lunes, diciembre 05, 2011

Impacto de la crisis y la austeridad sobre las mujeres

Christiane Marty
CADTM
La crisis financiera, económica y social tiene efectos muy negativos en el conjunto de la sociedad, pero repercute de forma especialmente perjudicial en las mujeres, tanto en el mercado laboral como en la vida privada. En las líneas que siguen veremos que, en efecto, por todas partes las mujeres están más expuestas a la precariedad laboral, al despido y a la pobreza, y menos cubiertas por los sistemas de protección social. En los períodos de recesión, las personas que ya estaban amenazadas por la pobreza, mayoritariamente las mujeres, se vuelven todavía más vulnerables, en particular las que se enfrentan a diversas discriminaciones: madres solteras, jóvenes, mayores, inmigrantes, minorías étnicas…

Las políticas de austeridad implementadas en Europa obligan a pagar la crisis a los trabajadores, jubilados, parados, etc., y protegen a los auténticos responsables que son los grandes bancos y el sistema financiero. Para mayor injusticia esas políticas, al ignorar cualquier análisis diferenciado de los efectos de la crisis sobre los hombres o las mujeres no solo no hacen nada para corregirlos, sino que además los agravan. Los recortes de los presupuestos públicos tienen el efecto de acrecentar las desigualdades, el desempleo femenino, la feminización de la pobreza, la precarización laboral, en particular para las mujeres, su trabajo invisible en la esfera doméstica. Así, a la ineficacia de las medidas gubernamentales se añade su carácter doblemente injusto.

Este texto pretende explicar los elementos precedentes, en particular en los países europeos y con una aclaración particular respecto a Francia. Se trata de un primer trabajo de encuadramiento que no pretende ser exhaustivo y requerirá una ampliación. Los efectos de la austeridad en ciertos ámbitos se tratan de una forma más elaborada, otros se describen de forma genérica por la escasez de datos sobre los sexos. Es imprescindible dar a conocer este hecho, no para presentar a las mujeres como víctimas, sino porque demuestra muy sólidamente la injusticia de las políticas que afectan más severamente a las poblaciones que ya están en situación de desigualdad. El potencial de movilización de las mujeres, y también el del los hombres, será tanto más fuerte cuanto más se analicen y se conozcan por todos los planes de austeridad y sus efectos sobre los distintos sexos. Las mujeres son protagonistas insoslayables en los movimientos sociales y en la construcción de alternativas a las políticas actuales. Ellas deben ocupar su lugar para que se tengan en cuenta sus puntos de vista y sus propuestas.

Decir que las mujeres deben hacer que se tengan en cuenta sus puntos de vista y sus propuestas, lejos de reenviar a una posición existencialista lo que hace es afirmar una realidad: el hecho de asumir las funciones de la responsabilidad familiar, hacerse cargo de los niños y de las personas dependientes, y más generalmente de la economía de la asistencia, lleva a medir directamente las carencias o las regresiones en el terreno de los servicios públicos, de la protección social y de la cobertura de las necesidades sociales básicas. Si, recuperando una máxima conocida, la existencia determina la conciencia, las mujeres pueden tener un ángulo de visión y de las prioridades distinto en las respuestas en la situación actual, en las opciones del contenido de la producción, la forma de organizar la asistencia, la seguridad social, el bienestar colectivo y la participación democrática de la ciudadanía en las decisiones.

Frente a la amplitud persistencia de las desigualdades entre los sexos, frente al gran impacto negativo de la crisis y sus efectos sobre las desigualdades, y teniendo en cuenta la ineficacia de las políticas implementadas, las alternativas a construir se dirigen a garantizar la justicia económica y social y la igualdad entre los sexos… que es una de las mejores medidas del grado de progreso alcanzado por una sociedad.

La crisis afecta más especialmente a las mujeres

En Francia, como en todas partes, los hombres y las mujeres no ocupan el mismo lugar en el mercado laboral ni en el ámbito privado, debido a las desigualdades entre los sexos: hay una «superrepresentación» femenina en los empleos informales, precarios y de bajos salarios y una «subrepresentación» en todos los niveles del proceso de toma de decisiones en el terreno económico. Debido a esta diferencia de situaciones, la crisis afecta de forma diferente a los hombres y a las mujeres.

A las mujeres les afecta más directamente de diversas maneras: es una constatación elaborada por organismos internacionales como la Confederación Sindical Internacional (CSI), europeos como la Confederación Europea de Sindicatos (CES), el Instituto Europeo para la Igualdad de Género, y por el Parlamento Europeo, por no citar más que unos pocos. La crisis «no ha hecho más que agravar la tradicional posición desfavorecida de las mujeres», observa el CSI en un informe de marzo de 2011 (1) «Vivir en la inseguridad económica: las mujeres y el trabajo precario», que presenta un sombrío panorama de la situación de las mujeres en el contexto de la crisis. La CSI recuerda que la primera etapa de la crisis, que dejó 27 millones de personas desempleadas, está bien señalada, pero insiste en la existencia de una segunda oleada de repercusiones sobre el empleo, que afecta en particular a las mujeres, y que sin embargo se refleja poco en las estadísticas oficiales y en las políticas gubernamentales. «El impacto de la crisis en el empleo femenino tiende a infravalorarse y nunca ocupa las primeras planas de los periódicos. Sin embargo, de una manera general, las mujeres son las primeras afectadas por la inseguridad y la precariedad laborales en aumento». El informe también llama la atención sobre el hecho de que los estándares y los datos utilizados para medir la evolución de los mercados laborales no llegan a abarcar la amplitud del aumento de la inseguridad económica que afecta a las mujeres, y que los datos específicos respecto a la situación femenina a menudo son escasos.

