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sábado, agosto 21, 2010

Perú: Elección de mujer indígena genera controversias

Zoraida Portillo(SEMlac).-
La elección de la parlamentaria indígena Hilaria Supa como Presidenta de la Comisión de Educación del Congreso volvió a demostrar el racismo que campea en la sociedad peruana, aunque sus críticos dicen oponerse por otras razones.

Para Daniel Abugattás, su compañero de bancada del Partido Nacionalista, su elección constituye "un hecho simbólico de la inclusión social y manifestación de la interculturalidad en las instituciones del Estado", pero el congresista Mauricio Mulder, vocero de la bancada oficialista del APRA, dijo que es "pura demagogia".

"Si de algo no sabe ella, es de educación, a ella la disfrazan de 'inclusión'", abundó Mulder. Y el vocero de la bancada fujimorista, Carlos Raffo, argumentó que se oponía a su elección "no por una cuestión racial, sino por su falta de especialización en el tema educativo y su carácter beligerante".

Supa, una campesina quechua-hablante de 53 años, oriunda de un poblado del Cusco, en más de una oportunidad se ha enfrentado en quechua a otros parlamentarios y autoridades en defensa de los principios indígenas.


En ocasión del Mensaje a la Nación del presidente García, durante el aniversario patrio, el pasado 28 de julio, Supa —junto a otros parlamentarios de su bancada— exhibió cartelones y coreó consignas oponiéndose a la exportación de las reservas de gas.

Ella asiste al parlamento ataviada con sus trajes tradicionales y, generalmente, se expresa en quechua, porque el castellano lo aprendió cuando era adolescente y de manera autodidacta.

A su elección, no asistió la anterior presidenta de la comisión de Educación, la fujimorista Martha Hildebrandt, una lingüista defensora de la pureza del idioma español. Hildebrandt debió conducir el proceso eleccionario por ser la legisladora de más edad, pero presentó un certificado médico para justificar su ausencia que, para muchos, fue un desaire.

La renuncia de la oficialista y ex ministra de educación Mercedes Cabanillas a la vicepresidencia de la comisión, también despertó suspicacias. "Mi preocupación sobre el nombramiento de Supa es porque no tiene la especialidad y eso no ofende a nadie", se justificó.

La trayectoria de Supa supera a la de muchos de sus críticos: desde hace más de 20 años defiende los derechos de los indígenas, especialmente de las mujeres, y ha participado en importantes reuniones internacionales como la Preparatoria de la Conferencia Mundial de la Mujer en Buenos Aires y la IV Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing.

Además, lideró las denuncias sobre esterilizaciones forzadas durante la dictadura fujimorista en Anta, su pueblo natal, integró la Comisión Especial Investigadora de este tema e impulsó la creación de la Asociación de Mujeres Afectadas por las esterilizaciones forzadas que agrupa a más de 1.000 mujeres del Cusco.

Autora del libro Hilos de mi vida (2001), traducido al alemán y al inglés, fue una de las ocho peruanas nominadas al concurso "Mil Mujeres por el Premio Nobel de la Paz" en 2005. Ha dictado conferencias en universidades de Canadá, Alemania y Estados Unidos. Actualmente, coordina el Grupo Parlamentario Indígena y es vicepresidenta del Parlamento Indígena de América.

Supa es la primera indígena que asume la presidencia de la comisión de Educación, que también se encarga de ciencia, tecnología, cultura, patrimonio cultural, juventud y deporte.

También en la prensa hubo opiniones discrepantes. En el diario La Primera, el ex ministro de Relaciones Exteriores Manuel Rodríguez Cuadros saludó su nominación: "... Hilaria Supa, además de hablar dos idiomas, tiene la riqueza cultural de haberse socializado en el quechua como lengua materna y haber aprendido el español como segunda lengua".

"Esta destreza le otorga capacidades privilegiadas para comprender la realidad nacional y representar con orgullo, dignidad y eficiencia a millones de bilingües quechua hablantes que cargan en su pobreza el peso acumulado de más de 500 años de discriminación", apuntó.

