martes, septiembre 04, 2012

El amor de pareja como forma de opresión y violencia contra las mujeres (parte 3)

Por Raquel Ramírez Salgado / Mujeres.net
Feminista y maestrante en Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM
El amor, sin duda, es un estado emocional por el cual la mayoría ha pasado, sin embargo, ¿por qué no puede existir una relación de pareja sin dejar de lado estereotipos que la sociedad ha designado a la mujer? La autora describe y reflexiona sobre la opresión de las mujeres al momento de formalizar o no con alguien.

Parte 3. La crítica del feminismo de la tercera ola al amor patriarcal: ¿Por qué el amor es aún una experiencia insatisfactoria y frustrante para las mujeres?

Tras la publicación de El segundo sexo de Simone de Beauvoir, el movimiento feminista repensó los cuestionamientos al sistema patriarcal e, innegablemente, se produjo una gran organización política y se construyeron y visibilizaron los derechos humanos de las mujeres.

El derecho de las mujeres al voto, al trabajo, a la educación, a la salud se colocaron como garantías fundamentales del ejercicio de la ciudadanía, pero existe otro derecho humano de las mujeres que es básico, que se conecta con los anteriores y que es violado constantemente, muchas veces sin que lo sepamos: nuestro derecho humano a una vida libre de violencia.

El feminismo de la tercera ola, éste que se ubica en la segunda mitad del siglo XX, colocó a la violencia contra las mujeres en la agenda internacional como un tema vital para el desarrollo humano. Justamente, este ejercicio feminista de nombrar, visibilizar y caracterizar a la violencia contra las mujeres exigió una reflexión profunda para identificar en qué espacios se reproducía ésta; la crítica feminista de la tercera ola llegaba a la conclusión de que en la dinámica de las relaciones de pareja estaba presente la violencia contra las mujeres.

Shulamit Firestone, en su obra clásica Dialéctica sexual , afirma que la principal opresión para las mujeres ha sido el amor, ya que mientras los hombres construían la cultura, las mujeres estábamos ocupadas amando; desde luego que Shulamit Firestone no se refiere a esto como un acto premeditado de las mujeres, sino que se refiere a toda una construcción social del ideal amoroso, que coloca a la mitad de la humanidad en condiciones de opresión y sufrimiento.

El 21 de mayo de 1984 el periódico español El País publicó una entrevista con Kate Millet [1], importantísima feminista estadounidense que se consagró como un referente obligado de la teoría feminista con su obra Política sexual; en esta entrevista Kate Millet afirmó que "el amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas", y no es que "el amor sea en sí malo", sino que se ha empleado para "engatusar a las mujeres y hacernos dependientes en todos los sentidos".

Y aunque Simone de Beauvoir ofreció una explicación filosófica monumental sobre la opresión de las mujeres, nuestras ancestras feministas de la tercera ola debían buscar respuestas en concordancia al contexto social que vivían.

Alguna vez, durante un encuentro de mujeres en Nicaragua, Marcela Lagarde decía a las asistentes que imaginaran la película de su vida y pensaran en la forma en que aún se sentían atrapadas por las obligaciones e imposiciones patriarcales, y al mismo tiempo, en la que se sintieran emancipadas, con ciertas libertades y recursos (Lagarde, 2000: 50). Las mujeres presentes coincidieron que, en definitiva, el amor era una experiencia lastimosa, ya que conjuntaba las contradicciones que vivimos las mujeres contemporáneas, es decir, que somos ciudadanas (con muchas o pocas garantías y derechos), pero sentimos la frustración y el dolor en una experiencia que define nuestra identidad de género.

Esta situación llena de contradicciones, la de las contemporáneas, se llama sincretismo de género; Marcela Lagarde lo caracteriza así:

"Las mujeres del mundo actual experimentamos la contradicción entre tener vidas marcadas por hitos obligatorios y al mismo tiempo, por acciones transgresoras. Esta contradicción es el resultado de la configuración de género en un tiempo de tan agudas transiciones, habiendo, por un lado, una carga de tradicionalidad y por el otro, de modernidad" (Lagarde, 2001: 16).

