Mostrando entradas con la etiqueta mujeres son dobles víctimas en las guerras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujeres son dobles víctimas en las guerras. Mostrar todas las entradas

domingo, junio 27, 2010

Colombia: Violación, brutal arma de guerra que no da tregua en el país...

En abril, la Comisión Interamericana de DD.HH. otorgó medidas cautelares a la organización Sisma Mujer y a dos de sus colaboradoras externas, que fueron abusadas.
Cifras de ONG indican que este año se han registrado cerca de 40 agresiones. Defensoría del Pueblo denuncia que a través de panfletos se están intimidando a líderes y desplazadas.

La noche del Jueves Santo, los habitantes del barrio Popular I, en la comuna nororiental de Medellín, fueron despertados por una intensa balacera. Robinson Jesús Celis moría acribillado en su cama. El asesino se llama Jhon Jairo, uno de los sicarios que trabaja para la banda de 'Sebastían', y mató a Robinson porque, la víspera, ese hombre, al servicio de 'Valenciano', había abusado sexualmente de su novia, de tan solo 14 años, como represalia en medio de la guerra que mantienen estos dos grupos por el control de la llamada 'Oficina de Envigado'.

No es un hecho aislado. Cada vez son más comunes las violaciones de novias y hermanas de los integrantes de bandas delincuenciales rivales, con lo que la utilización de la mujer como arma de guerra sigue, desafortunademente, muy vigente en el mapa de la violencia nacional.

Con los rezagos vivos de los abusos cometidos por los paramilitares contra miles de mujeres en diversas zonas rurales, todo parece indicar que el fenómeno se ha trasladado ahora a las ciudades.

Según la Comisión Nacional de Reparación, los casos cuyo victimario son las nuevas bandas emergentes van en aumento. "En las principales ciudades se están presentando violaciones por parte de grupos juveniles organizados. Estos que son pagados por bandas criminales que buscan manejar la delincuencia en las ciudades. Es una práctica que usaban los paramilitares y ahora es heredada", señala Ariel Ávila, investigador de la Corporación Nuevo Arcoiris.

El caso de Elizabeth

Paralelamente, varias ONG y la Defensoría del Pueblo denuncian otro nuevo frente de este problema: las líderes de organizaciones sociales y redes de mujeres que se han dedicado en los últimos años a prestar apoyo a las mujeres abusadas, son ahora objetivo. Es el caso de Elizabeth, líder de una ONG en Medellín, que fue secuestrada y violada junto con la víctima a la que atendía, por un grupo de hombres encapuchados (véase el recuadro).

Según la Defensoría, cerca del 30 por ciento de las mujeres desplazadas en Colombia han sido víctimas de violación. El parte de Medicina Legal indica que en el 2009 fueron atendidos 62 casos de abuso contra ellas.

La Defensoría, por su parte, alerta que este año empezaron a circular panfletos, impresos y por vía electrónica, intimidando a líderes, y mujeres víctimas del conflicto. Las amenazas han sido subvaloradas por las autoridades y algunas se han concretado.

"Entre los obstáculos que enfrentan las mujeres para acceder a los programas de protección es que no se le da la importancia que requiere a las amenazas, que finalmente termina concretándose", dice la delegada para la mujer de la Defensoría del Pueblo, Pilar Rueda.

Este año, las ONG han documentado por lo menos 40 casos de abuso sexual contra líderes y trabajadoras de redes de mujeres. Los puntos neurálgicos son Cauca, Bogotá y Medellín. Allí los mensajes están firmados, en su mayoría, por las 'Águilas Negras'.

"Los panfletos se comenzaron a ver como un riesgo normal y ordinario", añade Rueda, quien además asegura que los mecanismos de protección que ofrece el Gobierno, a través del Ministerio del Interior y de Justicia, no se ajustan a las necesidades ni el riesgo de las mujeres líderes.

Es el mismo llamado que hace la Alianza Iniciativa Mujeres por la Paz (IMP), que denuncia amenazas en los 35 casos que llevan de víctimas de violencia sexual, y que provienen de bandas criminales.

"Si no existen garantías para nosotras, mucho menos para las víctimas, porque es cierto, para el Estado y las autoridades este es un delito invisible", señala una de las líderes amenazadas.

Un millar han pedido reparación

Preocupa, además, que haya pocos procesos judiciales y la lentitud de los mismos. En el marco de Justicia y Paz, la Fiscalía tiene documentados más de 500 casos mencionados por los paramilitares. Sin embargo se cree que, en la última década, pueden pasar de 12.000.

Ya son 1.078 las mujeres que han pedido reparación administrativa ante el Gobierno por abuso sexual cometido por grupos armados.

