sábado, septiembre 04, 2010

Los demonios del Edén le temen a la boca de Lydia Cacho

Dianova / Ciberfeminismo
Si hay un periodismo imprescindible y necesario, es el que practica Lydia Cacho. Ella, como muchas saben mejor que yo, vive y trabaja en Cancún, conocido como “un paraíso mexicano de seguridad y destino turístico por excelencia”. Cacho sigue allí, a pesar del asedio y las amenazas de muerte que le profieren las mafias del crimen organizado de la pedofilia, la pornografía infantil y la trata de personas, los demonios del Edén que se han visto exorcisados por el periodismo valiente y decente de Cacho.

Al final, estos señores cruzan y diversifican sus negocios con narcos, políticos y gente de todo tipo, y aunque dicen que el crimen no paga, la autora se ha fajado contra el mal absoluto y asumiendo la voz de l@s abusad@s sexuales, ha dejado al descubierto todas las atrocidades de las redes de pedofilia y trata de personas en su país natal, recogiendo los testimonios de muchas víctimas y señalando con nombres y apellidos a los criminales responsables de tanto crimen aún impune, con un valiente rigor en sus investigaciones periodísticas.

Gracias a sus libros “Los demonios del Edén”, “Memorias de la Infamia”, “Esta boca es mía… y tuya también” y “Con mi hij@ no” los crímenes infligidos a tantas niñas y niños mexican@s no quedarán enterrados en el olvido y seguirán interpelando a toda la sociedad mexicana . Su más reciente trabajo, “Esclavas del poder”, es una prueba de las dimensiones y el alcance que tienen las redes de prostitución en el mundo contemporáneo. Extraigo de la reseña de César Casal una de las frases “demoledoras” del más reciente texto de Cacho:

«Un día descubrí que podía vender una bolsa de cocaína una sola vez, mientras que a una niña la podía vender quince veces». El crimen mueve el mundo. Y Lydia Cacho, que ya había denunciado la pederastia en su país, se movió por el mundo para contarlo. Recorrió burdeles desde México a España, de Inglaterra a la India, de Camboya a Tailandia. Y una de las escenas más dramáticas que cuenta sucedió en el 2005, anteayer. En un hotel de un país que es destino de turismo sexual para pederastas se ofrecían niñas en pequeñas vitrinas, como si fuesen mascotas. Cada una tenía su número para que el cliente seleccionase cuál quería. La realidad hiede y siempre golea a la ficción”.

El más reciente round de Lydia Cacho, que al igual que la anterior reseña, la pueden ubicar en la página web de la autora, interpela en una carta pública al mismísimo presidente Felipe Calderón sobre la impunidad que se mantiene alrededor de las denuncias de pederastia, pornografía infantil, ejecuciones extrajudiciales, persecución a denunciantes y a quienes protegen a víctimas de crímenes, y para usted de contar. Refiere Cacho a algunos sucesos de Tamaulipas, hechos que tristemente han copado la agenda mediática internacional.

Su página web es un extraordinario compendio de materiales que le dan sentido al periodismo, la política, la militancia feminista (y para aquell@s quienes se preguntan ¿para qué el feminismo hoy?) y las plataformas tecnológicas en estos tiempos, donde en cada lugar del mundo hay una guerra que extirpa a mansalva la inocencia y la paz de niñas, niños y mujeres. Pero también nos recuerda que allí mismo, al lado del crimen más atroz, existen personas que sostienen sus principios, como Lydia Cacho, y desafían al mal absoluto a voz en cuello, gritando: “esta boca es mía… y tuya también”.

Lidya Cacho afirma en su carta al presidente Calderón:
“Ulises Ruiz, ha cometido crímenes diversos en Oaxaca, mantiene amenazados a periodistas y ha encubierto asesinos”

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