martes, febrero 23, 2010

En defensa del aborto en Venezuela...

Por: Giovanna Mérola
Editorial Ateneo de Caracas
Caracas 1979

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Dedicatoria

A la memoria de Angélica María Toledo Rodríguez, víctima de un aborto clandestino en Venezuela. Su cuerpo fue abandonado a orillas de una carretera en abril de 1976. Fue ella la que inspiró este trabajo.

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Prólogo


¿Quién es Angélica María Toledo, a quien Giovanna Machado dedica este libro? Una mujer como cualquier otra. Una mujer como tú y yo. Una mujer que decidió que un embarazo accidental no se convirtiera en una maternidad infeliz.

Pero una decisión semejante, en un país como Venezuela, en donde el aborto es considerado por la ley como un crimen, no se toma sin correr riesgos. Riesgo de persecución judicial y riesgo de perder la vida.

Y eso fue lo que le sucedió a Angélica María Toledo: pagó con la vida su no conformismo; el haber trasgredido la moral y la ética impuestas por el patriarcado; y el arrogarse el derecho de una maternidad responsable: que es el derecho a escoger el momento de ser madre o el derecho de no serlo nunca.

El embarazo y la maternidad son acontecimientos en donde el cuerpo y la vida de la mujer están en juego; por lo tanto la implican única y exclusivamente a ella. Y en tanto que madre posible, ella será igualmente, sola responsable del niño (a) por nacer, aunque tenga el apoyo económico del padre. Ahora bien, las legislaciones han sido siempre hechas por los hombres, inclusive las que se refieren a la mujer; un ejemplo de ello es la ley del aborto, en donde las primeras interesadas, –las mujeres– no han tenido derecho a la palabra. Producto de un sistema universal que le confiere todo el poder al hombre; este hecho caracteriza todas las culturas y todos los modos de producción, sin que vaya en ello una crítica o una defensa de ningún sistema social en particular. Se trata simplemente de una constatación elemental, a efectos de subrayar lo escandaloso de que una ley que incumbe única y exclusivamente a las mujeres haya sido elaborada por los hombres, cuyos cuerpos no están en lo más mínimo concernidos por la maternidad, el embarazo o el aborto.


Angélica María Toledo murió víctima del aborto clandestino. Su cuerpo fue tirado a orillas de una carretera. Doble castigo: pagó con su vida la existencia de una ley absurda y aberrante, y luego su cuerpo –el cuerpo del delito, puesto que de delito se trata–, fue tratado como un desecho, que había que hacer desaparecer, por el médico que se sentía condenado por la ley. Así terminó la vida de una mujer en pleno desarrollo, víctima de una ley que condena la sexualidad a la pura procreación, y la maternidad a un fatalismo en lugar de ser un goce.

Pero ¿qué hacer en semejantes casos, en un país en donde el aborto es un delito grave?

Acudir, en el mejor de los casos, cuando los medios económicos lo permiten, a un médico que practique abortos clandestinos, sin ninguna garantía sobre el desenlace de la operación, porque en tales circunstancias, no se puede esperar contar con los equipos indispensables y necesarios para los casos de accidentes como por ejemplo, los debidos a la anestesia o a hemorragias. Angélica María Toledo había pagado 5.000 bolívares adelantados para que se le practicara el aborto.

Qué pensar entonces de lo que sucede con la mayoría de las mujeres que abortan y no poseen los medios necesarios para acudir a un médico… Se ven obligadas a recurrir a métodos artesanales y antihigiénicos, que llevan muchas veces a un desenlace fatal. Por eso el aborto es en Venezuela la primera causa de mortalidad de mujeres en edad de gestar.

Y fue a partir del hecho dramático de la muerte de Angélica María Toledo que Giovanna Machado quiso saber más, y cerciorarse de que no se trataba de un caso aislado. Y de esa búsqueda vio la luz este libro. Su afán al escribirlo no fue el de hacer un panfleto contradictorio, ni el de caer en controversias irracionales. Consciente del hecho de que iba a incursionar en el terreno más cargado de tabúes en Venezuela. Giovanna se dedicó con ahínco a realizar una investigación exhaustiva, situando el problema tanto en el plano histórico, como político, social, moral y legal, primeramente a nivel mundial, para luego centrarse en el caso de Venezuela. De ahí que se trate de un aporte de verdadero valor científico. Es al mismo tiempo un libro comprometido porque GM se identifica totalmente como mujer, con los abatares de toda índole por los que atraviesan las 400.000 mujeres que abortan cada año en Venezuela.

Es un llamado a la toma de conciencia de las mujeres, para que tomen en sus manos la lucha por un derecho elemental, para que cesen de reaccionar como animales nobles que aceptan sin chistar las cargas más pesadas. Para que reivindiquen la maternidad como goce, y no como una fatalidad del subdesarrollo.

