viernes, enero 14, 2011

Cuba: Donde están nuestras científicas: LIDIA TABLADA: ENÉRGICA Y ÚTIL

Por Magali García Moré / Mujeres
Conversar con la doctora Lidia Tablada es adentrarse en las diversas facetas del tema que nos ocupará en esta sección, que ofrecemos a las lectoras y lectores de este sitio.

Este grupo de entrevistas a mujeres relevantes en la actividad científica en nuestro país, recogerán las vivencias, experiencias, deseos, realidades y dificultades por las que atraviesan quienes decidieron enrumbar su vida en el mundo de la Ciencia, y la tecnología y el medio ambiente.

Pretendemos que sus ejemplos devengan un justo reconocimiento a quienes abrieron este importante espacio, y que ya hoy suman el 60 por ciento de la fuerza laboral del sector. Sin dudas, es una elocuente expresión de cuánto empeño han puesto las mujeres en participar y aportar a la construcción de una sociedad diferente.

Mientras habla trato de no perder una línea de lo que me cuenta…Con seguridad y firmeza, avanza entre los temas por donde transitamos. El diálogo fluye fácilmente y solo vuelvo al cuestionario cuando siento que estoy tomándome más tiempo del necesario.

“Mi marido dice que yo soy muy puntillosa”, expresa sonriente la doctora Tablada, y yo pienso que hay mucho más en esta mujer que desde hace 40 años decidió su vida toda y lleva más de 35 años como directora de una prestigiosa institución científica a la que dedica su incansable empeño.



El colectivo que integra el CENSA, más de 400 trabajadores, el 60 % de ellos mujeres –que incluye investigadoras, profesionales, técnicas medias y obreras--, forma parte consustancial de cuánto ha hecho durante estos años.

En el diálogo se revela enérgica y suave, y es capaz de afirmar que constituyó una familia que le da enormes satisfacciones, pero se reconoce en deuda con sus hijos, los cuáles les reclaman siempre un poco de más atención.

“Estudiar medicina era un sueño para quien como yo nació en una casa humilde, en la Habana Vieja, rodeada de privaciones, pero también de una madre y una abuela que supieron brindarme cariño, comprensión y donde me enseñaron que una vida honrada era la mejor de las virtudes”, refiere Lydia mientras deja correr sus recuerdos.

“Mi abuela, que había aprendido a leer y escribir sola, y tenía un gusto enorme por la lectura, me trasladó su interés por la lectura y el conocimiento, que sedimenté ya desde los primeros años en la escuela de barrio que cursé, y cuya directora ha sido para mí un personaje inolvidable”. Así, la casa y la escuela se cumplimentaron perfectamente para trasmitir inquietudes y aspiraciones que, una vez vencido el sexto grado, llevaron a Lydia a examinar para ingresar en el bachillerato.

Ante la observación que le hago sobre si ya en ese momento nació su gusto por la ciencia, la respuesta es precisa:

“En mi familia no había ningún profesional. Mi mamá no pasó del 6to. grado y mi abuela era autodidacta. Me insistían, eso sí, en que yo debía estudiar para ser algo más en la vida. Y yo lo comprendí. Soy el resultado de esos buenos ejemplos y de la disciplina que me inculcaron, yo diría que a partes iguales, en la casa y en la escuela, y que mucho me ayudó. Ese fue el medio en que inicié mi formación”.

“Creo que la vocación existe –responde, pero también los dones; hay quien puede estar más o menos dotado para una actividad. Yo no se qué hubiera pasado si alguien me llega a pedir que debía estudiar ingeniería electrónica. Creo que la vocación transita también por la vocación personal y el interés social,” y retoma su experiencia: “Estudié medicina impelida por las circunstancias del país en la década del 60, y por eso mismo, cuando terminé la carrera y nos pidieron que pasáramos a investigar en el área de la veterinaria, ni siquiera me lo cuestioné. Cuando una se siente comprometida con ese requerimiento y quieres cumplir con lo que te piden, no lo dudas dos veces. Así fue como me hice médico e investigadora. Pero jamás pensé ser científica, a pesar de lo mucho que me gustaba leer y estudiar,” subraya.

La mujer cubana puede llegar a asumir cualquier responsabilidad en cualquier área de la actividad científica, o no es exactamente así, indago.

“Puede que no lo sea en algún centro, pero en realidad no creo que sea frecuente”, afirma. “Podría decir que hay una tendencia a elevar la categoría profesional de modo natural. La obtención de categorías científicas, por ejemplo, transita de esa manera. Sin embargo, para ocupar responsabilidades se hace más difícil. Y ahí creo que está el problema. Tiene que haber una comprensión mayor por parte de todo el colectivo para posibilitar que las mujeres asciendan y asuman esas tareas”, se detiene un instante y continúa. “Son muchas y diversas las dificultades con que tropiezan las compañeras en su diario quehacer, y no es justo desconocerlo y tratar de resolverlo.”

