Desde el inicio de la "Revolución Silenciosa" de Quebec en los años sesenta, las mujeres habían ido incursionando con gran éxito en ocupaciones no tradicionales y asistido a programas de educación.
En las dos décadas siguientes, un creciente número de mujeres se unió a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Montreal. Muchos hombres en Quebec y en otros lugares aceptaron e incluso dieron la bienvenida a estas transformaciones, sólo una minoría se resistió a alentar los cambios en la situación de la mujer en la creencia de que estos nuevos roles y oportunidades que beneficiaban a las mujeres los ponía en desventaja social.

Uno de ellos fue Marc Lépine, un joven de 25 años que había sobrevivido al abuso infantil. Lépine postuló a la Escuela de Ingeniería pero fue rechazado. El muchacho culpo a las feministas y a su tan promovida "acción afirmativa" por esta decisión, achacándoles ser la causa de su frustración.
En la nota suicida que dejaría sobre su cuerpo, Lépine dejó entrever la violenta estructura de pensamiento que atizó su rabia en contra de las mujeres y las feministas:
Por favor tomen nota de que si estoy cometiendo suicidio hoy... no es por razones económicas... sino por razones políticas. Las feministas que han arruinado mi vida... Las feministas siempre han tenido el talento de irritarme. Ellas quieren retener las ventajas de ser mujer... mientras tratan de arrebatar aquellas de los hombres.
Son muy oportunistas ya que aprovechan el conocimiento acumulado por el hombre a través de los años. Siempre tratan de subrepresentarlos cada vez que pueden”.
Junto a la carta había una lista de 19 prominentes mujeres de Québec que se desempeñaban en ocupaciones no tradicionales, incluyendo a la primera mujer bombero de la provincia y la capitana de policía.
Debajo de la lista Lépine escribió: "[Estas mujeres] iban a morir hoy. La falta de tiempo (puesto que empecé muy tarde) ha permitido a estas feministas radicales sobrevivir".
Pero las que no lograron sobrevivir fueron docenas de mujeres comunes que asistían a un día de Escuela y que de pronto se convirtieron en blanco de su furia.
El generocidio
En la noche del 6 de Diciembre de 1989, en el penúltimo día de clases antes de las vacaciones de Navidad, Lépine cargó un rifle semiautomático dentro de la Escuela de Ingeniería. Su primera víctima femenina, Maryse Laganiere, fue asesinada en un corredor. Después se dirigió a un salón que tenía 10 estudiantes mujeres y 48 hombres. Abriendo fuego con dos disparos hacia el techo y gritando, "¡Quiero a las mujeres. Odio a las feministas!", Lépine ejecutó un ritual generocida. Separando a los hombres de las mujeres, alineó a éstas contra la pared y empezó a disparar. Seis mujeres murieron, las otras fueron heridas, pero sobrevivieron.
Después, Lépine fue a la cafetería y mató a tres mujeres más. Luego en la sala 311 el tirador abrió fuego y ordenó a dos profesores y veintiséis estudiantes colocarse debajo de los escritorios y luego, asesinó a cuatro mujeres más.
Cerca de 20 minutos después, Lépine se quitó la vida dejando tras de sí catorce mujeres muertas y trece estudiantes heridos (nueve mujeres, cuatro hombres).
Las mujeres asesinadas fueron:
Geneviève Bergeron, 21;
Hélène Colgan, 23;
Nathalie Croteau, 23;
Barbara Daigneault, 22;
Anne-Marie Edward, 21;
Maud Haviernick, 29;
Barbara Maria Klucznik, 31;
Maryse Leclair, 23;
Annie St.-Arneault, 23;
Michèle Richard, 21;
Maryse Laganière, 25;
Anne-Marie Lemay, 22;
Sonia Pelletier, 28;
Annie Turcotte, 21.
Desde 1989, el 6 de diciembre ha sido oficialmente designado como un día de conmemoración nacional. Uno de los principales debates que han surgido a partir de esta matanza gira en torno a si fue un acto aislado, o un símbolo de la violencia masculina contra las mujeres.
El comportamiento violento de Lépine tuvo fuerte eco en los numerosos actos de asesinato y abuso doméstico cometido por hombres temerosos de que "sus" mujeres hicieran valer una mayor independencia y se movieran más allá de los roles femeninos tradicionales.
"Los hombres matan a mujeres y niños como un acto de propiedad, terrorismo y venganza," señaló la organización Hombres de Montreal en Contra del Sexismo. "Ellos lo hacen con el apoyo de una sociedad y un sistema judicial sexistas. Los hombres pro feministas, tratamos de develar y terminar con esta continua masacre, que seguirá hasta que no se acabe con el sexismo y la violencia sexista”.
Si Lépine buscó aterrorizar a las mujeres canadienses para que se queden en sus roles tradicionales, su comportamiento puede haber tenido el efecto contrario. Entre 1989 y 1999, la proporción de mujeres matriculadas en las Facultades de ingeniería de las universidades de Canadá creció de 13% a 19%. Y en términos absolutos, el número se duplicó a 9000 estudiantes mujeres.
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