miércoles, diciembre 15, 2010

Bolivia: la minería, un oficio de mujer

AP. El trabajo en los yacimientos no es sólo para hombres. Desde hace tiempo, en la Mina San José, en Oruro, los caminos oscuros que conducen a los minerales no son recorridos exclusivamente por hombres. Diariamente, decenas de mujeres buscan ganarse el respeto de sus compañeros realizando a la par sus obligaciones.

"Nosotras podemos hacer las mismas cosas, sin quejarnos. Sé que las condiciones en una mina no son las mejores pero es un trabajo como cualquier otro, al que te acostumbras, aprendes y en un futuro incluso te vuelves más experta", explica Gabriela Urquidi, mientras recorre pasadizos estrechos para llegar a su lugar de trabajo en la Mina San José, en Oruro. En este yacimiento boliviano, se realiza un trabajo a pequeña escala de plata cuyo precio está pasando los 23 dólares por Onza Troy. Para vender el metal que recién encontró el grupo de trabajo independiente, hay que pasar por suelos inestables hasta llegar unos 200 metros bajo tierra.

Antes de empezar la jornada, los mineros saludan al "Tío", un diablo de barro que está dentro de la mina, al que le dan de fumar cigarrillos y le invitan coca y alcohol para continuar con una costumbre netamente minera a nivel nacional que data desde la época colonial. La hoja de coca —considerada una planta sagrada y usada con fines medicinales— es fundamental para aguantar el trabajo pesado. Urquidi comentó que les ayuda incluso a sentir menos el fuerte olor de arsénico en el interior.

Sus brazos fuertes y su carácter ameno caracterizan a Urquidi, de 43 años, que viste pantalones deportivos y un jersey negro visiblemente desgastados por el contacto cotidiano con el mineral. Usa también una máscara para evitar respirar el polvo mientras perfora manualmente la veta de plata que ilumina con la lámpara de su casco. Tiene como acompañantes a los hermanos Emilio Canazas, de 52 años y Félix de 49, del mismo sector minero cooperativista. "Ella es una de nosotros, ha aprendido bien. Tiene los mismos derechos y obligaciones", explica Félix.

Un trabajo machista

Urquidi contó que cuando empezó, muchos se burlaban. "Poco a poco, me he ganado su respeto, yo también realizo perforaciones con la máquina. Es mejor que hacerlo manualmente", indica la minera. Añade que trabaja en el interior de la mina por necesidad. Es madre de tres mujeres y un varón. La mayor estudia para ser abogada, cuenta con orgullo. El ministro de Minería Julio Pemintel expresó que antes "era difícil que ingresase una mujer (a una mina), pero ahora, con la equidad de género, cada quien es libre de elegir".

La subida de los precios de los minerales esta demandando cada vez más mano laboral, así que varias mujeres se vuelcan a esa actividad y comienzan a trabajar como palliris, es decir, revisando los desechos fuera del yacimiento. En las afueras de la ciudad de Oruro, en la localidad de Machacamarca, existen 400 personas, incluidas 100 mujeres, que realizan la labor de rescatar el mineral de los resto.

El último recurso

La mina San José es explotada por cinco cooperativas que aglutinan a unos 1.000 mineros, incluidas más de 100 mujeres que extraen plata y un poco de estaño y plomo. Al otro lado, trabajan siete mineras, varias de la cuales pasan los 50 años. Su líder, María del Pilar Pérez, realiza sus tareas a unos 340 metros bajo tierra. Las siete llevan trabajando entre ocho y nueve años. Acostumbran a encontrarse en el lugar de descanso para mascar coca y beber un poco de agua, mientras charlan y hacen bromas. Todas coincidieron en que después de separarse de sus esposos, no les quedó otra opción.

Una vez que consiguen 50 kilos de mineral lo almacenan en unas bolsas de yute llamadas "qepirinas", lo cargan en sus espaldas y lo llevan fuera de la mina para venderlo. Las ganancias varían de 200 bolivianos (28 dólares) a 400 (35) cada 50 kilos, ya que la plata que extraen es de baja pureza. Por semana, se puede lograr juntar unos 100 kilos, los cuales son vendidos directamente a empresarios chinos.

Entre la charla de descanso, comentan sobre el accidente en la mina del mismo nombre pero en el vecino país de Chile, en el que el boliviano Carlos Mamani y 32 de sus compañeros estuvieron atrapados 69 días. María señala que los mineros saben a los peligros que se arriesgan. "Hemos visto lo famoso que es (Mamani), pero si acá pasa algún accidente, nadie nos da un trabajo y nos regala una casa. Es más, ni se enteran", manifiesta, aludiendo a un ofrecimiento que le hizo el presidente Evo Morales al colega rescatado.

El viceministro de Cooperativas Mineras, Isaac Meneces, señaló que en Bolivia, existen unas 5.000 mujeres que trabajan en la minería a pequeña escala y que unas 1.000 ingresan al interior de la mina. Juana Negrety, dirigente en la Federación Nacional de Cooperativas Mineras de Bolivia, indicó que son unas 800 las trabajadoras que van al interior de la mina y las demás realizan diferentes labores que incluye a las "palliris", término derivado del vocablo quechua "pallar".

A nivel nacional, las mineras tienen de 45 años para adelante y en su mayoría fueron abandonadas por sus esposos o quedaron viudas. Se estima que cada trabajadora tiene al menos tres hijos. En el sector minero estatal, está regulado que las mujeres no pueden ingresar al interior de la mina.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de "los 11,5 a 13 millones de mineros en pequeña escala que hay en el mundo, las mujeres podrían representar de 3,5 a 4 millones. Muchas de ellas con trabajo a tiempo parcial. Otras 1,5 a 2 millones podrían participar indirectamente en esta actividad". La OIT explicó que la participación de la mujer es mayor en la minería a pequeña escala. En América del Sur los países que cuentan con este subgénero minero son Chile, Colombia, Perú, Brasil, Venezuela y Bolivia.

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