miércoles, agosto 07, 2013

Argentina: ¿Por qué las mujeres no podemos decidir plenamente sobre nuestros cuerpos?: Una pregunta reiterada, sin respuesta

Ester Kandel

Insurrectas y Punto Las cien mil muertes de mujeres por aborto clandestino por año y la indiferencia de nuestras autoridades para impedir y encarar verdaderamente una política de prevención, nos lleva a referirnos nuevamente ante este flagelo social.
El Código Penal y el artículo 86

Es un fenómeno de dominio público, las resistencias a sancionar y/o aplicar los protocolos para cumplir el artículo 86 del código penal y para despenalizar el aborto y sancionar el proyecto de aborto, legal, seguro y gratuito.

¿Por qué las mujeres no podemos decidir sobre nuestro propio cuerpo?

El Código Penal fue sancionado en 1921, cuarenta años después de iniciado el proceso de organización nacional, con la predominancia de la oligarquía terrateniente y de una industria naciente. Contemporáneas a las luchas del movimiento obrero las mujeres iniciaron una batalla para ser reconocidas sujetos de derecho, tanto en el ámbito laboral como en la vida social en contra del sometimiento a la figura masculina, un hito de ello, fue el Primer Congreso Femenino de 1910.

Desde el inicio, las luchas de las mujeres incluían diferencias y preocupaciones según las clases sociales, una relacionada con el uso de los bienes materiales y la otra con la contradicción clase- género, aunque no fue planteada en estos términos.

Recientemente nos hemos referido a las contribuciones de Carlos Marx y Federico Engels, negadas, descalificadas y ocultadas. Los intereses del capital siempre han puesto coto a las reivindicaciones de trabajadores y trabajadores pero en el tema que nos ocupa lo han adornado con discursos, creando falsas ilusiones.

¿Cuál es la relación Estado y las necesidades aquí expresadas?

No tenemos una sola respuesta pero si sabemos que existió una vieja disputa sobre el derecho a las mujeres en cuanto a sus derechos cívicos y civiles, ligados a garantizar la herencia. Entramada con esta visión la Iglesia Católica, sostuvo conductas que apuntaban a la represión sexual y a concebir el embrión como persona. Con este sector se disputó las primeras conquistas en los derechos de las mujeres, representando al sector conservador, un debate que continúa en la actualidad.

Aunque ha corrido mucha agua bajo el puente, nos preguntamos ¿qué es lo nuevo y lo viejo en la aceptación de los derechos de las mujeres? ¿La sostiene una matriz?

El sistema basada en la explotación de una clase sobre otra se montó sobre un andamiaje de relaciones, que aseguran su reproducción.

Sin embargo, nos preguntamos en varias ocasiones qué intereses están en juego, para impedir que estos instrumentos legales ya existentes, sean una herramienta en materia de políticas sociales, educativas y de salud. Sólo nos resulta comprensible en el análisis de los autores del artículo Crisis y recomposición de la hegemonía capitalista (2011):

El aparato del Estado está atravesado por los procesos sociales y posee una relativa autonomía que le permite retro-actuar sobre la sociedad y no “reflejar” las relaciones que se traban en el seno de aquella. Está sometido a las exigencias de las clases subalternas y sus resultados dependen de la relación de fuerza a su interior. Es decir el Estado tiene carácter de clase y en tal sentido interviene en resguardo y reaseguro de la política de los sectores hegemónicos, pero al mismo tiempo, es un lugar de la lucha de clases, un lugar de disputa. Por ello es importante saber de qué relaciones sociales es portador.

El placer sexual

Otro aspecto que incorporamos al debate, se inició en el siglo XIX, el del placer sexual, desconocido por algunos y negado por otros. El tema del placer sexual es un aporte de los estudios psicoanalíticos, como los realizados por Wilhelm Reich (1932) sosteniendo que la moral sexual impuesta estaba al servicio de la dominación.