Pero el fastidio de su nombramiento para un sector de la sociedad se dejó traslucir en Expreso, uno de los diarios más conservadores del país. "No se podía esperar más de este Parlamento", editorializó.

"Chacchadora de coca —pésimo ejemplo para los escolares—, arengadora de masas en su idioma nativo, y sin nada que ofrecer como activo para demostrar capacidad suficiente para liderar una comisión del Legislativo que supervise con inteligencia las funciones de Educación que tiene a su cargo el Estado...", reseñó.

El chacchado de coca es una costumbre ancestral de los pobladores andinos, que no tiene nada que ver con el consumo de drogas o el narcotráfico, como lo han manifestado expertos en diversos foros internacionales. Consiste en masticar hojas de coca mezcladas con cal y ceniza para resistir los males de altura y aplacar el hambre.

Contrariamente, destacados educadores saludaron su elección. El viceministro de Gestión Pedagógica, Ídel Vexler, resaltó que sea una persona bilingüe, pues ello será de ayuda para la promoción de la biculturalidad y lamentó que algunos la critiquen por hablar en quechua. "Le aseguro que trabajaremos juntos", comentó a SEMlac.

León Trahtemberg, destacado analista y educador, prefirió usar la ironía para descalificar a los críticos. Luego de enumerar una serie de actos de corrupción, delitos e irregularidades de dominio público cometidos por los congresistas, concluyó que "ante la ausencia de factores de coherencia, sólo queda asumir que los congresistas que objetan la presidencia de Hilaria Supa la discriminan por razones étnicas. Y eso me resulta inaceptable".

En sus primeras declaraciones a la prensa, Supa se comprometió a trabajar para fortalecer la educación en las zonas rurales del país, erradicar el analfabetismo y hacer valer la educación gratuita en el Perú.

sábado, marzo 06, 2010

Mujeres de Abya Yala: Mama Tránsito Amaguaña (1909-2009)

Mailer Mattié / CEPRID
Alegre, altiva y rebelde


La historia del movimiento indígena en los países andinos, está tejida con los hilos de la vida de hombres y mujeres que han tenido el valor de seguir siempre hacia adelante. Oprimidos, humillados, ignorados y reducidos a condiciones absolutamente indignantes de supervivencia, mantuvieron la certeza de que la justicia y la libertad sólo se alcanzan luchando con honestidad. Resistiendo en medio de la brutal violencia, confiaron en la tenacidad de sus pueblos y en la fuerza de sus culturas como instrumentos pacíficos para defender sus derechos y sus territorios. Quisieron legar así a las nuevas generaciones un camino abierto para mejorar el mundo en Abya Yala (la tierra viva, el continente americano), en medio de las montañas y los bosques sagrados, donde reposa el espíritu de los antepasados y la memoria de sus luchas y sufrimientos. Tránsito Amaguaña –Mama Tránsito la llamaba su gente, en referencia a su fuerza e inteligencia- tuvo sin duda ese valor, esa certeza y esa confianza.

Quienes la conocieron afirman que fue altiva, alegre, honesta, franca, dulce, explosiva, rebelde y su voz sonaba siempre fuerte y segura. Murió el 10 de mayo de 2009, cuatro meses antes de cumplir cien años, mientras dormía en su humilde casa de La Chimba, hermosa comunidad andina kayambi de 360 familias situada en la Provincia de Pichincha, cuya capital es la ciudad de Quito (1). En estos páramos, en la mitad del mundo, al amparo del volcán nevado Cayambe de 5790 metros de altitud, se forjó la lucha de los pueblos indígenas en Ecuador, siendo Mama Tránsito una de sus principales protagonistas. Hija de Mercedes Alba y Vicente Amaguaña, cambió su nombre Rosa Elena cuando, aún muy joven, se inscribió -por hambre y por necesidad, como afirmó en una oportunidad- en el recién fundado Partido Comunista, pasando a ser conocida públicamente como Tránsito. De origen kayambi, vivió toda su vida en Pesillo, la región donde nació, actualmente el territorio que comprende la Parroquia de Olmedo constituida por seis comunidades indígenas, incluyendo La Chimba. Pesillo, en efecto, fue un centro comunitario habitado hace unos mil quinientos años por poblaciones autónomas karankis y kayambis de lengua kichwa. La resistencia contra la dominación inka se mantuvo allí hasta el año 1515 y en 1534 llegaron los colonizadores españoles. En la región prevalecieron los sistemas del concertaje y de hacienda, caracterizados por la intensa explotación del trabajo indígena, inclusive hasta la primera mitad del siglo XX. Los pobladores actuales conservan la memoria de la opresión, la violencia y la esclavitud de la vida en las haciendas; la principal referencia del tiempo se asocia, de hecho, a los diversos cambios en la propiedad de la tierra: hablan del tiempo de los padres (frailes), del tiempo de los arrendatarios y del tiempo reciente de las cooperativas.


