Mostrando entradas con la etiqueta socialización del trabajo doméstico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta socialización del trabajo doméstico. Mostrar todas las entradas

lunes, marzo 28, 2011

Género y clase. ¿Salario para el trabajo doméstico?

Regina Martínez / En lucha
Cocinar, hacer las camas, planchar, barrer el suelo, hacer la compra y otras muchas tareas, en una rutina circular y extenuante, a las que se añade el cuidado de los hijos y otras personas dependientes de la familia. El “trabajo doméstico” supone para las mujeres en el Estado español una dedicación de 7 horas diarias (los hombres dedican sólo 3). Es el trabajo invisible, repetitivo y agotador que nadie reconoce y todos exigen. Y hablamos por supuesto de las trabajadoras, malabaristas de las horas y los bajos salarios (las mujeres de clase alta, obviamente, pagan por todos estos servicios).

La incorporación de la mujer al mercado laboral ha aumentado en los últimos años, hasta llegar a un 43% de ocupación, eso sí, con sueldos inferiores y trabajos precarios escudados en la “conciliación” con la esfera doméstica. Esta incorporación no ha sido acompañada de un fortalecimiento del Estado de bienestar. El neoliberalismo ha agudizado la opresión de la mujer.

Ante problema del trabajo doméstico se han planteado diferentes análisis y soluciones desde sectores de movimientos feministas, socialistas y revolucionarios. El hecho de que las amas de casa hagan un trabajo no reconocido socialni económicamente (sin bajas por enfermedad, vacaciones o pensiones) ha llevado a pedir un salario para el trabajo doméstico.


Breve historia

El movimiento a favor de la salarización nace como tal en 1974 en Italia, siendo Mariarosa dalla Costa la principal teórica.

No partió como pudiera intuirse de un análisis típicamente feminista (que separa al capitalismo del problema y se centra en el beneficio que extrae la familia —el hombre— del ama de casa), sino que fue planteado como una reivindicación revolucionaria de la clase trabajadora. Dicho análisis señalaba que el máximo beneficiario es el sistema económico que explota a los trabajadores, que son, a su vez, a los que el ama de casa reproduce, cuida y alimenta.

Aunque tuviera en su origen un claro contenido de clase, que podríamos cuestionar en los términos planteados (si la reproducción de la clase trabajado ra forma parte de la producción capitalista o si bien es una precondición para la última), esta reivindicación fue primordialmente liderada por el movimiento feminista occidental en los 70. En concreto, el feminismo reformista, representado por las clases medias altas, es el que más ha olvidado esta reivindicación. Más de 30 años después su posición social dentro del capitalismo las ha eximido de esta dura carga y su tendencia a extrapolar a las masas sus victorias individuales las ha llevado a dejarla aparcada.

El papel del trabajo doméstico para el capitalismo es crucial y la debilidad de las mujeres trabajadoras está directamente relacionada. Si bien una reivindicación como ésta es altamente progresista al visibilizar y dotar de más recursos a las olvidadas y unir a un sector tan fragmentado, su aplicación podría derivar en determinados problemas.

Matizando

Obtener un sueldo por el trabajo doméstico (basado de por sí en el modelo de familia nuclear) podría legitimar el papel de las mujeres como responsables de estas tareas y perpetuar la división sexual del trabajo. Planteemos dos situaciones. En el peor de los casos, considerando las dinámicas machistas que dominan en nuestra sociedad, es posible que en muchas familias se “exigiera” a la mujer realizar las tareas o limitarla a sobrevivir con dicha paga. Los efectos psicológicos del aislamiento y de un trabajo poco creativo son terribles, y la “salarización” a largo plazo podría aún arraigarlo más.

En el mejor de los casos, las parejas podrían decidir quién de los dos hace el trabajo doméstico, dando paso a una posible reconfiguración de roles, si en las parejas (heterosexuales) se encargara el hombre. Sin embargo, en la práctica, por muy progresistas que se seamos (y se ha de ser antisexista sin tregua) las facturas se amontonan. En el Estado español las mujeres cobramos un 30% menos, por lo que será más rentable para ambos mantener el salario del hombre y que sea ella quien se quede en casa. El mercado laboral frena constantemente la lucha por la igualdad. La complejidad del trabajo doméstico en sí plantea la necesidad de debate y búsqueda de alternativas. De hecho, hay otras opciones que tratan de solucionar el problema desde otra óptica. En lugar de defender el salario para el trabajo doméstico, podría ser más conveniente la potenciación de dos medidas.

En primer lugar, y paralelamente a cualquier opción, la defensa de unos servicios públicos de calidad y en última instancia, la socialización del trabajo doméstico. En segundo lugar apoyar una renta básica. De esta manera, tenderíamos a garantizar que nadie dependiera económicamente de nadie y a no establecer una especie de relación contractual por una tarea tan injusta y alienante.

