martes, enero 11, 2011

Perfil de feminicida, una forma de prevenir...

La señal más evidente es un control total que el hombre intenta ejercer sobre la mujer en todos los ámbitos de su vida; desde su forma de vestir, de arreglarse, hasta relacionarse con los demás * La descalificación y el maltrato sicológico, son las armas más comunes que mantienen a la mujer dentro del círculo de la violencia
Laura Rodríguez Rojas
Eva María Morales siente el sabor salitre de las lágrimas que se abren paso a través de sus mejillas. Está en la esquina del solar de su casa en el municipio de San Andrés de Bocay. Lleva un hermoso ramo de flores silvestres entre sus manos, y clava sus perfectos ojos negros en el piso.

Siente como si su mirada penetrara las profundidades de la tierra, hasta llegar a una pequeña cajita de cedro de medio metro x 20 centímetros. Levanta los ojos hacia el cielo soleado, como si la naturaleza hiciera caso omiso a las sombras que invaden su corazón. La mente de Eva retrocede muchos años atrás, a esa terrible noche en que su vida cambió para siempre.

Todo sucedió en la noche del primero de noviembre de 2003. Eva dormía plácidamente en su cama. De pronto escuchó los gritos de su esposo, Víctor Severo Gutiérrez, quien comenzó a llamarla a voz en cuello. Ella comenzó a temblar. Víctor se acercó a la cama y ella pudo sentir el olor a licor que lo impregnaba. Otra vez estaba borracho, y ella sabía lo que eso significaba.

Víctor observó su larga y abundante cabellera esparcida sobre la almohada, y sus manos ásperas y toscas se ciñeron a ella con crueldad. Eva cayó al piso por la fuerza descomunal de su agresor, quien la arrastró escaleras abajo gritándole insultos y palabras soeces.

Todo su cuerpo sufrió los golpes de la estampida colina abajo, hasta que llegó al piso inferior.

El hombre que juró amarla y protegerla, comenzó a golpearla salvajemente con el lampazo de la casa. Eva oyó el sonido de un zipper que se abría y sintió que un chorro caliente le mojaba la cara. De pronto los golpes navegaron de su cara a su vientre, y mil puntapiés se estrellaron sobre ella.

Ella comenzó a gritar: ¡No por favor, no! Pero era demasiado tarde. Eva se sintió sobre un suelo pegajoso y húmedo, y vio como un líquido rojo se escurría por todas partes. Un dolor agudo le oprimió el vientre, y le desgarró las entrañas. Comenzó a gritar pidiendo ayuda y tratando de proteger su vientre de los golpes, mientras Víctor seguía dándole hasta que perdió la conciencia.

Despertó en el hospital, ante el rostro complaciente de una doctora que la miró con tristeza mientras Eva se llamaba las manos a su vientre. Trató de sentir al ser que gestaba dentro de sí, pero fue en vano; no hubo ningún movimiento. En ese instante lo supo. Su hija estaba muerta.

Eva tuvo que ser sometida a una cesárea de emergencia para sacar el cuerpo muerto de su segunda hija. Su primer embarazo también se había malogrado a las 15 semanas, producto de los golpes de su marido. Esta vez la historia se repetía, cobrando una segunda víctima.
Las comisarías de la mujer
Eva y su hija están entre las muchas mujeres y niñas que mueren debido a la violencia de género. La comisionada Mercedes Ampié, jefa de la Comisaría de la Mujer, aseguró que las autoridades llevan contabilizadas un total de 39 mujeres que murieron en 2010 a manos de sus parejas o ex parejas, aunque no descarta un posible subregistro, sobre todo en las áreas rurales.

“En 2010 recibimos un total de 33,718 casos, 2 mil 238 denuncias más que las del año pasado. Creemos que eso se debe a que las mujeres están más conscientes de que deben romper el círculo de la violencia. Del total de denuncias, un 42% fue provocado por abusos por parte de la pareja, correspondiente a 14,278 denuncias, y un 23% fue causado por una ex pareja, correspondiente a 7,841 denuncias. La mayoría de las mujeres asesinadas tenían entre 26 y 45 años”, señaló Ampié.
Perfil de agresor
Los datos brindados por la Comisaría de la Mujer indican que el 40% de los agresores tuvieron una relación de pareja con la víctima, y que el hogar es el sitio que ocupa el primer lugar donde se produce la violencia.

Los agresores se ubican entre los 26 y los 45 años. El 51% tienen nivel de escolaridad primaria y el 29% un nivel de secundaria. Para la comisionada Mercedes Ampié es un dato alarmante.

“Es preocupante que la mayoría de los agresores no son personas analfabetas, sino con cierto grado de escolaridad. Esto indica que la violencia es un problema social que tiene raíces muy profundas que no están íntimamente relacionadas con el estrato social o la preparación académica”, indicó.

