Mostrando entradas con la etiqueta brujas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta brujas. Mostrar todas las entradas

viernes, abril 15, 2011

Cuentos de brujas...

En su libro Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Tinta Limón Ediciones), la feminista italiana Silvia Federici retoma la matanza de brujas como fundante de un sistema capitalista que domestica a las mujeres, imponiéndoles la reproducción de la fuerza de trabajo como un trabajo forzado y sin remuneración alguna. Es en el modo en que se desarrolla ese trabajo reproductivo donde Federici considera que hay un campo de lucha central para el movimiento de mujeres.
Por Veronica Gago /Página 12
Esta no es una historia de hadas sino de puras brujas. Que, a su vez, se desdoblan en otros personajes, también femeninos y cercanos: la hereje, la curandera, la partera, la esposa desobediente, la mujer que se anima a vivir sola, la mujer obeah (practicante de magia secreta) que envenenaba la comida del amo e inspiraba a los esclavos a rebelarse. El capitalismo, desde sus orígenes, persigue y combate a estas mujeres con saña y terror. La feminista italiana Silvia Federici, en su libro Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Tinta Limón Ediciones), se hace preguntas fundamentales sobre esa figura emblemática de lo femenino: ¿por qué el capitalismo, desde su fundación, necesita hacerles la guerra a esas mujeres? ¿Por qué la caza de brujas es una de las matanzas más brutales y menos recordadas de la historia? ¿Qué se quería eliminar cuando se las condenaba a la hoguera? ¿Por qué puede trazarse un paralelo entre ellas y las esclavas negras de las plantaciones en América?



Silvia Federici nació en Italia, pero vive en Estados Unidos desde los años ‘60. Allí desarrolló su militancia feminista y su colaboración con el movimiento negro. Fue fundadora de la Red Internacional por el Salario Doméstico. Vivió y enseñó en Nigeria durante los ‘80, donde también realizó un trabajo con organizaciones de mujeres y contra las políticas de ajuste estructural que se ensayaban entonces sobre Africa.

Su libro toma el título de dos personajes de Shakespeare: Calibán es el rebelde anticolonial, el trabajador esclavo que se resiste; y la Bruja, que el escritor inglés dejaba en segundo plano, aquí captura la escena: su aniquilación representa el inicio de la domesticación de las mujeres, el robo de los saberes que daban autonomía al parto, la conversión de la maternidad en trabajo forzado, la devaluación del trabajo reproductivo como no-trabajo, y la masificación de la prostitución frente a la desposesión de tierras comunitarias. Ambos nombres, Calibán y la Bruja, sintetizan la dimensión racista y sexista del disciplinamiento que el capital pretende imponer sobre los cuerpos, pero también las figuras plebeyas y desobedientes desde las cuales se lo resiste.

A propósito de su lanzamiento en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, presentamos una conversación con esta entusiasta y lúcida luchadora, que traza una flecha entre la historia de las brujas y la discusión sobre el trabajo doméstico femenino, ya que para Federici, “las actividades asociadas a la ‘reproducción’ siguen siendo un terreno de lucha fundamental para las mujeres –como lo eran para el movimiento feminista de los años ’70– y un nexo de unión con la historia de las brujas”.

DE ITALIA A ESTADOS UNIDOS

Su departamento de Brooklyn está dispuesto para escribir, trabajar, investigar. Cientos de papeles y archivos se desparraman por aquí y por allá, aunque se advierte un orden meticuloso. Las fotos familiares y los afiches políticos se alternan en las paredes, tapizadas de color y de recuerdos. Su cocina, tal vez el único espacio sin papeles, es luminosa y amena para almorzar unas pastas recién hechas por su marido, el filósofo George Caffentzis. La entrevista alterna el italiano y el inglés, las dos lenguas en las que se mueve su biografía.

¿Cómo empieza tu militancia feminista en Estados Unidos?

–Llegué a Estados Unidos en 1967. Aquí me involucré con el movimiento estudiantil, con el movimiento contra la guerra. Ahí empezó también mi participación en el Movimiento por el Salario al Trabajo Doméstico y mi trabajo político a tiempo completo como feminista. En 1972 habíamos fundado el Colectivo Feminista Internacional, que debía lanzar la Campaña por el Salario para el Trabajo Doméstico en el plano internacional. En las raíces de mi feminismo está, en primer lugar, mi experiencia de mujer crecida en una sociedad represiva como era la de Italia en los años ‘50: anticomunista, patriarcalista, católica, y con el peso de la guerra. La Segunda Guerra Mundial fue importante para el crecimiento del feminismo en Italia porque fue un momento de ruptura de la relación de las mujeres con el Estado y con la familia, porque hizo entender a las mujeres que debían independizarse, que no podían poner su supervivencia en manos de los hombres y de la familia patriarcal, y que no tenían que hacer más hijos para un Estado que después los mandaba a masacrar.

¿Cuáles son las raíces teóricas?

–Teóricamente, mi feminismo ha sido una amalgama de temas que venían tanto del movimiento de la autonomía obrera italiana y de los movimientos de los no asalariados, como del movimiento anticolonial y los movimientos por los derechos civiles y por el Poder Negro (Black Power) en los Estados Unidos. En los años ‘70 también fui influenciada por el National Welfare Rights Movement (NWRO), que era un movimiento de mujeres, en su mayoría negras, que luchaban por obtener subvenciones estatales para sus niños. Para nosotras era un movimiento feminista, porque esas mujeres querían demostrar que el trabajo doméstico y el cuidado de los niños es un trabajo social del cual todos los empleadores se benefician, y también que el Estado tenía obligaciones en la reproducción social. Nuestro objetivo principal era demostrar que el trabajo doméstico no es un servicio personal sino una verdadera obra, porque es el trabajo que sustenta todas las otras formas de trabajo, ya que es el trabajo que produce la fuerza de trabajo. Hicimos conferencias, eventos, manifestaciones, siempre con la idea de hacer ver el trabajo doméstico en un sentido amplio: en su implicación con la sexualidad, en la relación con los hijos, y siempre apuntando a los factores de fondo, a la necesidad de cambiar el concepto de reproducción, y de colocar esa cuestión en el centro del trabajo político.

POR EL SALARIO Y CONTRA EL SALARIO

¿Cómo es ese conflicto entre luchar por el salario y luchar contra el salario?

–Nuestra perspectiva sostenía que cuando las mujeres luchan por el salario para el trabajo doméstico, luchan también contra ese trabajo, en la medida en que el trabajo doméstico puede continuar como tal siempre y cuando no sea pagado. Es como la esclavitud. El pedido de salario doméstico desnaturaliza la esclavitud femenina. Entonces el salario no es el objetivo final, pero es un instrumento, una estrategia, para lograr un cambio en las relaciones de poder entre mujeres y capital. El objetivo de nuestra lucha era convertir una actividad esclavizante, explotadora, que estaba naturalizada por su carácter de no ser paga, en un trabajo socialmente reconocido; era subvertir una división sexual del trabajo basada en el poder del salario masculino para mandar sobre el trabajo reproductivo de las mujeres, lo que en Calibán y la Bruja llamo “el patriarcado del salario”. Al mismo tiempo proponíamos poder trascender toda la culpabilización que generaba que sea considerado siempre como una obligación femenina, como una vocación femenina.

¿Hay un rechazo y al mismo tiempo una reconsideración del trabajo doméstico?

–El rechazo no es al trabajo de la reproducción misma, pero sí es rechazo de la condición en la cual todos, hombres y mujeres, debemos vivir la reproducción social, en la medida en que es reproducción para el mercado de trabajo y no para nosotras/os mismas/os. Una temática que era central para nosotras era el carácter doble del trabajo de reproducción, que reproduce la vida, la posibilidad de vivir, la persona y, al mismo tiempo, reproduce la fuerza de trabajo: ésta es la razón por la cual es tan controlado. La perspectiva era que se trata de un trabajo muy particular, y por tanto la pregunta clave cuando se trata de reproducir a una persona es: ¿para qué o en función de qué se quiere valorizarla/o?, ¿valorizarlo por sí misma/o, o para el mercado? Hay que entender que la lucha de las mujeres por el trabajo doméstico es una lucha anticapitalista central. Verdaderamente llega a la raíz de la reproducción social, porque subvierte la devaluación del trabajo reproductivo, subvierte la esclavitud en la que se basan las relaciones capitalistas, y subvierte las relaciones de poder construidas sobre ellas en el cuerpo del proletariado.

¿Cómo se altera el análisis sobre el capitalismo al poner el eje en el trabajo doméstico?

–Reconocer que la fuerza de trabajo no es una cosa natural sino que debe producirse, significa reconocer que toda la vida deviene fuerza productiva, y que todas las relaciones familiares y sexuales se convierten en relaciones de producción. Es decir que el capitalismo se desarrolla no sólo dentro de la fábrica sino en la sociedad, que deviene fábrica de relaciones capitalistas, como terreno fundamental de la acumulación capitalista. Por eso, el discurso del trabajo doméstico, de la diferencia de género, de las relaciones hombre/mujer, de la construcción del modelo femenino, es fundamental. Hoy, por ejemplo, mirar la globalización desde el punto de vista del trabajo reproductivo permite entender por qué, por primera vez, son las mujeres las que lideran el proceso migratorio. Permite entender que la globalización y la liberalización de la economía mundial han destruido los sistemas de reproducción de países de todo el mundo, y por qué hoy son las mujeres quienes se van de sus comunidades, de sus lugares, para encontrar medios de reproducción, y mejorar sus condiciones de vida.

LA EXPERIENCIA DEL TERCER MUNDO

¿Cómo influye en tus preocupaciones tu vida en Nigeria en los años ‘80?