Este año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha otorgado medidas cautelares a 18 mujeres líderes y a la organización Sisma Mujer, una de las más reconocidas del país.

Sin embargo, estas medidas son poco para ellas, que ven la impunidad como una segunda violación.

'Me lavaron la cara para borrar evidencia del abuso'

Angélica Bello tiene 42 años y en la última década la violencia y las amenazas contra su vida la han obligado a cambiar de ciudad cuatro veces. En noviembre pasado tuvo que huir a La Guajira -es de Villanueva (Casanare)-, luego de que hombres armados la retuvieran en el centro de Bogotá y la obligaran a practicarles sexo oral.

Bello, quien es representante ante la Mesa Nacional de Organizaciones de Población Desplazada, recuerda que eran las 3 de la tarde cuando sus agresores la obligaron a subirse a un taxi, luego de salir de una entidad del Estado en la que pedía reevaluar su nivel de riesgo, pues desde el 2008 su nombre aparece en panfletos en los que le advierten que debe dejar su labor y callar. "Te vas a quedar quieta o te vas a morir", le decían los victimarios. En medio del abuso fue golpeada y señalada de ser auxiliadora de la guerrilla y de perturbar el desarrollo de las políticas del Estado. La líder dice que, pese a que denunció el hecho, la investigación no avanza por falta de pruebas. "Para borrar la evidencia, me lavaron la cara y me obligaron a tomar agua", cuenta Bello. Su caso será expuesto en la Corte Constitucional en un informe de la Defensoría del Pueblo.

Abusada cuando atendía a víctima

En noviembre del año pasado, y después de contar su caso a la Fiscalía de Bogotá, varios hombres intentaron atacar a Eli- zabeth, de 34 años, que como lí- der de una ONG en el oriente antioqueño fue abusada sexual- mente. En el 2007, ella salió de su casa a territorio rural para es- cuchar el testimonio de una mujer a la que las Auc le mataron a su esposo y, producto de los abusos a los que fue sometida, tuvo un hijo de un 'para'. Al caer la tarde tres hombres encapuchados -a los que llama "los herederos de los paramilitares"- entraron a la humilde vivienda: a la víctima con la que hablaba la violaron para que no denunciara y a la líder, para que dejara de buscar la verdad. "Uno tiene dos opciones en la vida: ser malo y tomar venganza o mirar las opor- tunidades. Yo escogí apoyar a las víctimas", dice esta mujer madre de dos hijas. Elizabeth fue la víctima número 14 en denunciar estos abusos en la zona y desde entonces se la pasa huyendo. No habla por teléfono porque, asegura, lo tiene 'chuzado', y han intentado secuestrarla dos veces. "Lo único que quieren es desaparecerme", dice, y agrega que cada paso que da en la justicia le trae una amenaza.

'Saquen mi cuerpo de la guerra', la campaña a nivel mundial

La problemática de abuso sexual contra las mujeres en Colombia, en el marco del conflicto armado, ha llegado a instancias internacionales gracias al trabajo de varias redes de mujeres y ONG defensoras de derechos humanos.

Una de ellas es Oxfam Internacional, que en octubre del año pasado inició la campaña 'Violaciones y otras violencias: saquen mi cuerpo de la guerra'.

Con un grupo de investigadores colombianos y españoles, Oxfam empezó hace más de un año un recorrido por todo el país, para recoger los testimonios de las víctimas, así como la interlocución con la Fiscalía y otras autoridades. Se espera que en octubre del 2011 entregue una investigación que permita tener un mapa sobre la realidad de este delito.

El primer informe fue presentado ante el gobierno español a finales del 2009, así como ante los parlamento Europeo y Británico. Esto generó que España pusiera como uno de los puntos de la agenda de trabajo, en la presidencia de la Comunidad Europea, el tema del abuso contra las mujeres colombianas.

Así mismo, hace dos meses el Partido Conservador de Reino Unido incluyó en un reporte de derechos humanos una serie de sugerencias al Gobierno colombiano, en las que pide tomar medidas para proteger al género femenino. Uno de los llamados está dirigido a que se promueva una agencia para la mujer.

Pero, además, cita una resolución dedicada a la necesidad de atender la violencia sexual en situaciones de conflicto y posconflicto, y pide su implementación para el país.

Según el informe de Oxfam, "la violencia sexual contra las mujeres (y las niñas) en el conflicto colombiano es empleada de manera sistemática y generalizada".