En la producción y reproducción de la vida inmediata, señalada por Federico Engels, “como móvil esencial y decisivo al cual obedece la humanidad en la historia” pasa por alto la función del placer sexual.

W. Reich, incorpora al análisis, dos necesidades fisiológicas fundamentales:

1- el impulso de nutrición

2- la necesidad sexual

Estos aparecen como factores subjetivos en la historia del hombre y de la sociedad, nunca como necesidad de reproducirse sino como necesidad de permitir la tensión sexual, condicionada por secreción interna y por excitación exterior, como ansia de satisfacción sexual. (…)

La tensión que es vivida como placer sexual, inclusive sus variaciones sublimadas(espíritu imaginativo, interés técnico, investigación científica) debemos considerar a la sexualidad análoga al hambre, como momento cambiante de la historia.

Asimismo, el autor relaciona la administración y ordenación de la economía sexual por parte de las clases dominantes, al someter a las mujeres al contrato matrimonial y sus deberes de procreación.

El orden comunitario del ser social determina ahora la cantidad y calidad del equilibrio de tensión del mecanismo psíquico. Si faltan las posibilidades sociales para una sublimación y satisfacción sexual, el mecanismo psíquico se falsea con la influencia de la educación que no permite utilizar las posibilidades existentes (neurosis).

Las resistencias a esta represión se expresaban de diversos modos y es en el siglo XIX que se observan movimientos a través de publicaciones y asociaciones que según Michel Perrot (1990) están ligados a la “modernidad y a sus exigencias intrínsecas de cambio, así como también a las agitaciones de las propias mujeres y a su deseo de superar los límites impuestos a su sexo”.

Surgen los movimientos feministas que aspiran a la igualdad de posibilidades para insertarse en el ámbito público y piden ser respetadas en las diferencias. Como parte de esos movimientos se destacaban las socialistas que incorporaban una visión desde la clase obrera.

Anne-Marie Käppeli (1990) al referirse a los escenarios feministas, dice.

Múltiples son los rostros del feminismo, y sería inútil tratar de encontrar su momento fundacional. Podemos enfocar esos rostros ya en el nivel de las ideas y el discurso, ya a través de las prácticas sociales.

Entre las mutaciones que se perciben son el trabajo social, la Caridad, realizado por mujeres, estimulado fundamentalmente por la iglesia. También son públicas las protestas de las trabajadoras a domicilio y las prostitutas.

Los múltiples rostros se expresan en los debates suscitados por las distintas corrientes de expresión y especialmente desde los intereses de clase.

Michelle Perrot ejemplifica de este modo:

Las obreras reprochan a las “burguesas” su falta de comprensión en materia de legislación social: en Francia, a comienzos del siglo, se inclinan a favor de una protección que las feministas critican como discriminatoria. Durante la huelga de las 20.000, las militantes de la costura –Rose Schneiderman, Pauline Newman- reprochan a las sufragistas neoyorquinas ricas – Ava Belmont-Vanderblit, Anne Morgan- su gusto por el voyerismo miserabilista y la propaganda. “La brigada de los visones” obliga a que se la ponga en su sitio con acritud. Después de todo, dice Emma Goldman, ¿acaso el acceso de Anne Morgan a la presidencia de Estados Unidos cambiaría en algo la condición obrera?

La Rusia pre-revolucionaria también participaba de estas acciones y debates. Un ejemplo de ello lo encontramos en la numerosa correspondencia de Inessa Armand y Vladimir Lenin, que se encontraba en el exilio.

Sólo tuvimos acceso a las respuestas de Lenin, que abarcaban una diversidad de temas desde la redacción de periódicos, publicación y distribución de los mismos, traducciones, debates internos entre la corriente menchevique y bolchevique hasta la participación en eventos internacionales, especialmente, durante la Primera guerra mundial y también sobre las mujeres.