–Fue muy importante porque ahí tomé contacto con la realidad africana, con el mundo llamado “subdesarrollado”. Ha sido un gran proceso educativo. Estuve justo en un período (1984-1986) de intenso debate social, también en las universidades, sobre si endeudarse o no con el FMI, tras el inicio de la gran crisis de la deuda y el fin del período de desarrollo construido con el boom del petróleo. Vimos el inicio de la liberalización y las primeras consecuencias de este programa para la sociedad y también para la escuela: los grandes cambios sobre el gasto público, el corte de subsidios para la salud y la educación, y el comienzo de toda una serie de luchas estudiantiles contra el FMI y su programa de ajuste estructural. Era claro que no se trataba sólo de un conflicto provocado por la miseria sino, también, de una protesta contra un programa de recolonización política. Vimos nítidamente cómo se estaba dando una nueva división internacional del trabajo que implicaba una recolonización capitalista de estos países.

Hay una temática de los bienes comunes y, en particular, de la tierra que también surge entonces...

–Sí. La otra cosa importante que aprendí en Nigeria fue la cuestión de la tierra. Una gran parte de la población vivía de la tierra bajo el régimen de propiedad comunal. Para las mujeres en particular, el acceso a la tierra significaba la posibilidad de ampliar sus medios de subsistencia, la posibilidad de reproducirse a sí mismas y a sus familias sin depender del mercado. Esto es algo que ha devenido una parte importante de mi comprensión del mundo. Mi estancia en Nigeria también amplió mi comprensión de la cuestión de la energía, del petróleo, y de la guerra que estaba dándose en el mundo impulsada por las compañías petroleras. En Nigeria se hizo en los ‘80 lo que pasó en Europa una década después: primero un empobrecimiento de la universidad pública para luego transformarla en un sentido corporativo, por el cual el conocimiento que se produce está únicamente orientado por el mercado y se desprecia todo lo que no tenga ese signo.

¿Que son los bienes comunes? ¿De dónde surge el discurso de defensa de los bienes comunes?

–En el discurso de los movimientos de los años ‘60 y ‘70 no existía el concepto de “común”. Se luchaba por muchas cosas, pero no por lo común tal como lo entendemos ahora. Esta noción es un resultado de las privatizaciones, del intento de apropiación y mercantilización total del cuerpo, del conocimiento, de la tierra, del aire y del agua. Esto ha creado no sólo una reacción sino una nueva conciencia política de hecho, ligada a la idea de nuestra vida común, y provocó una reflexión sobre la dimensión comunitaria de nuestras vidas. Entonces hay una relación o correspondencia muy fuerte entre expropiación, producción de común, y la importancia de lo común como concepto de vida, de las relaciones sociales.

¿Qué influencia tienen las teorizaciones feministas sobre esta cuestión de lo común?

–Formular lo común desde un punto de vista feminista es crucial porque las mujeres actualmente son quienes más han invertido en la defensa de los recursos comunes y en la construcción de formas más amplias de las cooperaciones sociales. En todo el mundo ellas son productoras agrícolas de subsistencias, son aquellas que pagan el mayor costo cuando se privatiza la tierra; en Africa por ejemplo, el 80 por ciento de la agricultura de subsistencia está hecha por mujeres y, por tanto, la existencia de una propiedad comunal de la tierra y del agua es fundamental para ellas. Por último, el punto de vista feminista se ocupa de la organización de la comunidad y de la casa. Porque una cosa que me sorprende es que en todas las discusiones sobre lo común se habla de la tierra y de Internet, ¡pero no se menciona la casa! El movimiento feminista en el que yo me inicié hablaba siempre de la sexualidad, de los niños y de la casa. Y luego, toda la tradición feminista, socialista utópica y anárquica me interesa mucho, por cómo aborda estos temas. Hay que hacer un discurso sobre la casa, sobre el territorio, sobre la familia, y ponerlo al centro de la política de lo común. Hoy vemos la necesidad de prácticas que creen nuevos modelos comunitarios.

¿A qué te referís?

–Por ejemplo, ahora en Estados Unidos hay millares de personas que viven en la calle, en una suerte de campamentos, por la política creciente de desalojos. Actualmente hay campamentos en California por la crisis de las viviendas. Es un momento en el cual la estructura de la relación social cotidiana se va deshaciendo, y existe la posibilidad de una forma de sociabilidad y cooperación nueva. Creo que en este sentido fue fundamental lo que se vio del movimiento de desocupados de la Argentina, como momento en el que muchas personas necesitaron poner su vida en común. Eso es exactamente la reinvención de la práctica comunitaria.

AQUELARRES

¿Cómo sintetizarías el objetivo de la caza de brujas?

–La caza de brujas fue instrumental a la construcción de un orden patriarcal en el que los cuerpos de las mujeres, su trabajo, sus poderes sexuales y reproductivos fueron colocados bajo el control del Estado y transformados en recursos económicos. Esto quiere decir que los cazadores de brujas estaban menos interesados en el castigo de cualquier transgresión específica, que en la eliminación de formas generalizadas de comportamiento femenino que ya no toleraban y que tenían que pasar a ser vistas como abominables ante los ojos de la población.

Por eso la acusación era extensible a miles de mujeres...

–La acusación de brujería cumplió una función similar a la que cumple la “traición” –que, de forma significativa, fue introducida en el código legal inglés en esos años– y la acusación de “terrorismo” en nuestra época. La vaguedad de la acusación –el hecho de que fuera imposible probarla, mientras que al mismo tiempo evocaba el máximo horror– implicaba que pudiera ser utilizada para castigar cualquier tipo de protesta, con el fin de generar sospecha incluso sobre los aspectos más corrientes de la vida cotidiana.

¿Puede decirse que en su persecución se juega una gran batalla contra la autonomía de las mujeres?

–Del mismo modo que los cercamientos expropiaron las tierras comunales al campesinado, la caza de brujas expropió los cuerpos de las mujeres, los cuales fueron así “liberados” de cualquier obstáculo que les impidiera funcionar como máquinas para producir mano de obra. La amenaza de la hoguera erigió barreras formidables alrededor de los cuerpos de las mujeres, mayores que las levantadas cuando las tierras comunes fueron cercadas. De hecho, podemos imaginar el efecto que tuvo en las mujeres el hecho de ver a sus vecinas, amigas y parientes ardiendo en la hoguera y darse cuenta de que cualquier iniciativa anticonceptiva por su parte podría ser percibida como el producto de una perversión demoníaca.

jueves, abril 07, 2011

Ayer y hoy de la caza de Brujas...

Fuente: Epílogo del libro: "La Sociogénesis de las Brujas. El origen de la discriminación de la mujer"
Ante la crueldad de la Iglesia ejercida durante siglos contra la mujer y la invención infame de la quema de brujas no cabe sino preguntarse por la sinrazón de semejante locura. ¿Qué elementos tuvieron que intervenir para poner en marcha ese mecanismo sangriento de destrucción de seres humanos?

A nivel de la aldea estaban los intrusos, forasteros, raros, los outsiders de que hablan la sociología usamericana, que resultaban sospechosos por su conducta o su saber y se resistían al conformismo. Entre estas personas estaba la herbaria, la curandera, la vieja desplazada por las guerras, abandonada por la familia o simplemente marginada, apartada de y por los demás. Cuando la comunidad aldeana creía haberla descubierto como bruja se podía llegar a matarla. Pero esto no explica las sistemáticas persecuciones posteriores.

En la aldea, el enemigo es el individuo que hay que eliminar, en el mundo es, bajo ciertas condiciones, el mal en sí, o lo que la gente tiene por tal. Contra este “enemigo del mundo”, ya sea una proyección de los miedos propios o de los deseos reprimidos, la sociedad moviliza sus defensas.
O dicho de otro modo: como se padece la manía de que el mundo se ve atacado y rodeado por un poder real que impide ser bueno, se trazan explicaciones, teorías, ideologías.
Con ellas se formula la sospecha a niveles superiores. Se diseña una imagen del enemigo sobre la que se proyecta todo lo que el código moral propio califica de negativo. Como los seres humanos no pueden reprimir su sexualidad, su demonio es sexualmente desenfrenado: como no pueden vivir sin dudar, su diablo duda de todos los valores; como no les gusta que las personas no cumplan con su palabra, su diablo es embustero y embaucador. Y como el diablo es todo eso, quien con él se alía debe sufrir el castigo que en realidad le corresponde a él.

En la Edad Media era sobre todo la mujer el objeto de la proyección de los deseos reprimidos del hombre. El nexo teórico entre el mal y los muchos que lo favorecen ofrece el aspecto criminal de la locura. Pues, se sabe que la desconfianza y la sospecha están justificadas, la autoridad da motivos para reforzar el conformismo hasta la eliminación del extraño, del outsider. Una vez que se ha consolidado el clisé, cuando la teoría de los dominadores tiene buenas razones para la persecución, empieza la caza de brujas, de melenudos, judíos, comunistas y sospechosos de todo tipo.


En la aldea solía ser el cura quien formulaba el conformismo y ponía en la picota a los extraños. A nivel superior eran los sabios quienes proporcionaban la teoría contra el mal y ponían las leyes en manos del juez. Dirigían así el odio de la sociedad contra sus supuestos corruptores, aunque con estas acciones se corrompía ella misma. Nadie podía poner freno a este mecanismo infernal. Pues los signos de clemencia, indulgencia o benevolencia se interpretaban como síntomas de culpabilidad. Y viceversa, cuando predomina una situación en la que los indulgentes son sospechosos, y cuando los principios ocupan la primacía, lo que impera es la sospecha, la desconfianza. Se afincan entonces las mejores razones para cometer las peores acciones, para emprender la caza de brujas.

