lunes, agosto 23, 2010

El futuro de Brasil tiene nombre de mujer...

Brasil se juega mucho. El “gigante latinoamericano” decide su futuro el próximo mes de octubre, cerrando una etapa política de indudable progreso económico y notables avances sociales, eclipsados en ocasiones por casos de corrupción gubernamental saldados con dimisiones y escisiones partidistas. A pesar de los posibles errores, la sólida figura del Presidente Lula parece imbatible y su respaldo electoral continúa alcanzando cotas históricas después de ocho años de gobierno.

El 3 de octubre se celebrarán en Brasil unas elecciones presidenciales marcadas, sin lugar a dudas, por la ausencia de Lula. El nombre del presidente más popular de toda la historia brasileña no aparecerá esta vez en las boletas electorales (ni en las pantallas electrónicas), pero su legado no parece correr por ahora el riesgo de desaparecer. La mayoría de candidaturas presentadas alaban o no cuestionan abiertamente la reconocida herencia de este obrero sindicalista que llegó a la presidencia de Brasil en 2002 de la mano del Partido dos Trabalhadores (PT). Cuestionar logros sociales como los conquistados por Lula durante estos años sería una gran error estratégico que restaría apoyo electoral a una derecha deseosa de alcanzar el poder.

Los sondeos y encuestas intentan desde hace varios meses desvelar (u orientar) las tendencias electorales que plasmarán los resultados de estas elecciones, pero la tarea no resulta nada fácil. Hace algunos meses José Serra (PSDB), encabezaba la mayoría de sondeos electorales, sin embargo, hoy las encuestas registran un importante cambio de tendencia y ahora es Dilma Rousseff (PT) la favorita para alcanzar la Presidencia de la República.



Los dos candidatos mantienen una dura competencia por resultar ganadores demoscópicos, pero la verdadera carrera se librará el 3 de octubre y Rousseff, según los últimos sondeos (Ibope), tiene posibilidades reales (43% de apoyo) de salir victoriosa sin necesidad de una incómoda segunda vuelta. En todo caso estas predicciones no deben incitar a la desmovilización ni despertar triunfalismos excesivos.

Ambos candidatos han conseguido conformar amplias coaliciones partidistas en torno a sus candidaturas presidenciales. Serra cuenta con un respaldo que abarca desde partidos que se reclaman socialdemócratas (PSDB) hasta partidos de claro corte neoliberal y conservador (DEM). Por el contrario, Rousseff ha conseguido forjar una alianza progresista que mezcla diversas expresiones políticas, como el laborismo (PDT), el socialismo (PT) y el comunismo (PCdoB), acompañadas por el partido brasileño con mayor representación en todo el territorio nacional (PMDB), de tendencia centrista.

Los intensos esfuerzos del PT para relanzar la figura de Dilma Rousseff ofrecen ya satisfactorios resultados. Esta Ministra de la Casa Civil, segunda responsabilidad política de mayor importancia en Brasil, no contaba hasta hace poco tiempo con el favor de las encuestas ni de los grandes medios de comunicación. La derecha brasileña no ha cesado en su lucha por desprestigiar a toda costa la figura de Rousseff. Las acusaciones de autoritarismo, terrorismo y radicalismo, debido a su pasado guerrillero durante la dictadura de los años 60, solo han sido las más repetidas del sinfín de ofensas e insultos proferidos. No obstante, la entrada en campaña del Presidente Lula ha conseguido hacer frente a esta sucia estrategia poniendo en valor la eficacia de Rousseff en su labor ministerial, resaltando la carga simbólica de ser la primera mujer con posibilidades de alcanzar la presidencia de Brasil y reforzando su figura con el inestimable apoyo de un presidente popular.

El caso de Serra es bien distinto. El candidato de la derecha intenta explotar a toda costa su pasado como ministro de Fernando Henrique Cardoso, su gestión como gobernador de Sao Paulo y su formación como economista. Sin embargo, las conquistas sociales y económicas de los gobiernos de Lula distan mucho de ser superadas por las políticas neoliberales desarrolladas durante el gobierno de Cardoso. La derecha brasileña se encuentra unida, pero sin candidato ni programa potentes, salpicada por varios casos de corrupción y con escasas posibilidades de regresar al poder (32% de apoyo), frente a una izquierda que ha demostrado su capacidad para gobernar con alternativas e impulsar los cambios necesarios.