La propia Comisión Europea, casi paradójicamente, señala en términos sutiles que «la crisis actual hace temer que los progresos conseguidos en materia de igualdad entre las mujeres y los hombres corren peligro y que los efectos de la crisis amenazan con afectar en particular a las mujeres».

Consecuencias de la crisis sobre el empleo

Aunque la situación varía según los países y los sectores de actividad, el impacto de la crisis sobre el empleo presenta grandes tendencias a nivel mundial: aumento de las tasas de desempleo, gran desarrollo del empleo precario e informal, así como numerosos trabajadores pobres, limitación mundial de la progresión salarial, e incluso rebaja de los sueldos. Examinemos esas tendencias y sus dimensiones de género.

Desempleo y subempleo

A nivel mundial, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo de los hombres creció 0,8 puntos entre 2007 y 2009, pasando del 5,5% al 6,3%, y el de las mujeres creció un punto, pasando del 6% al 7%. En 2010, los niveles de desempleo se aproximaron, con una tasa del 6,5% para las mujeres y el 6% para los hombres. La CSI señala que las estadísticas del desempleo indican globalmente que el impacto de la crisis sobre el empleo fue un poco más negativo para los hombres que para las mujeres, pero que «la débil tasa de empleo de las mujeres, su concentración en los trabajos poco remunerados, informales o vulnerables y la insuficiencia de su protección social hacen que ellas estén más expuestas a las crisis que los hombres».

En los países industrializados, los sectores donde los hombres son mayoritarios son los primeros a los que afectó la crisis más severamente: la construcción, la industria automovilística, los transportes. (También hay que subrayar que en los sectores laborales de predominio masculino es donde se han concentrado los planes de relanzamiento de la economía). Así, la progresión de las tasas de desempleo entre 2007 y 2010 en promedio fue más fuerte para los hombres y su tasa de desempleo superó incluso la de las mujeres. Efectivamente, pasó del 5,5% al 9,3%, es decir, un aumento de 3,8 puntos, y el de las mujeres del 6% al 8,2%, o sea, 2,2 puntos (cifras de la Organización Internacional del Trabajo, OIT).

En esos países, las trabajadoras a tiempo parcial han sufrido reducciones de la jornada laboral y del sueldo. Pero las estadísticas que se publican sobre el desempleo no tienen en cuenta esa tendencia, porque definen como demandantes de empleo a las personas sin empleo que buscan uno (categoría A). Las personas subempleadas (categorías B y C: «en actividad reducida», personas que desearían trabajar más), mayoritariamente mujeres, por lo tanto no aparecen en las cifras oficiales del desempleo. Por otra parte se ha comprobado que en algunos países las mujeres se retiran de la población activa como reacción a la falta de empleo. Lo que también contribuye a una subvaloración de los efectos de la crisis en el empleo femenino.

En la Unión Europea (UE) de los 27, las tasas de desempleo de las mujeres y de los hombres se igualaron en 2009: la distancia entre ambas tasas, que en el año 2000 era de 3 puntos desfavorable para las mujeres, decreció, se anuló en 2009 y permaneció nulo en 2010: el nivel de desempleo se situaba en el 9,6% tanto para los hombres como para las mujeres. Pero esos promedios referidos a la UE ocultan situaciones variadas: el desempleo femenino todavía es superior al de los hombres en países como Grecia donde la diferencia entre las tasas llega a los 6 puntos, Italia y Portugal (2 puntos), Francia, España o Bélgica (1 punto). A la primera etapa de la crisis, que conoció un gran deterioro del empleo masculino, siguió una segunda etapa en la que han sido los sectores de predominio femenino los más afectados: el sector público, el sector servicios, la sanidad, la educación…

En lo que se refiere a Francia, las tasas de desempleo de los hombres y las mujeres también se igualaron en 2009, pero desde 2010 la tasa de desempleo femenino de nuevo se ha vuelto superior a la de los hombres, según la OIT y el INSEE (gráfico siguiente):

La evolución del desempleo o del número de solicitantes de empleo, los resultados son similares. En septiembre de 2011, el número de solicitantes de empleo de la categoría A (sin empleo) aumentó en un año el 0,9% para los hombres frente al 5,4% para las mujeres. Para las categorías A, B y C (acumulados sin empleo y actividad reducida) el aumento en un año fue del 6,4% para las mujeres frente al 2,7% para los hombres.

