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viernes, febrero 11, 2011

Industria de la vestimenta corteja a mujeres

Feizal Samath
(IPS) - La industria de la vestimenta de Sri Lanka ha lanzado una campaña millonaria para atraer trabajadoras al sector más rentable del país a cambio de mejores salarios.

Los ejecutivos de las firmas de ropa creen que la industria experimenta meramente un problema de mala imagen, pero sindicalistas sostienen que las mujeres se mantienen alejadas porque son poco respetadas y ganan poco por trabajar extensos horarios en lo que antes se conocía como maquilas, zonas francas de procesamiento de artículos para la exportación.

"Hay una cuestión de imagen y queremos corregirla y mostrar que éste es un sector respetado y que las trabajadora son bien tratadas", dijo Tuly Cooray, secretario general del Foro Conjunto de la Asociación de la Vestimenta, que representa a decenas de empresarios.

Cooray declaró a IPS que la mala imagen del sector ha creado una escasez de empleadas capacitadas. En una Zona de Libre Comercio de Katunayake, cerca del único aeropuerto internacional del país, hay unas 15.000 vacantes laborales en las fábricas textiles.

Las vestimentas son el principal producto de exportación de Sri Lanka, y en 2010 le generaron 3.500 millones de dólares. Se espera que esta cifra aumente a 5.000 millones de dólares para 2016, según proyecciones del gobierno. Pero el sector necesita mujeres que trabajen en él si quiere cumplir sus objetivos.

El presidente del Foro Conjunto de la Asociación de la Vestimenta, A. Sukumaran, quien también gerencia una fábrica en una de las zonas, dijo que el crecimiento industrial se ve dificultado por la escasez de mano de obra.

"Estamos rechazando pedidos porque no tenemos suficientes trabajadoras", dijo en una entrevista telefónica con IPS.

En los últimos meses, una crisis en torno a los salarios en Bangladesh hizo que los compradores occidentales recurrieran a Sri Lanka. Mientras, el aumento del costo de la mano de obra en China, principal productor mundial de vestimenta, también padece el hecho de que se efectúen más pedidos a países como Sri Lanka, donde los costos son más bajos.

Con una campaña de 490.000 dólares que fue lanzada la semana pasada y durará 10 meses, la industria no sólo espera mejorar la imagen de la trabajadora del sector de la vestimenta, sino también permanecer activa en un mercado laboral competitivo.

"Al esperarse un auge económico de posguerra, se proyecta que los ingresos por persona aumentarán de los 2.200 dólares actuales a 4.000 dólares en 2016. Entonces habrá una demanda de mano de obra y necesitaremos asegurarnos de que el sector textil todavía sea atractivo", dijo Cooray.

Con el transcurso de los años, las fábricas de ropa de Sri Lanka se han convertido en sofisticadas instalaciones, pero sus empleadas todavía son llamadas a veces "chicas Juki". Ésta es una marca de máquinas de coser.

También deben soportar los silbidos de hombres jóvenes que viven en las cercanías de las Zonas de Libre Comercio, donde se ubican la mayoría de las fábricas.

Para que las mujeres se hagan respetar, es necesario que sus salarios mejoren, igual que sus condiciones de vida, dijo Anton Marcus, representante del Sindicato de Trabajadores de las Zonas de Libre Comercio.

"A menudo las empleadas trabajan siete días a la semana para poder llegar a fin de mes. No tienen posibilidad de ahorrar. Es una vida dura", dijo Marcus a IPS.

Sriya Ahangamage, del Centro de Mujeres, que lucha por mejores salarios y otros beneficios para las trabajadoras de la industria de la vestimenta, declaró a IPS que las jóvenes de las aldeas continúan uniéndose al sector solamente porque no hay otros puestos disponibles.

"Algunas abandonan el sector y buscan trabajos como empleadas domésticas en Medio Oriente", explicó.

Los sindicatos hacen campaña por un salario digno. El salario básico actual es de unos 80 dólares mensuales, y con las muchas horas extra y trabajando siete días a la semana, una empleada puede ganar hasta 115 dólares.

Según Lalitha Ranjani Kumari, de la Unión Nacional de Trabajadores, un salario digno sería de unos 180 dólares.

Marcus dijo que el sueldo que se reclama se calculó en base al costo de vida y a la ingesta de calorías. "Apenas hicimos un chequeo de salud hallamos que muchas mujeres sufrían desnutrición porque sus comidas eran frugales y no incluían carne", señaló.

Las condiciones de vida, otro motivo por el que las mujeres se resisten a integrarse a la fuerza laboral de la industria de la vestimenta, son terribles. Las jóvenes comparten pequeñas habitaciones baratas y lúgubres, sin ventilación adecuada, ubicadas a pocos kilómetros de las zonas francas, y se pagan su propia vivienda.

Cooray coincidió en que es posible que las condiciones no sean las mejores, y dijo que la industria y el gobierno trabajan con el fin de construir albergues decentes para las trabajadoras. "Esto está en la etapa de debate", dijo.

La mayoría de las mujeres que emigran de las aldeas a las ciudades son las jefas de hogar. Marcus citó datos del gobierno según los cuales una familia necesita unos 350 dólares al mes para cubrir los gastos del hogar.

Tanto Marcus como las otras dos activistas rechazan los reclamos de Cooray de que una trabajadora de una fábrica de ropa pueda llegar a ganar 180 dólares.

"Eso es absurdo. Incluso para ganar (115 dólares), una tiene que trabajar los siete días de la semana", dijo Ahangamage.

Bajo el programa de concientización del Foro Conjunto de la Asociación de la Vestimenta, que es apoyado por el Ministerio de Industria y Comercio, la campaña se realizará en las nueve provincias del país.