El Tiempo

viernes, junio 05, 2009

Violadas en Iraq, un crimen ocultado

Por: Anna Badkhen / Rebelión
Los tres policías le metieron un saco de arpillera a Jalida por la cabeza y se la llevaron al Ministerio del Interior iraquí en Bagdad. Allí la interrogaron y la golpearon, saltándole los dientes delanteros. Después, le arrancaron las ropas y se turnaron para violarla.

“Una vez acabaron, un cuarto hombre entró en la habitación”, me contó Jalida, apagando un cigarrillo para encender otro. “Era un oficial. Pude ver su rango en las hombreras. Me miró y dijo: ‘Oh, qué mala suerte que estés sangrando, se suponía que ahora me tocaba a mí’”. El oficial ordenó a sus hombres que se deshicieran de Jalida. La envolvieron en una manta, la metieron en un coche y la tiraron, sangrando, sobre una acera de Bagdad.

Poco después de sufrir la violación, Jalida huyó a Jordania y de allí a los Estados Unidos. Su madre y su hermana continúan viviendo en Iraq.


“Nadie sabe exactamente cuántas mujeres iraquíes han sido violadas desde que en 2003 se produjo la invasión estadounidense, pero los activistas iraquíes y extranjeros sitúan la cifra en varios miles”.

Los grupos que trabajan por los derechos humanos empezaron a darse cuenta del aumento en las violaciones en Iraq inmediatamente después de la caída del régimen de Saddam Hussein, consiguiendo múltiples pruebas de demostraban que las diversas facciones estaban atacando a las mujeres. En 2008, Amnistía Internacional informó que “miembros de grupos armados islamistas, milicias, fuerzas gubernamentales iraquíes, soldados extranjeros de la Fuerza Multinacional dirigida por EEUU, junto con quines integraban los efectivos de los contratistas extranjeros de la seguridad militar privada estaban perpetrando crímenes específicamente dirigidos contra las mujeres y las niñas, incluida la violación”.

El informe decía además que las autoridades iraquíes casi nunca perseguían esos crímenes, que ni siquiera los registraban.

Bajo el gobierno del Partido Baaz de Saddam, las fuerzas de seguridad utilizaban la tortura y violación contra los prisioneros políticos. Y el hijo mayor del dictador, Uday, daba órdenes para que le llevaran a su palacio a cualquier mujer a la que hubiera echado el ojo. Pero en absoluto la violación era un crimen extendido.

“Había ley”, dijo Yanar Mohammed, una abogada y feminista iraquí que trabaja por los derechos de la mujer. “Nadie iba por ahí violando”.

Según Mohammed, que dirige la Organización para la Libertad de las Mujeres en Iraq, una ONG que trabaja directamente con las víctimas de violación: “A finales de 2003, todo el mundo conocía historias de cinco o diez mujeres que habían sido secuestradas; algunas fueron violadas y arrojadas a las cunetas, otras desaparecieron”.

Los doctores iraquíes me dijeron que empezaron a ver también un aumento de los casos de violación un mes después de que empezara la guerra. El caos y la violencia sectaria se tragaron Iraq a toda velocidad tras la caída de Saddam, dejando a las mujeres en una situación de especial vulnerabilidad. Sólo en 2005, la organización de Mohammed estima que se produjeron 2.000 violaciones de niñas.

En marzo de 2009, Oxfam informó que el conflicto había dejado viudas a 740.000 mujeres iraquíes, la mayoría de ellas perdieron a sus maridos a partir de la invasión de 2003. Esto significa que cientos de miles de mujeres iraquíes carecen de la protección tradicional de los miembros masculinos de la familia, incluyendo maridos, hermanos y padres, habiendo quedado totalmente indefensas frente a la violación.

En muchas zonas del país donde la justicia tribal ha llenado el vacío dejado por la guerra, las víctimas de violación se enfrentan a un doble riesgo. A menudo son rechazadas y a menudo asesinadas por familiares para eliminar la supuesta vergüenza que el abuso conlleva para el honor de la familia.

Hanan Edgar, directora de la Red de Mujeres Iraquíes en Bagdad, me dijo que esa práctica, conocida con el hombre de “asesinatos por honor” cuenta con el apoyo tácito del gobierno iraquí. Aunque el asesinato premeditado en Iraq conlleva una sentencia de cárcel de al menos quince años, la sentencia típica por un asesinato por honor supone unos seis meses de cárcel, manifestó.

Para poder averiguar más datos sobre el drama de las violaciones en Iraq, viajé a Bagdad en marzo con la fotoperiodista Mimi Chakarova [véase al final enlace con vídeo realizado]. Había entrevistado ya a varias víctimas iraquíes de violaciones que estaban viviendo como refugiadas en la vecina Jordania. Allí supe del trabajo que Mohammed realizaba a través de su organización en Iraq. Allí fue donde me encontré con Jalida y pude escuchar su historia.

