fue reduciéndose a partir de 1999 hasta llegar a un 50% para el 2008, según datos del Instituto Nacional de Estadística de Venezuela (INE). Este dato comparado con el 20% de inactividad de los hombres para 2008 igualmente enciende las alertas de que algo está sucediendo, algo que le impide a las mujeres tener iguales oportunidades que los hombres en el acceso.

No se puede dejar de resaltar que la inclusión de las mujeres en el trabajo remunerado constituye un logro importante de las políticas económicas, sociales y de género implementadas en la última década en la República Bolivariana de Venezuela, por el equipo de gobierno dirigido por el presidente Hugo Rafael Chávez Frías, lo cual sin lugar a dudas ha contribuido a obtener una transformación social diferenciada de los demás países de la Región Andina, debido a que la participación económica de los hombres no ha sufrido grandes variaciones en el mismo período, por lo cual la denominada brecha de género se ha visto disminuida en esta área.

No obstante, este logro no es directamente proporcional a que se hayan dado los pasos necesarios para que exista una corresponsabilidad en los cuidados, es decir, la coparticipación de las obligaciones de cuidado y trabajo doméstico. Por el contrario, ha significado más responsabilidad y sobrecarga para las mujeres, quiénes además de asumir su rol productivo remunerado han seguido manteniendo su rol reproductivo y productivo no remunerado o trabajo doméstico en un 99%, según datos del Observatorio Bolivariano de Género. Sí, las mujeres hacemos el 99% de los trabajos del hogar.

4. Medidas necesarias

Debido a los altos índices de “inactividad” de las mujeres venezolanas se hace necesaria la corresponsabilidad por parte de la sociedad y el Estado, para enfrentar conjuntamente esta problemática. Como una alternativa a ello se encuentra la reducción de la jornada laboral de ocho a seis horas, para enfrentar los repartos desiguales de los empleos y en consonancia con las luchas que por años los trabajadores y trabajadoras han gestado. Se retoma esta propuesta la cual está en armonía con los principios socialistas y feministas, además de que ello nos acerca hacia la igualdad de oportunidades, como modo de justo reparto del trabajo remunerado y como combate a la división sexual del trabajo.

Asimismo se amerita con premura una red de cuidados a la infancia, así como a los ancianos y a las ancianas, centros de lavado y planchado, centros de alimentación, entre otros. Al igual que es primordial establecer políticas sociales precisas para generar la conciencia género necesaria hasta promover la corresponsabilidad de hombres y mujeres ante los cuidados, para lograr un sistema de repartos de responsabilidades en los hogares más justo y democrático.

Otra medida sin discusión para ejecutar en Venezuela es lo referido a la coeducación, el cual consistiría en una visión de la pedagogía para las personas, alejado de la clasificación de sexo, de género, de etnia, entre otros, lo cual reformaría la educación hacia una formación más humana, donde se ha de reconocer que la riqueza de la vida de las personas reside en la diferencias entre las mismas. Ello con el objetivo de erradicar la reproducción del sistema de género, machista y patriarcal.

Todas estas actividades deben realizarse de la mano y en la búsqueda de la igualdad entre todas las personas, con el fin de que se les permita a las mujeres obtener un papel activo en el sistema económico y con ello se garantice su empoderamiento, la autosuficiencia económica, la independencia intelectual y relacional, creando con ello una situación favorable para el cambio de roles en el hogar.


5. Reflexión Final

La mejoría de las condiciones de vida de las mujeres únicamente se ha de obtener socialmente y, los derechos de éstas serán tales si son reconocidos por la ciudadanía en general. Los derechos de las mujeres como personas dependen de los derechos del género. El empoderamiento se obtiene al conseguir que las mujeres como personas consoliden poderes individuales y vitales, como lo es la independencia económica -a través de un puesto de trabajo remunerado o del autoempleo- así como de que su género en la totalidad logre un mejor posicionamiento en el sistema económico.

No puedo culminar sin mencionar que son necesarios además otros cambios que escapan de la mirada feminista y que formarían parte de otro escrito. Y es lo que Simone de Beauvoir afirma: “sólo en un mundo socialista la mujer que acceda al trabajo tendría garantizada la libertad”. Es por ello que las mujeres y hombres que estamos en la lucha por la igualdad de género tenemos que batallar incansablemente para la consolidación del socialismo feminista en ésta, la más bella república del mundo, nuestra República Bolivariana de Venezuela.


¡CONCIENCIA DE ETNIA, CONCIENCIA DE GÉNERO, CONCIENCIA DE CLASE, CONCIENCIA DE PATRIA!

Marián Torres Calabrese
Magíster en Bienestar Social
Especialista en Género
mariantorresc@gmail.com

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