Como analizó Françoise Milewski, el desempleo de los hombres aumentó antes y más rápidamente que el de las mujeres al principio de la crisis, pero hubo una recuperación en 2009-2010. Y sobre todo no basta con observar la evolución del desempleo oponiéndolo al empleo, porque se oculta la evolución del tiempo parcial que corresponde al desempleo parcial. Las mujeres se han visto menos afectadas por las pérdidas de empleos que por el aumento del subempleo a través del empleo a tiempo parcial. La tasa de desempleo de las mujeres a tiempo parcial ha aumentado, al mismo tiempo que aumentaba fuertemente el desempleo femenino en jornada reducida (categorías B y C de las estadísticas del desempleo). F. Milewski señala que la crisis refuerza las anteriores tendencias del mercado laboral y el tiempo parcial ha desempeñado un papel amortiguador para las mujeres.

De paso hay que subrayar que incluso la Comisión Europea habla ahora de tiempo parcial en sus comunicaciones. Lo que es muy significativo pero a la vez paradójico cuando conocemos el papel de las instituciones europeas en el desarrollo del empleo a tiempo parcial concebido como una forma de empleo que respondería a las necesidades de las mujeres. En su informe de 2010 sobre la igualdad entre las mujeres y los hombres, la comisión señala: «es importante prestar una atención especial a la evolución de las tasas de desempleo durante la recesión, pero no debemos perder de vista otras tendencias, menos visibles, como la sobrerrepresentación de las mujeres entre los desempleados a tiempo parcial (es decir, los trabajadores a tiempo parcial que querrían aumentar su jornada laboral), que no están registrados necesariamente como desempleados». Bien dicho, pero de momento sólo es una declaración.

Además del aumento del empleo a tiempo parcial, en Europa la crisis ha acarreado la multiplicación de contratos precarios, con horarios cortos y salarios muy bajos que afectan mayoritariamente a las mujeres. Respecto a la indemnización por desempleo, el desempleo parcial de hombres y mujeres no se trata de la misma manera. En Francia, en la industria automovilística, los hombres que sufrieron una reducción de su actividad se beneficiaron de medidas indemnizatorias. Pero no se ha previsto nada para amortiguar los efectos de la reducción de la jornada laboral a tiempo parcial de las mujeres. Eso recuerda la persistencia de la idea según la cual el desempleo masculino es más grave que el femenino. Por otra parte, los datos muestran que en general se indemniza a los hombres en mayor proporción que a las mujeres. A finales de 2009, según Pôle Emploi, el 64,1% de los hombres desempleados recibieron indemnizaciones frente al 56,9% de las mujeres.

Salarios

La crisis económica y financiera también ha afectado a las personas que conservan sus empleos: globalmente, la OIT señala en su Informe Anual sobre los salarios (3) que el aumento de los salarios se ha dividido por dos durante los años 2008 y 2009, lo que ha erosionado fuertemente el poder adquisitivo de los trabajadores. Obviamente las consecuencias son más graves para los trabajadores con salarios bajos que pueden caer fácilmente en la pobreza… Ya que, como recuerda el informe, la sobrerrepresentación femenina en los empleos con bajos salarios es una característica universal de los mercados laborales. Las mujeres constituyen incluso en absoluto la mayoría de los empleados con bajos salarios en la mayoría de los países, mientras que su tasa de participación en el mercado laboral generalmente es más baja.

Desarrollo del empleo precario e informal

El recurso al trabajo precario (4) e informal ha aumentado considerablemente debido a la crisis prácticamente en todos los países del mundo. No se trata simplemente de una respuesta a corto plazo a los problemas económicos coyunturales, sino más bien de la aceleración de una tendencia de fondo que ha convertido el proceso «de informalización» del trabajo en la característica principal de todos los mercados laborales. Claramente esta tendencia afecta más a las mujeres de todo el mundo, y en particular a las emigrantes. La OIT alerta del hecho de que las mujeres son mayoritarias en el sector informal, en el empleo vulnerable, en el trabajo a tiempo parcial y también que en promedio ellas están peor remuneradas que los hombres por un trabajo del mismo valor y tienen un acceso más limitado a las prestaciones sociales.

A pesar de la escasez de datos por sexos a escala mundial con respecto a las personas con trabajo precario, los análisis sobre el terreno que se han llevado a cabo en diversos países o los testimonios de organizaciones internacionales de trabajadores convergen para indicar la sobrerrepresentación femenina en esta forma de trabajo. La CSI subraya (5) que esta sobrerrepresentación de las mujeres: «socava sus derechos, perpetúa las desigualdades entre los sexos en la sociedad y limita las perspectivas de un progreso económico durable». La Federación Internacional de las Organizaciones de Trabajadores de la Metalurgia (FIOM) y la Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación, la Agricultura, y la Hostelería y Restauración (UITA) señalan que en las empresas de sus sectores, los empleos ocupados por las mujeres son más precarios en general, con una menor seguridad, salarios más bajos, menos prestaciones y una menor protección social que los hombres. Indican que el trabajo precario «rápidamente se convierte en el principal obstáculo de los derechos de los trabajadores, y en particular de las mujeres»

Obstáculo de los derechos de los trabajadores, el empleo precario también se identifica, en un estudio (6) de Global Union Research Network (GURN) como «un factor clave de las diferencias salariales entre mujeres y hombres»: para luchar contra la precarización, los responsables políticos deben concentrarse en el género.

