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sábado, diciembre 06, 2014

LAS BRUJAS DE LA NOCHE

Wladimir Abreu. (*)


TP La siguiente no es una historia de fantasmas o una leyenda de Halloween, en realidad ocurrió. Durante la Segunda Guerra Mundial, en las filas de la aviación militar soviética, existió un cuerpo de combate femenino, que ha sido considerado una de las más gloriosas páginas de la lucha contra el fascismo.

En 1941, Marina Raskova –una aviadora militar que había recibido el galardón de Heroína de la Unión Soviética, en 1938, por romper un record de vuelo de larga escala femenino, además de haber sido la primera mujer piloto graduada en la URSS–, convenció a Stalin de crear un cuerpo de combate femenino para la rama de la aviación militar soviética, siendo hasta ahora en la historia la única unidad militar de aviación, integrada exclusivamente por mujeres, que ha existido y combatido.

Se crearon tres regimientos aéreos de bombardeo nocturno, el 586, 587 y el legendario de 588 –liderado por Marina Raskova–, los cuales entraron en operación a principios de 1942.

Lo más relevante de estas heroicas mujeres soviéticas, que apenas eran entrenadas por unos dos o tres meses antes de ir a volar y combatir, era que pilotaban unos aeroplanos de madera y lona ya anticuados que fueron fabricados en 1927, los Biplanos U-2 que eran usados generalmente para labores de fumigación o correo aéreo. Estos lentos aviones de madera, en cambio, eran robustos y con una gran capacidad de planeo eran ideales para las acciones casi suicidas de estas valientes y jóvenes mujeres soviéticas.

Mientras sus camaradas hombres bombardeaban de día las posiciones fascistas del frente ruso, estas mujeres pilotos siempre volaban de noche, sin radares ni radio, se guiaban apenas con una brújula y un reloj.

Para evitar la detección enemiga solían volar muy bajo y apagaban el motor, planeaban hasta sus objetivos y dejaban caer sus bombas sobre los criminales fascistas, luego encendían nuevamente los motores y escapaban a todo gas.

Preferían no usar paracaídas para llevar más bombas, además, si eran descubiertas o derribadas al volar al ras de suelo el paracaídas se hacía inútil, generalmente cargaban pequeñas bombas incendiarias, que usualmente eran lanzadas a mano.

A pesar de todos los anteriores elementos, eran muy temidas por las tropas hitlerianas, quienes las llamaban con profundo temor y respeto ‘Nachthexen’ o Brujas de la Noche. Los fascistas otorgaban una Cruz de Hierro a quien lograse derribar a alguna de estas heroicas jovencitas, que eran casi indetectables, apenas un leve silbido que producía el viento al rozar las alas de sus biplanos eran el anuncio de la muerte que escuchaba la canalla fascista.

Los regimientos femeninos de bombardeo nocturno realizaron durante la guerra 24.000 vuelos y lanzaron unas 3.000 toneladas de explosivos sobre los fascistas.

Una de cada tres mujeres soviéticas del regimiento de bombardeo nocturno murió en combate, 23 de ellas recibieron la Orden de Heroínas de la Unión Soviética. La mayoría fueron condecoradas a título póstumo, entre ellas Marina Raskova que el 4 de enero de 1943 entregaría su vida en combate en la lucha contra el fascismo.

Para los nazis eran las Brujas de la Noche, pero el pueblo soviético las conoció como Los Halcones de Stalin.

(*) Profesor de Historia

jueves, abril 23, 2009

Ex- Repúblicas Soviéticas disimulan Violencia de Género

Más de un cuarto de las mujeres armenias han sido golpeadas por un miembro de su familia, y alrededor de dos tercios han sufrido abuso psicológico, aunque el Estado no ha hecho los suficiente para prevenir, investigar y castigar estos delitos, dijeron investigadores y activistas.

Los niveles de la violencia contra las mujeres son prácticamente los mismos en todas las ex repúblicas soviéticas, añadieron. A la vez que se resaltó, cómo cada vez más éstos países son la antítesis de lo que fueron mientras formaban la URSS. Pese a sus defectos, nadie puede negar que la Unión Soviética, ofreció a las mujeres verdaderas y objetivas condiciones para su liberación.

