viernes, agosto 13, 2010

Suicidio en Uruguay: Un problema social...

Cristina Canoura(SEMlac).- No es la primera vez que Teresa intenta autoeliminarse. Cada tanto toma pastillas, por lo general potentes hipnóticos, hasta el límite letal. Cuando eso sucede, comienza el rescate: llamado al servicio de emergencia, un lavado de estómago para detener la intoxicación y, luego, aislamiento en un hospital psiquiátrico.

Por unos días su familia no la puede ver, apenas le lleva ropa y cigarros hasta que se levante la prohibición. En el primer encuentro, Teresa —nombre ficticio para no develar su identidad— siente vergüenza y cuando regresa a su casa se aísla, sabe que sus vecinos conocen el porqué de su ausencia.

Estas tentativas de quitarse la vida siempre coinciden con una crisis matrimonial y un golpe bajo a su autoestima. Tiene poco más de 40 años, los hijos crecidos, los mayores de la familia y todas las tareas domésticas a su cargo. Son seis personas, todas confinadas en un pequeño departamento que no llega a los 70 metros cuadrados.

Carece de dinero para seguir una psicoterapia y, a fin de salir de las crisis de profunda depresión, se ve obligada a tomar más psicofármacos que le prescribe su psiquiatra. Los intentos de suicidio reiterados representan la manera inconsciente que encuentra esta mujer para manifestar su insatisfacción con la vida que lleva.



Su propósito real no es matarse. Cuando regresa a la conciencia, quisiera conseguir un trabajo, ser independiente económicamente y tener la fuerza suficiente para separarse de su marido infiel y dejar de ser desgraciada. Como no puede lograrlo, el calvario se reinicia.

La familia y amigos temen que la próxima vez sea la definitiva. La mayoría de las veces reaccionan con rabia y viven los actos suicidas de Teresa como una agresión y chantaje. Sus mensajes de alerta han pasado casi siempre inadvertidos y sólo luego de pasado el cataclismo logran reconstruir los pedidos de auxilio que todos pasaron por alto.

Se desconoce en Uruguay las cifras de personas que, como Teresa, cometen intentos de suicidio. Sin embargo, datos oficiales indican que en 2009 lograron quitarse la vida 537 individuos. De ellos, 95 eran jóvenes o adolescentes.

Una investigación de la Facultad de Enfermería de la Universidad de la República, divulgada a fines del pasado año, durante el XXV Congreso Mundial de Prevención del Suicidio, asocia los intentos de autoeliminación de los más jóvenes (entre nueve y 14 años) con la pobreza y la desestructuración familiar.

Como forma de prevenir estas muertes, el Ministerio de Salud Pública (MSP) pondrá en marcha un protocolo en los servicios de emergencia y urgencia de los centros de salud, encaminado a registrar y atender, de manera integral, a las personas que llegan tras atentar contra su vida, anunció el psiquiatra Lizardo Valdez, director del Programa Nacional de Salud Mental del MSP, en ocasión del Día Nacional de Prevención del Suicidio, el pasado 15 de julio.

Este protocolo prevé la atención psiquiátrica de la persona en un lapso no mayor de 48 horas y el seguimiento del caso, por lo menos, durante el semestre siguiente. Se planifica, asimismo, la creación de grupos terapéuticos y de orientación destinados a los familiares de pacientes suicidas y con intentos de autoeliminación.

Forman parte de los planes del MSP la formación de docentes, cuidadores y policías, la realización de talleres con trabajadores de la prensa y la consolidación de una comisión permanente de estudio y seguimiento al tema.

Al mencionado registro, que será de estricta confidencialidad, se suma la instalación, en los centros públicos de salud, de un servicio telefónico de auxilio y rescate gratuito durante las 24 horas para quien se encuentre en situación extrema.

Hasta ahora, sólo existe un dispositivo de este tipo gestionado por la Organización No Gubernamental Último Recurso, que dirige la psiquiatra Silvia Peláez.