El territorio de Pesillo fue administrado a partir de la colonización española por frailes dominicos, jesuitas y mercedarios, a quienes se les concedió autoridad para esclavizar a los indígenas y explotar sus ancestrales territorios, mientras imponían la fe mariana. El Estado ecuatoriano en 1908 expropió a la Iglesia católica, dividiendo las tierras en cinco grandes haciendas que entregó luego a arrendatarios. El nuevo régimen asignó a los campesinos indígenas en usufructo un pequeño lote de tierra –el huasipungo- (2) para la subsistencia, a cambio del trabajo de toda la familia en el mantenimiento y la producción de la hacienda. Posteriormente, la Reforma Agraria en 1964 distribuyó una parte de esas tierras entre los mismos huasipungueros, vendiendo el Estado el resto a cooperativas campesinas mediante créditos. Durante los años ochenta, las cooperativas saldaron las deudas y las tierras se dividieron entre sus miembros, de tal modo que cada familia recibió algunas hectáreas para uso propio. Las cooperativas dieron paso así a la comunidad actual, caracterizada por la pequeña propiedad privada de la tierra, la gestión colectiva de recursos como el agua y el mantenimiento de mecanismos de ayuda mutua y reciprocidad.

En La Chimba, Mama Tránsito criaba cerdos y cuyes y ejercía de curandera en compañía de su nuera Guillermina Cerón, quien la cuidó durante sus últimos años. No poseía tierras en la comunidad y sus escasos ingresos provenían de una pensión mensual que le asignó el gobierno en 2003, cuando recibió el prestigioso premio nacional Eugenio Espejo. En esa oportunidad declaró públicamente: “¡Bonitico el gobierno, es la primera vez que se acuerda de mí (...). Pero mi verdadero premio es el avance de mis hermanos, de mis hermanas, de todo mi pueblo!.” En el año 2002 impulsó la fundación de la Asociación Agro-Artesanal que lleva su nombre, cuyo objetivo es fomentar los huertos organizados por mujeres que incluyen el cultivo de plantas medicinales, alimentos tradicionales y la conservación de semillas. En agosto de 2009, los Presidentes de Ecuador y Bolivia Rafael Correa y Evo Morales, en compañía de la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchu, inauguraron en La Chimba el Centro Cultural Comunitario Tránsito Amaguaña, construido donde estuvo su casa y al lado del lugar donde había sido enterrada meses antes. Además de un homenaje a su memoria, el Centro es también un espacio de documentación sobre la historia del movimiento indígena ecuatoriano.

Infancia en el huasipungo

Mama Tránsito nació el 9 de septiembre de 1909 en la hacienda de Pesillo –aunque nunca tuvo documentos para probarlo-, un año después de que el gobierno liberal de Eloy Alfaro (1906-1911) implementara la Ley de Beneficencia o Ley de Manos Muertas, con el fin de expropiar a los frailes mercedarios e incorporar la tierra y la mano de obra indígena al mercado. Durante el período 1908-1913, sin embargo, el propio Estado asumió su administración, hasta que finalmente las tierras fueron dadas en arrendamiento. La hacienda de Pesillo quedó entonces dividida en tres predios: Pesillo, Moyurco y La Chimba, aunque más tarde fueron reagrupadas de nuevo y entregadas a un solo arrendatario.

