
Fuente: http://www.darsecuenta.es/
Cada año se trafica con cuatro millones de mujeres y niñas para la explotación sexual en todo el mundo. De ellas, unas 500.000 mujeres ingresan a Europa para el ejercicio de la prostitución.
El comercio de personas, según lo señala Naciones Unidas, constituye la tercera actividad ilegal más lucrativa del mundo, generando unos 12 mil millones de dólares por año, después del tráfico de armas y el de drogas, y con escasos riesgos para sus organizadores, pero ultrajante y vejatorio para las millones de mujeres y niñas explotadas bajo condiciones de esclavitud en la industria mundial del sexo.
Son sacadas de sus pueblos o ciudades, raptadas violentamente o engañadas con atractivas ofertas de trabajo, y terminan siendo obligadas a prostituirse a fuerza de amenazas y golpes.
El tráfico de personas (mujeres, niños/as adolescentes) no sólo constituye un delito o un problema de migración, sino que toca la esencia misma de los derechos humanos; se convierte en una manifestación apabullante de la desigualdad entre sexos y, de la condición de subordinación de la mujer a escala mundial. En todo el mundo, la mayoría de los seres sometidos a la trata sexual son mujeres y niñas de baja condición económica y las principales corrientes de este comercio fluyen desde los países en vías de desarrollo hacia los más prósperos.
Hay tres factores que influyen en esta nueva forma de esclavitud:
La demanda: este factor en el tráfico sexual sigue siendo el menos visible. Cuando se habla de esta problemática, la demanda es invisible, parece que nadie demanda prostitución; resulta fácil olvidar que en la industria del sexo no se trafica con seres humanos para satisfacción de los traficantes sino para satisfacer a los compradores, hombres en su mayoría.
La insaciable demanda de mujeres y criaturas para establecimientos de masajes, espectáculos de strip-tease, servicios de acompañamiento, burdeles, pornografía y prostitución callejera, hacen de este “comercio sexual” tan lucrativo.
Si bien para algunos varones el acercamiento a la prostitución tiene su origen en el apetito sexual, para otros constituye una expresión de misoginia, de racismo, o de ambas cosas. “El espectáculo de mujeres y adolescentes alineadas en un burdel, numeradas y a disposición de cualquier hombre que las elija, permite verlas dominadas y humilladas, despojadas de su poder de ‘resistir’ el abordaje sexual, que para muchos hombres es una cuestión fundamental para su propio bienestar” (Davidson 1996).
La oferta: es el factor más transparente. Los traficantes, además de agredir, amenazar, explotan las necesidades económicas y sacan provecho de la vulnerabilidad de las mujeres y niñas cuando éstas han huido de su hogar debido a la violencia o que han sido desplazadas por conflictos armados o desastres naturales.
El impacto psicológico del rapto o el estigma social del engaño, pueden aumentar la debilidad de la mujer ante la manipulación y la explotación por parte de los traficantes. En Guatemala, por ejemplo, los tratantes causaron estragos entre las muchachas que habían sido violadas durante el conflicto armado, cuya huella como víctimas de ese crimen las había arruinado sus perspectivas matrimoniales y quedaron marcadas para el resto de la sociedad.
La impunidad: las leyes nacionales e internacionales brillan por su ausencia o son insuficientes; donde hay leyes, las sentencias son insuficientes y para nada, disuasivas.
Contribuye considerablemente a esa impunidad, la corrupción policial y de los funcionarios de inmigración que coluden, aceptan sobornos o “miran para otro lado”.
"Mi vida está acabada. Viví el infierno y mi alma está destrozada completamente. Sólo soy Somaly de cara. Mi cuerpo no tiene nada, nada de nada. Mi vida está acabada. Ahora sólo me mueve un objetivo: luchar contra el tráfico de mujeres y todas las formas de esclavitud. Se trata de dar la paz a las demás mujeres, a las niñas. Por eso no temo la muerte. ¿Qué es la muerte? nada, yo ya estoy muerta. "
“La única solución para poner fin al tráfico de mujeres es la abolición de la prostitución… sólo los gobiernos pueden acabar con el crimen organizado. Yo puedo sacar a diez niñas de la prostitución, pero mañana son sustituidas por otras diez. Los gobernantes deben hacer algo más que leer informes sobre explotación sexual. No la legalicen. Todas las víctimas sentimos lo mismo cuando sufrimos 15 o 20 violaciones al día. Solo hay una solución: abolir la prostitución y castigar el proxenetismo”Somaly Mam, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación en el 2006 y presidenta de Acción por las Mujeres en Situación Precaria, fue vendida a los 13 años por la familia que la acogía y obligada a prostituirse.
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