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lunes, diciembre 19, 2011

Soy una orgullosa y liberada mujer ultraortodoxa

Roni Shub
Haaretz/Rebelión El domingo, Aviva Markash fue asesinada por su ex marido. Tenía 43 años y era madre de cuatro hijos. El martes, el Comité de Ministros sobre la situación de las mujeres se reunió para discutir la exclusión de las mujeres del espacio público.

En la primera edición, el informe se publicó en las páginas interiores de los periódicos. En la segunda fue un titular principal. Supongo que si Markash hubiera sido una mujer ultraortodoxa asesinada por su marido por razones de "pudor", al asesinato se le habría concedido un especial y apasionado titular de primera página. Pero Markash era etíope, y la frase "exclusión de las mujeres" no encaja bien con en esa situación.

Todo esto es curioso, ya que desde hace poco ha florecido en nuestro país una “primavera femenina”. Las mujeres están descubriendo que su honor y su estado son queridos por los corazones de los israelíes. Los medios de comunicación están preocupados, se convoca la Knesset y los ciudadanos comunes lo están interiorizando.

Pero la pregunta que surge en la sospechosa mente de una mujer excluida como yo es: ¿Qué está pasando hoy que no pasó ayer? ¿Desde cuándo todos pasaron a ser guardianes de la condición de la mujer? Resulta que esto sólo ocurre cuando los ultraortodoxos aparecen en el tema.

No es ningún secreto que una pequeña parte de la comunidad ultraortodoxa ha sufrido un proceso de radicalización, y esto a veces afecta a toda la comunidad. Los ejemplos incluyen autobuses con asientos separados para hombres y mujeres y mujeres que llevan burkas, como batas. Pero mientras estas situaciones ocurrían sólo dentro de los límites del gueto de la ultraortodoxia, todos guardaron silencio. Sólo cuando pareció que el extremismo salía fuera de la esfera privada a la plaza pública, surgió un clamor.

En respuesta al deseo de la comunidad ultraortodoxa de seguir comportándose como lo considere oportuno, los israelíes laicos se quejan de que en última instancia también a ellos les afecta. Un ejemplo de este desbordamiento es la desaparición de las mujeres de las calles de Jerusalén. Si hoy la cara de una mujer no puede aparecer en un cartel de anuncios público, mañana Irán estará aquí, dicen los israelíes cuerdos con sana preocupación. Y la secretaria de Estado Hillary Clinton los respalda desde la distancia.

Irán todavía no está aquí, pero en el sagrado espacio público, Sodoma y Gomorra sí lo están. Yo vivo en el corazón de Tel Aviv. Cada mañana llevo a mi hijo al jardín de infantes por una ruta pavimentada de tarjetas pornográficas de empresas dudosas. Si éstas son buenas intenciones, entonces, ¿qué es el infierno?

En un paseo de ocio de 10 minutos por la zona de entretenimientos de la ciudad, un animado tráfico de mujeres se lleva a cabo en plena luz del día. En Israel, hoy las mujeres están siendo asesinadas, maltratadas y humilladas en el nombre del "honor familiar". ¿Cuándo fue la última vez que las masas salieron a las calles para elevar una protesta? ¿Cuándo los medios de comunicación elevaron sus voces silenciosas algo más allá de una franja entre un tema trivial y el siguiente?

Hay una clara conexión entre hacer de la mujer un objeto y la violencia hacia las mujeres. La eliminación de las imágenes de las mujeres de las campañas de publicidad no ha evitado la muerte de una sola mujer. Sin embargo, los comités se reúnen y discuten la forma de castigar a los "excluidos”. Ajustarán cuentas con aquellos que asesinan y degradan en otro momento. Tal vez.

Como editora de un periódico ultraortodoxo para las mujeres, estoy enganchada con la exclusión durante todo el día. Excluyo a personas de la alta sociedad que charlan entre ellas a morir, no publico modelos demacradas que fomentan los trastornos alimenticios, puedo borrar fotos de los paparazzi de celebridades. O visto desde otro ángulo, no hay fotos de mujeres en mi periódico.

Sin embargo, en la irresuelta ecuación entre una foto de la estrella actual en una primera plana y una foto de un niño pequeño, yo prefiero la opción de la censura. No porque soy una miserable y excluida mujer ultraortodoxa, sino porque soy una mujer orgullosa y libre. Y ahora estoy esperando pacientemente el castigo que me infligirán los comités ministeriales y de la Knesset.