Los frailes habían sido patrones brutales y crueles, aunque la situación de opresión se mantuvo bajo el dominio de los nuevos arrendatarios. La infancia de Mama Tránsito transcurrió, pues, en medio de la miseria y el sufrimiento. Sus padres eran huasipungueros y vivían en una choza insalubre en los predios del huasipungo; trabajaban ocho días a la semana curtiendo pieles, cuidando un rebaño de 1700 ovejas y prestando sus servicios (huasicamías) a mayordomos y capataces a cambio de papas, cebada y trigo. Entregaban, además, una décima parte de su producción de subsistencia a la Iglesia, que seguía manteniendo una fuerte influencia en la región. La hacienda tenía grandes extensiones de bosques y pastizales y producía -para el mercado nacional y exportación- lana, quesos, pieles, cereales y leguminosas. Poseía también su propia cárcel, puesto que el maltrato a los indígenas era permanente. Siendo niña, Tránsito Amaguaña presenció muchas veces los golpes que recibió su familia, tal como ella misma contó en repetidas ocasiones. Las mujeres huasicamas, además, tenían obligatoriamente que trabajar junto al marido en las labores del campo, y no se les permitía llevar consigo a los niños pequeños; así, Tránsito pasó los primeros cinco años de su vida al cuidado de una tía, privada de la alimentación materna. Al cumplir 9 años de edad, asistió a la escuela durante seis meses, cuya función principal era inculcar en los pequeños la obediencia y la sumisión a los patrones, bajo amenazas y golpes. En una entrevista, ella misma rememoró esta época: “Ese tiempo era amargo, era tiempo de gamonales (patrones), tiempo de ricos (...). A gusto de ellos maltrataban, a gusto de ellos pisoteaban (...) ¡Qué señoras! ¡Qué mayordomos!, eran para hacer sufrir y golpeaban (...). El escribiente nos obligaba a decir en la escuela: bendito alabado amo, bendita alabada patroncita”. (3) Cumplido el corto período de adoctrinamiento, comenzó enseguida a trabajar como servicia, atendiendo a los patrones, cortando leña, lavando ropa, cuidando animales, recogiendo la cosecha y llevando productos de la hacienda a otros lugares para la venta y el trueque. A los 14 años, intentando protegerla de la habitual violencia sexual, la madre concertó su matrimonio con José Manuel Alba, un hombre de 25 años dado a la bebida que la golpeó desde el primer día de convivencia. El alcohol y la miseria, en efecto, hacían estragos entre los hombres, así que fueron las mujeres en muchos casos quienes lograron mantener la fortaleza y la resistencia frente a la opresión, transmitiendo asimismo los valores culturales ancestrales a sus hijos. De su padre, por ejemplo, Mama Tránsito dijo alguna vez: “Papá era humilde. Era medio tontito, medio shunshito, medio sordito, medio sin cabeza. Él sólo quería tomar chicha y bailar, nada más”. (4) Su madre, al contrario, se convirtió pronto en una de las principales cabecillas de las rebeliones que más tarde tuvieron lugar en Pesillo.

Después que el Estado expropió a la Iglesia, los mismos frailes se encargaron de crear falsas expectativas a los indígenas en relación a la recuperación de sus tierras ancestrales. El nuevo sistema de arrendatarios –como era de esperar- no produjo cambios positivos y los trabajadores comenzaron a organizarse clandestinamente, hasta que en 1919 estalló la primera revuelta en la hacienda de Pesillo. Un año antes, el gobierno de Alfredo Baquerizo (1916-1920) había prohibido el encarcelamiento por deudas con los patrones y el pago del trabajo en especie, normas que fueron ignoradas por los arrendatarios, llevando a los indígenas a la rebelión. El mismo gobierno, sin embargo, envió tropas para reprimir el levantamiento con el resultado de 30 personas asesinadas; los trabajadores, no obstante, consiguieron que el salario se les pagara en dinero. Tránsito Amaguaña había participado junto a su madre y su hijo pequeño en las actividades previas a la insurrección, enfrentando al mismo tiempo la exacerbada violencia de su marido, quien finalmente se marchó. En este contexto, pues, se gestó toda su indignación, su desobediencia y la rebeldía que habrían de acompañarla el resto de su vida.

