lunes, octubre 25, 2010

Argentina: Adolescentes en la televisión, estereotipos hegemónicos

Norma Loto / SEMlac.-
Cerca de seis décadas han pasado desde el nacimiento de la televisión; sin embargo, la imagen de las jóvenes parece petrificada: delgadas, de rostros angelicales y aceptable rebeldía.

Es ese el estereotipo que los medios fortalecen, sea desde la publicidad, la ficción e incluso desde el periodismo. La pantalla posee el poder de aniquilar simbólicamente otras realidades y así quedan fuera las jóvenes migrantes, las que cartonean (juntar cartones en las calles para el posterior reciclado), las chicas que concurren a las escuelas del Estado, las madres adolescentes, sólo por nombrar algunas.

"Los medios trabajan con la lógica del mercado. En Argentina, como en América Latina, éstos son predominantemente comerciales y por eso trabajan con el estereotipo vendedor que a veces no es real, sino que es al que todas se querrían parecer", dice a SEMlac la docente e investigadora de la Universidad de la Matanza, Adriana Amado Suárez.

Mostrar a lindas, sexys y exitosas jóvenes no sólo sería parte de la estrategia del mensaje televisivo, sino que los medios integran la tecnología del género porque siguen reforzando el androcentrismo imperante.


La docente e investigadora Tania Diz expresa que los medios trasmiten una adolescencia "imaginada por el mundo adulto".

"En los noticieros argentinos, los adolescentes varones en su mayoría quedan asociados a la delincuencia, al consumo de drogas y alcohol y las mujeres adolescentes van ligadas a portar un cuerpo deseado por varones y por mujeres. El chico violento o la chica sexualizada son algunos de los mitos teen que ocultan no sólo a los adultos que se benefician con éstos, sino que impiden la visibilidad de otras adolescencias más cercanas a los referentes reales que a las fantasías viriles", explica Diz a SEMlac.

El cuerpo de la joven pareciera ser lo que más paga y es uno de los elementos que perfectamente se conjuga con los estándares de la belleza hegemónica. Por eso, abundan en la pantalla las muchachas de voluptuosidades prolijamente repartidas y que incluso parecieran no necesitar educación sexual.

En este sentido Diz acota: "impera una hiper erotización de la adolescencia que oculta la vivencia de descubrir un cuerpo que cambia desordenadamente, que no agrada sino que más bien incomoda, ya que pasa a ser objeto de miradas invasivas que refuerzan las identidades de género".

"El erotismo, el placer y el cuerpo sexuado (propio y ajeno) de la adolescencia —continúa Diz— no son atributos dados, sino cuestiones desconocidas y vividas como problemáticas para quienes las descubren".

Ellas, las que no están

La pantalla cuenta un mundo que no es la realidad de la mayoría de la sociedad, refleja sólo un fragmento. La señal América TV, durante 2009, apostó por "Champs 12", protagonizada por la modelo y actriz post adolescente Liz Solari. La protagonista, bellísima chica de familia adinerada y de caprichos egoístas, había sido gorda. Pero, una vez delgada, buscaba el amor —hasta que lo consiguió— de quien antes cruelmente se había burlado de su sobrepeso.

"Casi Ángeles", emitida por Telefe, es otro producto de la fórmula del mercado televisivo: chicas lindas con algunos golpes duros en la vida y con una realidad ambientada en lugares óptimos.

En ninguna de las dos tiras, se ven muchachas excedidas de peso, por ejemplo. La historia nos remite a que cada vez que se mostró alguna joven así, como lo fue en el pasado Carola Quiñones de "Señorita Maestra" —recordado ciclo de Abel Santa Cruz emitido en 1983 y 1984— fue personificada desde el estigma: buena amiga, con dotes de celestina y sufriente.

Amado Suárez señala que se puede salir del estándar y que la ficción ha mostrado otros casos como "Betty, la fea", producida en Colombia y "Mi gorda bella", de la industria venezolana. Es decir, una fea y una gorda a quienes les toca sufrir mucho para ser aceptadas.

En ambos casos, "el objetivo es transformarse. Ellas se redimen y logran convertirse en mujeres hermosas que responden al estereotipo".

Sin embargo, otro ejemplo es "Ciega a citas" (emitida en 2010 por Canal 7 de Argentina). "Esta novela trata de una chica que escapa del modelo estandarizado; Lucía, la protagonista, es una joven que se acerca a la media de la realidad y dio buen resultado. Fue un éxito al igual que los reality shows, que van en contra de la lógica del casting. Este formato ha sido interpretante del destinatario y funcionó", afirma.

Pero se sabe que no sólo feas y gorditas quedan fuera de la pantalla y, en caso de estar, son utilizadas para reforzar la simbología de la exclusión que en ellas recae: el chiste, la burla, la indiferencia. La exclusión no sólo pasa por el cuerpo, sino que hay problemáticas dentro de la adolescencia que no son tratadas y si lo están los medios no lo hacen con la responsabilidad que amerita.

Los medios dan cuenta del sujeto adolescente como adultos atontados, aniñados, sostiene Diz. "Reflejan un sujeto pasivo y consumidor: no hay lugar, por ejemplo, para adolescentes con conciencia política. Quedan afuera las chicas y chicos que van a las escuelas públicas o rurales, las que deben criar a sus hermanos/as o a sus propios hijos/as y se encuentran con responsabilidades adultas que no pueden (¿deben?) asumir".

La lista sigue: chicos y chicas con capacidades diferentes, las inmigrantes, las que no pueden acceder a la interrupción segura de un embarazo, las que sufren violencia intrafamiliar, las explotadas laboralmente en cosechas, talleres textiles, casas de familias; las madres adolescentes, las que no tiene educación sexual para decidir. La lista sigue, sería eterna, pero es invisible para un mercado que asume que la realidad no reditúa.

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