Desde el punto de vista de la sociología, es la presión del conformismo la que produce las “brujas”. Desde el de la psicología, se trata de la proyección que convierte a la “bruja” en objeto de persecución. Este es el punto de partida de esa neurosis que presenta lo absurdo como racional. En la llamada brujomanía, que no es más que un caso especial de la histeria de la limpieza, todas las partes del mecanismo t

Por lo demás, esto sólo rige para el ámbito de la iglesia católica y romana. En la iglesia oriental, la ortodoxa, nunca existió esa imagen del diablo ni hubo quema de brujas.

Los ejemplos de la caza de agentes del enemigo y el miedo a los espías vividos en la Alemania nazi o en la Unión Soviética de Stalin durante el siglo XX, o actualmente en los EEUU con la histeria de los terroristas, ilustran cómo se originan las manías persecutorias.

Los inconformistas viven tranquilos mientras no haya ninguna teoría que los vincule con el mal. Y la teoría es impotente si no puede concentrar los miedos de la sociedad en determinados grupos. Y esto no sólo vale para las viejas que de repente son sospechosas de ser brujas. Así, por ejemplo, si alguien pudiera demostrar que el mal se ha aliado con la ciencia, sería rápidamente sospechosa toda persona con una educación superior, gafas, una bata blanca y muchos libros.

El aislamiento, la eliminación de las personas sospechosas no es más que una consecuencia. Se ha visto que, además de la ideología de la limpieza, también entra en juego el interés material de los perseguidores. También esto tiene su lógica. Como se quiere fomentar la limpieza, hay que recompensarla. Y una vez fijado el interés material, no se puede prescindir del objetivo que persigue. Por eso es tan difícil combatir el exterminio legal de las brujas: quien quería ayudar a los inocentes no podía expresar duda ninguna en la brujería, sino desenmascarar la legalidad de la destrucción como algo que se contradecía con los intereses de los razonables. La ilustración no basta por sí sola para detener la rueda de los intereses concretos.

Según Döbler, el verdadero diablo es la inexorable compulsión humana a la abstracción, a sacar la consecuencia extrema, que se ha separado de los sentimientos. Tal vez se oculte en todo esto el miedo de lo supuestamente amenazado que recurre al terror para protegerse de algo que sólo existe en su fantasía. Cientos de miles de personas han sido víctimas de ese miedo. Y otros miles y millones de víctimas vuelven a caer víctimas de este miedo cada vez que una ideología de la sociedad se saca de la manga un enemigo, producto de su mala conciencia, de sus represiones, de sus conflictos no resueltos. Los colaboradores de este enemigo son rápidamente clasificados, designados, registrados y eliminados. Y una vez más las víctimas inocentes son condenadas de acuerdo con la Ley. En momentos de semejante tensión también se encuentran finalmente los cómplices, esbirros y torturadores, todos ellos obligatorios.

Volviendo al tema de las brujas. ¿Cuántas murieron? Las cifras ya no impresionan a quienes conocen las masacres del siglo XX y las que se llevan a cabo todavía en el XXI. De todos modos, en las cifras de víctimas de la brujomanía hay que tener en cuenta que la población de Europa en los siglos XVI y XVII era muy inferior a la actual. Además, las cifras son muy imprecisas, oscilan entre los 9.500.000 y las 500.000 víctimas. Lo cierto estará en el punto medio.

Hoy día las brujas no constituyen ninguna amenaza para la sociedad, esto es, no son ya ningunas víctimas potenciales. La creencia en las brujas no es más que un residuo de tiempos pasados, igual que las caricaturas de demonios en las catedrales góticas. La locura de la limpieza prevalece hoy en la esfera política más que en la religiosa. No obstante, algunos aspectos del antiguo odio purificador contra las brujas se han mantenido hasta el presente.

La historia de las brujas es la historia de la discriminación y subyugación de la mujer, la historia de la misoginia, que se inició con el advenimiento del patriarcado, se justificó mediante la mitología y se exacerbó con la invención del pacto con el diablo por parte de la Iglesia.


La historia de las brujas se remonta a la primigenia división del trabajo. La evolución de los cambios sociales se mueve siempre al ritmo de las transformaciones efectuadas en la división del trabajo. Y ésta no es más que la fundamentación de una jerarquía de valores, ordenada de arriba abajo, de lo superior a lo inferior, de Dios a Satanás, del rey al súbdito, del Papa al monaguillo, etc. La división histórica del trabajo es la división del trabajo entre los géneros y las generaciones.
Los valores pertenecen a la constitución interna del ser humano. Son historias internas que se refuerzan con actuaciones externas, que, a su vez, se corresponden con determinas formas de comportamiento.

Ante la brutalidad de las actuaciones contra las brujas e inconformistas del pasado y del presente hay que preguntarse por las causas de semejantes comportamientos.

500 años después de las grandes persecuciones de brujas en Europa la creencia en ellas extiende todavía su larga sombra. Hasta la década de 1970 se vendían en las farmacias de la comarca de Lüneburgerheide (Alemania) remedios para espantar a las brujas. La agencia usamericana AP difundía el 15 de diciembre de 1975 la noticia siguiente, fechada en Kennewick, Washington: “Una vez al mes se reúnen las 13 hijas de JICA (bruja en inglés antiguo, VR) para celebrar su sabat. A la luz de flameantes y trémulas velas, envueltas en el dulce aroma del incienso y de los salmos latinos, conjuran las almas de los muertos y pretenden curar a los enfermos.”

Se trata de sesiones de espiritismo, de brujas buenas. Cierto, no se besa el trasero de ningún macho cabrío, ni se celebra rituales orgiásticos. Es brujería blanca que lucha contra la brujería negra. Quieren contrarrestar la labor de las hijas de Satanás. Mediante recursos hipnóticos pretenden dominar a las personas y, de paso, obtener un beneficio propio cobrando por sus servicios.

El culto actual de Wicca se remonta al libro de Margaret Murria The Witch Cult in Western Europe, publicado por primera vez en 1921 y reeditado en 1967.

El culto a las brujas y la creencia en la magia y en la astrología se ha puesto de moda entre las clases medias. Vuelve la tendencia a lo trascendental, y se ridiculiza lo racional. Todo el que cree en la astrología duda de la razón. Predomina la moda retro, la nostalgia del pasado, que se convierte en mercancía a través de las antigüedades. Se recuperan los viejos argumentos: el murmullo, el cuchicheo, la calumnia, y las tradiciones milenarias, como procesiones y romerías religiosas. Se venera lo antiguo, como, por ejemplo, los refajos y pololos de la abuela. Y, por qué no, a un nivel más alto, más culto, se juega un poco con la magia blanca y negra.

En la esta sociedad “del conocimiento”, como algunos gustan de llamar a la sociedad actual, proliferan como nunca toda clase de magia, espiritismo, ocultismo, curanderismo, quiromancias, tarots, videncias, horóscopos, y demás supersticiones. Y no pocos medios de comunicación hacen su agosto con las angustias e insatisfacciones que esta sociedad genera. Basta con echar un vistazo a la cantidad de películas que produce Hollywood, la fábrica de sueños como la calificó I. Ehrenburg en los años 30 del siglo pasado, sobre poderes sobrenaturales y fantasías esotéricas.
El vudú no sólo tiene adeptos entre la empobrecida población de Haití. Las sectas satánicas florecen en el denominado primer mundo, como la de Charles Manson, que en 1969 asesinó a Sharon Tate y sus invitados en su casa de Hollywood. En España se cuentan más de 50 de ellas, con unos 2.500 adeptos. Los exorcismos sancionados por la Iglesia llevan a muertes tan horrendas como la de la niña Rosa Fernández Gonzálvez el 16 de septiembre de 1990 en el pueblo de Almansa (Albacete). Su propia madre, curandera y exorcista, convencida de que la niña estaba embarazada del demonio, quiso liberarla del Maligno extrayéndole las entrañas por la vagina matándola en el intento.

Por otro lado, la Iglesia católica parece empeñada en reanimar la vieja demonología, descalificada y abandonada por el Concilio Vaticano II con el papa Juan XXIII a la cabeza. Pero sus sucesores, Pablo VI, Juan Pablo II y, muy en particular, Benedicto XVI, conocido por su formación y sus actividades nazis y haber dirigido la Congregación de la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición), han revitalizado la creencia en el demonio. Los nuevos expertos en demonología y exorcismos se publicitan incluso a través de la red electrónica. Tal es el caso, por ejemplo, del sacerdote J. A. Fortea, que anuncia en su página de Internet sus sermones y explicaciones sobre el demonio, la posesión y el infierno en una serie de 13 vídeos. He aquí sus credenciales, tal como aparecen en su página:

José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, España, 1968) es sacerdote y teólogo especializado en demonología. Cursó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. Se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). En 1998 defendió su tesis de licenciatura “El exorcismo en la época actual” dirigida por el secretario de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. En octubre de 2001 fue nombrado arcipreste. Compagina su trabajo como teólogo con su labor como párroco de Nuestra Señora de Zulema, Villalbilla (Madrid) y administrador parroquial de La Asunción de Nuestra Señora de Los Hueros.

Pero la persecución de inconformistas, discrepantes, extraños y heterodoxos de todo tipo parece imparable. El ex - seminarista José Stalin encarceló y fusiló a miles de críticos y personas inocentes en sus “purgas” de los años 30 del siglo pasado. De nuevo el simbolismo de la limpieza. Hitler y su régimen nacionalsocialista llevaron este concepto al paroxismo con el exterminio de millones de judíos, gitanos y comunistas. El propio jefe de las SS, H. Himmler, ordenó una persecución secreta de brujas, tal como han revelado los archivos.