También el Parlamento Europeo retoma este análisis en dos resoluciones (7) votadas en junio y en octubre de 2010. Desea llamar la atención del Consejo Europeo, de la Comisión y de los Estados miembros sobre el hecho de que hasta ahora la situación no ha recibido la atención que merece: «la crisis financiera y económica en Europa tiene repercusiones particularmente negativas en las mujeres, más expuestas a la precariedad del empleo y al despido y menos cubiertas por los sistemas de protección social». Es lamentable que estas resoluciones no hayan producido ningún efecto, lo que nos hace preguntarnos sobre el poder real del Parlamento Europeo.

El informe de la CES de junio de 2011 también hace una constatación alarmante sobre la evolución de las condiciones laborales de las mujeres en Europa, en términos de jornadas laborales, salarios y contratos, Señala que los empleos femeninos se siguen precarizando. Asistimos a un desarrollo del trabajo en «negro». En Turquía, por ejemplo, el 58% de las mujeres y el 38% de los hombres ejercen una profesión sin declarar y por lo tanto no se benefician de ninguna cobertura por enfermedad ni de un seguro de accidentes. De forma general, por todas partes hay un aumento de la carga laboral, de la presión y el estrés, de acoso moral y psicológico. El número de trabajadores no declarados ha crecido significativamente, en particular en el sector doméstico.

La sobrerrepresentación femenina en el empleo precario se debe a un conjunto de razones cuya enumeración no entra en el marco de este documento. Pero una de esas razones es el hecho de que las mujeres siempre asumen lo esencial de las cargas domésticas y familiares, la asistencia a las personas dependientes. Eso las conduce a tener menos miramientos respecto al empleo, a aceptar un trabajo a tiempo parcial o poco remunerado. Cuando los recortes de los gastos públicos, como veremos más adelante, se aplican a los servicios de guardería infantil, servicios a las personas o servicios de sanidad, las limitaciones que pesan sobre las mujeres no hacen más que ampliarse.

Aumento de la pobreza

El aumento de la pobreza también afecta a las personas que tienen un empleo. Según la OIT, el número de trabajadores pobres (8) globalmente «ha crecido en 40 millones con respecto a las previsiones de antes de la crisis, y en 2009 el desglose por sexos para la categoría «empleos vulnerables» muestra que el 48,9% de los hombres y el 51,8% de las mujeres han tenido que enfrentarse al tremendo desafío de la precariedad».

Por todas partes son los más pobres, y por lo tanto las mujeres, los afectados más duramente. «Aunque la crisis económica ha comenzado en los países desarrollados, son las poblaciones pobres y vulnerables de los países en vías de desarrollo, en particular las mujeres, quienes sufren el impacto y las consecuencias de la crisis» (OIT 2011). «La crisis ha originado un encarecimiento de los alimentos que ya había afectado a las mujeres y a sus hijos en los países pobres. Las mujeres y las niñas se vuelven muy vulnerables a los efectos de la crisis debido al bajo nivel de educación».

El Parlamento Europeo constata que «la pobreza femenina sigue oculta en las estadísticas y en los regímenes de seguridad social». Según el informe anual de 2010 de la Comisión sobre la igualdad entre las mujeres y los hombres, la pobreza es uno de los ámbitos donde las diferencias entre hombres y mujeres persisten: las mujeres están más expuestas al riesgo de pobreza y sufren de forma diferente la exclusión social, en particular las mujeres mayores, cuyo riesgo de pobreza se elevaba en 2008 al 22% frente al 16% para los hombres mayores; para las madres solteras el riesgo de pobreza es del 35% así como para otras categorías de mujeres como las discapacitadas o las que pertenecen a minorías étnicas.

Nota: El riesgo de pobreza relativa es la tasa de pobreza específica en la edad de los hombres y de las mujeres relacionada con la tasa de pobreza del conjunto de la población y multiplicada por 100.

En Francia, las organizaciones humanitarias señalan una parte creciente de mujeres en las personas en situación de pobreza desde 2009, en su informe anual, el «Secours Catholique» muestra una feminización de la pobreza y de la precariedad y llama la atención sobre la situación de las jóvenes madres solteras con empleos precarios.