Inessa Armand se incorporó al ilegal Partido Obrero Socialdemócrata después de cuestionar a los reformadores sociales, a quienes conoció directamente, por haber participado de un grupo de caridad para ayudar a las mujeres indigentes. En París, tuvo oportunidad de conocer las publicaciones feministas.

La elaboración de un borrador para un folleto destinado a la población femenina, desplegó un debate alrededor de la expresión amor libre (1), que aparece en una de las cartas (17 de enero de 1915), cuestión a la que Lenin, se opuso terminantemente al decirle: “aconsejo eliminar totalmente “reivindicación femenina del amor libre”.

A renglón seguido enumera diez posibilidades de comprensión de esa expresión:

1- ¿el amor liberado de los cálculos materiales (financieros)?

2- ¿el amor liberado también de preocupaciones materiales?

3- ¿de prejuicios religiosos?

4- ¿de la prohibición del papacito, etc?

5- ¿de los prejuicios de la “sociedad”?

6- ¿del ambiente estrecho (campesino, pequeñoburgués o intelectual-burgués?

7- ¿de las ataduras de la ley, de los tribunales y de la policía?

8- ¿de la seriedad en el amor?

9- ¿de la procreación?

10- ¿libertad de adulterio?

Esta carta finaliza con la advertencia: “no se trata de lo que usted, subjetivamente “quisiera entender” por esto, sino de la lógica objetiva de las relaciones de clase en las cuestiones del amor.”

El debate continuó la semana siguiente, alrededor de la diferencia entre las reivindicaciones burguesas y proletarias. A los fines de este artículo podemos señalar que las preocupaciones legítimas, acá expresadas, se pueden inscribir en las críticas señaladas por W. Reich, al no poder reconocer los aspectos subjetivos de la tensión sexual, condicionada por secreción interna y por excitación exterior, como ansia de satisfacción sexual. (…)

Nuestra pregunta inicial, no tiene una sola respuesta, sino que abre un abanico de cuestiones que se tendrán que dirimir en el seno de los movimientos sociales, de las cuales las mujeres formamos parte, para que no continúe esta política de afirmación de control.

Nota:

1) Amor libre, expresión utilizada para describir un movimiento social que rechaza el matrimonio, que es visto como una forma de esclavitud social. El objetivo inicial del movimiento fue separar el estado de los asuntos sexuales como el matrimonio, control de la natalidad, y el adulterio. Afirma que esas cuestiones debían preocupar a las personas involucradas, y nadie más.

Bibliografía:

- Kandel, Ester, ¿Se puede transformar la familia patriarcal y su cultura? (Parte I), Argenpress, JUEVES, 21 DE MARZO DE 2013-
- Kandel, Ester, ¿Se puede modificar la familia patriarcal y su cultura? (Parte II): Las transformaciones sociales abren otras perspectivas, Argenpress, MIÉRCOLES, 27 DE MARZO DE 2013.
- Käppeli, anne-Marie, Escenarios del feminismo, Publicado en Historia de la mujeres – el siglo XIX, Santillana, 1993.
- Krupskaya, Nadiezhda, lenin, su vida - su doctrina, Editorial Rescate, 1984.
- Lenin, v. I., Obras Completas, tomo 35, p.178. Editorial Cartago, 1960.
- Perrot Michelle, Salir, Publicado en Historia de la mujeres – el siglo XIX, Santillana, 1993.
- Rajland Beatriz, Campione, Daniel, , Gambina Julio, Barrera Marcelo, Cortés, Martín, Crisis y recomposición de la hegemonía capitalista: continuidades y rupturas (años 2001-2007 )en Hegemonía y proceso de acumulación capitalista en Latinoamérica hoy (2001-200)El caso argentino, Editado r/s y FISYP.
- Reich, Wilhelm, La irrupción de la moral sexual, Berlín, 1932, Editado en Argentina por Editorial Homo Sapiens.

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