Las cifras revelan que el 59% se desempeña en el sector informal y el 20% en el sector agrícola, lo cual tiende a resquebrajar muchos de los prejuicios en torno a la violencia de género.

“Mucha gente piensa que los abusadores son personas del campo, pero los datos arrojados por las 58 comisarías que tenemos en el país indican lo contrario. La mayoría son personas de la ciudad. El dato positivo es que sólo un 19% es reincidente. Quiere decir que los programas de rehabilitación y control de la ira que impulsamos a través de las sicólogas y promotoras sociales están funcionando”, indicó Ampié.
¿Cómo reconocer al agresor?
Evelyn Flores, de la Fundación Puntos de Encuentro, da algunos consejos.

“El problema es que a la mujer se le ha enseñado una forma de amar muy diferente a la del hombre; es la que se entrega toda sin esperar nada a cambio, y confía en él ciegamente, pero existen algunos indicios que pueden alertar a la mujer sobre la presencia de un posible agresor”, indicó Flores.

La señal más evidente es la forma de control que el hombre intenta ejercer sobre la mujer en todos los ámbitos de su vida; desde su forma de vestir, de arreglarse y relacionarse con los demás.

“Por lo general, los agresores intentan alejar a la mujer de su familia y de sus amigos para que no tenga redes de apoyo que le permitan salir del círculo de la violencia”, indicó Flores.

Según ella, “nada se escapa de su supervisión y registro. Desde preguntas tan sutiles como quién te está llamando, por qué te saluda ese hombre y por qué te retrasaste 15 minutos en llegar”.

Flores agregó que “éstos son hombres que controlan el lugar donde están las mujeres, las horas de entrada y de salida de su trabajo, les revisan el teléfono y la cartera, y las llevan y recogen en todos lados con el pretexto de que quieren protegerlas. Además, quieren tener hijos lo más rápido posible para crear un vínculo que sea más difícil de romper en el futuro”.

Por último, estos potenciales agresores hacen uso de la descalificación para mermar la autoestima de la víctima.

“Estos hombres humillan y ofenden a la mujer. Le dicen que no sirven para nada, que son una carga económica, que nadie las va a querer como ellos, que no valen nada. Y poco a poco las víctimas se lo creen, hasta que sienten que no pueden vivir sin él”, advirtió Flores.
Perfil de la víctima
Según la comisionada Ampié, la víctima es una mujer sumisa y dependiente.

“Las mujeres que llegan a poner la denuncia a las comisarías de la mujer son personas dependientes económica y sicológicamente, con autoestima baja. Lloran con facilidad y tienen poca confianza en sus capacidades y decisiones” explicó.

Por eso, además del soporte sicológico que se les ofrece en las comisarías para fortalecer su autoestima, a estas mujeres se les incluye en varios proyectos que las hacen independientes económicamente
“Una mujer independiente de su esposo, monetariamente, no tiene por qué soportar golpes ni humillaciones. Es por eso que entre la ayuda que se le destina está la inclusión en programas como Usura Cero, Hambre Cero y el Bono Productivo. También las reinsertamos en el sistema educativo, en actividades laborales y técnicas, y en cooperativas de mujeres empoderadas que han sufrido lo mismo que ellas”, señaló Ampié.
Ley Contra la Violencia hacia las mujeres y el feminicidio
Según Juanita Jiménez, del Movimiento Autónomo de Mujeres, el feminicidio y la posición de subordinación en la que viven muchas mujeres son la razón de ser de la Ley Contra la Violencia y el Feminicidio, que varias organizaciones están impulsando en la Asamblea Nacional.

“Con esta ley vamos a tipificar el feminicidio, a mejorar las medidas preventivas y de protección hacia la mujer, la atención sicológica a los hombres, garantizar la seguridad de los hijos, fortalecer los refugios y los albergues, incluir la violencia de género dentro del curriculum educativo, para que los niños aprenden a identificarla y la corrijan, y se impulsarán campañas de sensibilización”, expresó Jiménez.

En cuanto a la iniciativa de Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres, propuesta por la magistrada Alba Luz Ramos, Jiménez espera que exista una convergencia entre ambas que beneficie a las mujeres y escape de la politización que se sufre en Nicaragua.

“Nosotras no hemos sido consultadas con respecto a esta Ley, pero esperamos que no se deba a un revanchismo político entre el PLC y el FSLN. Queremos que los legisladores actúen coordinados y en aras de garantizar la protección de las mujeres, no de comprar votos, como pasó con la penalización del aborto terapéutico”, indicó Jiménez.

Mientras, muchas mujeres como Eva María Morales siguen dentro del círculo de la violencia, sin ser capaces de romper el silencio. Hasta que el gobierno y las instituciones no tomen las medidas necesarias para que se vean como personas valiosas e integrales, seguirán bajo la sombra siniestra de sus verdugos.

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