Frente a la crisis, políticas de austeridad ineficaces e injustas

Las deudas públicas de los Estados han estallado bajo el efecto de los planes de salvamento masivos del mundo financiero llevadas a cabo por los gobiernos, de la recesión provocada por la crisis y de las rebajas de los ingresos fiscales en Francia y en numerosos países europeos (debido especialmente a los regalos fiscales concedidos a los más ricos y a las empresas). Bajo la presión de los mercados financieros que quieren asegurarse la capacidad de los gobiernos de reembolsar sus deudas, estos últimos han establecido planes de austeridad drásticos. Aplicadas de forma simultánea y masiva en el conjunto de los países europeos, esas políticas sólo pueden llevar a una recesión más grave que conducirá a reducir todavía más los ingresos fiscales. Los déficit públicos aumentarán, al contrario de los objetivos que se pretenden. Además de ser incoherentes desde el punto de vista económico, esas políticas son inaceptables desde el punto de vista social. Van a acentuar la gravedad de los efectos de la crisis sobre las poblaciones. Además, al ignorar cualquier análisis de los efectos diferenciados de la crisis sobre los hombres y las mujeres, amenazan con agravar todavía más las desigualdades.

Los principales resortes accionados por los diversos planes de austeridad en Europa conciernen a la disminución de los gastos del Estado, de la función pública y de la protección social y el aumento de los ingresos a través de la fiscalidad. A continuación presentamos de forma genérica los efectos producidos, o que se producirán, debido a las diversas líneas de recortes presupuestarios en Europa, con algunas especificaciones para Francia.

Recortes de los gastos públicos

Mientras que los países que tienen un mayor nivel de protección social y de servicios públicos absorben mejor el impacto de la crisis, resisten mejor a la recesión y al aumento de la pobreza vinculada al crecimiento del desempleo y del subempleo, ¡son precisamente esos fundamentos del Estado social los objetivos de las restricciones presupuestarias! El sector público sufre la reducción de numerosos puestos de trabajo y la rebaja del sueldo de los funcionarios. A las mujeres les afecta por partida doble: en primer lugar como principales empleadas del sector público y después como principales beneficiarias de los servicios públicos.

Recorte de trabajadores y de salarios en el sector público

Más de una quincena de países de la UE han implementado medidas semejantes. En octubre de 2010, el Parlamento Europeo llamó la atención sobre el hecho de que «el desempleo femenino puede aumentar de forma desproporcionada debido a los recortes presupuestarios anunciados en el sector público, teniendo en cuenta que las mujeres son empleadas de forma particularmente importante en la educación, la sanidad y los servicios sociales».

En efecto, la función pública es ampliamente femenina en la mayoría de los países. En el Reino Unido las mujeres representan el 65% de los empleados del sector público… y ellas soportarán la mayoría de las 400.000 supresiones de puestos de trabajo anunciadas para los cuatro próximos años. La British Fawcett Society (10) revela que la diferencia de salarios entre los sexos es dos veces mayor en el sector privado (20,8%) que en el sector público (11,6%), las medidas gubernamentales contribuirán a aumentar todavía más esa diferencia. Se ha hecho una evaluación que estima que de los 8.000 millones de libras esterlinas que se ahorrarán sobre la fiscalidad y la protección social, el 70% saldrá del bolsillo de las mujeres (11).

En Francia se aplica la regla de no reemplazar a un jubilado de cada dos (regla «uno sobre dos»). Así, en el conjunto del período 2008-2012, el Estado suprimirá casi 150.000 empleos de jornada completa en la función pública del Estado, lo que se traduce en menos contrataciones. La educación nacional o la acción social habitualmente contrataban a muchas jóvenes diplomadas. Ya se ha comprobado un fuerte aumento de la tasa de desempleo de mujeres jóvenes (menores de 25 años) cuya evolución se diferencia sensiblemente de la de los hombres jóvenes: entre principios de 2008 y principios de 2011, un aumento de 7,2 puntos de la tasa de desempleo para las mujeres frente a 4,5 puntos para los hombres. Las mujeres jóvenes, sin embargo, teóricamente deberían beneficiarse de la ventaja de una mejor formación para su inserción profesional, pero en la realidad no es el caso en absoluto.

Además de la congelación o la rebaja de muchos empleos en el sector público, algunos Estados han aplicado rebajas salariales a los funcionarios (12): bajada del 5% en España y Dinamarca, 10% en la República Checa, 12% en Lituania, del 5% al 15% en irlanda, 20% en Letonia y hasta un 25% en Rumania, Portugal y Grecia. En Francia los sueldos de los funcionarios se han congelado.

Recorte de la protección social y de los servicios sociales: las mujeres, principales afectadas

Casi por toda Europa los gastos de protección social sufren reducciones drásticas, asociadas a la opción de las disminuciones de los importes o las duraciones de las prestaciones por desempleo, las ayudas a las familias, las prestaciones por maternidad y las ayudas a personas dependientes o incapacitadas. De la misma forma, las reducciones afectan a los servicios esenciales como las guarderías infantiles, los servicios sociales y los servicios sanitarios. En Francia también han desaparecido las clases de maternidad, las maternidades y han cerrado las clínicas de interrupción del embarazo. Mientras aumenta el número de personas dependientes, los presupuestos dedicados a ellas en el mejor de los casos se congelan o incluso se eliminan.