Indiando y luchando

Comprometida con el incipiente movimiento indígena, Tránsito Amaguaña comenzó a participar en las reuniones del Partido Comunista, fundado en 1926 como Partido Socialista del Ecuador (PSE). En febrero de ese mismo año ocurrió un nuevo alzamiento en la región, cuando los patrones de la hacienda Changalá se apropiaron de las tierras que algunas comunidades mantenían en propiedad desde la época colonial. Conocida como la rebelión de Changalá (5), impulsó el liderazgo de Jesús Gualavisí (6) fundador del PSE; fomentó también la colaboración entre la izquierda y el movimiento indígena, un episodio excepcional en la historia política de América Latina. Gualavisí, contando con el apoyo del Partido, creó entonces en Cayambe, en 1926, el primer sindicato indígena campesino del Ecuador, al que se unieron poco tiempo después el Inca en Pesillo, Tierra Libre en Moyurco y Pan y Tierra en La Chimba. Bajo su respaldo, los trabajadores de las haciendas exigieron a los arrendatarios aumento de salarios, jornada de ocho horas, domingos libres y supresión de los diezmos, servicias y huasicamías, declarándose en huelga a comienzos de 1931. (7) En marzo, soldados del Ejército llegaron a la hacienda de Pesillo, incendiaron las casas y los animales y golpearon a los huasipungueros. Los líderes de la huelga, entre ellos Mama Tránsito, tuvieron que huir y refugiarse en otros lugares. Se marchó a Yanawaico, en Cayambe, donde permaneció durante quince años “indiando y luchando”, como solía decir. A partir del conflicto de 1931, estrechó también su amistad con la histórica líder indígena Dolores Cacuango Quilo (1881-1971) (8) -Mama Dulu, nacida en la hacienda de Moyurco, cuando aún los frailes mercedarios eran sus dueños-.

En compañía de Mama Dulu, la vida política de Tránsito Amaguaña se intensificó, orientada principalmente a la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores del campo y la devolución de los huasipungos a los indígenas expulsados de Pesillo en 1931. Contó muchas veces que fueron juntas en varias ocasiones a Quito para negociar con el gobierno, caminando desde los páramos de Cayambe: “Juntas hemos vivido, juntas hemos comido, juntas hemos dormido, juntas hemos andado”. Con Jesús Gualavisí y Nela Martínez, entre otros, fundaron en 1944 la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI), siendo Dolores Cacuango su primera Secretaria General. La FEI exigió por primera vez públicamente el derecho a la tierra, la regulación de la jornada de trabajo y de los salarios en las haciendas, servicios de salud, educación bilingüe y vivienda. En 1945, ambas mujeres impulsaron igualmente la creación de cuatro escuelas bilingües castellano/kichwa en Cayambe; la primera se estableció en Yanawaico, al lado de la propia casa de Mama Dulu y más tarde se fundaron las de La Chimba, San Pablo Urco y Pesillo. Las escuelas seguían los programas oficiales, agregando contenidos concernientes a la cosmovisión indígena; dirigidas por maestras voluntarias que tenían el kichwa como lengua materna se enseñaba, además de asignaturas básicas, el cultivo de la tierra, tejidos, música y danzas tradicionales, autogestionándose en parte a través de la venta de su propia producción agrícola y artesanal. Años más tarde, la dictadura militar de Castro Jijón (1963-1966) prohibió el uso del kichwa en los programas de educación y clausuró las escuelas de Cayambe, al considerarlas “focos comunistas de sedición”.