Sin embargo, fueron los usamericanos los que, tras la II Guerra Mundial, resucitaron la expresión “caza de brujas” con la persecución de toda persona sospechosa de ser comunista o afín en los famosos juicios del Comité de Actividades Antiamericanas. Entre los perseguidos hubo figuras tan destacadas de la ciencia y las artes como Albert Einstein, Bertold Brecht o Charles Chaplin.

Este celo inquisitorial se aplica ahora a los sospechosos de “terrorismo”, sin que nadie sepa en qué consiste el terrorismo ni qué es un terrorista. La actual Administración fundamentalista de Washington incluso ha promulgado leyes que legitiman la tortura bajo el eufemismo de “interrogatorios coercitivos”. No deja de ser un cruel sarcasmo que esta misma Administración invoque el respeto a los derechos humanos en el mundo cuando ella los pisotea en sus centros de detención como el de Guantánamo, en sus cárceles de Iraq y en las secretas que tiene repartidas por el mundo, y donde se aplican métodos de tortura que las calenturientas mentes de los inquisidores medievales no podían imaginarse. Gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, algunas de las imágenes de estos “interrogatorios coercitivos” han dado la vuelta al mundo.


http://lucilibertad.blogspot.com/2008/10/ayer-y-hoy-de-la-caza-de-bujas.html

martes, febrero 01, 2011

Morir en la hoguera

Ana Lía Glas
Artemisa Noticias En esta última semana nuevamente dos mujeres murieron en la hoguera, víctimas de femicidio. La Inquisición ha retornado en pleno siglo XXI en la forma de maridos, exmaridos, amantes, para castigar a las 'brujas'

En el último año hemos asistido al incremento de una nueva forma de femicidio: prenderle fuego a las mujeres, matarlas en la hoguera

Se registra un aumento de los casos de violencia hacia las mujeres 'De 260 mujeres y niñas que fueron asesinadas en 2010, once de ellas fueron incineradas, con un incremento (de esos casos) del 10% respecto al año anterior', según datos suministrados por la ONG La Casa del Encuentro, especializada en violencia de género.

Parecería que ante el avance de las mujeres en el trabajo, en la política, en la cultura, en las ciencias, en el acceso a nuevos derechos, la legislación que previene y sanciona la violencia hacia las mujeres, el patriarcado se siente amenazado, se rebela; recurre a viejas figuras: las brujas, y viejos sistemas punitorios: la Inquisición, la hoguera

En 1484 el Papa Inocencio VIII denunció la brujería como una conspiración del demonio, a partir de ahí se instituyó la guerra contra las mujeres. Las víctimas se calculan en millones.

Dice Norma Blazquez , filósofa de la UNAM 'En realidad estas brujas eran parteras, alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras que tenían conocimiento en campos como la anatomía, la botánica, la sexualidad, el amor o la reproducción, y que prestaban un importante servicio a la comunidad. Conocían mucho de plantas, animales y minerales, y creaban recetas para curar, lo cual fue interpretado por los grupos dominantes del medievo como un poder del Diablo'.

Eran curanderas y sanadoras con conocimientos médicos de avanzada, cuando la Universidad estaba vedada a las mujeres. Las brujas fueron perseguidas por conocer y enseñar a otras mujeres cómo controlar su destino y su sexualidad. Ellas tenían conocimientos sobre reproducción, sobre métodos abortivos y esto representaba una amenaza para la Iglesia y los varones en general.

Estos conocimientos implicaban la posibilidad de ejercer una sexualidad más libre, lo cual ponía en riesgo la hegemonía masculina y, por ello, los hombres expropiaron sus conocimientos y las aniquilaron en las hogueras.
Asimismo, la mayoría de estas mujeres vivían solas, en casas en el bosque, independientes, generaban sus propios ingresos y esto provocaba mucha desconfianza.

Toda mujer que no aceptara la moral cristiana, que no quisiera casarse, que eligiera vivir sola, podía ser acusada de bruja, torturada y ejecutada..

Hoy, muchos varones no toleran la mayor autonomía de las mujeres, sus nuevos roles, la diversidad en que se manifiestan, sus reivindicaciones, su acceso a lugares de poder, su rebeldía (por qué no). Se sienten amenazados como ocurrió siglos atrás.

El Patriarcado,el dominio masculino sobre las mujeres se encuentra cuestionado, jaqueado. Tenemos una Presidenta mujer, varias Ministras, Juezas en la Corte Suprema de Justicia.

Las mujeres se reúnen cada año en los Encuentros Nacionales de Mujeres, que cada vez son más masivos, se han organizado en la Campaña por el acceso al aborto seguro legal y gratuito, en innumerables ONGs que luchan por sus derechos.

El Estado las ha reconocido como sujetas de derechos promoviendo políticas públicas, algunas más efectivas, otras menos, pero que significan un avance.

Estas nuevas modalidades en las relaciones de poder no resisten el modelo de mujer como objeto, propiedad de los varones, ellos sienten que no pueden controlar sus cuerpos y deciden asesinarlas utilizando una metodología atávica: la hoguera.

miércoles, octubre 20, 2010

Capitalistas contra brujas

Carlos Prieto Madrid
Público Bando informativo europeo imaginario del año 1580. "Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado solicitan la colaboración ciudadana para la localización de una red criminal que está sembrando el terror en nuestras ciudades. Retrato robot de su líder: mujer caucásica, con verrugas en la nariz y de entre 43 y 49 años. La última vez que se la vio vestía capa negra y sombrero puntiagudo. Iba subida a una escoba y bramaba un conjuro en un idioma incomprensible". Vuelta al año 2010. Los amigos de la alarma social y la histeria colectiva pueden llevarse un buen chasco si leen Caliban y la bruja, ensayo de Silvia Federici (Italia, 1948) publicado por Traficantes de sueños.

Federici, profesora en la Hofs-tra University de Nueva York, pasó por Madrid para presentar un libro con una tesis rompedora que se le va a atragantar a más de un historiador: la caza de brujas de los siglos XVI y XVII fue instigada por el capitalismo emergente. La masiva quema de mujeres tuvo más que ver con su condición de estorbo, de figuras que no encajaban en la nueva economía, que con su habilidad para cocinar pócimas y charlar con el diablo en sus ratos libres. El capitalismo nació recurriendo a la violencia extrema. Del comercio de esclavos a la caza de brujas. ¿Herejía? ¿Hay que llevar a la hoguera a Federici? Primero, mejor escucharla.

"La caza de brujas está relacionada con el desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que confinó a las mujeres al trabajo reproductivo", contó la ensayista a Público. Para entendernos, el salto del feudalismo al capitalismo vino acompañado de las siguientes transformaciones: se inventó el trabajo asalariado. Los nuevos Estados burgueses expropiaron y privatizaron masivamente tierras que antes eran de uso común. Las mujeres, que hasta entonces habían podido dedicarse a recolectar la huerta (la agricultura de subsistencia comenzó a estar mal vista porque no aportaba beneficios a ningún empresario, piedra filosofal del nuevo sistema) o incluso a trabajar en las ciudades (72 de los 80 gremios ingleses incluían mujeres), quedaron confinadas a los muros del hogar. Dedicadas al trabajo doméstico no remunerado (la famosa división sexual del trabajo que profundizó en su dependencia de los hombres). Eso sí, una siempre podía elegir entre eso, morir pobre o acabar en la hoguera. Ustedes verán, señoras.

Según Federici, "la caza de brujas sirvió para perseguir a una serie de creencias y prácticas populares. Fue un arma para derrotar la resistencia a la reestructuración social y económica". Como opinar es gratis y todo esto es muy fácil de decir pero muy difícil de demostrar, la ensayista se esfuerza en analizar el contexto histórico que hizo posible la cacería: una crisis económica y demográfica con un antecedente, la peste negra, que eliminó a un tercio de la población europea en 1348.

Fiesta proletaria

Los que sobrevivieron a la plaga, enfrentados a la posibilidad de una muerte súbita, se quedaron sin ganas de trabajar. "Trataban de pasarlo lo mejor posible, regalándose una fiesta tras otra sin pensar en el futuro", escribe Federici. Al descender bruscamente el número de trabajadores, su coste se disparó y la gente empezó a desafiar el poder de los señores feudales. "En épocas en que la tierra era escasa, era posible controlar a los campesinos amenazándoles de expulsión. Pero la mezcla de población diezmada y abundancia de tierras hizo que las amenazas de los señores dejaran de ser efectivas. Los campesinos podían moverse libremente y hallar nuevas tierras para cultivar. Mientras los cultivos se pudrían y el ganado caminaba sin rumbo, los campesinos y artesanos se adueñaron de la situación".

Durante el siglo XIV, se multiplicaron las huelgas en Europa. Los campesinos hombres y mujeres se negaban a pagar y a ofrecer sus servicios a los señores feudales. ¿Medioevo paraíso del proletariado? ¿Imposible? En la Baja Edad Media (1350-1500), el salario real creció en Europa un 100%, los precios cayeron un 33% y disminuyó la jornada laboral.

La repuesta al incremento del coste de la mano de obra y la caída en picado de la renta feudal fue terrible. La aristocracia terrateniente y los nuevos Estados contraatacaron con una serie de medidas que sentaron las bases del capitalismo en los siguientes tres siglos: "Trataban de apropiarse de nuevas fuentes de riqueza, expandir su base económica y poner bajo su mando un mayor número de trabajadores".