En Francia el gobierno de Sarkozy convirtió la dependencia en la obra magna de 2011. Pero a mediados de este año el Primer Ministro anunció la postergación de la reforma a 2012, oficialmente en el marco de la reducción del déficit, y probablemente por consideraciones electoralistas. Esa información no se puede considerar una buena noticia a la vista de una nueva regresión inevitable. La situación actual, en efecto, es insostenible desde muchos puntos de vista pero en particular para los cuidadores familiares de las personas dependientes –cuidadores de los que dos tercios son mujeres- y que asumen una carga muy pesada (13). Esta carga no está suficientemente reconocida ni se tiene debidamente en cuenta. Penaliza a las mujeres en sus empleos –debido al frecuente paso a tiempo parcial o incluso el abandono del empleo-, su salud (las asociaciones del sector llaman la atención sobre el agotamiento de las cuidadoras), su nivel de vida y más ampliamente su autonomía. Muchas personas dependientes se encuentran en situación de pobreza. No solo no se ha tomado ninguna medida positiva, sino que además el Primer Ministro decidió en noviembre de 2011 una rebaja relativa de las prestaciones sociales, entre ellas a las personas dependientes, suprimiendo su actualización según la inflación.

Los recortes presupuestarios en la protección social conciernen más particularmente a las mujeres, en la medida en que ellas asumen siempre el papel de responsables principales de la familia. Debido a su situación, a menudo característica, se las ve en empleos precarios con bajos salarios. Las reducciones en los servicios públicos o en el importe de las ayudas limitan otro tanto sus capacidades para alimentar, educar y velar por el bienestar de sus hijos y sus próximos, donde se ocupan de personas dependientes o inválidas de las que la colectividad se desentiende. La ausencia o la escasez de políticas de asistencia conduce al aumento del empleo de mujeres inmigrantes a domicilio, sin acceso a una protección social adecuada e incluso trabajando en la clandestinidad.

Se pueden prever fácilmente los efectos de semejantes políticas de austeridad porque son similares a las que impuso el FMI en los años 80 en los países en desarrollo para garantizar su capacidad de reembolsar sus deudas. Las consecuencias fueron muy negativas para las mujeres: obligadas a garantizar los servicios de los que el Estado y la colectividad no se hacían cargo, ellas vieron que su jornada laboral en la esfera privada se ampliaba enormemente, a menudo en detrimento de un empleo remunerado.

Los efectos también repercuten en la esfera profesional. El European Institute for Gender Equality (EIGE) constata que los recortes presupuestarios en los servicios de asistencia, las prestaciones familiares, los permisos por maternidad y los permisos parentales dificultan a las mujeres la famosa «conciliación de la vida familiar y profesional» (se trata más bien de acumulación que de conciliación), con una carga acrecentada del trabajo no remunerado que refuerza las desigualdades de género en el mercado del trabajo y en las costumbres.

Ataques a las pensiones

Las medidas con respecto a las pensiones vienen a completar la panoplia del perfecto plan de austeridad. Casi todos los países europeos han iniciado recientemente «reformas» en sus sistemas de jubilación. La tendencia general es a una privatización de las pensiones favorecida por la retirada del Estado social, y un fortalecimiento del vínculo entre el importe de las cotizaciones entregadas y el importe de la pensión. Ese fortalecimiento desemboca en el retroceso de los mecanismos correctores (como las bonificaciones vinculadas al cuidado de los niños o las pensiones mínimas…) que tenían una función de redistribución de las pensiones y atenuaban los efectos negativos sobre las pensiones de las mujeres del tiempo dedicado al cuidado de los niños. En efecto en todas partes, como promedio, las mujeres tienen pensiones inferiores a las de los hombres, y a menudo muy débiles debido a las carreras interrumpidas, períodos de trabajo parcial y salarios bajos. Los mecanismos correctores, imprescindibles, son notoriamente insuficientes puesto que las desigualdades medias entre hombres y mujeres se amplifican cuando se pasa de los salarios a las pensiones (en Francia la pensión media de las mujeres, con todo incluido, no representa más que el 62% de la de los hombres (14), mientras que el salario medio femenino es el 80% del masculino…) ¡Y se tiende a reducir esos mecanismos!

El reforzamiento del vínculo entre las cotizaciones entregadas y el importe de la pensión significa una penalización global a las mujeres: el importe de su pensión solo podrá bajar, lo que tendrá como consecuencia exponer todavía más a las mujeres a la pobreza. La Comisión Europea señala por otra parte que «el empobrecimiento amenaza a los jubilados y que las mujeres mayores constituyen uno de los grupos más expuestos al riesgo de la pobreza». Ese riesgo, elevado para los mayores de 65 años, es significativamente más fuerte para las mujeres que para los hombre (22% frente al 16%). ¡La Comisión ha demostrado su capacidad para dictar la doctrina al mismo tiempo que parece lamentar sus consecuencias!

