viernes, julio 22, 2011

LA VENADITA HERIDA...

Por Rosa María García Vargas / Revista Mujeres.CubaWeb
"No estoy enferma, estoy rota; pero, estoy feliz de estar viva mientras pueda pintar. "
Frida Kahlo
Una mañana lluviosa de julio, en Coyoacán, México, nació Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón. La niña que abrió sus ojos al mundo un día nublado, conoció durante su vida el amor, la tristeza, el dolor… y legó a la humanidad una obra plástica de incomparable calidad y belleza.

Mucho se ha escrito de Frida, opiniones diversas ha suscitado su personalidad marcada por el infortunio, una salud maltrecha desde muy temprano y escándalos por su contradictorio carácter y sus infidelidades conyugales.

A través del tiempo algunos críticos o biógrafos la han considerado como una de las grandes divas de la historia; otros la han tomado por una bebedora de tequila, fumadora, drogadicta y narradora de chistes subidos de tono; algún malintencionado solo ha recordado a la bisexual que vestía fastuosos vestidos indígenas o a quien organizaba orgías en las que participaban personalidades de su época: pintores, escritores, políticos…

Un poco de todo ello fue esta mujer. Sin embargo, la realidad es que Frida está por encima de cualquier juicio crítico o discriminación por razones de cultura, raza, preferencia sexual o corriente artística. La calidad de su obra la sitúa en un pedestal superior, lejos del alcance de la maldad y el menosprecio.



Para aquilatar en toda su dimensión el valor de esta mujer singular hay que conocer los detalles de una vida signada por la enfermedad y los dolores físicos. Solo contaba con seis años cuando la poliomielitis la mantuvo postrada durante nueve meses y como consecuencia su pierna y pie derecho quedaron deformados. Por si fuera poco, a los 18 estuvo envuelta en un terrible accidente de autobús que cambió su vida para siempre.

Es en esta etapa cuando se inclina por la pintura, distracción que le proporcionaron sus padres para hacerle más llevadera la permanencia en cama. Poco a poco adquirió destrezas y habilidades que unidas a su talento innato pronto despertaron la admiración de quienes disfrutaban sus obras.

A los 22 años conoció a Diego Rivera, el famoso muralista mexicano a quien llamó el segundo accidente de su vida. Con él estuvo casada, divorciada y luego vuelta a casar; pero, su amor por el pintor, la sostuvo en medio de sus tragedias personales, tanto como su amor por México.

Frida no pudo tener hijos; el accidente y las más de 30 operaciones que sufrió para arreglar su pierna o su columna, le impidieron ser madre. En tres ocasiones acarició la ilusión de acunar un bebé en sus brazos, el fruto de su amor por Diego. Tres veces abortó, quedando sumida en la depresión y la soledad.

Quizás por esta razón se consoló con muñecas o mascotas y fumó y bebió en exceso; quizás era esta la causa de su rudeza al hablar, los escándalos en fiestas, las provocaciones, el desafío a la sociedad que la condenaba sin saber qué había más allá de la apariencia.

Para quien pretenda ahondar en ese “más allá” es obligado penetrar en su carne lacerada, en su orgullo roto por las repetidas infidelidades de Diego, en la maternidad frustrada que la condenó más que nada a la soledad, en la necesidad casi enfermiza de vivir en su México natal y no en Estados Unidos ni en ninguno de los países que visitó.

Cierto es que ella creó su propio mundo, un universo lleno de cuadros, la mayoría de ellos retratos suyos, pintados desde la obsesión y el desengaño, la tristeza o el grito de rebeldía. "Pinto autorretratos porque estoy sola muy a menudo, y porque soy la persona que mejor conozco… ", dijo en una ocasión. De esta inclinación por pintarse nace el cuadro La venadita herida.

Verdad también que estuvo políticamente definida, aunque en ocasiones se contradijo por un exceso de pasión o por escandalizar a los demás. Durante los últimos años que vivió, casi en cama, dedicó su pintura a reflejar su credo político y algunos de sus cuadros muestran la hoz y el martillo.

Pero, por sobre todas las cosas, su prioridad era el trabajo. Una vez, mientras estaba hospitalizada dijo: "Cuando salga de aquí, hay tres cosas que quiero hacer… pintar, pintar y pintar". Solo el lienzo y los pinceles la mantenían con vida… y Diego, a pesar de sus desencuentros él la animaba a seguir adelante, a continuar su obra que se exhibía en los mejores salones del mundo.

Cuentan los biógrafos de Frida que por momentos ella consideró la idea del suicidio; no obstante, no puede haber nadie tan vital en una situación similar: su cuerpo como el de una muñeca deshecha la condenaba a guardar cama o a usar drogas para soportar el dolor; su alma clamaba por la libertad física que le estaba vedada en sus condiciones.

Cuentan además que su adicción a los narcóticos acabó con su habilidad para pintar y a sus últimos cuadros se le señalan errores.

La noche del 12 al 13 de julio de 1954, llovía en Coyoacán, México. En la casa donde nació 47 años antes falleció esa noche Frida Kahlo, en medio de la tristeza de la llovizna al caer y el llanto de los más allegados. La causa de su muerte fue embolia pulmonar, aunque los pensamientos suicidas expresados en su diario hicieron pensar a algunas personas que quizás se suicidó.

Hasta el final Frida quiso escandalizar a sus admiradores y al ser introducido su cuerpo en el crematorio, una ola de calor la hizo incorporar, el cabello envuelto en llamas.

Esta singular mujer había llevado una vida extraordinaria; ella misma era una mujer extraordinaria. Legó al mundo más de 200 cuadros, dibujos y esbozos en los que dejó impreso un mensaje de dolor y en los que no solo aparece retratada en cada pincelada, también alienta en ellos su México natal, el que tanto amó.

Hoy no creo que haya mejor manera de recordar a Frida Khalo que disfrutando su obra; en ella parece renacer para decirnos: “estoy feliz de estar viva mientras pueda pintar. "

Fuente: http://www.tiempo21.cu/lectura/julio11/venadita_herida_110713.htm


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