Un ejemplo de las novedosas políticas capitalistas fueron los cercamientos de tierras: la eliminación del sistema de campo abierto, que permitía a los campesinos poseer parcelas de tierra no colindantes en un campo sin cercas. "A partir del cercamiento, instigado por los lores y los campesinos ricos para eliminar la propiedad comunal de la tierra y expandir sus propiedades, el uso colectivo de tierra fue sustituido por la propiedad individual. Cuando se perdió la tierra y se vino abajo la aldea, las mujeres empezaron a sufrir. Para ellas era mucho más difícil convertirse en vagabundas o trabajadoras migrantes: una vida nómada las exponía a la violencia masculina. Tan pronto se privatizó la tierra y las relaciones monetarias comenzaron a dominar la vida económica, encontraron mayores dificultades que los hombres para mantenerse. Se las confinó al trabajo reproductivo en el preciso momento en que este trabajo se estaba viendo absolutamente devaluado".

Libertad de medio pelo

Al contrario de lo que se suele suponer, Federici no cree que la llegada de la economía monetaria fuera la culminación de la lucha de los siervos medievales para liberarse de la servidumbre. "No fueron los trabajadores quienes fueron liberados por la privatización de la tierra. Lo que se liberó fue capital, en la misma medida en que la tierra estaba ahora libre para funcionar como medio de explotación y ya no como medio de subsistencia".

Los números hablan por sí solos. En 1600, el salario real había perdido en España el 30% de su poder adquisitivo con respecto a 1511. Durante el siglo XVI, los precios de la comida se multiplicaron por ocho en varios países europeos. Hicieron falta varios siglos para que los salarios europeos regresaran a los niveles alcanzados a finales de la Edad Media. En el siglo XIV, las mujeres recibían la mitad del sueldo de un hombre por hacer el mismo trabajo. A mediados del siglo XVI, recibían un tercio del desplomado salario masculino.

Sostiene Federici que la irrupción del capitalismo fue "uno de los periodos más sangrientos de la historia de Europa", al coincidir la caza de brujas, el inicio del comercio de esclavos y la colonización del Nuevo Mundo. Los tres procesos estaban relacionados: se trataba de aumentar a cualquier coste el mercado de trabajo.

Para reforzar su tesis sobre la relación entre la caza de brujas y las transformaciones económicas, Federici analiza los juicios por brujería desarrollados en Inglaterra. La mayoría se produjeron en Essex, donde una gran parte de la tierra había sido privatizada durante el siglo XVI. Por el contrario, no hay registros de persecución de brujas en las regiones sin cercamientos de tierras (Irlanda o las Highlands occidentales escocesas). "Que la difusión del capitalismo rural, con todas sus consecuencias (expropiación de la tierra, ensanchamiento de las distancias sociales, descomposición de las relaciones colectivas), constituyera un factor decisivo en el contexto de la caza se puede probar señalando que la mayoría de los acusados eran mujeres campesinas pobres, mientras que quienes acusaban eran miembros acaudalados de la comunidad, con frecuencia sus mismos empleadores y terratenientes".

Delitos y faltas

Federici revisa también varios casos de persecución. Por ejemplo, uno ocurrido en Escocia en el que "las acusadas eran granjeras pobres, que aún poseían un pedazo de tierra propio, pero que apenas sobrevivían y, con frecuencia, despertaban la hostilidad de sus vecinos por haber empujado a su ganado para que pastara en su tierra o por no haber pagado la renta". Resumiendo: un clarísimo caso de brujería demoníaca.

La obsesión por incrementar la población (léase la fuerza de trabajo) fue otro de los motivos que impulsaron la persecución, que "demonizó cualquier forma de control de la natalidad y de sexualidad no-procreativa, al mismo tiempo que acusaba a las mujeres de sacrificar niños al demonio". A mediados del siglo XVI, los Estados europeos empezaron a castigar severamente las prácticas anticonceptivas y el aborto. "Si en la Edad Media las mujeres habían podido usar métodos anticonceptivos y ejercer un control indiscutible sobre el proceso del parto, a partir de entonces sus úteros se transformaron en territorio político", razona.

Durante la Ilustración se aseguró que la caza de brujas fue el último estertor de un mundo feudal supersticioso. Pero durante la siniestra Edad Media, "no se persiguió a ninguna bruja y nunca hubo juicios y ejecuciones masivas en los Años Oscuros".

La caza alcanzó su esplendor entre 1580 y 1630, cuando ya se habían instaurado las instituciones económicas y políticas de la nueva economía. "La caza de brujas aniquiló un universo de prácticas, creencias y sujetos sociales cuya existencia era incompatible con la disciplina del trabajo capitalista", zanja.


Hitos de una persecución


¿Quiénes eran las brujas?

Las inglesas acusadas de brujería solían ser mujeres mayores que vivían de la asistencia pública o que sobrevivían mendigando comida. No era raro que fueran viudas y vivieran solas. Según Federici, sus ‘crímenes’, no iban más allá de “la lucha de clases desarrollada al nivel de la aldea”: echar mal de ojo a la vecina, maldecir al que le negara limosna o demorarse en el pago de la renta.

¿Quién las llevó a juicio?

Aunque la Iglesia católica aportó munición metafísica e ideológica, Federici asegura que la caza “no fue sólo un producto de la Inquisición romana. En su apogeo, las cortes seculares llevaron a cabo la mayor parte de los juicios”. Tanto las naciones católicas como las protestantes se unieron jubilosas en la lucha contra las mujeres. “No es una exageración decir que la caza de brujas fue el primer terreno de unidad política de las nuevas Naciones-Estado europeas, el primer ejemplo de unificación europea después del cisma de la Reforma”, escribe la ensayista.

¿Cómo eran las acusaciones?

Fedirici califica las acusaciones de “grotescas e increíbles”. “La acusación de brujería cumplió una función similar a la que cumple la de terrorismo en nuestra época. Su vaguedad –el hecho de que fuera imposible probarla, mientras que al mismo tiempo evocaba el máximo horror– implicaba que pudiera ser utilizada para castigar cualquier tipo de protesta con el fin de generar sospecha incluso sobre los aspectos más corrientes de la vida cotidiana”, razona.

¿De qué las acusaban?

‘Caliban y la bruja’ revisa algunos de los documentos de la época de mayor esplendor de la caza de brujas. Por ejemplo, el pliego de acusaciones, colgadas de las paredes en la aldea de Tyburn (Londres), contra Margaret Harkett, una viuda inglesa de 65 años. “Había recogido una canasta de peras en el campo del vecino sin pedir permiso. Cuando le pidieron que las devolviera, las arrojó al piso con violencia. Más tarde, el sirviente de William Goodwin se negó a darle levadura, con lo cual su alambique para destilar cerveza se secó. Fue golpeada por un alguacil que la había visto robando madera del campo del señor; el alguacil enloqueció. Un vecino no le prestó un caballo; todos sus caballos murieron. Otro le pagó menos que lo que ella había pedido por un par de zapatos; luego murió. Un caballero le dijo a su sirviente que no le diera suero de mantequilla; después de lo cual no pudieron hacer ni manteca de queso”. Sí, parece literatura cómica, pero es terroríficamente real.

¿Por qué daban miedo las mujeres?

La histeria contra las mujeres se alimentó en base a todo tipo de leyendas urbanas y rurales. Se decía que una bruja podía castrar a los hombres o dejarlos impotentes. Algunas incluso tenían la capacidad de robar sus penes a los varones y esconderlos en nidos. Otra acusación que se repetía en los tribunales es que las brujas llevaban a cabo prácticas sexuales degeneradas; por ejemplo, copular con el Diablo.


Comentarios blog Público:

1. El objeto de estudio no es nada novedoso, la relación de la creación del sistema de estado, la creación de los discursos de la monstruosidad contra el poder popular representado por las mil caras de la hidra policéfala, para la legitimación del poder punitivo contra los representantes de la resistencia frente al terror capitalista. Muchas de las voces que se alzaron contra la expansión del nuevo sistema económico fueron voces femeninas, con gran influencia y poder discursivo, muchas de estas mujeres simbolizaban el poder popular, las conductas niveladoras, el antinomismo religioso, el matriarcado frente a la dominación patriarcal capitalista. El poder de estas mujeres representaba para el poder estatal y eclesiástico la fuerza y la resistencia del pueblo contra su posición privilegiada. De ahí que se elaborarán todas las teorías de la monstruosidad en las que el sistema punitivo se basaría después para eliminar mediante el terror del latigo o de las llamas el poder popular. De igual modo, que hoy día, los estados occidentales nos presentan como legitima la guerra contra el Terrorismo mediante la política del miedo. Muy recomendable para entender este fenómeno histórico la obra de Peter Linebaugh y Marcus Rediker en La hidra de la Revolución. Marineros, Esclavos y Campesinos en la historia oculta del Atlántico.


2. No estoy de acuerdo con el trabajo a tenor de lo que dice el artículo. Para empezar hay que diferenciar la Europa protestante de la católica. En esta última los enemigos de la inquisición fueron primero los judíos y después los musulmanes (y entre medias los protestantes, hubo muy pocos casos de brujería en la inquisición española. Kamen dixit). Según Cohen la gran caza de brujas se produjo en Alemania y Suiza, precisamente tierras protestantes y al parecer con una gran presencia de costumbres precrisitianas, algo intolerable para un movimiento religioso reformador y fanático por su iconoclastia y su lucha contra todo lo que no era puro. Es cierto el análisis de la trayectoria de precios y salarios, pero la agricultura de subsistencia sería mucho más persistente de lo que parece. De nuevo, en la Europa mediterránea vemos comportamientos anacrónicos en la burguesía haciendo acopio de tierras y derechos durante el siglo XVIII. En efecto, la diversidad es bastante mayor de lo que la autora pretende.

