sábado, septiembre 04, 2010

El cuerpo de las Mujeres: otro territorio de los represores

Mónica Molina
AmecoPress.- “Me levantaron el pantalón y después de ser abusada me dejaron sola en la camioneta”, son algunas frases que, con mucho dolor han expresado las mujeres víctimas de los torturadores pampeanos: Roberto Esteban Constantino, Omar Aguilera, Roberto Fiorucci, Athos Reta, Oscar Yorio, Néstor Bonifacio Cenizo, Carlos Reinhart, Hugo Marenchino.

“Me encapucharon y golpearon”, “perdí quince embarazos”, “guerrillera peligrosa”, “esta es tortillera, y pararon el manoseo”, “cuando me llevaron a la oficina no podía reconocer mi cuerpo...”, “me levantaron el pantalón y después de ser abusada me dejaron sola en la camioneta”, son algunas frases que, con mucho dolor han expresado las mujeres víctimas de los torturadores pampeanos: Roberto Esteban Constantino, Omar Aguilera, Roberto Fiorucci, Athos Reta, Oscar Yorio, Néstor Bonifacio Cenizo, Carlos Reinhart, Hugo Marenchino, en el juicio que comenzó en La Pampa.

Agosto arrancó con viento sur, más frío que otros inviernos y, con un hecho histórico para La Pampa: el juicio por violaciones a los derechos humanos cometidos entre 1976 y 1983. Muy temprano, en la mañana del 2 de agosto, los y las que siempre estuvimos y, afortunadamente muchos más marchamos hacia la sede del Colegio de Abogados donde se está realizando desde hace dos semanas el juicio a los represores pampeanos.

Pasaron 34 años, para que las víctimas pudieran encontrar un espacio de justicia a los vejámenes cometidos contra su persona. El juez Daniel Rafecas, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal, fue quien instruyó las investigaciones sobre las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la última dictadura militar.

Los hechos que se investigan comprenden al personal o “grupos de tareas” que se desempeñó bajo el control del Primer Cuerpo del Ejército o sometido a él, ocurridos en el ámbito de la Capital Federal, de la provincia de Buenos Aires y en el territorio pampeano.

La causa por la que se juzgan a los acusados reúne veintiocho casos. Los testimonios son duros, como duras fueron las situaciones que padecieron las víctimas, entre ellas, las mujeres. Todas ellas sufrieron, al igual que otras en el resto del país, el secuestro, la tortura, las humillaciones y las atrocidades más denigrantes que puedan perpetrarse contra la dignidad humana. Una dimensión que cobra relieve es el ensañamiento que tenían los torturadores con el cuerpo de las víctimas mujeres. Muchas estas mujeres, guardaran para sí el horror vivido, porque las marcas son imborrables.


Las pérdidas, las marcas en el cuerpo


Ana María Martínez Roca, relató por primera vez frente al tribunal Federal lo que vivió durante su detención en el 75. Fue golpeada y encapuchada durante su detención ocurrida en Buenos Aires, junto a quien era en ese momento su compañero de vida, el historiador Hugo Chumbita. Ana María, era arquitecta y había llegado a La Pampa buscando trabajo en el Instituto Autárquico de la Vivienda, pero la dictadura pretendió para ella otro desenlace.

Tras su detención la trasladaron a Santa Rosa, recordó al cura Espinal y a Luís Baraldini, éste último se desempeñaba como mayor y era el entonces jefe de la policía pampeana a cargo de la parte operativa del grupo de tareas en la llamada “lucha contra la subversión”, actualmente está prófugo de la justicia. A Ana María, las torturas, le hicieron perder el embarazo, pero también contó, que perdió a lo largo de su vida quince embarazos como consecuencia de los tormentos.

En declaraciones a Radio Noticias, Miguel Palazzani, abogado querellante en la causa sostuvo que: “Los vejámenes a las mujeres son una forma de tortura. Deben investigarse como delitos de lesa humanidad. Es una tortura y debe investigarse como una tortura", en alusión a la denuncia sobre abuso sexual que hizo Stella Maris Barrios en su testimonio.

El fiscal Jorge Bonvehí, argumentó que detenerse en la denuncia del abuso sexual, era “dispersar esfuerzos” y que, era conveniente hacerlo después de que concluyan las audiencias, no obstante, la fiscal Federal, Marta Fernández de Odasso, abrió una causa de oficio. El caso de Barrios, es la primera causa que se deriva fuera de los 28 casos que dan origen a esta causa penal.

Barrios, fue detenida en General Pico en abril de 1976, a pesar del miedo y la vergüenza, pudo contar que fue víctima de abuso sexual, identificando a los represores Roberto Fiorucci y Carlos Reinhart, dejó de lado los detalles para relatar que, luego de ser esposada y vendada, la llevaron a dar vueltas en auto o camioneta y, cuando pidió de ir al baño, fueron sus represores quienes le bajaron los pantalones hasta que orinara.

Sobre aquél momento, Stella Maris, testimonió que: “me quedé esperando que me subieran el pantalón, pero empezaron a pegarme en la cara, como si estuviera provocando, cuando como estaba esposada por la espalda, no podía levantarme el pantalón. Hubo manoseos, relató la mujer, “aprovechemos” decían ellos. Prefierió no ahondar en detalles, pero quedó claro en su narración que fué víctima de abuso sexual por parte de los represores.

