jueves, abril 14, 2016

Poco feminismo en Izquierda Unida

Lidia Falcón Público El domingo se cerró la Asamblea constitutiva de Izquierda Unida Madrid. El nuevo partido tiene la ingente tarea de reconstruir la verdadera izquierda en la Comunidad de Madrid.

Ingente porque en el último cuarto de siglo el capitalismo se ha encargado de hundir el mundo socialista y de desprestigiarlo con su potente campaña de intoxicación. Y al rescoldo de la época en que ciertas ventajas económicas anestesiaron la conciencia de lucha de las clases trabajadoras, han surgido organizaciones políticas que pretenden convencerlas de que la izquierda ya no existe y que la felicidad consiste en votarles a ellas.

Pero la izquierda sigue teniendo que defender unos objetivos diáfanos para lograr la transformación de una sociedad capitalista en una socialista que ha de ser obligatoriamente feminista. Y las reivindicaciones fundamentales siguen siendo las mismas que hace cuarenta años, aunque ahora se quieran reducir a modestísimas ayudas a los más pobres.

Pero defender la proclamación de la III República, la anulación de los tratados con el Vaticano, salir de la OTAN, nacionalizar la banca, renegociar con la Unión Europea la deuda pública y oponerse a los tratados con EEUU, son las líneas maestras de un programa de izquierdas.

Pero además, y no menos importante, es unir el feminismo a todas las reivindicaciones económicas, porque de otro modo, según tenemos ya experiencia, ese socialismo que se pretende construir no incluirá a las mujeres. La democracia para la mujer es la democracia feminista, que supone el acceso al poder de las mujeres en la proporción que estas representan, tanto en la población de nuestro país, como en el trabajo y en la producción de riqueza .

Nosotras no somos un género, somos una clase. Y en todo caso, debemos ser visibilizadas como mujeres no como género, y nuestras opresiones y explotaciones son sexistas no “genéricas”.

Las reclamaciones feministas, que se prolongan ya a través de más dos siglos, son fundamentales para incluir a la mitad de la población en el proyecto de Izquierda Unida. Y de eso hubo poco en la Asamblea del 2 y 3 de abril.

Resulta decepcionante que el Área de la Mujer tuviera que presentar una enmienda a la ponencia marco para que en seis líneas se hablara, muy por encima, de las necesidades y reivindicaciones feministas. Y excepto las intervenciones de la representante de esa Área y la mía, ninguno de los oradores ni oradoras incluyó estos temas en sus discursos.

No es aceptable que Cayo Lara mencionara todos los conflictos y movilizaciones que se organizado en el último año y olvidara la Marcha contra todas las violencias contra la Mujer del 7 de noviembre que más asistencia ha tenido. Menos aceptable es que cuando yo le explicara a Lara que solamente el año pasado 40 niños han quedado huérfanos porque el padre ha matado a la madre, varios de los asistentes a la asamblea se rieran.

Me sorprendió, me desconcertó y me decepcionó el entusiasmo que mostraron los asistentes, unánimemente, al hecho de que Carlos Sánchez, concejal del Ayuntamiento de Madrid, que presidía la asamblea, tuviese que ausentarse para celebrar un matrimonio. Entusiasmo que estuvo corroborado por Cayo Lara, que nos explicó cómo él había tenido el placer de casar a mucha gente cuando era el alcalde de su pueblo.

Ciertamente solo cabe desanimarse cuando en los siniestros años en que reclamábamos el divorcio, recuerdo que fui procesada en el año 1973, y la revista secuestrada y multada, cuando publiqué en Triunfo un artículo a favor del divorcio, en el que concluía diciendo: “Ahora estamos luchando por alcanzar el divorcio, después tendremos que hacerlo por acabar con el matrimonio”.

Pero no es que yo fuera tan original. Mi abuela, Regina de Lamo, anarquista, nacida en 1877, estaba haciendo campaña por el amor libre a principios del siglo XX. Mi tía, Carlota O’Neill, tuvo dos hijas en los años 1927 y 1928 sin casarse. Y solo la presión de la familia del marido, el capitán de aviación Virgilio Leret, fusilado el 18 de julio de 1936 en Melilla, la obligó a contraer ese tan necesario matrimonio.

Pero es que en 1905 Alejandra Kollöntai ya se expresaba en tal sentido cuando escribía sobre el amor. ¿Qué ha pasado en más de cien años para que a la izquierda ya en 2016, le entusiasme el matrimonio? Y no me digan que es porque ha cambiado tan sustancialmente que ahora es una institución que solo proporciona felicidad, porque la mayoría de los feminicidios se realizan por los maridos, y el 50% de todos los casamientos concluyen en divorcio.

No se habló en la Asamblea de que el primer propósito de la formación política ha de ser modificar la legislación y dotar de recursos a la justicia para erradicar la violencia contra la mujer. Es preciso penalizar toda clase de violencia contra la mujer no solo física y psíquica, también sexual, laboral, económica, social, cultural, obstétrica. De que es imprescindible lograr la igualdad de salario entre mujeres y hombres, y de que no puede esperar más la abolición de la prostitución, sin más dilaciones ni excusas que solo benefician a los proxenetas y a las mafias del crimen organizado. Y es necesario pronunciarse inmediatamente porque la campaña organizada por la mafia de la prostitución está alcanzando a amplios sectores sociales y varios partidos se están pronunciando a favor de su legalización. Los medios económicos de que disponen los hacen enormemente agresivos y eficaces para lograr que se legalice.

Poco feminismo en la Asamblea de Izquierda Unida.

Género con Clase Impreso