martes, septiembre 11, 2012

La violencia psicológica y patrimonial de género

Por: Virginia King
Lo que antes parecía parte de la cotidianidad, común y hasta normal, hoy en día no lo es. La violencia doméstica es una práctica perversa que se ha constituido en un flagelo para nuestra sociedad, machista por naturaleza y reconocida y aceptada como parte del orden establecido. De esa forma, la mujer se encuentra en una situación de indefensión encubierta por la intimidad y privacidad de la vida familiar. Veía en estos días en Youtube este video, un manual de la esposa perfecta de la década del 50. Que aberrante, anacrónico, vejatorio, por no decir más. El manual instruía, o al menos trataba de hacerlo, a la mujer para que alcanzara el máximo esplendor de aprobación de su pareja y con esto “lograra un matrimonio perfecto”. Ojo, este manual fue usado en España en la época de Franco “para la formación femenina, centrada en la instrucción de las jóvenes para ser buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas”. Pero se olvidaron que nosotros aquí, como en otros países latinoamericanos, somos abanderados de esa práctica malévola y ruin que es el machismo., que se ve reflejado muy continuamente en la cotidianidad familiar de nuestros hogares venezolanos.

Basta con ver las cifras aún alarmantes emitidas por el Ministerio Público. que recibió 65.454 denuncias de violencia de género entre enero y agosto de 2010, según lo señalado por esa institución. Y digo aún, porque, pese a contar con una Ley Orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, las cifras persisten en su existencia.

Pensemos que somos producto de la formación castrante, sumisa y hasta irracional legada por nuestros padres en consonancia al momento histórico que vivían, producto de un modelo de mujer cercenada en sus más elementales derechos: el de ser ella misma con sus sueños, expectativas, crecimiento personal, en fin con su propia realización como ser humano. Nada más hay que recordar el artificio, sobre todos en nuestros pueblos, de los matrimonios o uniones por conveniencia, sin importar inconformidad de la novia y lo que esto le pudiese acarrear en su futuro. O hagamos otro ejercicio de memoria, cuando nuestras abuelas y madres eran objeto de las más cruentas infidelidades, muchas ellas del dominio público, la gran mayoría con hijos fuera de la relación formal de la pareja constituida. Estaba tan legitimado este perverso status de las amantes de turno que las mujeres formales, por circunstancias múltiple, hasta terminaban criando los mal llamados hijos habidos en relaciones con otras mujeres. ¡¡Qué horror, que afrenta para nuestro género!!!

En nuestros días ya no vemos tanto esa condición humillante para la mujer. Con el correr del tiempo y los cambios que en algunas materias hemos adquirido, las acciones de la violencia doméstica ha tomado una nueva cara, enmascarada entre comillas, pero tan dañina o más que las ancestrales. En la actualidad hablamos de violencia psicológica y patrimonial, que ya existía, pero no le poníamos nombre. El uso de la violencia psicológica y patrimonial de género constituyen las formas predominantes, generalizadas y efectivas que facilitan el ejercicio del poder.



VIOLENCIA PSICOLÓGICA:

• Acciones: aquellas capaces de atentar contra la estabilidad emocional y psíquica de la víctima.
• Medios: tratos humillantes y vejatorios, ofensas, aislamiento, vigilancia permanente, comparaciones destructivas o amenazas genéricas constantes.
• Propósito: afectación de la estabilidad emocional y psíquica de la víctima.


VIOLENCIA PATRIMONIAL Y ECONÓMICA:
• Actos o acciones: aquellas que se dirigen a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de la perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes, pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales.
• Medios: sustraer, deteriorar, destruir, distraer, retener, ordenar.
• Propósito: ocasionar un daño a los bienes muebles o inmuebles en menoscabo del patrimonio de las mujeres víctimas de violencia o a los bienes de la comunidad conyugal, control de sus ingresos, privación de medios indispensables para vivir.

En el día a día somos, muchas veces sin darnos cuenta, víctimas de este tipo de violencia. Nos sentimos emocionalmente afectadas por acciones de nuestras parejas que validamos con nuestro silencio, para evitar confrontación con este o esta, o por sencillamente “mantener la relación”. Cuando tu pareja te repudia por no querer tener relaciones sexuales con él por circunstancias de fatiga, de salud, de complejidad en tus labores domésticas; cuando te dice frases como “si no tengo sexo en la casa, lo buscaré en la calle”, “si supieras cuántas mujeres quisieran estar conmigo”; cuando tu pareja te descalifica si las labores domésticas realizadas (fatigantes, además) no están bien hechas; cuando te dice que no sirves para nada o te somete a restricciones económicas; cuando te descalifica intelectualmente porque “ tú no estás a su altura intelectual”… En fin, cuando tu más elemental condición humana y de género se ven afectadas, amiga, estás ante la presencia de violencia de género psicológica y patrimonial.

No se puede ver como normal en lo más elemental del análisis la afectación de tu yo interno, de tu ser, de tu alma. Debemos, por nuestro bien y el de nuestros hijos, querernos más a nosotras mismas, en el entendido de que la equidad de género es un logro de nuestras luchas, que hijos producto de madres frustradas, serán potenciales afectados emocionalmente en su vida futura. Hay diversos organismos hoy en día para pedir ayuda psicológica y legal. Se ha conformado un tejido socio jurídico para abordar esta problemática. Basta con meterse en internet y conseguir una lista de instituciones y ONG creadas para este fin. No podemos permitir bajo ninguna premisa que persona alguna lesione nuestra autoestima, nuestro yo interno. La mujer hoy en día es, además de esposa, madre, gerente de su hogar, trabajadora e, incluso, tan proveedora como el hombre en cuanto a ingresos familiares. Tenemos mayores responsabilidades y protagonismo que antes. Entonces, ¿por qué permitimos que nos vejen, nos humillen, nos maltraten? Somos la génesis del ser humano, la fuerza del amor en pareja, de nuestros hijos, la perseverancia, la responsabilidad, la dedicación. No en vano La Revolución, tiene nombre de mujer.

Revolucionemos nuestra conciencia, nuestro amor propio, nuestros derechos, somos y seremos el sostén de la sociedad, de las luchas de emancipación en el mundo.
Somos energía y fuerza de las civilizaciones de ayer, de hoy y de siempre.

Somos mujer……………...

Virginia King
C.I. 6.363.708
virginiakingmartinez@gmail.com

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