Regina Martínez es militante de En lluita / En lucha.

http://enlucha.org/site/?q=node/15800

[VERSIÓ EN CATALÀ: http://www.enlluita.org/site/?q=node/3394]

jueves, abril 01, 2010

Los varones hacia la paridad en lo doméstico. Discursos sociales y prácticas masculinas

Por: Luis Bonino / La Haine
Comprometerse en lo doméstico quizás no sea fácil para el varón, porque supone admitir que es un productor de injusticia y no muchos toleran percibirse de ese modo.

¿Por qué el intercambio cooperativo en lo doméstico, desde una óptica igualitaria de búsqueda de bienestar compartido y una ética de la justicia y el respeto de género, es tan poco frecuente? ¿Por qué la innovación y el cambio progresista en el hogar son minoritarios entre los varones? ¿Por qué la mayoría de los varones son tan poco receptivos a los reclamos femeninos igualitarios en lo doméstico? ¿Por qué, pese a que incluso muchos proclaman verbalmente el valor de la igualdad, son tan pocos los que en la práctica son coherentes con dicho discurso y toman la iniciativa para transformar sus comportamientos desigualitarios?

Leer texto completo [PDF]

lunes, febrero 01, 2010

Lo que interesa a las mujeres en este momento de crisis

El día no se divide entre empleo y esparcimiento, sino que consiste en 24 horas de trabajo continuado en la empresa y en el hogar.
x Alicia Couselo - La Haine
Crisis, crisis, crisis. La palabra más escuchada en estos días, que está generando montones de programas de televisión, mesas redondas y miles de páginas. Sin embargo, la clase trabajadora en su conjunto no parece pensar en salir a la calle a tomar el palacio de invierno. ¿Estado de shock? Más bien parece falta de propuesta de lucha y herramientas adecuadas para llevarla a cabo.

Por un lado, los medios de producción siguen en poder de las burguesías sin ninguna señal de que esto pueda cambiar. Las clases dominantes siguen adelante con su proyecto de siempre, es decir, ganar cada vez más dinero y para eso disponen de todos los instrumentos que les dan los estados de derecho: parlamentos a su medida, medios de comunicación a su servicio y fuerzas de seguridad con el monopolio de la violencia.

Por otro lado, la clase trabajadora tiene como principal objetivo no perder el puesto de trabajo y como mucho, conservar los derechos reclamados allá por 1827 de “tres 8”: 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de esparcimiento. (1) Dos objetivos, el de tener un trabajo asalariado y una jornada de 8 horas, que hoy parece volver a ser una utopía inalcanzable en esta Europa del bienestar.(2)


Sin embargo, el programa de los “tres 8” nos ha servido de poco a las mujeres de la clase trabajadora porque la reducción de jornada de empleo alcanzada después de largas luchas, no nos ha quitado la doble jornada.

Esta doble jornada es la que hacemos al terminar el horario de empleo y representa el 80% de las 2/3 partes de horas de trabajo realizadas en el Estado español, de las que solamente 1/3 parte tienen remuneración en el mercado capitalista. Y es que hace falta ser muy hombre para ignorar que el día no se divide entre empleo y esparcimiento, sino que consiste en 24 horas de trabajo continuado en la empresa y en el hogar.

Las consecuencias de esta injusticia son evidentes. Al ser las mujeres las que mayoritariamente nos ocupamos del trabajo de “cuidados” (3), nos convertimos en “no disponibles” para el trabajo asalariado. Al patrón le da igual el sexo de sus trabajadores, pero los quiere sin cargas añadidas. Es decir, para el mercado capitalista, el trabajador idóneo es aquel que se reproduce (hace falta tener mano de obra) pero que no se ocupa del fruto de su reproducción ni de todo lo que esto conlleva Para esto estamos las mujeres, colocadas en este puesto de dudoso privilegio por la división sexual del trabajo organizado por el sistema patriarcal y que permite al informe de la OIT sobre crisis financiera y trabajo decente, considerar a las mujeres como un “grupo vulnerable”, junto con los jóvenes y los inmigrantes. (4)

Sin embargo, las mujeres no somos un grupo, somos la mitad de la población. Mucho menos somos intrínsicamente “vulnerables”. Lo que nos coloca en esta situación es la falta de responsabilidad en el sostenimiento de la vida por parte de hombres de la clase trabajadora, empresas y estado. Es esto lo que hace que, a pesar de ser la generación más formada de España, seamos solamente las mujeres las que elegimos los trabajos compatibles con la familia y evitemos aquellos con largos horarios y mayores posibilidades de crecimiento profesional o que seamos nosotras las que dejamos de trabajar en los años siguientes a tener el primer hijo, entre otras cosas porque siempre nuestro empleo es de menos cualificación y menor salario que el de nuestros compañeros, justamente por ese motivo.

