Mostrando entradas con la etiqueta no se nace mujer se llega a serlo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta no se nace mujer se llega a serlo. Mostrar todas las entradas

martes, junio 22, 2010

El segundo sexo: no se nace feminista (I)...

(CIMAC).- A continuación transmitimos la primera de cinco partes del artículo "El segundo sexo": no se nace feminista, que el escritor Carlos Monsiváis publicó en el volumen 20, de Debate Feminista, en octubre de 1999.

Por Carlos Monsiváis

En 1949 se publica El segundo sexo de Simone de Beauvoir. En los años inmediatos a su salida son mínimas las repercusiones en América Latina, y los motivos de esta demora son entendibles.

No se dispone del espacio social y cultural, del ánimo receptivo que transforme las propuestas en decisiones de cambio. El patriarcado es un imperio feudal, en México por ejemplo las mujeres no votan, en varios países no existe el divorcio, el adulterio continúa estremeciendo a las buenas familias y alentando su morbo, incluso se combate el uso femenino de los pantalones.

En el campo de las profesiones la presencia de las mujeres es mínima y en la UNAM el porcentaje de alumnas no es mayor del 8 por ciento (el porcentaje de maestras es aún más bajo). A las sufragistas y feministas heroicas de los años veinte y treinta, las suceden en los cincuenta casos aislados de luchadoras sociales, de izquierdistas con frecuencia dogmáticas, de profesionistas a las que se respeta añadiendo en la admiración el condicionante : "A pesar de ser mujer. . ."


A fines de los cincuenta -acudo a mi testimonio por típico de un momento, no por excepcional- leo El segundo sexo con entusiasmo. Asimilo entonces el libro de un modo que hoy me avergüenza y entonces hallo natural: es un gran ensayo sobre La Mujer, que examina la naturaleza de sus desventajas. No voy más allá . A la distancia, me doy cuenta de mi "astucia": elegí concentrarme en la forma y el método expositivo: "Muy mal que las discriminen, ¿pero qué puedo hacer?" Al recapitular, advierto mi incongruencia: ¿cómo me pudo apasionar un tratado que es un alegato, sin desprender de su lectura consecuencias políticas?

Reviso mi ejemplar de El segundo sexo y encuentro la profusión de subrayados y notas en los márgenes. Pero la perspectiva sobre lo femenino que me regía apenas se modificó. Muy probablemente, el cerco del pensamiento patriarcal era tan intenso que separaba orgánicamente la reflexión de la aplicación práctica, y se veía como "literatura" un examen radical de la opresión histórica y la construcción social de las mujeres.

No creo haber sido en esos años un sexista irrefrenable. Desde adolescente me fastidiaban los signos del atraso programado, muy en especial la partícula que ataba esclavistamente a la mujer con su marido"Fulana de Gómez, Perengana de Torres". (Lo sentía un herraje más que un sello matrimonial) También, había visto de cerca y admirado a las sobrevivientes del sufragismo mexicano de los veinte, con sus relatos de policías que persiguen a las activistas, las meten a una patrulla, van por otras, las detenidas escapan y todo vuelve a comenzar, mientras la propia izquierda las somete a discriminaciones. También atestigüé por compromisos militantes, la primera votación de mujeres en México, en 1955, que me emocionó o a lo mejor no, y de seguro me resultó un espectáculo fascinante, ese miedo reverencial al llegar a la casilla, ese empuñar de la papeleta como la llave de ingreso al mundo desconocido. Eso sí, pero nunca, seriamente, había revisado mis ideas sobre los derechos femeninos. Los aprobé sin responsabilizarme de mi punto de vista, reaccioné con enfado ante el maltrato machista a las mujeres, la arrogancia de los violadores, el desprecio a las activistas y sus luchas siempre tan aisladas y aislables. Pero mi rechazo sentimental de la injusticia no me comprometía a visión alguna de género.

Le debo a Rosario Castellanos la relectura de El segundo sexo. Con su modo magisterial fundado en la ironía obstinada y cíclica, Castellanos me hizo consciente de las resonancias del libro. A ella El segundo sexo le había transformado, al modificar, organizándolo panorámicamente, su entendimiento de la condición femenina. Y como a ella a un grupo de universitarias de esas generaciones, por fin dueñas de un instrumento de precisión ideológica, histórica, sociológica, incluso científica.Y si se piensa que le atribuyo demasiado valor a un solo libro, recuérdense en las condiciones de la época, y el discurso político que aún se dirigía a La Mujer con lujo de paternalismo: "Estas manos que mecen la cuna" . Por eso fue tan aleccionador el influjo del Segundo sexo sobre Castellanos. Ya podía burlarse de sí misma, porque delimitaba su sarcasmo y lo convertía en parte de la crítica irónica al machismo.

martes, marzo 31, 2009

Actualidad de Simone de Beauvoir

Por:Marta Lamas
Una no nace, sino que se convierte en mujer. Con esta idea Simone de Beauvoir inauguró la forma moderna de comprender la problemática femenina y se convirtió en la feminista más relevante del siglo XX. La empresa radical y ambiciosa de El segundo sexo fue mostrar que las características humanas consideradas femeninas son adquiridas por las mujeres en vez de derivarse «naturalmente» de su biología.