En 1946, después de 15 largos años de ardua lucha, la FEI logró finalmente que el gobierno de Velasco Ibarra, en su segunda administración (1944-1946), autorizara la devolución de los huasipungos. En las haciendas, asimismo, se instauró la jornada de 8 horas, el descanso durante los fines de semana, la supresión de las servicias y del trabajo gratuito de las mujeres. En 1961, MamáTránsito viajó a Cuba, donde afirman algunas personas que aprendió a leer y a escribir. En 1963 visitó la URSS y al regresar al país, tras una estancia de cuatro meses, fue apresada y acusada de tráfico de armas, siendo liberada poco tiempo después gracias a la intervención del ex Presidente Galo Plaza (1948-1952). Entre 1962 y 1963 murieron sus padres y sus hijos, Daniel y Mesías. En 1964 participó activamente en la promoción y formación de las cooperativas, en el marco de la Reforma Agraria; en esa época se unió a Alberto Tarabata, quien murió años más tarde. Había compartido antes también su vida con Manuel Túqueres, quien tenía un huasipungo en La Chimba; Túqueres la abandonó pronto y tuvo que marcharse entonces con sus hijos a vivir en una choza en las laderas del volcán Cayambe. En una de sus últimas entrevistas expresó: “Yo ahora no tengo ni tierra ni nada; ni soy cooperativa ni nada”. Murió pobre, sin honores nacionales y libre, derrotada apenas por la vejez.

Notas:

1 Pueblo Kayambi. La Chimba. En: http://www.kayambi.org/chimba.html

2 El escritor ecuatoriano Jorge Icaza (1906-1978) publicó en 1934 la novela Huasipungo, donde narra el sufrimiento de los indígenas. En: http://www.1001libros.com/huasipungo-de-jorge-icaza-la-novela-como/

3 Bulnes, Marta. Me levanto y digo. Testimonio de tres mujeres quichuas. Tránsito Amaguaña. FLACSO. Quito, 1994. En: http://www.flacso.org.ec/docs/TRANSITO%20AMAGUANA3.pdf

4 Ibíd.

5 Becker, Marc. Una revolución comunista indígena: movimientos de protesta rurales en Cayambe, Ecuador. MARKA, Instituto de Historia y Antropología Andinas. Quito, 1999. En: http://www.yachana.org/research/memoria.pdf

6 Pérez Pimentel, Rodolfo. Jesús Gualavisí. En: http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo17/g1.htm

7 Agualsaca Guamán, José. El proceso de lucha del movimiento indígena del Ecuador. Confederación de Trabajadores del Ecuador. En: http://www.cte-ecuador.org/pdf/historia%20de%20la%20fei.pdf

8 Rodas, Raquel. Dolores Cacuango, pionera en la lucha por los derechos indígenas. En: http://www.scribd.com/doc/15440788/Raquel-Rodas-Dolores-Cacuango-pionera-en-la-lucha-por-los-derechos-indigenas

Mailler Mattié. Economista venezolana, especialista en antropología económica. Escribe en diversos medios de Europa y América sobre la cultura y la resistencia de los pueblos indígenas de los países andinos latinoamericanos.

jueves, noviembre 26, 2009

Perú: Lideresas indígenas conforman Organización Nacional de Mujeres

Fuente: RNV
Alrededor de 170 lideresas de 11 regiones del país decidieron conformar la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONMIAAP) con la intensión de hacer prevalecer sus derechos y revalorar su identidad cultural desde una plataforma sólida.

El Estatuto de la organización fue debatido ayer durante "I Congreso Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú" que se viene desarrollando con el auspicio de la organización Chirapaq, en Lima.

De esta manera, la ONMIAAP constituye la primera organización nacional que agrupa a mujeres indígenas de todo el Perú y que las representa ante el Estado y la sociedad, e incorpora en su directiva tanto a representantes andinas como amazónicas.

La dirigente amazónica Teresita Antazú destacó que una de las prioridades que debe consagrar la organización es, en el caso de la Amazonía, la defensa de la tierra y el territorio.

Antazú, presente junto a una decena de representantes de comunidades wampis, reiteró el pedido al Gobierno peruano para que cese la persecución a los dirigentes que encabezaron el levantamiento en la selva y que se establezca un sistema de consulta a los pueblos indígenas.


"En esta clase de eventos se debaten temas pero no hay nadie que escuche y no se toma decisiones. El gobierno debería tomarnos en cuenta. Después de la lucha amazónica, los pueblos hemos tenido un poco más de visibilidad", manifestó Antazú.

