martes, marzo 22, 2011

Un Ministerio de la Mujer y un "Socialismo" ¿para reafirmar nuestra opresión?

Por: ALICIA ZAPATA- MOVIMIENTO DE MUJERES JOSEFA CAMEJO Fuente: Kaos en la Red
Toda una polémica se ha generado en los últimos meses en torno a la Ministra de la Mujer Nancy Pérez, y sin querer insistir en un punto que individualice la responsabilidad de los retrocesos en materia de género, creo que, ineludiblemente, la Ministra tiene una cuota enorme de responsabilidad, pero reconocemos que esa situación se da en un contexto de retroceso general en la Revolución Bolivariana.

En tal sentido quisiera señalar diversas situaciones que tocan especialmente la situación de opresión que vivimos las mujeres, y que si bien no pueden resolverse en el marco del capitalismo tampoco es posible seguir pensando que las mismas deben ser pospuestas hasta construir la sociedad socialista, pues la experiencia ha demostrado ya el carácter sustancial de la situación femenina en los procesos de transformación revolucionaria.

En primer lugar, todo el contexto de lo que fue el 8 de marzo y su enorme significación para las mujeres revolucionarias demostró los retrocesos que han venido teniendo lugar en torno a la unidad del movimiento de mujeres en Venezuela. Tras 12 años de proceso revolucionario, María León (quien sin duda pudo dar más de lo que dejó en el Ministerio) logró articular lo más avanzado del movimiento en torno a unas políticas concretas que recogían diversos sectores del movimiento: así, los Puntos de Encuentro de INAMUJER fungieron como espacios legítimos de organización de las mujeres para la toma de conciencia como colectivo oprimido y explotado; con las iniciativas del Banco de la Mujer y la Misión Madres del Barrio se logró tocar a los sectores femeninos más vulnerables y desprotegidos, logrando politizar a un importante sector que se colocó a la vanguardia tanto de la Institución, como de la Misión (que también tuvieron defectos, entre ellos el sectarismo temeroso propio de l@s burócratas); bajo el llamado a construir un socialismo feminista se logró incluir a los sectores académicos e intelectuales del feminismo venezolano; y finalmente se logró cualificar en torno a la Institución un importante contingente de funcionarias y funcionarios, hoy militantes de la causa de la liberación de la mujer (lo que ya de por sí constituye un logro invalorable). En fin, con María León al frente pudimos observar una evolución lenta pero sostenida.



Este año se realizaron 3 agendas, y sin entrar en mayores especificaciones, consideramos que una fue la agenda de la izquierda sectaria y dogmática, la otra la agenda de los sectores más legítimos pero que aun no logran la ascendencia necesaria en las mujeres de las bases, y la tercera y más preocupante, la Institucional que tuvo que recurrir, evidentemente, a las jefaturas de Recursos Humanos para que sus funcionari@s no se desviaran hacia las otras iniciativas, y para que no dejaran de ocupar su respectivo puesto dentro del bulto que necesitaba la Ministra y sus secuaces para justificar su existencia (burocrática).

Ahora bien, de esto se desprende en primer lugar el problema histórico que venimos arrastrando como proceso, la unidad. Es evidente que en el caso de las mujeres, la unidad vino a ser fracturada producto del descontento objetivo que existe por parte de las mujeres organizadas con la Ministra de la Mujer, y sus erráticas políticas al frente de un Ministerio cuya esencia, lamentablemente para las mujeres y la Revolución, desconoce. En este sentido tenemos como ejemplo, los discursos vacíos tanto de Nancy Pérez como de sus vice-Ministras (que dicho sea de paso, nunca se interesaron por la situación de las mujeres hasta que se le asignó cartera al Ministerio de la Mujer). O por ejemplo que la Ministra cada vez que le dicen que se conmemora una fecha alusiva a la mujer, le da por hacer una misa (e incluso transmitirla por Televisión), lo que indica que no sabe dónde está parada, porque si por algo hemos luchado las mujeres para acabar con nuestra opresión, ha sido precisamente por la laicidad del Estado, pues la religión ha sido uno de los bastiones fundamentales para legitimar la condición subordinada de la mujer a lo largo de la historia. De manera que comienza una a entender lo que desde su nombramiento se viene diciendo sobre la ciudadana en cuestión.