Y cómo no si, por un lado, la ideología patriarcal impone a las mujeres nuevas exigencias, aunadas a las ya establecidas, por ejemplo, cuando en los medios de comunicación masiva se exalta la figura de las superwomen o de las todólogas , mujeres bellas, felices, ilustradas, liberadas sexualmente, pero que deben aspirar a lo más tradicional, como la conyugalidad y la maternidad. Y aquí retomo a Kate Millet, no se trata de afirmar que ser esposa o madre de alguien sea en sí malo, sino que desde la crítica feminista se ha visibilizado cómo estas construcciones sociales son utilizadas para alimentar a la opresión de las mujeres.

En el amor pasa lo mismo, la dinámica de pareja está llena de contradicciones lastimosas para las mujeres, donde las dudas son muchas y no tenemos certeza de cómo conducirnos: ¿Debo aspirar a casarme? ¿Dónde está el hombre de mi vida? ¿Cómo lo encuentro? ¿El amor es para mí? ¿Por qué tengo tan mala suerte en el amor? ¿Es bueno tener sexo con alguien en la primera cita? ¿Los hombres prefieren a una mujer que no tome la iniciativa y que se dé a desear ? Si él no me llama, ¿debo llamarlo? ¡Tengo miedo a estar sola! ¡Para amar a alguien debo empezar por amarme a mí misma!

Podría llenar hojas enteras con más dudas y temores insertados en la subjetividad de las mujeres, pero lo que en realidad debo resaltar es que estas ideas devienen de un proceso histórico, económico, político y social muy complejo, y no se trata de que por naturaleza las mujeres seamos amorosas y tiernas. Ahí está una clave feminista vital para ubicarnos como sujetas que viven situaciones concretas: el amor es histórico y no ha sido vivido de la misma forma a lo largo del tiempo.

Debemos recordar que la opresión de las mujeres a través del amor puede presentar expresiones de violencia física y no física, como la psicológica, la económica o la patrimonial, pero también puede presentar las expresiones más crueles y extremas contra las mujeres, como lo son la violencia sexual y la violencia feminicida; a través de la investigación feminista se ha evidenciado que en buena medida, los asesinos de mujeres son sus parejas, ex parejas o algún hombre que haya estado vinculado afectivamente con la víctima. La violencia feminicida está latente para todas, por ser mujeres, sin importar que seamos ricas o pobres, ilustradas o no.

¿Por qué la ideología patriarcal fomenta la contradicción? ¿Cuál es el objetivo tácito? Conservar el miedo femenino a la soledad y que de esta forma tengamos aún la necesidad de validar nuestra existencia a través de la experiencia amorosa con los hombres, algo así como que nosotras sigamos amando y ellos gobernando, aunque tengamos posgrados, una vida profesional exitosa u ocupemos posiciones de poder.

El amor debe ser, dicen las grandes filósofas feministas Celia Amorós y Graciela Hierro, el gran proyecto de la humanidad, porque exige el desmontaje de jerarquías de género que oprimen a la mitad de la humanidad bajo argumentos sociales naturalizados. Es por eso que la sabiduría de nuestras ancestras feministas nos ofrece aun más respuestas.

Las claves feministas propuestas por Marcela Lagarde.

La doctora Lagarde propone un nuevo pacto amoroso, con las mujeres como sujetas históricas y políticas. Para empezar, hablar del amor significa hablar de la soledad, porque el amor, como vínculo, sólo es posible entre seres que se asumen en soledad. Las mujeres debemos deconstruir nuestra soledad y entender que estar solas no pone en riesgo nuestra sobrevivencia, al contrario, nos ayuda a reconocer que somos seres autosuficientes y así no generaremos dependencias (Lagarde, 2001: 39).

La soledad es indispensable para el fortalecimiento personal, para desarrollar nuestra individualidad, para saber quiénes somos, qué queremos, qué deseamos, qué necesitamos, qué podemos. Experimentar la soledad nos ayuda a vivir la mismisidad, esa experiencia donde nadie interfiere con nuestra subjetividad, en el cual podremos encontrarnos, reconocernos por nosotras mismas (Lagarde, 2001: 40).