Polémico es porque incursiona en el terreno de los que consideran que la vida intrauterina es sagrada, pero para quienes no es motivo de escándalo el que mueran miles de mujeres por causa de abortos mal practicados, ni tampoco el desgaste físico precoz causado por maternidades seguidas. Tampoco les choca el hecho de que el carácter de clandestinidad del aborto permita el desarrollo de un comercio sumamente fructífero que ha enriquecido a algunos profesionales de la medicina. Los que plantean así el problema sólo se preocupan por posiciones existenciales, sin tomar en cuenta la parte de eficiencia que se necesita para existir. considerar al aborto como un crimen dispensa al Estado de la obligación de crear el tipo de sociedad en la que sería válido nacer. Aún existiendo el deseo de maternidad, ya es un acto de heroísmo tener un hijo (a), en una sociedad que no brinda las condiciones mínimas necesarias para el desarrollo físico e intelectual de los niños y, para que la maternidad no sea vivida como una carga.

Esto es, la existencia de guarderías infantiles, de una medicina preventiva, de suficientes escuelas, parques, etc.

Con qué autoridad moral un estado que no cumple con su papel teniendo los medios, como es el caso de Venezuela, quiere obligar a las mujeres a parir y a que sigan supliéndolo en lo que concierne al crecimiento, al desarrollo de los niños que nacen.

También hay los que ponen como pretexto para la no legalización del aborto el traumatismo que sufre la mujer al abortar. No es un misterio que la interrupción de cualquier proceso biológico normal es necesariamente traumática. Cabe preguntarse ¿qué es más traumático tanto para la madre como para el hijo (a)?

¿Una maternidad no deseada, que necesariamente se reflejará en la relación madre-hijo (a), con el agravante de que otro hijo (a), no haría más que sumarse a la situación ya de extrema miseria de los otros? (Como es sabido, en Venezuela, en los sectores llamados marginales, es la mujer la que generalmente tiene que asumir sola la crianza de los hijos).

¿O un aborto practicado en las mejores condiciones, sin que la mujer se sienta culpabilizada?

No se enfoca en lo más mínimo lo que afecta a la mujer en su cuerpo, ni en su deseo de maternidad. Se trata de manipularlas convirtiéndolas en víctimas del sistema sin que medie la libre disposición de su cuerpo como elemento biológico reproductor y como cuerpo sexual. Ejemplo de ello es la presión que se ejerce en algunas maternidades para inducir a la mujer a que se ligue las trompas. En muchos países se le practica la operación sin ni siquiera consultar a la mujer, aprovechándose del momento del parto. Esto ha sido comprobado en países como Bolivia, Guatemala y México. Y aquí llegamos a un prueba más de la hipocresía del Estado: desarrollan con ahínco planes de control de natalidad que conllevan la práctica de la esterilización, amputando una parte del cuerpo de la mujer, con las consecuencias traumáticas que se desprenden de un hecho que es irreversible. Pero la legalización del aborto no está contemplada dentro de estos planes. El aborto sería una decisión personal de la mujer, y eso es inaceptable.

No se trata de plantear el aborto como un método anticonceptivo, pero como no hay método anticonceptivo infalible siempre habrán casos en que una mujer se vea obligada a recurrir al aborto.

Se trata solamente de contemplar el aborto en términos de AUTONOMÍA FEMENINA. Es sabido que todas las sociedades encuentran las formas de transgredir las prohibiciones, y la prueba son los 400.000 abortos por año en Venezuela, a pesar de la ley que los prohíbe. Lo que indican que las mujeres no se resignan. Pero es un derecho elemental, que ni siquiera debería depender de la legislación. Simplemente se trata, como bien lo dice GM, de un problema de salud pública.
Elizabeth Burgos

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Presentación


Uno de los más graves problemas sociales que afectan a miles de mujeres venezolanas es la práctica clandestina del aborto provocado. A través de los años, miles de mujeres se ven obligadas por diferentes causas a recurrir a esta práctica, perdiendo en ella muchas veces sus vidas, dejando niños huérfanos o, si logran salir con vida, gran cantidad de ellas quedan esterilizadas o maltrechas por el resto de sus días. Sin embargo, a pesar de lo dramático de esta situación, muy poca son las voces que se han elevado para lograr dar una solución más humana, justa y lógica a este problema tan complejo, sin ser nunca escuchadas hasta ahora.

Este trabajo pretende plantear nuevamente la situación tal y como se presenta en la actualidad, para contribuir a una toma de conciencia por parte de las mujeres, tanto las actuales como las potenciales víctimas de este hecho, así como para promover un movimiento de pro de la solución de este problema.

Igualmente, con este estudio manifestamos nuestra protesta ante los grupos políticos del país que se han presentado a la contienda electoral, por el silencio cómplice, hipócrita y absurdo sobre este tema, al no promover la discusión de este gravísimo problema social y de salud que afecta a millares de mujeres en Venezuela.


