jueves, noviembre 17, 2011

Los paramilitares violaban mujeres para conquistar territorio en Colombia

Alejandra de Vengoechea / abc.es
Era un secreto a voces. Que la guerra en Colombia no sólo ha consistido en matarse los unos a los otros. En la década de los ochenta los llamados paramilitares, aquellos que empezaron combatiendo a las guerrillas de izquierda pero luego se transformaron en temibles escuadrones de muerte, violaron, torturaron, prostituyeron, asesinaron a miles de niñas, ancianas, mujeres colombianas.

Por eso en la IV Semana por la Memoria Histórica, que organiza la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación (CNRR), se publicó un libro de 400 páginas sólo dedicado a este tema. «Mujeres y guerra: víctimas y resistencias en el conflicto colombiano», se llama este documento que recoge 64 casos de violencia sexual ejercida por los «paras» del Caribe colombiano entre 1997 y 2005.

«Esa violencia contra las mujeres, además del acceso carnal violento, se ejerció mediante la desnudez forzada, la tortura sexual, el establecimiento y exigencia de pautas de relación entre hombres y mujeres en el ámbito afectivo y sexual, y la esclavitud sexual y doméstica», dice un libro que contrasta dramáticamente con el número de denuncias formales ante la Justicia: apenas 747 víctimas han ido a la Fiscalía. De casi 30.000 paramilitares desmovilizados, sólo 49 han reconocido esas prácticas criminales.

Los investigadores que reconstruyeron los casos cuentan cómo muchos de los ataques estuvieron dirigidos contra líderes sociales -como es el caso de una rectora de un colegio, que sufrió abusos y fue asesinada por defender su institución-, y como presión para forzar el abandono de tierras.



Pero también hay niñas. Está el caso de Hernán Giraldo, el máximo jefe paramilitar de la Sierra Nevada de Santa Marta, Caribe colombiano, que tuvo 24 hijos con menores de edad. Una de las niñas violadas por el jefe paramilitar, hoy extraditado a los EE.UU., terminó trabajando en la prostitución.

Las víctimas de los abusos no solo fueron mujeres. Durante dos días enteros, en mayo de 2003, 16 homosexuales y varias mujeres señaladas como «chismosas» fueron obligados a enfrentarse en combates de boxeo, a los que fue convocado todo el pueblo.

Este libro cuestiona la versión que hasta ahora han defendido los máximos jefes «paras», en el sentido de que esos delitos o no ocurrieron o fueron producto de acciones aisladas de sus hombres.
Al tanto de los crímenes

«El hecho de que las violaciones se reiteraran en contextos de despojos, destierros y castigos a mujeres "desobedientes", y fueran infligidas de manera pública, hacen poco creíble que ellos, con todo su poder y la información que manejaban, no estuviesen al tanto de su ocurrencia», dice el documento.

Y agrega que es probable que los ex AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) «calculan que las víctimas, la mayoría mujeres, jóvenes y niñas, no se atreverán a denunciarlos, y menos aún en contextos donde las redes de hombres armados siguen ejerciendo control».

El que se hable, se denuncie, es un paso muy importante en Colombia, donde hay entre tres y cuatro millones víctimas del conflicto interno, la mayoría de ellos campesinas y madres de familia, cuyos esposos murieron en masacres y/o asesinatos selectivos por los diferentes actores de la guerra en Colombia.

En este país operan las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN), así como grupos paramilitares de extrema derecha y bandas criminales al servicio del narcotráfico.

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