Lo que sí parece muy probable es el tercer puesto que las encuestas reservan para la candidata ecologista Marina Silva (PV). Silva fue Ministra de Medio Ambiente con Lula, pero en esta carrera electoral ha decidido abandonar el PT y colocarse al frente del Partido Verde y del joven movimiento ecologista brasileño. Su formación ambientalista y su condición de mujer perteneciente a una minoría étnica avalan su compromiso. No en vano, se ha convertido en una de las principales voces en defensa de la selva amazónica. Su objetivo es claro: intentar recoger un alto porcentaje de voto joven y acercarse el electorado más preocupado por el medio ambiente y defraudado por las escasas políticas ecologistas de Lula. Para ello cuenta con el respaldo de un sector escindido del PSOL y liderado por otra exministra de Lula, Heloisa Helena, quien fue candidata presidencial del Frente de Esquerda (PSOL, PSTU y PCB) en las elecciones generales de 2006. Aún con todo, esta candidatura no superararía el 10% de los votos según los últimos sondeos publicados.

En medio de esta pelea de gigantes otras candidaturas intentan hacerse hueco en una campaña electoral notablemente polarizada. Las fuerzas políticas a la izquierda del PT presentan las candidaturas con más posibilidades electorales después de las tres primeras. La no renovación en estos comicios del Frente de Esquerda ha provocado que dos partidos trotskistas, aunque de diferentes tendencias, concurran por separado. El PSOL ha impulsado la candidatura presidencial del intelectual Plinio de Arruda, mientras que el morenista PSTU ha elegido como candidato al sindicalista José María de Almeida. Ambas candidaturas pretenden competir con el partido de Lula por la izquierda, denunciando una supuesta deriva “derechista” del PT desde su llegada a la presidencia. Las encuestas electorales ni tan siquiera toman en consideración estas opciones y todo apunta a que sus resultados serán exiguos, pero su victoria estará en saber representar y hacer visible una postura crítica con el PT desde la izquierda.

El panorama electoral que describen los últimos sondeos invita a pensar en una más que probable victoria de la sucesora del actual presidente brasileño. La posible victoria de Dilma Rousseff sobre José Serra garantizaría la permanencia de la izquierda brasileña en el gobierno y permitiría continuar y completar los logros conseguidos por Lula en estos ochos años, así como afrontar desde una perspectiva progresista los nuevos retos que descubre hoy Brasil. El legado de Lula no deja indiferente. Su persistente lucha contra la pobreza es una batalla ética de incuestionable valor. Ha hecho de Brasil la gran potencia de América Latina, pero no solo por su liderazgo económico e internacional, sino también por su firme compromiso social y humano con la población más desfavorecida. Sin embargo, aún quedan asignaturas pendientes y errores a enmendar.

Los nuevos retos que vislumbra Brasil apuntan a ámbitos donde la izquierda latinoamericana debe saber construir discursos propios y generar propuestas alternativas para diferenciarse de la derecha. La erradicación de la perenne corrupción política, la lucha contra la burocratización y por unas instituciones transparentes, la consecución de avances hacia un estado laico, el alcance de la igualdad de género, el reconocimiento de la dignidad de los pueblos originarios y las minorías sexuales, el desarrollo de la tan ansiada reforma agraria, la conservación del medio ambiente y la apuesta por un desarrollo sostenible, la conquista de nuevos espacios y formas de participación ciudadana y la reconstrucción de las relaciones con los movimientos sociales deben ser objetivos impostergables para un nuevo gobierno brasileño de izquierda. Todo ello acompañado por nuevas medidas de redistribución de la riqueza para continuar combatiendo la pobreza y la exclusión.

Brasil pasa una página de su historia e inicia una nueva andadura sin el liderazgo carismático del Presidente Lula. Las personas pasan, pero las ideas y los proyectos permanecen. En octubre la izquierda brasileña obtendrá una nueva victoria, para la que es imprescindible el PT, pero también los partidos que desde su izquierda pueden y deben influir en él. Brasil necesita un gobierno de unidad popular y de izquierda para seguir avanzando. El cambio debe continuar y Dilma Rousseff reúne las condiciones para encabezarlo. El futuro de Brasil tiene ahora nombre de mujer.


FUENTE http://www.haciaelsudoeste.com/2010/08/el-futuro-de-brasil-tiene-nombre-de.html

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