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Introducción


El aborto según nuestro Código Penal es considerado un delito1, pero es bien conocido que en una sociedad patriarcal, las normas jurídicas son la manifestación y expresión más genuina de un sistema político-económico-social imperante. El castigo del aborto es una forma de opresión a la mujer que se sustenta en el patriarcado, entendiendo éste como el sistema familiar que conduce al predominio del hombre sobre la mujer. Las mujeres al no disponer libremente de su cuerpo, ni del producto de su participación económica y social (a través de los hijos) en la sociedad, son privadas de todo poder. El elemento primordial que permanece inmutable es este sistema patriarcal en el curso de los tiempos y en casi todas las latitudes, es el de que un hombre puede apropiarse de una mujer, y con esta apropiación se reserva servicios sexuales y reproductivos exclusivos, los cuales le garantizan una descendencia, por tanto, una seguridad de que el patrimonio sea heredado por los hijos propios. De igual forma el Estado al reproducir la estructura familiar y ejercer un control sobre la familia, se reserva los servicios reproductivos de ésta, discriminando a la mujer en todos los niveles: económico, político e ideológico. Es por esto que el aborto, que significa un rechazo o no aceptación de la maternidad, de la reproducción, debido a diferentes causas, amenaza aspectos fundamentales del sistema patriarcal, base misma de la sociedad de clases que conocemos, de allí la oposición más tenaz a esta reivindicación.

Ahora bien, la justificación de las leyes que castigan el aborto por considerarlo un delito no es solamente de orden moral, sino también de orden económico y esto porque la ley que castiga el aborto lo que persigue por un lado es la protección y la perpetuación de la propiedad, en este caso los hijos (los herederos) y por otra busca mantener la reproducción de la fuerza de trabajo. La Ley protege a los embriones, que son los futuros herederos y la futura mano de obra para el desarrollo del país.

Cuando se le niega a la mujer el recurso del aborto, es decir, la toma de decisión sobre la interrupción o no de su embarazo, se le está condenando a ser una simple máquina reproductora de la fuerza de trabajo, sin la cual el proceso de producción se vería gravemente afectado.

Al negársele a la mujer esta libertad, no se la considera un ser responsable y capaz de decidir sobre su propio cuerpo, sobre su propio destino, no se la considera un sujeto, se la sigue manteniendo en su rol de ser incapaz, en su situación de inferioridad con respecto al hombre, que en definitiva es quien decide cuándo deben parir o no las mujeres (según los intereses sean del Estado, sean privados).

El Derecho siempre ha sido una expresión ideológica que históricamente ha representado los intereses de la clase dominante, y en tal sentido se ha convertido en un instrumento necesario para lograr mantener el sometimiento de las clases desposeídas, igualmente cada vez es mayor el abismo entre la realidad cotidiana y el Derecho, cuya naturaleza individualista y caduca debe dar paso a una concepción social de esta Ciencia2.

Con relación a la mujer, de todos es conocida la Ley en lo que respecta al matrimonio, la familia, negocios, aborto, etc. La opresión de ésta históricamente ha estado relacionada con las legislaciones que se han ido aprobando en todas partes; más aún, incluso la biología natural de la mujer ha sido legislada y este es el caso del aborto, que le niega a la mujer la libertad de decisión sobre su propio cuerpo.

Indudablemente la legislación es la concreción de las ideas religiosas y sociales dominantes de esta sociedad. Por supuesto, que la mujer poco o nada ha tenido que ver con las legislaciones que la controlan y someten; éstas han sido producto de las sociedades patriarcales y machistas, elaboradas exclusivamente por hombres. Sólo recientemente, en algunos países se han realizado reformas de las legislaciones vigentes, a raíz de las presiones de grupos de mujeres que iniciaron la batalla por la conquista de este derecho: el aborto.

Consideramos al aborto como un derecho ya que éste en ningún momento significa un delito, sino un grave problema de salud que debe ser solucionado. El aborto es un problema moral individual y así debe ser reconocido por el Estado: “un problema de moralidad personal no puede ser convertido en un delito”3 y seguir considerándosele como tal. Con esta concepción descartamos el hecho de que el aborto se llegue a convertir en un método de control de natalidad. Las modernas legislaciones sobre el aborto persiguen objetivos concretos, el principal de ellos defender la salud física y mental de la mujer que se enfrenta a un embarazo no deseado. De esta manera, el aborto se convertirá en un complemento de la contracepción: aunque evidentemente, lo ideal sería que los programas de planificación familiar tendieran a lograr la prevención del aborto y no su tratamiento. Médicamente el aborto sigue considerándosele como un hecho no recomendado.

Mientras las leyes sobre aborto en Venezuela sigan siendo arcaicas e inoperantes, se seguirá favoreciendo el crimen, lo ilícito, el engaño, se seguirá favoreciendo el aborto clandestino. Las 400.000 mujeres que abortan anualmente en Venezuela representan un rechazo colectivo a la actual ley vigente. Igualmente se seguirá promoviendo la desigualdad ante la ley, ya que la actual legislación discrimina a las mujeres de las clases menos favorecidas, como veremos más adelante, mientras sectores minoritarios que gozan de mejor posición económica eluden la ley sin dificultades.

El aborto debe ser libre, gratuito y debe dejar de ser considerado un delito. El aborto es un problema de salud pública y según la Organización Mundial de la Salud, la salud es un completo estado de bienestar físico, emocional y social de una población. En este caso se trata de la salud de la población femenina de Venezuela, el 50% de la población venezolana.

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