En cuanto a la historia de género, debemos esperar a las consecuencias del sistema capitalista aplicado desde el marco político, primero en Inglaterra y después al resto de la Europa webberiana, para ver ese arrinconamiento de la mujer a las funciones reproductivas. Las principales preceptoras de empleo en las nuevas fábricas textiles eran mujeres y niñas a diferencia del trabajo artesano y gremial de la misma Inglaterra para siglos anteriores.

El único sistema contraconceptivo del Antiguo Régimen era el retraso de la edad de casarse (ya que los hijos debían crecer en un lecho legítimo, los ilegales eran eliminados o dados en adopción). Es precisamente en la Inglaterra del siglo XVII cuando vemos un retraso evidente (P. Kredte)

Entonces ¿Qué tiene de cierto el estudio de esta autora? Pues que coincide en el tiempo con las transformaciones sociales y económicas de Europa previas al take off de algunas regiones de Europa. Por lo demás, hubo una ola de fanatismo que precipitó los acontecimientos. Un deterioro de las condiciones de subsistencia de los campesinos pobres les obligó a su proletarización a tiempo parcial, bien tejiendo en casa al servicio de los mercaderes o bien fabricando pociones y conjuros.

Fuente: http://www.publico.es/culturas/341987/capitalistas-contra-brujas

sábado, marzo 27, 2010

Las brujas...

Por Leonardo Gentile / Claridad
Las brujas malvadas y sedientas de poder que mostraba Disney reforzaron el arquetipo inquisidor del rostro femenino del mal. Más real y trágico, el ocultismo de personajes cómo José López Rega y Heinrich Himmler, líder de las SS nazis, consolidaron la figura del oscuro brujo racista. Hoy, en cambio, muchas “nuevas brujas” y sacerdotisas neopaganas militan en un ambientalismo activo, luchan por los derechos de género o defienden con fervor la libertad de pensamiento.

La figura de la bruja mala, demonizada, juzgada y casi exterminada durante la cacería en Europa que se prolongó sobre todo entre 1430 y 1630, empezó a cambiar hace dos siglos. Así, nuevas religiones como la wicca, ya reconocida legalmente en Estados Unidos, o el culto a la Diosa, abrevan en creencias ancestrales. Y sus cultores se presentan como herederos o continuadores de las víctimas de la represión renacentista.

“Los mitos más antiguos de creación se originan en energía femenina, hablan de un gran útero, de la Madre Tierra”, cuenta Sandra Román, una argentina que se inició en Glastonbury, Inglaterra, como “sacerdotisa de la Diosa”, según mitos célticos.

El camino que llevó a la figura de las brujas desde la hoguera al activismo actual fue complejo. El Antiguo Testamento ordena: “A la hechicera no dejarás que viva”, en Éxodo 22, 18. Con la difusión del cristianismo, la brujería se volvió la contracara de una religión erigida como única dueña de la verdad. En ella confluyeron prácticas prohibidas, aunque sólo fueran saberes tradicionales pasados de madres a hijas. Santo Tomás de Aquino postuló que ya no eran pecadoras incultas que repetían supersticiones paganas, sino “agentes activas del Diablo robando el Saber Divino”.



El antropólogo estadounidense Marvin Harris sostiene en su obra “Vacas, cerdos, brujas. Los enigmas de la cultura” que las revueltas mesiánicas que jaqueaban a Roma en la Baja Edad Media y luego la Peste Negra del siglo XIV vinieron como anillo al dedo del poder papal para activar la Inquisición que persiguió a las brujas europeas. Se trataba casi siempre de mujeres solteras, ancianas o viudas, campesinas, curanderas de aldea. Las supersticiones las acusaban de invocar los espíritus de la enfermedad y las tragedias en sus Sabaths.

En 1486, los frailes Jakob Sprenger y Heinrich Kramer editaron “El Martillo de las Brujas”, un manual para cazar brujas. La crisis de la Iglesia y la Reforma protestante harían el resto. Hasta el siglo XVIII, las brujas arderían en la hoguera.

El siglo XIX las relegó a un papel más bien folk. Aún eran las malas de los cuentos, pero ya se las veía como damas más grotescas que temibles. El romanticismo, en cambio, exacerbó su figura en el marco de recuperación de lo ancestral y lo pagano. Para Fabián Campagne, doctor en Historia de la UBA y autor de “Strix hispánica. Demonología cristiana y cultura folklórica en la España moderna” (Prometeo, 2009), desde hace casi dos siglos se viene discutiendo si hubo algún fenómeno real detrás de la caza de brujas, que los magistrados renacentistas pudieran haber confundido con una conspiración diabólica. “Algunos historiadores sostuvieron, con poca base documental, que la mayoría de aquellas brujas perseguidas eran curanderas rurales, y que la persecución fue hija del proceso de medicalización. Otros afirmaron que en la Europa del Renacimiento persistían áreas de débil cristianización, y que la represión buscaba aculturar forzosamente a la masa campesina. Y hubo una historiadora británica, Margaret Murray, que en la década de 1920 postuló que en la Europa del Renacimiento sobrevivía un antiguo culto a la fertilidad prehistórico, cuyos seguidores fueron confundidos con adoradores del Demonio por los jueces", agrega Campagne.

La wicca es una fe creada tras la Segunda Guerra Mundial por Gerald Gardner, un jubilado inglés, amigo del ocultista Aleister Crowley. Gardner decía que era una religión matriarcal transmitida desde la prehistoria por mujeres europeas. Campagne, en cambio, niega la filiación entre la caza de brujas temprano-moderna y las brujas neopaganas del presente. “Los movimientos del tipo wicca necesitaron inventarse una tradición para otorgar a su nuevo movimiento una densidad y profundidad temporal de la que en realidad carece”, afirma.

Fire Walkirja, una practicante de la wicca en la Argentina, acepta que Gardner inventó la religión basándose en libros de magia. Sin embargo, pide que al hablar de las brujas se quite “esa pátina peyorativa que les dio el cristianismo y aún está vigente”. Fire, quien usa ese apodo para no mezclar su actividad mágica con su trabajo como diseñadora gráfica, explica que la wicca, como culto neopagano, toma divinidades y rituales propios de tiempos precristianos, basados en la fertilidad de la tierra o deidades de la naturaleza. “Son creencias etiquetadas como brujería, pero que no tienen nada que ver con el culto diabólico; es decir, con el cristianismo”, advierte.

Fire sostiene que la magia es un medio de superación personal y se distingue de las “brujas mediáticas”, como las define. Dice que la wicca prohíbe hacer magia sobre otra persona sin su permiso, así como los “amarres de amor” que se ofrecen en los avisos clasificados. Fire también es muy crítica con varios libros fundacionales de su fe (“las religiones paganas no tienen Biblia, no tienen dogma”, aclara) así como de la religión asatrú, un culto autóctono islandés que también practica, en el que hubo grupos que derivaron hacia teorías racistas.

A principios de la década del ‘90, Fire viajó a California, en pos de saberes mágicos. Allí se había desprendido una rama de la wicca: la del culto a la Diosa o la brujería feminista. Una de las pioneras de esta creencia fue Miriam Simos, una escritora estadounidense apodada Starhawk que imprimió al movimiento un activismo altermundista, no violento y ecologista.

En la Argentina, la fallecida Ethel Morgan fue pionera del culto. Para las adoradoras de la Diosa, la religión judeocristiana sería sólo un rostro más del poder patriarcal. En lugar de este modelo religioso, proponen la “tealogía” (por la diosa griega Thea, hija de la Diosa Creadora) para recuperar el “arquetipo sagrado de la mujer”, no como costilla, sino como parte activa de la fe.
Myriam Wigutov, bruja feminista, instructora de yoga y teatrista integra el Circulo Visionario de Brujas y practica la espiritualidad de la Diosa, en base a muchos de los conceptos desarrollados por Morgan: “Soy una bruja – se reconoce- porque cultivo la relación con la energía femenina sagrada. Trabajo actualizando el arquetipo de la gran diosa que transmito a otras mujeres y tejiendo relaciones de hermanad y cooperación femeniles; esto, además de ser un hecho espiritual, también es un acto político. Proponemos ser sujetos de nuestra propia ciencia: indagar lo femenino desde la mirada femenina”.

Sandra Román, quien fundó un Templo de la Diosa en Capilla del Monte, Córdoba, y se moviliza para frenar explotaciones mineras a cielo abierto, advierte que el poder patriarcal tiene que ver con la pérdida de la energía espiritual femenina: “Una Margaret Thatcher es patriarcal, pero Mahatma Gandhi es la Diosa, claramente”, dice. Y agrega que “sacando la pirotecnia de Hollywood”, la cosmovisión del culto de la Diosa tiene analogías con los na’vi de la película “Avatar”: “Los hombres son protectores y las mujeres, chamanas. Tienen un enlace espiritual muy fuerte con todos los seres vivos y con la Diosa. No sólo defienden sus creencias, sino también un equilibrio ambiental”, explica.

Para las adoradoras de la Diosa, la sangre menstrual, demonizada en el cristianismo, tiene un rol sagrado. Wigutov, junto a otra bruja feminista e investigadora de la Diosa, Analía Bernardo imparte el taller “La sangre femenina” para ayudar a “recuperar el ciclo femenino como la identidad de género más genuina, un micro ecosistema conectado a la Pachamama del cielo, la tierra y las profundidades. La menstruación es la única sangre del planeta no cruenta”, grafica Wigutov.
El vínculo entre derechos de las mujeres y espiritualidad que entreteje la visión de Wigutov le abrió las puertas a ámbitos del feminismo académico. Su taller fue dictado en dos oportunidades en el Instituto Hannah Arendt, fundado y dirigido por la líder de la Coalición Cívica Elisa Carrió.