Las vejaciones a las mujeres, no han sido analizadas desde la condición de género

Las más atroces vejaciones a las mujeres, no han sido analizadas desde el punto de vista de la condición de género en los juicios, arista relevante a la hora de condenar a los torturadores. Estos aspectos fueron abordados en una nota realizada por Susy Carranza de FM Sur, publicada en El diario de Córdoba. En el artículo “Género y derechos Humanos: las mujeres en los campos”, el Dr. Fresneda, entrevistado sostuvo que en los alegatos se tendría en cuenta la cuestión de género. “Esto surge de los testimonios de las testigos”, recalcando que “además de ser torturadas física y psíquicamente son convertidas en objetos sexuales.”

En la misma nota periodística, Carranza entrevistó a Soledad García, ex presa política detenida en Devoto, quien sostuvo que: “las asimetrías, la desigualdad, la discriminación a las mujeres se vió de manera brutal en las detenciones y el trato a las secuestradas: tortura de niños frente a sus madres, violaciones sistemáticas, denigraciones mediante el lenguaje tratándolas de "locas, putas, conquistables".

También, Graciela Daleo, ex detenida y presa política, entrevistada hace unos años para el programa Género, emitido por Canal 3 de La Pampa, afirmaba como los represores tenían mayor ensañamiento con las mujeres y, las humillaban ante las instancias más íntimas como el hecho de pedir una toallita higiénica, propia por la condición de mujer.

Sobre el ensañamiento, no hacen faltan detalles, pero los testimonios algunos con más detalles, otros con sin poder poner palabra a tanto dolor, corroboran las violaciones cometidas. Zelmira “Miyi” Regazzoli, era la hija del gobernador, estuvo en la seccional primera y también en Devoto, si bien negó haber sido torturada, uno de los testigos ratificó que todas las personas habían sido torturadas, en cambio “Miyi” vió como torturaban a otras presas políticas, entre ellas a Raquel Barabaschi.

Zulema Arizó, fue detenida en mayo de 1978, era docente de la escuela rural de Arbol Solo, estaba embarazada de tres meses, llegó al juicio acompañada de su hijo, que ahora tiene 31 años. “Me pedían que hablara para deleitarse haciéndome sufrir”, relató frente al Tribunal, mencionando a los represores Reinhart y Fiorucci, éste último hermano de la directora de la escuela donde ella daba clase. Contó que la tuvieron encerrada un mes en un sótano y que “me pegaban patadas, me amenazaban de muerte”.

Como a tantos a Zulema, le arrebataron el sueño de ejercer la docencia en una escuela rural, paradójicamente la secuestran el 23 de mayo, día del Trabajador/a de la Educación. “No sé por qué ni para qué me secuestraron y me hicieron todo eso. Ellos entraron a la habitación en medio de la noche, con unos faroles grandes y me encandilaron, me pidieron que me vista y me vendaron los ojos. Si la directora que era hermana de Fiorucci, quien comandaba el grupo de tareas, tenía algún grado de complicidad con ellos, no lo sé”, expresó ante la prensa en oportunidad de ser homenajeada por la Cámara de Diputados de La Pampa.

Raquel Barabaschi, es un caso emblemático por la lucha que llevó adelante impulsando el juicio de la Subzona 14 en esta provincia. Al momento de su detención, en diciembre del ´75 y, la posterior en marzo del ´76, era estudiante de la Universidad Tecnológica Nacional, con sede en General Pico, fue secuestrada junto a otras/os de la universidad. “Estuve en una celda con Rosa Audisio y Mireya Regazzoli, ahí un solo día hasta que me llevaron a un lugar que era una oficina que no tenía ventanas. No tenía colchón y tenía que dormir sentada”, dijo en su testimonio.

“Recuerdo que tenía panatalón de jean y una camisa blanca. Me desprendieron los botones y el corpiño y comenzaron a manosear. Me tomaron el cierre del pantalón y empecé a temblar, en ese momento escucho: esta es tortillera. Y pararon el manoseo, yo tenía 20 años y no sabía el significado de esa palabra. Esta gente es homófica y tal vez, por eso no me violaron”, narró Raquel frente a los jueces.

Agua que no has de beber. Pedía a gritos, pero no podían las celadoras darle agua porque había sido picaneada poco antes y debían pasar 48 horas para beber. “Las dos celadoras Storck y Toldo, me traían pañuelos mojados y me recostaban en sus brazos, ahí me confirmaron que los que torturaban eran Fiorucci, Cenizo, Reinhart, Constantino, tres militares de los que solo conocía a Baraldini”, en abril del 76 fue liberada, pero con libertad vigilada, tenía que volver a Winifreda, “solo quería bañarme, sacarme de encima el horror, el manoseo, la tortura”, dijo.

Las violaciones a los derechos humanos cometidos sobre las mujeres, aún no tienen una mirada desde la perspectiva de género a la hora de juzgar los delitos de lesa humanidad, muchas situaciones vividas por presas políticas han sido la expresión más extrema del patriarcado, usando la violencia sexual, entre otras como un arma política, como expresa en su libro”Masculino-Femenino”, la antropóloga francesa, Francoise Héritier.

A partir del 23 de agosto se reanudaron, en el recinto del Colegio de abogados de la provincia de La Pampa. Más testimonios para desnudar la hipocresía de quienes sin más anduvieron por la calle, en parte, amparados por la desidia de gran parte de la sociedad pampeana.

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