De Beauvoir sostuvo que el significado cultural se monta sobre el dato biológico o sea, que lo determinante en la construcción de la feminidad es el conjunto de procesos culturales y psicológicos que marcan con determinadas atribuciones y prescripciones a las personas con sexo de mujer.


Al tomarse a ella misma como referencia explicativa le dio a su argumento un etnocentrismo cuestionable desde una perspectiva antropológica, pero también le otorgó la inspiración que conmueve a sus lectoras. La fuerza de El segundo sexo radicó en su capacidad para responder a las inquietudes femeninas del momento y la consagró como la pionera de ese campo de investigación llamado estudios de género.

El segundo sexo se publicó por primera vez en 1949 y a principios de los setenta se convirtió en una pieza fundamental del nuevo pensamiento feminista. Las teóricas de distintas tendencias (Betty Friedan, Kate Millet, Shulamith Firestone, Juliet Mitchell, Germaine Greer y muchas más) le dedicaron sus trabajos, la visitaron en París, la entrevistaron. También en Francia las jóvenes feministas se le acercaron, pidiéndole apoyo para la causa. Simone de Beauvoir se comprometió en la lucha por la legalización del aborto, estableció una sección feminista en Les Temps Modernes y colaboró en la publicación de la revista Questions Feministes. Poco después, varias investigaciones biográficas exhibirían implacables las vulnerabilidades y mezquindades de esta celebridad e iniciarían la desmitificación de su figura. Así, detrás de su semblante impasible se vio a una mujer egoísta, débil y ambiciosa que se sometía a Sartre al mismo tiempo que seducía a varias de sus discípulas. ¡Ay los mitos y la condición humana! Pese a lo trágico de su impostura personal, quedan su obra y su compromiso político.

Hoy, a la distancia, parecería que las agresiones que recibió De Beauvoir por la publicación de El segundo sexo tenían más que ver con un gran resentimiento por el modelo atípico de mujer y de relación de pareja que ella ejemplificaba que con las reflexiones atrevidas que sostenía. Si bien ella había dicho que escribió esa obra para responderse qué le había significado ser mujer, su persona en sí representaba un inusitado ejercicio de liberación femenina que provocaba y hería.

Su vida y su obra continúan despertando debates apasionados pues ambas plantean cuestiones esenciales a la eterna interrogante sobre la condición femenina. Entrevistada por Margaret A. Simons en septiembre de 1985, De Beauvoir responde a una serie de preguntas sobre su vida, su feminismo y la opresión de las mujeres. Cuando Simons le dice: «¿Y la forma de eliminar la opresión es...?», ella responde tajante: «Ser independiente. Trabajar». Ella lo hace escribiendo.

Poco después Sartre indaga: «¿Cómo se siente en la vida una mujer de letras?» Ella exclama «¡Una mujer de letras es una expresión rara!», y más adelante dice: «No pienso que haya diferencia entre vivir la vida como escritor o como escritora. Pero se está lejos de admitir que una escritora es ante todo una mujer que ha consagrado su vida a la escritura y que no ha tenido lugar para otras ocupaciones llamadas femeninas. Por ejemplo, se me ha reprochado mucho el no haber tenido hijos, mientras que nadie se lo ha reprochado a usted, aunque sea tan normal para un hombre como para una mujer tener hijos y se los pueda querer tanto siendo padre como madre. Pero el reproche ha caído sobre mí porque se piensa que una escritora es, ante todo, una mujer que se distrae escribiendo, lo que no es cierto, porque es el conjunto de una vida que está estructurada por y sobre la escritura y, por tanto, aquello implica montones de renuncias, montones de elecciones también, y éste ha sido mi caso. He vivido verdaderamente en la medida en que quería escribir».

Tal vez lo verdaderamente impresionante de Simone de Beauvoir es que se trata de una mujer que tempranamente tomó conciencia de su deseo, y aunque éste iba en contra de las tradiciones y de la lógica cultural de la sociedad que le tocó vivir, tuvo la voluntad y la fuerza para convertirlo en realidad. Por eso su importancia no sólo radica en lo que escribió, lectura obligada para quienes desean pensar sobre las mujeres, sino también en su vida, pues, con todo y sus contradicciones, ésta es el testimonio de una mujer que se rebeló contra el status quo planteando su realización personal a través del trabajo. A cien años del nacimiento de Simone de Beauvoir, todavía muchas mujeres estamos librando esa batalla.