Tiene muchos ejemplos para ilustrar lo que afirma: son mujeres el 60 por ciento de la fuerza laboral del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, CENSA. Y ya son tres generaciones que conviven en la consecución de objetivos comunes.

“Como comunes son también los problemas que impiden el mejor desempeño de la mujer, en cualesquiera de las categorías laborales y grupo generacional”, apunta la doctora Tablada.

Es cierto que el hecho de que las mujeres hayan alcanzado la posición que hoy tienen es fruto y conquista de la Revolución. Sin embargo, algunos sólo lo ven como un hecho formal. Creen algunos hombres que a la mujer hay que tratarla a la par del hombre, sin considerar las condiciones desiguales en que se realizan ellas.”

“No creo que alguien ignore que nuestra sociedad está aún permeada de una dosis de machismo. Aunque está establecido que mujeres y hombres pueden ocupar idénticas responsabilidades, lo cierto es que para la mujer es mucho más difícil, por no tener iguales condiciones en su entorno”, expresa.

“Crear esas condiciones es también responsabilidad de la sociedad en su conjunto y favorecerlas debe ser motivo de atención en los colectivos, a fin de ser más justos. Qué hacer ante el hecho de que sobre la mujer sigue recayendo la mayor parte de las tareas de la casa; en ese sentido es imprescindible un apoyo más decisivo.”

“Es hermoso lo que he hecho en este tiempo, sobre todo porque resulta útil. Esto tiene un valor inestimable. Lo más difícil es sentir que podemos hacer más, y no podemos hacerlo porque ni tenemos recursos para ello.”

La conversación sigue otro camino. Las nuevas generaciones de investigadores ya están en los centros, pero los escenarios son otros. Llegan, incluso mejor preparados, tienen conocimientos que los hace capaces de aportar más. Están al día, actualizados, pero tropiezan con las carencias de recursos…La ciencia necesita de muchos, de tecnología de avanzada, y no tenemos todas las posibilidades para ello.

“Estamos orgullosos de los niveles que han obtenido, de la tecnología de avanzada que dominan, aunque en tantas ocasiones no tenemos como aplicarla. Esto fue algo que nos indicó Fidel desde los primeros años del CENSA, y lo hemos logrado. Es difícil de aceptar y asimilar, pero estamos preparados para cualquier situación compleja que debamos afrontar.”

“Si algo hemos alcanzado en nuestro colectivo, es garantizar la continuidad,” explica la doctora Lydia Tablada. En los 80 hubo un desequilibrio y dejaron de acceder jóvenes a las carreras y, por tanto a los centros. Hoy han crecido las matrículas en los estudios de las Biologías y las Ciencias Agrícolas y en el CENSA hay un trabajo sostenido para ganarlos desde su formación. “Así devenimos Unidad Docente, y ya como profesionales, en el seno del colectivo, tratamos de seguirlos muy de cerca.

El resultado es que el promedio de edad en el centro es de 38 años. No píense que nos consideramos perfectos, pero existe un programa para continuar su preparación hasta las categorías más altas y se cumple.

¿Y los mayores, se relegan?,” introduzco una pregunta que es casi una provocación.

“La edad no lo es todo para avanzar. Hay jóvenes valiosos y yo diría que buenísimos en su labor, pero también hay adultos mayores que pueden y que son tenidos muy presentes. Esa experiencia del trabajo sostenido y el estudio sistemático siempre se puede utilizar. En mucho depende de la forma en que se continúa desarrollando,” abunda y añade otras consideraciones:

“Los jóvenes tienen ya una preparación mayor y llegan cargados de nuevos conocimientos técnicos que los avalan. El enfoque, la creatividad y la edad los ayuda a romper barreras”, sostiene. “De lo que se trata es de crear un justo equilibrio de lo que cada quien puede aportar, pero no es posible desconocer a los fundadores que se han ganado el lugar que ocupan por su desempeño”.

“Hay experiencias en otros sectores, como en el caso de la salud, que nosotros no hemos podido aplicar: es el caso de los consultantes, por ejemplo, que consideramos una necesidad. Son compañeros que están en plena capacidad y los investigadores titulares que se ganen tal condición podrían seguir siendo útiles en ese nuevo espacio.”

La propuesta, es evidente, ha sido madurada y aunque planteada en diversos escenarios, no ha tenido una respuesta. Por eso la dejo como final de este diálogo con la doctora Lydia Tablada. Quizás no esté tan lejana una decisión en tal sentido.

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