De acuerdo con la División Salud de la Población del MSP, la tasa de suicidio en Uruguay es de 17 cada 100.000 habitantes, número que varía según el rango de edades: 11,2 entre los jóvenes y 33 entre los adultos mayores. Las cifras colocan a Uruguay en el mismo rango que Cuba, Guyana y los países de Europa Oriental, países que muestran los índices más altos de suicidio, según la Organización Mundial de la Salud.

De las personas que recurren al suicidio, 78 por ciento son hombres y 22 mujeres. El 54 por ciento de los fallecidos, en su mayoría hombres (68%) utilizó el ahorcamiento y 32 por ciento, armas de fuego.

Para los expertos, existe una clara diferenciación de género en relación con el suicidio: en un alto porcentaje, los hombres concretan la decisión y utilizan métodos extremos, mientras que las mujeres reiteran los intentos y para ello la vía más usada es el consumo de psicofármacos.

En el libro "El narcisismo en la medicina contemporánea", de reciente publicación, su autor, el médico Álvaro Díaz Berenguer, sostiene que quienes siguen esta carrera (Medicina) tienen más tendencia al suicidio que la población en general, a causa del exceso de trabajo, baja remuneración y presiones sociales.

La doctora Estela Bocchino, directora de la cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, explicó a SEMlac que es imperioso derribar algunos mitos que se tejen en torno al suicidio, en particular el que afirma que quien se suicida no avisa.

"Ese es un mito y un error gravísimo, porque generalmente entre el 50 y 70 por ciento de las personas que se suicidaron, hombres y mujeres, habían avisado antes. Incluso, muchos de ellos, en el mes previo al suicidio, habían consultado al médico", señaló la catedrática.

Bocchino advirtió asimismo que en estudios extranjeros se sostiene que la soledad es un factor que favorece el intento de suicidio y el suicidio mismo. Sin embargo, en Uruguay, una investigación realizada en el Hospital Pasteur, un centro público de referencia de Montevideo, evidenció que se habían suicidado más personas casadas o en pareja.

Otros mitos que los expertos uruguayos insisten en derribar se refieren a que sólo se suicidan los depresivos, que todos los suicidas tienen una enfermedad mental, y que se trata de un proceso hereditario y no puede ser evitado.

"Cuando uno aborda este tema, lo esencial es separar intento de suicidio de suicidio consumado. Los primeros los realizan más frecuentemente las mujeres, en cambio, en los segundos prevalecen los hombres. Los intentos de suicidios se llevan adelante con psicofármacos u otro tipo de medicamentos como inyecciones de insulina, antihipertensivos y venenos. Los suicidios consumados, con armas de fuego o ahorcamientos. Se matan más los hombres", aclaró Bocchino.

Para poder atender en forma profunda este problema, la especialista llamó la atención respecto a la importancia de saber si la persona que atentó contra su vida tomó o no precauciones para no ser encontrada a tiempo y si lo estaba planificando desde tiempo atrás o lo hizo de manera impulsiva.

"Los dos son graves, pero revelan características de personalidad y del cuadro clínico diferentes. Quien lo viene planificando desde hace tiempo probablemente tenga más éxito; quien lo hace impulsivamente —a veces tras una discusión familiar o una frustración— puede que el método utilizado no sea tan exitoso", indicó.

"Pero la gravedad viene por otro lado: por ser muy impulsiva, esa persona tiene mucho riesgo de volver a intentar el suicidio. Un riesgo muy importante de suicidio es tener antecedentes de intentos", subrayó Bocchino.

Agregó que si bien la depresión es el principal proveedor de intentos suicidas y de suicidios consumados, no es el único factor que incide. En el caso de los niños y jóvenes, el desajuste de la vida familiar y la soledad "pueden no ser tolerados o procesados por ellos y conducir a los intentos de autoeliminación", observó.

Consultada si incide como factor desencadenante el contagio (sobre todo cuando quien intenta ha sido tocado de cerca por algún caso en particular), destacó que si bien "puede existir, el contagio va a germinar en personas que tienen factores psíquicos o psicológicos favorecedores. No existe una única causa de suicidio, sino múltiples", concluyó Bocchino.

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