La tendencia de las diferentes reformas de las jubilaciones también tiende a igualar la edad de jubilación de las mujeres con la de los hombres en los países donde son diferentes. Es el caso de Portugal e Italia, donde se pasa de 62 a 67 años la edad de jubilación de las mujeres. En Gran Bretaña la diferencia entre las mujeres (60 años) y los hombres (65), se suprimirá en 2020, así como en Grecia, Lituania, Polonia, Rumanía, etc. Según los países, los importes de las pensiones se congelan o se rebajan y la duración del tiempo de cotización se alarga, lo que implica mayores dificultades para las mujeres, porque muchas ya no llegarán a reunir el tiempo mínimo necesario.

La «reforma» llevada a cabo en Francia en 2010, en la misma línea que las precedentes, prolonga y amplía la regresión (15). Las medidas de alargamiento de la duración de la cotización significan una rebaja de las pensiones para todos, pero afectan de manera desproporcionada a las mujeres: así, una mayor proporción de mujeres que de hombres deberá jubilarse más tarde (con las dificultades notorias del acceso al empleo de las personas mayores), es decir, sufrirán un quebranto mayor porque en promedio ellas están más lejos que los hombres del tiempo de cotización exigido. También el retraso de la edad de 65 a 67 años afecta en primer lugar a las personas cuyas cotizaciones mínimas son insuficientes y que a menudo llegan a los 65 años para no sufrir una rebaja de su pensión muy gravosa. De esas personas la mayoría son mujeres.

Las dificultades que se avecinan son muy preocupantes. Según un estudio llevado a cabo por el grupo bancario HSBC sobre 17.000 personas en 17 países, las mujeres europeas están más preocupadas por su jubilación que los hombres, en particular las francesas. Entre las quincuagenarias, el 58% asocia la jubilación al término «dificultades económicas» frente a solo el 36% de los hombres. Una encuesta de la Asociación de Mujeres y Calidad de Vida a nivel europeo señala las preocupaciones de las mujeres respecto a la crisis económica y sus consecuencias en términos de poder adquisitivo, de falta de estructuras de guarderías y estructuras de asistencia, la usencia de ayudas sociales a las familias y la precariedad de su empleo, a menudo no declarado. Preocupaciones por desgracia muy fundamentadas…

Finalmente, otro recorte presupuestario amputado debido a la austeridad es el de las políticas de igualdad entre las mujeres y los hombres, que han sido las primeras sacrificadas en diversos Estados, como lo señala el Parlamento Europeo. En Francia, numerosas asociaciones femeninas han visto bajar sus subvenciones entre un 10% y un 20% en tres años, a veces incluso el 30%. Esas reducciones tienen efectos muy graves porque conciernen a las asociaciones de alojamiento de urgencia o ayuda alimentaria.

Conclusión

Esta aclaración respecto a los efectos particulares de la crisis sobre las mujeres, aunque parcial, conlleva ciertas enseñanzas… y reactiva algunos imperativos. En primer lugar, la evidencia de que ninguna política debe decidirse a nivel nacional, regional o internacional sin un análisis previo de su efectos sobre los distintos sexos. Es un compromiso de los Estados en la Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín en 1955, que debería aplicarse en todos los ámbitos, económico, social, etc., pero sigue siendo papel mojado.

Asimismo, los programas de los partidos políticos y las propuestas de las organizaciones del movimiento social sistemáticamente deben integrar la dimensión de género y el objetivo de igualdad entre las mujeres y los hombres en la elaboración y la construcción de alternativas. No solamente porque es una exigencia de justicia social, que ya sería suficiente, sino porque además las políticas igualitarias forman parte de la solución para salir de la crisis.

Ir al origen de los mecanismos que conducen a las desigualdades de género permite, en efecto, tomar conciencia de la importancia de todo un sector de la actividad humana, garantizada esencialmente por las mujeres, que concierne a la economía de la asistencia y la cohesión social: trabajo invisible y gratuito realizado en la esfera privada, y trabajo subvalorado en la esfera pública. Analizar el impacto de la austeridad en las mujeres y en los grupos más desfavorecidos recuerda –cruelmente- la importancia para el bienestar colectivo de la existencia de una protección social de alto nivel y de servicios públicos de calidad. Y mientras éstos necesitan desarrollarse (en particular las guarderías infantiles y la asistencia a personas discapacitadas), son precisamente los que reciben ataques en todas partes. Esos sectores, además de su carácter esencial, representan un potencial enorme para un crecimiento vuelto hacia las necesidades sociales.

La austeridad no es inevitable, existen otras soluciones (16). Las limitaciones priorizadas por los gobiernos –presiones de los mercados financieros, funcionamiento de la Unión Europea, Pacto de Estabilidad…- para justificar sus políticas regresivas, ciertamente son reales. Pero no son leyes naturales, sino la expresión de una camisa de fuerza creada por los sucesivos gobiernos que progresivamente se entregan a la dictadura de las finanzas. Pero lo que se ha construido se puede destruir. Los gobiernos de nuestros países los elegimos los pueblos y se supone que tienen que respetar nuestra voluntad. Los mercados financieros temen la expresión de la voluntad de los pueblos, no hay más que ver su pánico cuando se anunció que se iba a consultar a los griegos en un referéndum. Si se oye mucho a los mercados financieros es porque no se escucha lo suficiente la voz de los pueblos.