Ahora bien, sobre la unidad resulta pertinente el llamado del Presidente Chávez de construir el Polo Patriótico, así le evitamos el dolor de cabeza al sectarismo reformista que se escandaliza de la idea de un Movimiento de Mujeres autónomo (sin alusiones personales Ministra), porque ve diluirse en ello sus aspiraciones pragmáticas de utilizar a las mujeres para sus intereses económicos y políticos (cualquier parecido con Madres del Barrio es pura coincidencia). De manera que las condiciones parecen indicarnos sin lugar a dudas, que las mujeres bolivarianas, progresistas, revolucionarias, debemos dar un paso al frente para evitar quedar imbuidas en unas políticas que a este paso terminarán exaltando la visión de madre-esposa (reproductora de la especie- objeto sexual), cuando nada más alejado de las aspiraciones socialistas que esto, pues lo que aspiramos las mujeres en el socialismo es posicionarnos como sujetos políticos libres y autónomos. Valga la oportunidad para decirle a la Ministra que no son “socialistas” las prohibiciones que desde el Ministerio se vienen realizando para evitar cualquier intento de organización de las mujeres, y que la han llevado (al parecer producto de sus temores) a descalificar y atentar contra cualquier iniciativa de organización femenina (ya esto lo hemos visto en las Revoluciones Burguesas: “5 mujeres reunidas, se consideraba delito”). En este sentido la unidad –al igual que en el contexto general de la Revolución Bolivariana- debe ser la unidad de las y los revolucionarios en torno un programa de lucha que unifique las aspiraciones del pueblo, con una táctica y una estrategia revolucionarias que permita a las expresiones más genuinas del pueblo organizado acceder al poder para transformar el fortalecido Estado burgués.

En este mismo orden de ideas, resulta también pertinente denunciar lo que desde las tesis del “buen vivir” se viene proyectando para las mujeres. Partiendo de una tormentosa propaganda en la que el mismísimo Comandante dice: ¡mujer... aquí está tu lavadora... tu casa bien equipada!, y que es transmitida con la frecuencia suficiente como para preocuparnos sobre la visión de la mujer que existe en la Revolución, además del dolor de cabeza que nos genera a las revolucionarias que se reafirme por parte del líder de la Revolución, una de las ideas fundamentales del Patriarcado, que el papel de la mujer es el hogar (espacio privado) realizando una serie de actividades cuyo valor no es socialmente reconocido.

Ante esto resulta necesario denunciar que el buen vivir enmascara un giro reformista de la Revolución Bolivariana que para nada toca los elementos de fondo que debemos transformar para destruir los cimientos de la sociedad capitalista-patriarcal. En tal sentido Ministra, usted es en este momento histórico, la llamada a transmitirle al Comandante Chávez la visión que tenemos las mujeres sobre la dualidad BUEN VIVIR/SOCIALISMO, que –como ya se dijo- enmascara la necesidad de transformaciones revolucionarias, y que sólo para referirnos al caso específico de las mujeres diremos que: muchas mujeres en el mundo saben y conocen del Buen Vivir, por ejemplo las mujeres de la Burguesía que pese a ser oprimidas como sexo son explotadoras de las otras y los otros de cuya expoliación son directamente beneficiarias. Conocen del Buen Vivir también muchas de las mujeres en los países del Primer Mundo, que a costa de la explotación de las y los otros seres humanos de los países de la periferia capitalista han logrado un nivel de vida ajustado al “Buen Vivir”. La diferencia sustancial para nosotras entre el BUEN VIVIR y el SOCIALISMO se basa entonces en que para las mujeres Revolucionarias -que hace ya bastante tiempo descubrimos que no existe posibilidad real de liberación de la mujer en la sociedad capitalista, porque ésta es sostenedora de la lógica patriarcal, y viceversa- ni una lavadora, ni una nevera, ni una cocina determinan el grado de nuestra liberación y participación social, (esto no es más que un acto del más vulgar populismo que no llega ni a reforma), todo lo contrario, una de las grandes aspiraciones de las mujeres socialistas desde la Revolución Rusa ha sido desmontar la división sexual del trabajo, que pasa necesariamente por arrancar a las mujeres del espacio del hogar y socializar las labores que hemos sido confinadas a realizar en la sociedad de clases de manera exclusiva, es decir, socializar la crianza de las y los hijos, socializar el cuidado de ancian@s y enferm@s, socializar las labores de limpieza y cocina, etc.

Además queremos añadir que para las mujeres no habrá liberación plena mientras una de nosotras siga siendo maltratada, vejada, y explotada en cualquier parte del mundo, así, que si la tesis del Buen Vivir es una especie de Estado de Bienestar pensado en el contexto de nuestras enormes reservas petroleras, pudiésemos nosotr@s vivir bien a costa de la explotación de otros millones de seres humanos en cualquier parte del mundo, pero jamás ese Buen Vivir sustentado en la explotación de otras y otros, tendrá algo que ver o podrá sustituir el Socialismo que es una sociedad de trabajo donde los seres humanos desarrollaremos plenamente nuestra potencialidades y construiremos una sociedad sin explotación ni jerarquías de ningún tipo.

Es por ello que en el ejercicio permanente de la crítica y autocrítica revolucionaria es necesaria una profunda revisión de los giros que se vienen dando que no apuntan precisamente a la izquierda, sino a aspiraciones pequeño-burguesas para mantener contento a un sector alienado, cuando lo que exigimos las bases del Proceso Bolivariano es definitivamente la radicalización para avanzar hacia el Socialismo.

“CONTRA EL CAPITALISMO MACHISTA, SOCIALISMO FEMINISTA”

1 comentario:

Leticia dijo...

Sería maravilloso que un día cualquiera, además de la bibliografía feminista, escucháramos con humildad, sin arrogancia a la mujer indígena, a la mujer del campo, para entablar un diálogo constructivo y verdaderamente amplio sobre nosotras, más allá de las agendas de cualquier grupo
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