lunes, diciembre 20, 2010

Clandestina en el Sahara

Cynthia Eisenberg Artemisa Noticias
Un grupo de realizadoras retratan la realidad de las mujeres saharauis a través del documental ‘Tebraa’. Eva Morales, una de las directoras, narra su experiencia en los territorios ocupados del Sahara Occidental.

El pueblo saharaui se encuentra desperdigado en campos de refugiados y territorios ocupados por los marroquíes desde 1975, año en que España abandonó la colonia del Sahara Occidental en manos de Marruecos y Mauritania. El reino de Marruecos ocupó el territorio mediante una marcha multitudinaria conocida como La Marcha Verde, en la que miles de marroquíes civiles y militares arribaron a esas tierras tras la oferta de mejores condiciones de vida.

Ante la invasión marroquí, miles de saharauis se vieron obligados a huir a través del desierto, sorteando bombas de NAPALM. Allí, en tierras prestadas por Argelia instalaron sus campamentos y desde hace treinta y cinco años malviven en campos de refugiados en uno de los lugares más inhóspitos del planeta. Los que se quedaron en el territorio invadido se encuentran desde entonces bajo bandera marroquí a merced de torturas, hostigamientos y desapariciones.

Muchas voces se han levantado en todo el mundo y en espacial en España para visibilizar la dura realidad que vive el pueblo saharaui y solidarizarse con su causa.

Con este fin, la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla decidió retratar la vida de las mujeres saharauis y convocó a catorce realizadoras andaluzas para realizar un documental. El resultado fue ‘Tebraa’, un audiovisual colectivo que denuncia las constantes violaciones de los derechos humanos que sufre el pueblo saharaui a través de las voces de sus mujeres.

La arquitecta Eva Morales participó en el documental con el corto 'Voces sin nombre' y filmó en forma clandestina, junto a la cineasta Ana Álvarez Osorio, en las tierras ocupadas del Sahara Occidental. De paso por Buenos Aires, Morales dialogó con Artemisa Noticias acerca de esta experiencia.

-¿Cómo te involucraste con el proyecto?

Mi primer contacto con las mujeres saharauis fue a través de un proyecto en el cual trabajamos juntas mujeres arquitectas españolas y mujeres saharauis; construimos casas de la mujer en los campos de refugiados que funcionan como lugar de reunión desde el cual ellas administran los campamentos. Las saharauis tienen un lugar preponderante en la sociedad, ellas estuvieron a cargo del éxodo y son las que organizan a la comunidad.

Cuando la Asociación convocó a realizar el documental, decidí participar. Algunas de las realizadoras no teníamos ninguna experiencia en cine. Fue muy interesante además que se brindara a las mujeres la posibilidad de ser directoras, muchas formaban parte del mundo audiovisual pero ninguna ocupaba puestos de dirección, estos pertenecen en general a los varones.

La propuesta era contar a las mujeres saharauis en toda su diversidad: mujeres que estudiaron en Cuba, Siria y Rusia y regresaron para ayudar a su pueblo, otras que nunca salieron de los campamentos y se dedican a cuidar el rebaño, niñas que pasan el verano en España, en el programa de acogida de Vacaciones en Paz y otras mujeres de las que se habla muy poco, que son las que se quedaron en los territorios ocupados por Marruecos.

Junto a Ana Álvarez Osorio decidimos retratar a estas últimas. Viajamos a El Aaiún, la capital del Sahara ocupado. Fue muy difícil realizar nuestro trabajo y la mayor parte se desarrolló en forma clandestina.

-En la realización del documental ¿Que obstáculos encontraron?

El Aaiún hoy es un estado policial. El gobierno no deja entrar a la prensa internacional para que no se filtre información y la prensa local está censurada. La policía controla todas las entradas y salidas de la ciudad y hay espías en cada esquina. Un coche nos perseguía a toda hora de manera descarada, en una oportunidad nos retuvieron los pasaportes y nos salvó la embajada española.

Para realizar las entrevistas nos hicimos pasar por turistas y algunas veces tuvimos que disfrazamos. Hubo que citar a las mujeres cerca de la frontera porque en el Sahara ocupado era imposible evadir los controles policiales; alquilamos una casa y las primeras entrevistas se realizaron allí. Otras las llevamos a cabo en medio del desierto, sin más iluminación que el flash de las cámaras.

Mientras filmamos el documental, hacíamos a la vez cintas de turistas por si la policía nos requisaba. Llevábamos los archivos ocultos en el dobladillo de una almohada. Sabíamos que a veces nos estábamos jugando la vida, pero el valor de las mujeres y varones saharauis nos empujó a seguir. Ellos nos hicieron entrar en sus casas exponiéndose al peligro de ser descubiertos.

Los saharauis están desesperados y están cansados de tener miedo; saben que su única salvación es dar a conocer su realidad. Los varones y mujeres saharauis tienen menos acceso al trabajo y la vivienda; malviven; los chicos en el colegio son señalados y a veces tiene que vestirse como marroquíes para ir a la escuela porque tienen miedo. Hay persecuciones, torturas y desaparecidos. En el Sahara, los derechos humanos no existen.

-¿Qué esperan conseguir con este documental?

Todas las realizadoras llevamos el documental adonde podemos, la idea es difundir esta guerra que Marruecos quiere ganar con el silencio y el paso del tiempo. Cuantos más años pasen, cuanto más silencio haya el mundo va olvidando el conflicto.

Hay intereses políticos y económicos en pos de los cuales se está sacrificando al pueblo saharaui. A EEUU, Francia y España no les interesa perder las relaciones con Marruecos, lo necesitan como colchón contra el mundo árabe. Por otro lado, el Sahara Occidental no es sólo un pedazo de desierto, en su territorio se encuentran las minas de fosfatos más ricas del mundo, grandes yacimientos de petróleo y gas y en sus costas abundante pesca.

Cuando España abandonó el Sahara lo hizo con la promesa de convocar a un referéndum por el cual el pueblo saharaui decidiera su destino; más tarde, en 1991, la ONU ratificó la promesa, pero el referéndum no llega. Entre los saharauis, mucha gente joven está hablando de volver a las armas. Dicen 'si ya tenemos todo perdido, aquí muere gente o no se mueve nada’. Esta emergencia humanitaria tiene que ser resuelta.

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