La escritora edita el suplemento para las mujeres de la revista ultraortodoxa Bakehila.

Fuente: http://www.haaretz.com/opinion/i-am-proud-and-liberated-ultra-orthodox-woman-1.401816

martes, noviembre 22, 2011

Mujeres judías luchan por ser visibles a pesar de la presión religiosa

EFE
Ellas se esfuerzan por recuperar su presencia en el espacio público de Jerusalén.
En la ciudad tres veces santa no hay apenas publicidad que muestre rostros o cuerpos de mujer, hay líneas de autobuses públicos segregados en los que están obligadas a viajar en la parte de atrás, en determinadas zonas de barrios ortodoxos judíos tienen que caminar por una acera distinta a la de los hombres y carteles en las paredes las llaman a vestir "con modestia".

La tendencia a excluirlas de la vida pública, a que se cubran la cabeza y hombros, la prohibición de vestir pantalones y obligarlas a no sentarse junto a varones crece en la parte occidental de Jerusalén en paralelo al aumento de poder e influencia en la esfera política de los partidos religiosos judíos.

Medios locales denunciaban recientemente la existencia de supermercados y clínicas con horarios diferentes para hombres y mujeres, con el fin de evitar cualquier tipo de contacto que pueda llevar a tentaciones pecaminosas.

"Los haredim (ultra-ortodoxos) ejercen mucha presión para que no se vea a las mujeres nunca y exigen la segregación en todas partes. Son muy extremistas pero, por el momento, la Policía no les deja imponerse", explica Peggy Cidor, miembro de la organización feminista religiosa judía Mujeres del Muro y estudiante de Talmud.




Apunta además a otra amenaza mucho más grave: la de que los judíos ortodoxos modernos estén empezando a demandar que se borre a las mujeres de los espacios comunes.

"Los religiosos modernos son muchos y están integrados en la sociedad: en los tribunales, el Gobierno, el Ejército, el mundo académico y cultural... No viven en barrios y ciudades separadas, como los ultra-ortodoxos. Tienen mucha influencia y si se vuelven radicales con las mujeres, tendremos un problema muy serio", añade.

Asegura que dicha segregación "no está basada en ningún precepto o ley judía sino en el extremismo machista y el odio a las mujeres". "No queremos vivir como en Teherán", asevera con firmeza. Para luchar contra la tendencia, organizaciones de mujeres han empezado a convocar actos para reafirmar su derecho a seguir presentes en pie de igualdad con los varones.

Han llevado a cabo concentraciones en las que las mujeres cantan en la vía pública y han pegado carteles con fotos de mujeres que no son modelos por toda la ciudad, algunos de los cuales fueron arrancados por los religiosos, que los consideran una provocación.

Rahel Azaria, miembro del Consejo de la Alcaldía de Jerusalén que impugnó ante el Tribunal Supremo la segregación por sexos en las calles del céntrico barrio ultra-ortodoxo de Mea Shearim, se felicita de que "las mujeres por fin se estén uniendo, se han dado cuenta de que el fenómeno no sólo afecta a las comunidades religiosas y exigen una solución".

"Hace un año que vigilamos los carteles publicitarios en la ciudad. Las mujeres prácticamente han desaparecido: en el 99 por ciento no están y cada vez hay menos que cantan en eventos del Ayuntamiento", explica el rabino Uri Ayalón, de ideas liberales.

Ayalón es, además, fundador del movimiento Yerushalmin, que lidera las protestas contra la exclusión de las mujeres en Jerusalén, que ha congregado a dos mil personas en el grupo de Facebook 'No censuradas', con el objeto de devolver a las féminas al paisaje urbano de Jerusalén. "Los anunciantes prefieren no utilizar mujeres porque temen ofender a los religiosos y que dañen los carteles. Hemos llegado a un punto en que ni siquiera las cantantes salen en los carteles que publicitan sus discos", agrega.

El pasado mes la organización colgó en balcones privados y tablones públicos carteles con fotos de mujeres, como arma para que "no sean los extremistas los que definan qué imágenes pueden estar en la vía pública".

En un nuevo acto para reivindicar su espacio, bailarinas de la compañía de danza Kolben, actuarán esta tarde en una calle del centro de la ciudad. El grupo ha anunciado que mantendrá abiertas las cortinas de su salón de ensayos, hasta ahora cerradas para impedir que sus alumnas fuesen vistas en el "poco decoroso" acto de bailar y ofendieran la sensibilidad de los más religiosos.