De otro lado, la dirigente de la comunidad nativa de Kivinaki, en el distrito de Perené (Chanchamayo) Bilda Tovar, consideró que fortalecer la participación de mujeres indígenas en la política es un desafío a combatir por la nueva organización.

"La discriminación y la violencia por razones de género y origen cultural son temas contra los que también hay que luchar desde ONMIAAP", agregó la lideresa.

jueves, julio 09, 2009

Perú: Mujeres indígenas embarazadas sin atención adecuada

Por: Andrew Whalen
El gobierno de Perú no provee atención adecuada a las mujeres gestantes de zonas empobrecidas de la sierra y selva, lo que queda en evidencia en el país al tener una de las más altas tasas de mortalidad materna del hemisferio, informó el jueves un grupo de derechos humanos.

"Los servicios de salud para las mujeres embarazadas en Perú son una lotería: si eres indígena y pobre, no tienes ninguna posibilidad de ganar" señaló en un comunicado Nuria García, investigadora de Amnistía Internacional en el Perú.

El gobierno peruano dice que 185 mujeres mueren por cada 100.000 nacidos vivos, pero las Naciones Unidas estiman que la cifra es realmente cercana a 240 cuando casos no registrados son tomados en cuenta. El promedio de muertes maternas para Latinoamérica y el Caribe es de 130 por cada 100.000 nacimientos. En países ricos e industrializados, solo nueve mujeres mueren por cada 100.000 nacidos.

Amnistía dice que la alta tasa en Perú puede ser atribuida a la falta de acceso a atención médica de las madres pobres, especialmente en áreas rurales de la sierra y selva donde casi la mitad de la población padece malnutrición y un 59% de las comunidades indígenas no tienen un establecimiento de salud o posta médica, según encuestas gubernamentales. También carecen de carreteras y telefonía.

El gobierno no hace un seguimiento de las muertes maternas por región, pero Amnistía dijo que una encuesta oficial realizada en el país en el 2007 encontró que solo 36% de las mujeres en las zonas más pobres alumbraron en una institución de salud.

Lucy Del Carpio, coordinadora de políticas de salud reproductiva del ministerio de Salud, reconoció que existen desigualdades en el acceso a atención médica, pero afirmó que se están haciendo mejoras.

"Se están llevando a cabo trabajos e inversiones. El país está trabajando mucho para disminuir la mortalidad materna. No se puede hablar de negligencia", dijo del Carpio a The Associated Press.

Los cambios de años recientes comprenden la construcción de casas de espera para albergar a las mujeres embarazadas que viven lejos de clínicas, la aceptación oficial del tradicional método indígena de alumbrar en cuclillas, y entrenamiento de los profesionales de la salud en el idioma quechua de las zonas andinas.

Entre las señales positivas, de acuerdo con estadísticas oficiales, se encuentra el aumento del porcentaje de bebés nacidos en establecimientos de salud, de 55% en 1996 a cerca de 73% en el 2007. Las muertes de bebés también han decrecido, de 755 en el 2000 a 509 en el 2008, dijo el gobierno.

El reporte de Amnistía saludó las iniciativas, pero dijo que los profesionales de salud y las mujeres entrevistadas por la organización dijeron que las medidas "no se estaban aplicando eficazmente".

La activista de temas de salud pública Susana Chávez, directora del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos, coincidió con ese punto de vista. Dijo que la situación de la mortalidad materna es agravada por las deficiencias del gobierno de brindar adecuada educación sexual y atención médica prenatal a las adolescentes.

"La tasa más alta de mortalidad materna se encuentra entre las adolescentes, especialmente en las áreas rurales y pobres. Pese a ello la única medida tomada por el gobierno ha sido criminalizar las relaciones sexuales entre menores", dijo Chávez.

Del Carpio dijo que la diversidad étnica y geográfica juegan en contra de la provisión de adecuada atención.

El resentimiento en estas pobres comunidades por siglos de indiferencia de los gobiernos en Lima provocó el estallido de protestas este año. Al menos 33 personas murieron en junio durante una operación policial para despejar una carretera bloqueada por indígenas amazónicos que se oponían a las actividades petroleras y gasíferas promovidas por el gobierno en sus tierras ancestrales.