Mohammed se convirtió en nuestra guía para poder entrar en el mundo oculto de los abusos sexuales contra las mujeres en Iraq. Su organización es el único grupo no gubernamental que actúa en la región semi-autónoma kurda ofreciendo refugio a las víctimas de violación.

Nos llevó varias semanas de cuidadosas negociaciones poder ganarnos la confianza de las mujeres que dirigen la red clandestina de refugios y de las víctimas que allí se refugian. Mohammed y otras voluntarias viven con el constante temor de posibles represalias por parte de las milicias sectarias.

Nos alojamos en un hotel fuertemente fortificado en el centro de Bagdad, fuera de la seguridad relativa de la Zona Verde. Cuando salíamos del hotel, vestíamos negras abayas combinándolas con pañoletas en la cabeza. Entrevistar a la gente en la calle estaba fuera de toda posibilidad: atraería demasiada atención. Y cuando nuestra intérprete iraquí preguntaba a las mujeres sobre sus experiencias, a menudo se negaba a traducir sus historias porque se sentía abochornada.

Con frecuencia, las mujeres iraquíes se sienten demasiado avergonzadas o aterradas como para informar de la violación a la policía; y cuando informan del abuso, los oficiales normalmente desestiman sus afirmaciones. Confirmando el informe de Amnistía Internacional, un portavoz del gobierno me dijo que el gobierno iraquí no registra los casos de violación. Cuando le pregunté por qué no, no acertó a dar una respuesta.

Salma Jabou, asesora del Presidente Talabani para los asuntos de la mujer, me dijo que Iraq no tiene leyes que protejan a las víctimas de violación. Las fuerzas estadounidenses, que supuestamente se preparan para una retirada gradual, tampoco tienen autoridad para interferir y, como se indicaba al principio, son también autores de este tipo de delitos. El Ministerio para Asuntos de la Mujer, constituido en 2003, ha hecho tan poco para proteger los derechos de la mujer que Nasal Al-Samaraie, la ministra designada, presentó su dimisión en marzo, diciendo que su misión “era muy difícil, cuando no imposible, de llevarse a cabo”.

Tal labor ha quedado casi exclusivamente en manos de las agencias no gubernamentales de la ayuda internacional. La red de refugios de Mohammed está parcialmente financiada por la organización internacional por los derechos de la mujer MADRE, que tiene su sede en Nueva York. La portavoz de MADRE, Yifat Susskind, me dijo que la red de Muhammed ha dado refugio y asesorado a miles de mujeres iraquíes desde que se abrió el primer refugio en 2004. A pesar de que necesita mucho más apoyo, Mohammed dice que el gobierno iraquí le ha negado a su grupo el permiso para que los refugios puedan funcionar oficialmente y, asimismo, le ha negado cualquier tipo de ayuda, viéndose obligada a albergar a las mujeres en destartalados apartamentos infectado de ratas, para esconderlas no sólo de potenciales asaltantes sino también de las autoridades iraquíes.

Según un reciente informe de Amnistía Internacional, varios pistoleros atacaron un refugio de mujeres en la región norteña controlada por los kurdos. Al parecer, los hombres eran parientes de una de las mujeres que había buscado refugio. Los refugios de Mohammed representan, por todo el país, tan sólo un puñado de casas seguras para las víctimas de violación.

Incluso nuestra propia visita a una casa-refugio para mujeres en Bagdad provoca riesgos para las refugiadas: como extranjeras, podríamos atraer la atención sobre el refugio. Para ayudar a proteger su paradero, no se nos permitió llevar a nuestra traductora, una estudiante de post-graduado en la Universidad de Bagdad. Para poder llegar hasta el refugio, tuvimos primero que reunirnos con una voluntaria en la sede de la organización. Allí, nos pusimos abayas y velos. Para más seguridad, esperamos hasta que anocheció. Entonces, otra voluntaria nos llevó a través del polvoriento laberinto de las calles de Bagdad ahítas de impactos de bala.

Cuando llegamos, caminamos arrastrando los pies a través de la puerta de contrachapado del refugio de la misma forma en que se mueven la mayoría de las mujeres iraquíes que se han convertido en blanco: con los ojos bajos, la cabeza inclinada y en silencio: como sombras.

Enlace con el texto original y con el vídeo grabado por Mimi Chakarova titulado “Iraq: Viviendo a escondidas”:

http://www.pbs.org/frontlineworld/stories/pakistan802/video/video_index_baghdad.html#react