martes, enero 11, 2011

El estereotipo delgado, forma de violencia hacia la mujer

Industrias occidentales imponen modelos que llegan a provocar anorexia y bulimia
El patriarcado reafirma la hegemonía de su poder al valorarlas sólo por su cuerpo, dicen
El estereotipo de género impone exigencias sobre el cuerpo de la mujer. La imagen corresponde a una campaña de la modelo Isabelle Caro, fallecida hace unas semanas tras padecer anorexia
Periódico La Jornada
Aunque la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia no la tipifica como tal, expertos consideran que el estereotipo de género es una de las agresiones más arraigadas, extendidas y naturalizadas contra la mujeres en todo el planeta.

Este aspecto actualmente está basado en el culto a la delgadez, a la juventud y a modelos de belleza impuestos por las poderosas industrias occidentales del cine, la moda y medios de comunicación, lo cual, según especialistas, no sólo ocasiona en las mujeres graves problemas de salud física y mental, sino que, por medio de esas exigencias, el patriarcado reafirma la hegemonía de su poder al valorar a las mujeres únicamente por su cuerpo.

En México entre 1 y 5 por ciento de los jóvenes sufre de anorexia o bulimia. Según el Instituto Mexicano del Seguro Social, la población afectada por Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) oscila en unos 2 millones de personas, de los cuales, y de acuerdo con la estadística internacional, 10 por ciento muere y 30 por ciento sobrevive con daños severos en riñones, tracto digestivo o hígado entre otros órganos afectados.


De acuerdo con la Fundación para el Tratamiento de la Bulimia y la Anorexia cada año en el país surgen 20 mil casos nuevos de personas con TCA, de los cuales, al menos 90 por ciento son mujeres.

Según la Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva (AMCPER), México ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Estados Unidos, en donde se realizan más cirugías estéticas, y también el segundo lugar donde más personal no capacitado hace dichas intervenciones, las cuales en casi 90 por ciento son solicitadas por mujeres.

La antropóloga Patricia Castañeda Salgado, especialista en violencia de género e identidad femenina del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), define el estereotipo de género como “violencia subjetiva “porque afecta emociones, es apropiada por la víctima y disloca hacia lo negativo la idea que la mujer tiene de sí misma.

Olga Bustos Romero, investigadora de la Facultad de Sicología de la UNAM, califica esta violencia como sicológica porque causa presión en la mujer y le produce autodaño, pues ese estereotipo impone exigencias sobre los cuerpos de las mujeres, como estar hiperdelgada o llevar tacones altísimos, que ocasionan trastornos alimenticios y daños en la columna vertebral.

La comunicóloga Aimé Vega Montiel, del Programa de Investigación Feminista del CEIICH, asegura que la violencia del estereotipo pasa por casi todos los modelos de violencia tipificados en las leyes, como sicológica y física, porque son cuerpos enfermos; la sexual, en tanto ese modelo de belleza presenta a la mujer como un objeto sexual y no como un sujeto de acción y, en los casos más extremos, es feminicida porque ya son muchas las modelos que han muerto a causa de llevar al extremo ese estereotipo.

Pero, ¿quién crea el estereotipo de belleza? ¿En qué momento de la historia la curva dejó de ser atractiva para dar paso a la delgadez enfermiza?

Según Vega Montiel, estos cánones se originan en el imperialismo cultural, en modelos desarrollados por países poderosos, como Estados Unidos, que cuentan con recursos para generar contenidos y permearlos en culturas locales. Así vemos que los cánones estéticos occidentales no corresponden con el tipo de mujer común, reales y diversas que circulamos por los países de nuestra región.

Para Castañeda Salgado este estereotipo es creado por todos los dispositivos sociales al servicio del patriarcado y que bombardean de tal forma, que las mujeres no pueden identificar de dónde vienen. Lo pueden vivir en la relación de pareja, en medios de comunicación, el trabajo, escuela o en la familia. Por eso se difumina la responsabilidad de quien ejerce esa violencia.

Pese a esto, las expertas coinciden en que el Estado, como guardián del bienestar de la población, es responsable de esta situación y le compete promover medidas para erradicar la violencia que este estereotipo genera contra las mujeres.

Esto afecta la salud física y mental de las mujeres y evita su total desarrollo. El aspecto físico se tiene en cuenta para emplear a una mujer y, por ello, ellas mismas se acaban valorando a través de su cuerpo. En cambio, rara vez a un hombre, a la hora de buscar trabajo, se le exige que no sobrepase la talla 7, asegura Bustos Romero.

La sicóloga propone crear audiencias activas en medios de comunicación como medida preventiva, especialmente dirigida a adolescentes, para que hagan lecturas diferentes de la publicidad y no caigan en TCA. Deconstruir la publicidad para que acepten su cuerpo y que vean que su valor social no pase por su apariencia ni por la mirada de los demás.

Vega Montiel expone que en el patriarcado el cuerpo de las mujeres está en constante vigilancia (por la propia mujer, la pareja, la familia, los amigos o el trabajo), sin embargo, esta vigilancia no se da hacia el cuerpo de los hombres.

Así el patriarcado advierte que el reconocimiento de las mujeres pasa por su cuerpo porque tiene miedo a la igualdad de género.

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