sábado, mayo 21, 2011

La mutilación del deseo sexual femenino

Susana Gómez / Insumisas -
Para: La Araña Feminista CCS
El sistema patriarcal siempre ha necesitado mantenernos a las mujeres dominadas para poder disponer de nuestra capacidad reproductiva.

Esto se materializó en la negación de la autonomía sobre nuestros cuerpos y sexualidad, y en la equiparación de la sexualidad femenina con la procreación, lo que restringe su práctica a la penetración vaginal. De esta forma, se impuso un esquema de sexualidad que funciona aún hoy, como uno de los ejes centrales para institucionalizar y “naturalizar” las relaciones de dominación y subordinación.

A fuerza de siglos de religión, represión, hogueras, cazas de brujas y obligaciones maritales, el resto de las manifestaciones de la sexualidad femenina acabaron por “no existir”. De esta forma, hasta hace relativamente poco, el clítoris no aparecía en los manuales de anatomía y cuando lo hizo, fue relacionándolo con trastornos patológicos y con supuestas formas inmaduras de vivir la sexualidad.

Por otro lado, la masturbación era considerada sólo cosa de hombres, el sexo oral práctica exclusiva de la mujer hacia el hombre y el lesbianismo algo absolutamente innombrable.



Así pues, con el clítoris amputado cultural y socialmente, las mujeres experimentamos una mutilación casi total de nuestro deseo sexual y de nuestras posibilidades de experimentar placer. Si la sexualidad no era más que penetración y la penetración no conseguía llevarnos al orgasmo a una gran parte de nosotras, era lógico que asumiéramos el sexo como una carga más, de las muchas que suponía la esclavitud del matrimonio. De ahí, a pensar que sólo el hombre tenía necesidades sexuales, había un paso.

Por desgracia, el panorama no ha cambiado tanto y aún tenemos que defender en nuestras relaciones el derecho a practicar el amplio abanico que ofrece nuestra sexualidad que incluye la masturbación, las caricias, los besos, los masajes, la exploración, el sexo oral y muchas otras. También continúa la lucha por el derecho a decidir si queremos disfrutar nuestra sexualidad con hombres o con mujeres y por comprender el coito vaginal como una opción más que, dicho sea de paso, resultará bastante más placentera si la acompañamos de la estimulación del clítoris.

El 18 de mayo de 1984, en el bar La Conjura de los Necios es bautizado el primer número de la revista La mala vida, una publicación libre y feminista fundada por Giovanna Mérola, Gioconda Espina, María Centeno, Zoraida Ramírez y otras compañeras.

beltz456@yahoo.es

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