“Así como hay feministas que trabajan en la marcha, en el sindicato o en la universidad, estamos las feministas que trabajamos en la espiritualidad, en el mundo interno de las mujeres interesadas en disolver la adicción al patriarcado”, advierte Wigutov. Lo hace porque asegura que muchas militantes de género no aceptan que haya brujas luchando por sus derechos como mujeres. Pero que las hay, las hay

jueves, noviembre 12, 2009

Persecución y ejecución de mujeres...

Por: Sara Lovera
La doctora Norma Blázquez Graf en su texto El Retorno de las Brujas, documenta con los datos mas confiables de la literatura difundida en los últimos 50 años, que entre el siglo XIII y el XIV al menos 110 mil mujeres fueron expulsadas, perseguidas y torturadas, 60 mil de ellas ejecutadas, todas acusadas de "brujería".

El libro, que explica la historia femenina de la creación de conocimiento, sostiene que esa estrategia de exterminio tenía que ver con que las víctimas habían transgredido el poder de la época, negarse al control de su cuerpo y de su pensamiento, por haber actuado y crecido.

Acalladas por su capacidad y sus propuestas de transformar el mundo mujeres, "brujas" o locas, pero finalmente presas de conciencia son ejemplo de que no admitir el sometimiento en todos los planos nos hace vulnerables. Un relato se diría del pasado remoto, instalado por la horrenda historia inquisitoria y funesta.

Ello viene a cuento en esta hora por el listado creciente de denuncias cotidianas que circulan en las redes ciberespaciales y de comunicación que llegan a mi computadora todos los días: persiguen y amenazan a periodistas mujeres por los temas que tratan, otrora no considerados peligrosos para el poder: la trata, el aborto, la corrupción de funcionarios públicos, la denuncia de pederastia y violaciones, por pronunciarse a favor de la libertad sexual de las mujeres.


Asuntos todos que me conectan con ese pasado y me remiten al famoso texto El Martillo de las Brujas o la guía práctica de los verdugos que debían identificar y someter a sus víctimas.

Pienso que es ahí donde se han inspirado los políticos, caciques, emperadores modernos para mantener en la cárcel a Sara López Gómez por oponerse en Campeche a las intolerables tarifas eléctricas; para atemorizar la libre expresión de Gabriela Gallegos, directora de la revista electrónica Contra Línea de Durango, cuya casa fue asaltada hace unos días por oscurantistas que se llevaron sus materiales de trabajo y sus archivos.

También me remito a la estudiante de la UNAM, Lucía Moret, amenazada por el presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Y recuerdo el largo peregrinaje de la periodista Lydia Cacho y las amenazas y represiones contra Sanjuana Martínez por haber denunciado la pederastia.

Lo grave es que no se trata únicamente de la política conservadora del desgobierno calderonista que ha encarcelado a más de 30 mujeres en Guanajuato por haberse practicado un aborto.

Hoy, escenificamos una política global contra la acción y las palabras de las mujeres defensoras de los derechos humanos y el ejercicio periodístico, denuncias que se acumulan en las oficinas domésticas de Derechos Humanos o internacionales, ante un silencio que va dañando cada día nuestra humanidad.

Déjenme tomar las palabras de una periodista cono sureña que me escribió desde Argentina:

"Me solidarizo con todas las colegas que vienen sufriendo agresiones de toda índole, tan sólo por atrevernos a denunciar hechos irregulares y corrupción que con desparpajo incurren los que tienen el poder... Soy periodista y me declaro vehemente cuando se trata de "destapar" la corrupción que está frente a mis narices; por ello he sido golpeada físicamente y vivo bajo el acecho permanente de quienes desearían mi desaparición.

"En enero del 2007, dos fornidos funcionarios del municipio de Chosica, distrito al Este de Lima, Perú, trataron de silenciarme, golpeándome en la cabeza y abdomen por que me había atrevido a denunciar la vida licenciosa del alcalde Luis Bueno Quino, acusado penalmente de ser pedófilo y de transmitir el VIH bajo chantaje sexual a sus trabajadores de seguridad ciudadana.

"Hice la denuncia policial respectiva pero como era de esperarse al final yo pasé de ser agredida a agresora, es decir, yo fui quien los golpeó y maltraté. Mi programa de radio fue cancelado, ordenaron a nivel judicial mi captura y se vino la avalancha de denuncias en mi contra.

Y reflexiona: "siguen muriendo más infectados de VIH, siguen aumentando sus incondicionales proveedores de niños (trabajadores del municipio); siguen desapareciendo "circunstancialmente" sus opositores como la periodista Consuelo Ruiz, asesinada en el 2004".

También ilustra lo que hace unos días sucedió a una funcionaria de la municipalidad de Santa Rosa, en la Pampa, Argentina, Mónica Molina, subdirectora de Políticas de Género.

Denuncia que una llamada anónima, con voz masculina advirtió a Molina: "le vamos a cortar el cogote y la vamos a colgar en el mástil para que flamee junto con la bandera frente al municipio...".

En posteriores declaraciones a los medios de prensa, Mónica denunció que es muy probable que las amenazas tengan que ver con el allanamiento de Le Coq Doré, un cabaret de Santa Rosa, clausurado por un procedimiento conjunto entre el Municipio y Gendarmería Nacional, donde se encontró a una menor a quien se explotaba sexualmente.

Mónica impulsó sanciones que eliminó las whiskerías, cabarets y night clubs de las habilitaciones municipales y denunció una red de tratantes de mujeres y niñas con objeto de explotación sexual, que terminó con más de una docena de presuntos proxenetas procesados y el cierre de numerosos prostíbulos encubiertos.

Agrego sólo unas líneas de la emblemática periodista nicaragüense Sofía Montenegro, quien nos informa que la Comisión Permanente de Derechos Humanos de aquel país denunció a Daniel Ortega de crear bandas para agredir a dirigentes de la sociedad civil, donde, recuerda Sofía, "mi nombre está en esa lista destinada a aterrorizar a un grupo de mujeres que somos voceras de organizaciones ciudadanas, tales como Doña Vilma Núñez de Escocia (un verdadero monumento nacional); Luisa Molina, de la Coordinadora Civil; Violeta Granera, del Movimiento por Nicaragua; Juanita Jiménez y Azahálea Solís, del Movimiento Autónomo de Mujeres".

Subraya el caso de Leonor Martínez, del Movimiento Juvenil, emboscada y vapuleada casi enfrente de su casa en días recientes por denunciar el asalto a la Constitución que prohíbe toda forma de interrupción del embarazo, así como la insólita situación de la periodista independiente María Mercedes Urbina sometida a abusos por el poder judicial, por investigar irregularidades del gobierno local en la comunidad de Nagarote.

Una denuncia adicional que envió una prominente feminista argentina, agrega otras fechorías de Ortega, como el caso de la nicaragüense Patricia Orozco, feminista, histórica defensora de los derechos humanos, periodista e integrante del Movimiento Autónomo de Mujeres, la cual fue golpeada y detenida ilegalmente por agentes policiales de la delegación departamental de León. Su trasgresión era haber realizado un taller de derechos de las mujeres.

Sobre esta situación, que ya ha llevado a numerosas feministas a pedir medidas cautelares ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, se han manifestado organizaciones civiles de todo el mundo, así como instancias internacionales de derechos humanos.

En Campeche, a Sara López González, junto con dos personas más le construyeron una acusación de "'privación ilegal de la libertad" y "secuestro" al ingeniero Leovigildo Domínguez López, cuando en realidad dialogaron con él y exigieron a la Comisión Federal de Electricidad suspender los cortes e interrupciones de suministro eléctrico que estaba aplicando a decenas de casas de la comunidad de Candelaria, en septiembre de 2008.

Hoy, Sara está en la cárcel de Kobén en Campeche, desde julio y Amnistía Internacional podría declararla junto a sus compañeros presa de conciencia al conocer que pertenece a una organización civil opositora al desmesurado aumento de tarifas eléctricas.

El caso de la periodista Gabriela Gallegos, advertida y perseguida sin causa visible, sólo por contar algunas realidades duranguenses, por decir, algunas cosas del manejo financiero de gobiernos y empresas, está ya en la mira.

El asalto es claramente una amenaza, porque no se llevaron sino los instrumentos de trabajo, computadoras, grabadoras, máquinas que diseñan su revista, archivos y su último pecado es haber aceptado ser la vicepresidenta de la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras.

Lo cierto es que ha reaparecido en América Latina el Martillo de las Brujas para hacernos entrar en razón. Las mujeres no podemos revelarnos ni pensar o actuar contra la injusticia del uso y abuso de nuestros cuerpos; menos atentar describiendo o actuando como funcionarias, sobre lo que hacen los empoderados y caciques. Algo muy grave está conspirando contra los derechos de las ciudadanas y de las periodistas que decidieron dejar atrás su historia de dominación y su papel de espectadoras en un mundo que se quiere sólo reafirmar como autoritario y hostil a las otras y a los otros.

Noviembre se conoce como el mes de promoción de la tarea para eliminar la violencia contra las mujeres. La última semana en Colombia, con el amparo del gobierno y las instituciones de ese país, un nutrido grupo de periodistas discutirá cómo hacer un periodismo no sexista.

La Red Internacional de Periodistas con Visión de Género tiene la gran oportunidad de abordar y resolver sobre la urgencia de promover en el mundo la justicia para las mujeres, sin tanta parafernalia de la tecnocracia de género. En el seno de un gobierno represor, que convendría no avalar con el silencio y la autocomplacencia.