Convengamos en que empresas, sindicatos y estado hacen lo posible para que nada cambie. El capitalismo se beneficia mucho de estas 2/3 partes de trabajo no remunerado, sin el que probablemente no podría subsistir. Mientras nosotras lo aceptemos, todo seguirá igual.

Es imprescindible que este debate salga a la calle. Debemos exigir la reorganización de la jornada laboral de forma que incluya todo el trabajo no remunerado. No nos basta pedir la reducción de jornada si a la vuelta a casa, en lugar de esparcimiento y educación, nos espera más trabajo.

También es necesario quitarnos la etiqueta de grupo vulnerable. Si los hombres no asumen por propia voluntad la corresponsabilidad en la gestión del espacio doméstico, debemos exigir una legislación laboral que implante excedencias intransferibles por paternidad y para cuidados de familiares para de esta forma, equipararse a las mujeres a la hora de solicitar un empleo.

La autonomía de las mujeres, hoy por hoy, exige tener recursos económicos. Sin dinero, estamos imposibilitadas de salir de situaciones de maltrato. No queremos limosnas, solamente nuestros derechos. En esta lucha debemos estar todos los hombres y mujeres de la clase trabajadora. ¿Otra utopía?

.

1. Véase, entre otras
http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_internacional_de_los_trabajadores

2. Las mujeres trabajan 52 horas a la semana y los hombres dedican una media de 58 horas. Dato de la economista belga Marianne Bertrand.

3. Véase, entre otros, Reparto del trabajo, no solo del empleo, de Sira del Río
http://www.nodo50.org/caes/articulo.php?p=879&more=1&c=1

4. Citado por Maria Pazos Moran en Análisis de genero de las políticas económicas y el empleo http://www.nodo50.org/trasversales/t15mp.htm

jueves, junio 25, 2009

Un colectivo de hombres propone repartir "por contrato" las tareas del hogar

La Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) ha presentado una campaña de sensibilización para fomentar la corresponsabilidad doméstica a través de la propuesta de que ambas partes de la pareja firmen un "contrato" en que se comprometen a una mejor distribución de las tareas del hogar.

"40-60. Paridad, también en el hogar" es el lema de esta cuarta edición del programa "Co-Responde", con la que AHIGE pretende extender al ámbito familiar "eso que hemos aceptado por ejemplo en las listas electorales", según ha explicado hoy su coordinador, Antonio García.

"El hogar sigue siendo una asignatura pendiente para la igualdad", ha afirmado García, quien ha destacado que incluso para muchos hombres que en otros ámbitos sociales sí actúan contra la discriminación de género, los principios de igualdad se diluyen al llegar al hogar: "cuando cierran la puerta de su casa se retrotraen 20 o 30 años".


Para combatir esta forma de desigualdad, la campaña de AHIGE propone una serie de pasos para una redistribución equitativa de tareas, que comienzan con un cuestionario en el que los hombres deben contestar a la pregunta "¿Quién hace estas tareas en tu casa?" en relación con diez labores cotidianas.

A partir de ahí, los que obtengan una "mala nota", tendrán que "replantearse cuál es su posición".

Así, si realizan el cuestionario a través de la página web de la campaña -www.corresponde.ahige.es-, recibirán en el plazo de veinticuatro horas una "respuesta personalizada" con "recomendaciones positivas".

El proceso termina con la firma de un "contrato" en el que todas las personas que conviven en el hogar plasmen su compromiso de repartir las tareas "en una proporción no menor al 40% ni mayor del 60% entre hombres y mujeres".

Ese contrato tiene la forma de un pequeño póster con el lema "En esta casa vivimos en igualdad", porque, según los coordinadores de la campaña, la idea es que sea "algo a mostrar": "lo ideal sería que fuera una referencia positiva llegar a una casa y ver algo así", han explicado.

La asociación AHIGE, nacida en Málaga en 2001 como parte de un movimiento internacional de hombres por la igualdad de género, ha basado esta campaña en el mismo principio que rige todas sus actividades: "implicar a los hombres en la construcción de la igualdad, porque no se va a conseguir trabajando sólo con mujeres".

Según Hugo Gensini, presidente de AHIGE, el mensaje clave es "desmontar el mito de que con la igualdad las mujeres ganan y los hombres pierden".

"El enemigo común es el machismo", ha afirmado Gensini, que ha concluido insistiendo en que, con un reparto "paritario" de la responsabilidad doméstica y familiar, "los hombres obtendrán las ganancias de mantener una relación más directa y equilibrada con sus seres queridos, a la vez que disfrutan del cuidado".