En el contexto actual, por lo tanto, la movilización popular es imprescindible. La crisis debe ser una ocasión de cambiar radicalmente de orientación, redefinir el modelo de sociedad y transformar profundamente las formas de producción y de consumo. Se trata de implementar políticas que respondan en primer lugar a las necesidades sociales y medioambientales y supeditar la economía a este objetivo. Las necesidades diarias, la economía de la asistencia, la cohesión social, porque cada vez están más amenazadas debido a la crisis, recuperan una importancia olvidada. Tenemos una auténtica oportunidad de que estas preocupaciones –que todavía hoy siguen siendo mayoritariamente de las mujeres pero deben ser de todos- se conviertan en una razón principal de movilización. Influir más que los mercados sobre la base de exigencias insoslayables con la creación de una dinámica que abarque a todas las poblaciones europeas es el desafío actual.

Notas:

(1) Informe de la CSI «Vivir en la inseguridad económica: las mujeres y el trabajo precario», marzo de 2011.

(2) Chômage et emploi des femmes dans la crise en France, Françoise Milewski, Carta de la OFCE (mayo de 2010). http://www.ofce.sciences-po.fr/pdf/lettres/318.pdf.

(3) OIT- Informe Mundial sobre los Salarios, 2010

(4) Por empleo precario la CSI entiende las formas de trabajo no permanentes, temporales, ocasionales, inciertas y aleatorias. Los trabajadores afectados no se benefician de la protección que ofrecen la legislación laboral y la seguridad social. Las trabajadoras precarias a menudo están privadas de las disposiciones relativas a la protección durante el embarazo y el permiso por maternidad, así como de otras formas básicas de protección social

(5) Informe citado.

(6) Moving from Precarious Employment to Decent Work , John Evans y Euan Gibb, 2009.

(7) Parlamento Europeo, Resolución del 11 de junio de 2010 sobre los aspectos relativos a la igualdad entre las mujeres y los hombres en el contexto de la recesión económica y la crisis financiera, y Resolución del 19 de octubre de 2010 sobre los trabajadores en situación de empleo precario.

(8) La noción de pobreza es objeto de numerosos debates. El umbral de la pobreza desde el punto de vista monetario se define en general en el 60% de la renta media. Los trabajadores pobres se definen por el hecho de que trabajan y pertenecen a hogares pobres.

(9) Ver especialmente el dossier del IRES de noviembre de 2010, «El Estado social en la prueba de la austeridad».

(10) Una de las organizaciones británicas más antiguas para los derechos de las mujeres.

(11) Informe de la CSI, marzo de 2011.

(12) Esos datos son parciales en la fecha de finales de 2010.

(13) «Hacerse cargo de la dependencia: un doble reto para las mujeres», mayo de 2011, Christiane Marty, http://gesd.free.fr/enjeu2f.pdf

(14) Cifras de 2004.

(15) Ver en particular «Retraites, l’heure de vérité» Syllepse, 2010. Coordinado por JM. Harribey, P. Khalfa, C. Marty.

(16) Ver Le piège de la dette de la dette publique, Attac, Éditions Les liens qui libèrent, abril de 2011. O Le manifeste d’économistes atterrés, Les liens qui libèrent, 2010.

Referencias

- AWID. «L’impact de la crise financiare sur les femmes en Europe de l’Ouest», Wendi Harcourt.

- OIT, «Tendances mundiales de l’emploi des femmes», 2009.

- CSI «Vivre Dans l’insecurité économique: les femmes et le travail précaire», marzo de 2011.

- EIGE (European Institute for Gender Equality), «Report Reconciliation of Work and Family Life as a Condition of Equal Participation in the Labour Market».

- Ivosevic Vanja, «Les réformes des pensions en Europe et leur impact sur les femmes», septiembre 2009.

- OCDE, «Rapport sur l’initiative de l’OCEDE pour la parité: l’égalité entre hommes et femmes en matière d’éducation, d’emploi et d’ entrepreneuriat», mayo 2011.

- Parlamento Europeo, Resolución del 17 de junio de 2010 sobre los aspectos relativos a la igualdad entre las mujeres y los hombres en el contexto de la recesión económica y de la crisis financiera (2009/2204 INI)

- Parlamento Europeo, Resolución del 19 de octubre de 2010 sobre los trabajadores en situación de trabajo precario (2010/2018 INI)

- S. Seguino, «The global economic crisis, its gender and ethnic implications, and policy responses» Gender & Development, vol. 18, julio de 2010.

Fuente: http://www.cadtm.org/IMG/pdf/impact_austerit-_sur_les_femmes.pdf

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