Comentarios: saralovera@yahoo.com.mx

lunes, abril 06, 2009

República Dominicana: reivindicación de las brujas, primeras feministas

Por: Mirta Rodríguez Calderón
Si luchar por los propios derechos aun hasta la muerte, es ser feministas; si aliviar y acompañar el dolor de otras mujeres es ser feministas, si enfrentar la opresión y negarse a la sumisión frente a lo que hoy llamamos patriarcado es ser feministas, ellas fueron las primeras. Un abordaje de esos tiempos, para iluminar el presente del feminismo.

Si constituirse en reservorios de la cultura, de los secretos de la sanación y las sabidurías ancestrales ha conformado el cuerpo teórico del feminismo, ellas fueron las primeras académicas.


Si los saberes que hoy reivindicamos como intuición, sexto sentido, corazonada o don de brujas son parte de la savia que alimenta nuestra vocación feminista, ellas, las que se enfrentaron, las que resistieron, las que sobrevivieron a las llamas con su ejemplo de estoicismo y de sapiencias, fueron las mejores.

Si la noción de sororidad —ese otro tipo de solidaridad— tuvo un origen en la hermandad y la identificación entre mujeres; ellas, las incineradas, fueron las primeras sororarias.

Un nuevo Encuentro Continental de Feministas de América Latina y el Caribe acaba de hacer nidos y multiplicar esperanzas en ese México que vio la Inquisición y a los primeros invasores de nuestras tierras, a los patriarcas de barbas y de caballos.

Los desmanes y atropellos llegados desde la España del medioevo trajeron fuegos de muerte, violaciones y todo tipo de engaños a la población originaria, cuyas mujeres se vieron forzadas a reproducir la economía y los genes de los recién llegados.

Los sufrimientos de entonces, muchos de ellos narrados por las mujeres, dieron esencia a ese maravilloso libro que Miguel León Portilla llamó Visión de los Vencidos: ''La tierra se acedó, se acedó la comida...'', conmovedora expresión de tristeza de las que, sin poder comprender, supieron que la época que se iniciaba casi seguro sería peor, especialmente para ellas.

Una semejante realidad patriarcal

En el último año han muerto en el mundo más de medio millón de mujeres por parto o problemas con el embarazo. De ellas, tres por ciento fueron latinoamericanas o caribeñas. República Dominicana aportó 160 por cada 100.000 nacidos vivos, según el último Estado Mundial de la Infancia 2009, de Naciones Unidas.

TodavÍa el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y a interrumpir los embarazos no deseados es objeto de fuerte controversia con las iglesias, el segmento más retardatario de este país, aun con esa realidad terrible de estar Dominicana en el cuarto lugar de mayor mortalidad materna, sólo superado por Haití, Bolivia y Perú.

La situación tiene bastante parentesco con las cifras de quemadas por la Inquisición, acusadas de brujas o sanadoras. Un artículo de la colombiana Rosalba Moreno calcula en nueve millones de personas las incineradas.

Se sabe hoy que 80 por ciento fueron mujeres, cálculo corroborado por la española María Fuentes en su libro Mujeres y salud desde el sur. ''La gran mayoría eran sanadoras, curanderas y comadronas, que eran acusadas de poseer sexualidad —porque la ejercían, presume la autora—, de estar organizadas y de poseer conocimientos médicos y ginecológicos'', escribe Moreno.

''Mientras que, a finales del siglo XVI, una partera —Agnes Simpson— es quemada en la hoguera por intentar disminuir el dolor del parto entre las mujeres, por ese mismo hecho, dos siglos más tarde, se le da el rango de Lord al médico que asistió a la reina Victoria de Inglaterra en su parto'', agrega.

Las brujas no se quejan

Si las culpas de hoy son las de parir o no querer parir, las de ayer tenían que ver con los abusos de poder que nos alcanzan, fieramente, en nuestros días.

Sólo en República Dominicana, un pequeño país caribeño de ocho y medio millones de habitantes, en lo que va de año han sido asesinadas 37 mujeres, ultimadas porque no quisieron volver ni soportar, no se plegaron. Léase porque, sabiéndolo o sin saberlo, eran feministas.

En su libro Las brujas no se quejan, la psicoanalista Jean Shinoda Bolen, (famosísima después de escribir Las Diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre), proyecta su pensamiento sobre tales relaciones de poder con la poca autoestima femenina: ''La desigualdad que se ha formado al amparo de la cultura fomenta la poca autoestima. Con el feminismo, las mujeres fueron conscientes de que eso constituye un principio fundamental del patriarcado. La desigualdad lleva al abuso de poder por parte de los que ostentan la autoridad, y eso los daña anímicamente, asÍ como hiere a quienes ellos mismos oprimen.''

La cara humana de las brujas

Berenice Pacheco Salazar es una investigadora y poeta dominicana. En el Último encuentro académico del Centro de Estudios de Género de la Universidad Tecnológica, presentó una ponencia imaginativa y creadora.

Sin descuidar los requerimientos científicos, Pacheco estructuró ''Reflexiones sobre poder y conocimiento: dialogando con las brujas''. Ellas, las sanadoras, se llaman Marta, Mercedes y Altagracia. Una es campesina pobre y vive en San Cristóbal, provincia limítrofe con la capital; otra es de clase media y la tercera proviene de un barrio semimarginal en el mismo Santo Domingo.

La estudiosa repasó la historia para subrayar que, aún en el presente, ''el término brujas posee un estigma cultural negativo y despectivo que las etiqueta como seres malignos y perversos. Sin embargo, ¿por qué una cultura que convive con lo mágico religioso no aprueba públicamente a las brujas?'' comentó a SEMlac.

En República Dominicana, como en todo el Caribe hispano, los restos de las que fueron creencias autóctonas aparecen fusionados con las de origen africano y con el culto a los muertos o espiritismo, mientras que en el área francesa, esencialmente Haití, imperan el vudú y sus prácticas de devociones y sacrificios.

Convocada a echar una mirada feminista sobre las teorías tradicionales del conocimiento, Berenice sostiene que este ha excluido a las mujeres y ha sido androcéntrico en la medida en que se ha adscrito a la razón masculina, y por demás blanca y adulta, como atributo máximo para dar coherencia e interpretación al mundo.

''Se hace evidente que las brujas del medioevo fueron quemadas por transgredir normativas del patriarcado capitalista'', dice rotunda. Citando a María Mies, señala que fue ''el feminicidio institucionalizado más grande de la historia. Y por qué las quemaron: por ejercer una sexualidad sin fines reproductivos, transmitir sus conocimientos, organizarse y sanar fuera de la iglesia y de la fe religiosa''.

En sus exploraciones preliminares, la joven catedrática del Centro de Estudios de Género determinó que es muy alta la cifra de personas que, en el presente, acuden a las brujas. ''Alguna gente lo dice con reparos: 'no es que yo crea, pero...' Lo cierto es que, por curiosidad o por fe, tanto hombres como mujeres acuden a estas sabias del presente''.

Altagracia, Marta y Mercedes le contaron a Pacheco que ''las mujeres vienen por su salud y para conseguir maridos y amarrar maridos. Los hombres vienen mucho si no tienen erección. Los hombres vienen mucho por esos asuntos''.

Aparte de las cualidades de adivinadoras o pitonisas, su conocimiento es reconocido. La feminista elogia los saberes de las plantas que tiene, por ejemplo, Marta, la campesina: ''ella me dijo que las plantas le hablan a todo el mundo, que no lo hacen con nuestra voz y que no todo el mundo sabe oírlas, pero que, cuando ella las va buscando, las mismas plantas le dicen cuál es la que necesita para el remedio que prepara''.

''Ser bruja es un poder'', le dijo Mercedes a la investigadora. Marta evidenció que también lo comprende así: ''Un don y un poder para aportar y servir a la mejoría'', le dijo.

Beber de nuevas fuentes

Berenice Pacheco se siente lista para reclamar a sus iguales ''un quehacer académico que le dé importancia a las experiencias cotidianas de las mujeres y camine junto a ellas comprendiendo que pensamiento y práctica feministas no se construyen como mera abstracción teórica de la academia''.

''Tenemos que beber de nuevas fuentes. La academia debe escuchar, cuestionarse, reinventarse, comprometerse para caminar hacia la igualdad'', proclama enfática.

''Hoy día, en 2009, hablando de las brujas, mi principal aprendizaje es esa discusión epistemológica de cuál es el conocimiento al que, como feministas, nosotras le atribuimos mayor importancia, cuál es el que consideramos como válido. Tenemos —creo yo— que producir la discusión de cómo las académicas no son las únicas constructoras de conocimiento válido, porque el conocimiento que esas mujeres han construido en sus comunidades es poder. El tema del poder y el del conocimiento son, o deben ser, los dos grandes debates en el feminismo de hoy'', resumió.

En sus conversaciones con SEMlac, Berenice Pacheco enfocó también los asuntos vinculados al valor de la intuición, cualesquiera que sean los nombres que ésta adopte.

Eso parecería estar anticipando la existencia de una masa crítica que ha ido adquiriendo proporciones con los numerosos grupos de mujeres que, en varios países, están volviendo a los grupos de discusión y de autoconciencia impulsados por las feministas de los años sesenta, pero ahora inspirados en Mujeres que corren con los lobos, de la también psicoanalista de la escuela de Carl Jung, Clarissa Pinkola Estés, quien afirma: ''Tenemos que poder contemplar nuestras acciones pasadas con honor. Tenemos que buscar la utilidad de nuestro enojo''.