Tras vivir en la mismisidad, las mujeres podremos reconocernos como seres individuales, y tendremos la capacidad de crear vínculos, no dependencias: no es lo mismo hacer vínculos y elegir cómo serán esos vínculos que convertirse en el apéndice de otra persona y vivir subsumidas en otra persona (Lagarde, 2001: 41).

Que las mujeres vivamos en la mismisidad exige un nuevo paradigma amoroso, en el que cada una viva el amor desde el yo-misma, como autoafirmación de la identidad, para vivir con los otros, no para los otros (Lagarde, 1999: 248).

Este es un esquema que Marcela Lagarde presenta como confrontador de los ejes amorosos femeninos:



Deber ser


Existencia



Ser para los otros.


Ser yo misma.

Ser para mí.

Para vivir con los otros.



El amor como cuidado.


Cuidar de mí y cuidar de los otros en la reciprocidad.



Yo como ofrenda.


Intercambio entre mortales.

Sacralización de los hombres.


Humanización de los hombres.

Reconocimiento de su identidad.

Eliminación de la servidumbre voluntaria, del sacrificio y la ofrenda.



Deseo por el otro para que constate mi existir.


Deseo por el otro-la otra por su diversidad.



Cuerpo-objeto-para los otros.


Cuerpo-eros-para mí.



Escisión de eros y amor.


El eros y el amor pueden confluir.



Viejas y nuevas formas del amor femenino:

Heteroerotismo.


Polierotismo.

Fidelidad.


Sólo en reciprocidad.

Confesión.


Nueva ética: intimidad y secreto.

Monogamia.


Sólo como pacto temporal. Poligamia.

Amor: esencia vital.


Amor: parte del quehacer vital.

Lo que engloba este esquema es que las mujeres debemos tener la calidad de pactantes y construir un nuevo paradigma amoroso, en el cual seamos humanas y ciudadanas, para construir vínculos que nos fortalezcan y no que nos mantengan en la opresión.

Pero como las mujeres no somos idénticas y vivimos situaciones de vida diferentes, debemos hacernos una pregunta crucial: ¿Qué puedo? ¿Con qué recursos cuento para construir un nuevo pacto amoroso? ¿Vivo en violencia? ¿Qué herramientas he construido hasta ahora?

Dice mi maestra de la vida, Marcela Lagarde, que el camino no es idéntico para todas, a veces se alarga o se retrasa, otras ocasiones encontramos atajos, pero lo que sí es seguro es que nos toca seguir, seguir caminando para encontrar a otras y a otros que quieran unirse y, sobre todo, encontrarnos a nosotras mismas.

Epílogo

Me permito hacer una lista de recomendaciones de la obra de la doctora Marcela Lagarde para profundizar en nuestra reflexión de la experiencia amorosa de las mujeres contemporáneas.

Nota:

[1] Disponible en: http://elpais.com/diario/1984/05/21/sociedad/453938405_850215.html

Bibliografía

Lagarde, Marcela (1998): Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres. Managua, Puntos de encuentro. Disponible en: http://sidoc.puntos.org.ni/publicacionesptos/documentos/claves-feministas.para-el-poderio-y-autonomia.pdf

Lagarde, Marcela (1999): Cultura y usos amorosos de las mujeres, en Cuidado con el corazón. Los usos amorosos en el México moderno. México, INAH.

Lagarde, Marcela (2000). Claves feministas para la autoestima de las mujeres. Madrid, Horas y Horas, Colección Cuadernos Inacabados.

Lagarde, Marcela (2001): Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. Madrid, Horas y Horas.

Lagarde, Marcela (2001): Claves feministas para la negociación en el amor. Managua, Puntos de Encuentro. Disponible en: http://incidejoven.org/wp-content/uploads/2010/08/Claves-feministas-para-la-negociaci%C3%B3n-en-el-amor.pdf

Lagarde, Marcela (2011): Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas. México, UNAM.

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