“Durante mi investigación sobre violencia de género en Belarús y Ucrania no vi significativas diferencias en los niveles. Lo que difiere de país en país son las medidas tomadas por las autoridades para combatir el problema y las actitudes sociales hacia las mujeres, incluyendo la aceptación social de la violencia”, dijo a IPS Heather McGill, investigadora de Amnistía Internacional.


“En Ucrania y Armenia, el Estado ofrece mínimo apoyo a las mujeres. El respaldo disponible es generalmente provisto por las organizaciones no gubernamentales (ONG). La situación en Belarús podría estar un poco mejor pues el Estado preservó los servicios sociales paternalistas y sistemas de control social heredados de la Unión Soviética”, explicó McGill.

Ara Sanjian, directora del Centro de Investigación Armenia de la estadounidense Universidad de Michigan-Dearborn, dijo a IPS que las ONG apoyadas por donantes occidentales están dándole más relevancia a la violencia contra las mujeres en ese país.

“Creo que debe haber una ley más severa para castigar casos extremos. Sin embargo, es importante crear conciencia sobre el tema, no sólo entre las mujeres, sino también entre los hombres”, subrayó:

“He conocido mujeres educadas en Armenia que ven una suerte de complot occidental cuando se trata de meterse en la privacidad de una familia en casos como incesto, violencia familiar y particularmente el uso de anticonceptivos”, añadió.

Ucrania es el único país de los tres (Armenia y Belarús) que ha adoptado una ley contra la violencia de género. Entró en vigor en enero de 2002. Inicialmente no era muy efectiva porque incluía el concepto de “comportamiento de víctima”, según el cual la mujer golpeada era causante en ciertos casos de la violencia y por eso se le hace una advertencia policial, en vez de detener al golpeador.

“En un caso hablé con un jefe de policía de la región de Vinnytsya, en Belarús, quien me informó que ese concepto era importante, ya que si la mujer cambiaba su conducta y, por ejemplo, le aseguraba al marido que la casa estaba en orden y la cena en la mesa cuando éste llegaba al hogar, él no tendría que golpearla”, contó McGill.

El concepto de ‘comportamiento de víctima’ fue borrado de la ley gracias a una campaña de Amnistía.

Las leyes contra la violencia de género son notoriamente difíciles de elaborar en estos países. Casi en todas las ex repúblicas soviéticas, los legisladores se resisten a discutir el problema.

A su vez, las autoridades son renuentes a tratar casos de violencia doméstica, y por lo general no responden adecuadamente, o imponen sentencias mínimas o multas. Estas últimas son castigos contraproducentes, ya que el golpeador saca el dinero para pagarlas del presupuesto familiar.

La mayoría de los países ex soviéticos son parte del Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos y de la Convención sobre la Eliminación de Todas Formas de Discriminación contra las Mujeres.

En Armenia, explicó McGill, la institución de la familia es muy fuerte. Como consecuencia, nadie quiere hablar sobre el abuso. Mientras, los gobiernos no asumen su responsabilidad e insisten en que la violencia doméstica es un asunto privado.

“Uno de los más grandes problemas es que las mujeres no avanzan, se avergüenzan de admitir que son víctimas y tienen miedo a repercusiones de sus familiares y de parejas abusivas. También tienen barreras financieras: no cuentan con dinero como para mudarse y por lo general, incluso si se divorcian, terminan viviendo en el mismo apartamento con el abusador y continúan siendo víctimas”, dijo McGill.

“Armenia (con una sociedad más conservadora) tiene algunas tradiciones que en cierta medida evitan que el tema sea discutido abiertamente en público. Las mujeres tienden a esconder el problema más que a buscar ayuda”, señaló Irina Alaverdyan, jefa de relaciones públicas del Foro de Políticas de Armenia.

El Ministerio de Familia y Juventud armenio administra una red de más de 200 centros en todo el país que ofrecen consejo y apoyo legal a las mujeres. Sin embargo, la calidad ofrecida por estos centros difiere por el nivel de experiencia de sus funcionarios, y no hay refugios administrados por el Estado.

Mientras, en Belarús las ONG sufren grandes restricciones para desarrollar su trabajo, y el apoyo que reciben es mínimo.