La iniciativa buscará mostrar el potencial del sector y destacar los aportes que el mismo ha hecho al país, además de hasta qué punto "las trabajadoras han sido parte de este esfuerzo", dijo Sukumaran.

Al ser consultado sobre las quejas en torno a los bajos salarios, Sukumaran declaró: "Todo se basa en la oferta y la demanda. Ahora es la oferta (de mano de obra) la que determina nuestro negocio. Las empresas están dispuestas a pagar más por buenas trabajadoras. Son negocios, estrictamente".

lunes, enero 11, 2010

Crisis Económica Global Y Revisión Feminista del Debate Sobre el Desarrollo...

Fuente: Sin Género de Dudas
Comienza el año y ya tenemos algunas interesantes citas que anotar en la agenda feminista global, como el próximo Congreso Internacional sobre Economía Feminista , que organiza cada año IAFFE ; esta vez la cita será en Buenos Aires, del 22 al 24 de Julio y este año la convocatoria adquiere una relevancia especial, no sólo por la temática y el contexto de crisis globalo que vivimos, sino también por ser la prijmera vez que se celebra en un país de habla hispana.

Hasta el 1 de Marzo se pueden presentar propuestas de paneles y/o comunicaciones sobre cualquier aspecto de la investigación feminista de cuestiones económicas. En particular, serán bienvenidas aquellas propuestas que examinen los efectos de la actual crisis económica mundial sobre el trabajo de las mujeres y las condiciones de vida así como el análisis crítico sobre migración, la participación política, la autonomía de la mujer, las estructuras familiares cambiantes y las políticas sociales – en particular las que afectan a la salud reproductiva – . También serán de interés y bien recibidas las propuestas de tema de debate Norte – Sur sobre las políticas de desarrollo, la violencia de género, la ecología feminista, del trabajo afectivo, el trabajo sexual, las finanzas internacionales, y compromisos críticos con las intersecciones de raza, etnia, y género. IAFFE acoge con satisfacción el enfoque interdisciplinario.

miércoles, mayo 06, 2009

¿Como se relacionan marxismo y feminismo?

Fuente; Género y Economía
El pensamiento marxista relativo al género se ha centrado sobre todo en el análisis de la naturaleza del trabajo doméstico y su relación con el capital.

Esto constituye un buen punto de partida, ya el marxismo es la primera teoría que reconoce el carácter económico de la producción doméstica, como generación de valores de uso por medio de un trabajo, de una actividad humana transformadora.

Así como su carácter esencial para la reproducción de la fuerza de trabajo y de las relaciones de producción capitalistas.

Desde el marxismo más tradicional se considera que la configuración de la familia y el trabajo doméstico forman parte de la lógica del capital, por lo que la lucha de las mujeres por su liberación forma parte de la lucha de clases.


Engels, en El origen de la Familia, lo Propiedad Privada y el Estado, relacionaba la sujeción de las mujeres con el desarrollo del capitalismo y argumentaba que para su liberación era necesario, además de la revolución socialista, que trabajasen fuera del hogar, algo que también defendían las feministas del siglo pasado.

Pero la relación entre marxismo y feminismo es compleja. El feminismo ha pretendido que la crítica marxista a la economía de mercado y al sistema de producción capitalista extendiese la noción de explotación al interior de la familia, considerando la subordinación de las mujeres bajo el patriarcado como una forma de explotación anterior a la explotación de clase. Esto no ha sido completamente aceptado por los economistas marxistas, que aunque reconocen que la división sexual del trabajo es la principal causa de la subordinación femenina, no la consideran la principal fuente de explotación económica y social, y ello ha llevado a que el feminismo radical se construyese como alternativa interpretativa independiente, aunque en las cercanías de los planteamientos marxistas.

El marxismo feminista o feminismo socialista (Benerías y Roldán, 1992) pone en primer plano la lógica del capital y considera que la división sexual del trabajo responde a las necesidades del capitalismo en dos aspectos muy concretos: el trabajo doméstico realizado por las mujeres cumple una función de abaratamiento de los costes de reproducción de la fuerza de trabajo; por otra parte, las mujeres constituyen una reserva flexible de mano de obra barata. En consecuencia, las variaciones de la tasa de actividad femenina responden a las necesidades del capital, discriminación de las mujeres en el mercado de trabajo se explica por su posición en la familia.

Frente a lo anterior el feminismo radical considera que la lógica del patriarcado es para las mujeres previa y más importante que la del capital. A pesar del aumento de la participación laboral de las mujeres, ellas siguen siendo las responsables del trabajo doméstico. La división sexual del trabajo es consecuencia de la explotación de las mujeres por parte de los hombres en el seno de la familia y tiene su reflejo en el mercado, donde las mujeres desempeñan empleos que constituyen una prolongación de las tareas que tradicionalmente realizan en el hogar, constituyéndose un circulo vicioso: al ser responsables del trabajo doméstico, ocupan posiciones subsidiarias en el mercado de trabajo, y ello refuerza, a su vez, la dependencia de la familia. (Hartmann 1979y 1981). Por ello, la desaparición del capitalismo no garantizaría el fin de la opresión de las mujeres.

Esta relación de interdependencia entre las esferas de la producción y de la reproducción es considerada esencial para la continuidad del sistema capitalista por otras feministas críticas próximas a los planteamientos marxistas (Humphries y Rubery, 1984; Beechey, 1990 y Piechio, 1992; Rubery 1993), que también insisten en la importancia de la división sexual del trabajo y la segmentación de ocupaciones que generan diferencias de ingresos por género y diferencias en el acceso a puestos de trabajo.

Extracto del artículo de Cecilia Castaño “Género y economía”