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lunes, enero 23, 2012

Israel se enfrenta a un terremoto respecto al rol de la mujer

Ethan Bronner e Isabel Kershner
Nytimes.com/Rebelión Desde hace tres meses, cuando el Ministerio de Salud de Israel otorgó un premio a una profesora de pediatría por su libro sobre las enfermedades hereditarias comunes de los judíos, su experiencia en la ceremonia de entrega de los premios se ha convertido en un grito de guerra.

La profesora, Channa Maayan, sabía que el ministro de Saludes ultrartodoxo y que otras personas religiosas también estarían presentes. Así que se vistió adecuadamente con una camisa de manga larga y una falda también larga. Pero eso era apenas suficiente.

No sólo el doctor Maayan, su esposo, tuvo que sentarse por separado, como hombres y mujeres lo hicieron en el evento, sino que alguien se encargó de decirle que un colega hombre debería recibir el galardón porque a las mujeres no se les permitía subir al escenario.

Aunque sorprendida de que esto sucediera en una ceremonia de gobierno, la doctora Maayan se mordió la lengua. Pero otros no lo hicieron, y su experiencia está entrando en el panteón de la construcción de la ira secular como furor de la batalla en Israel por el control del espacio público entre los estrictamente religiosos y todos los demás.

En un momento en el que no hay avances en el conflicto con Palestina, los israelíes se vuelcan hacia adentro y descubren que un problema que habían descuidado, el lugar de los judíos ultra-ortodoxos, ha estallado en una crisis.

Y se centra en las mujeres.

«Así como el nacionalismo y el socialismo seculares plantearon retos a las autoridades religiosas de hace un siglo, hoy el tema es el feminismo», dijo Moshe Halbertal, profesor de filosofía judía en la Universidad Hebrea. «Este es un inmenso desafío ideológico y moral que afecta al centro de la vida, y tal y como está afectando al mundo islámico es el principal problema por el cual los rabinos están perdiendo el sueño».

La lista de controversias crece todas las semanas. Los organizadores de una conferencia la semana pasada sobre la salud de la mujer y la ley judía prohibieron a las mujeres hablar desde el podio, con lo cual se cancelaron al menos ocho exposiciones; los religiosos ultra-ortodoxos escupieron a una niña de 8 años, porque consideraban que no vestía con la debida modestia; el rabino jefe de la Fuerza Aérea renunció a su puesto debido a que el ejército se negó a excusar a soldados ultraortodoxos de asistir a eventos en los que participaban cantantes femeninas; en sus pancartas, los manifestantes tildaron de los manifestantes llamaron «Hitler» al comandante de la policía de Jerusalén, ya que dio instrucciones a las líneas de autobús público en los cuales se sientan indistintamente hombres y mujeres a circular por los barrios ultraortodoxos; los vándalos oscurecieron el rostro de mujeres en las carteleras de Jerusalén.

El discurso público en Israel está de pronto dominado por una nueva frase de alto tono en hebreo, «hadarat nashim», o la exclusión de las mujeres. El término está en todas partes en las últimas semanas, algo así como la frase «machismo» surgió hace décadas en los Estados Unidos.

Todo esto parece anómalo a la mayoría de la gente en un país donde cinco jóvenes mujeres recién se graduaron en el curso de prestigio de la Fuerza Aérea como pilotos y una mujer preside la Corte Suprema de Justicia.

Pero cada lado de esta disputa está llevando a cabo una campaña pública vigorosa.

El New Israel Fund , que aboga por la igualdad y la democracia, organizó recitales y conciertos de las mujeres en Jerusalén y colocó carteles con los rostros de las mujeres bajo el lema «Las mujeres deben ser vistas y escuchadas». La semana pasada, la Asociación Médica de Israel aseveró que sus miembros deberían boicotear los eventos que excluyen a las mujeres de hablar en los escenarios.

Las autoridades religiosas dijeron que los grupos liberales estaban librando una guerra de odio contra un sector piadoso que sólo quiere que le dejen en paz.

Ese sector, ultraortodoxo que viste de negro, es conocido en Israel como haredim, es decir, aquellos que tiemblan delante de Dios. Se compone de muchos grupos con enfoques distintos que van desde la liturgia a la longitud de sus chaquetas, el estilo de sombrero, formas de llevar la barba y los cabellos laterales y las diferentes formas de cubrir el pelo de las mujeres. Entre ellos se encuentran los jasidim de origen europeo, así como los procedentes de países de Oriente Medio que están representados en la política por el partido Shas.

Como grupo, los ultraortodoxos son, en el mejor de los casos, ambivalentes con respecto al Estado de Israel, al que consideran insuficientemente religioso y prematuro en su fundación, porque el Mesías no ha llegado todavía. Durante las décadas de la existencia del Estado, los haredim manifestaron su enojo en contra de prácticas estatales como permitir que los autobuses circulen en sábado, y la mayoría creían que el Estado no podría sobrevivir.

El sentimiento era mutuo. Las comunidades originales de haredim en Europa fueron diezmadas en el Holocausto, y cuando el Primer Ministro fundador de Israel, David Ben-Gurion, ofreció subsidios y exenciones del ejército a los pocos que en ese momento estaban en Israel, pensó que estaba dando al grupo un entierro digno.

La mayoría de los israelíes asumieron en ese momento la idea de que los haredim desaparecerían en una generación, dijo Jonathan Rosenblum, un escritor haredim. En cambio se han multiplicado, se unieron a las coaliciones de gobierno, recibieron subsidios y exenciones para los niños, vivienda y estudio de la Torá . En la actualidad suman un millón, una comunidad en su mayoría pobres en un país de buen estándar económico y con 7,8 millones de habitantes.

jueves, septiembre 03, 2009

Mujeres israelíes protestan por ser obligadas a sentarse atrás en algunos autobuses

Fuente: Red Feminista
Asociaciones feministas, intelectuales y rabinos reformistas han iniciado una cruzada contra los cada vez más numerosos en Israel "autobuses kosher", en los que las mujeres son obligadas a sentarse en la parte de atrás. Mientras se multiplican las voces que cuestionan que un estado democrático financie ese tipo de discriminación, un comité especial designado por el Ministerio de Transportes debate una solución al conflicto, al que deberá dar respuesta antes de que finalice el mes.

Medio centenar de personalidades israelíes se han unido a las ONG de mujeres para firmar un comunicado que pide la desaparición de los autocares segregados, destinados en principio a los ultraortodoxos pero que pertenecen a la red de transporte público y, por tanto, pueden ser utilizados por cualquier ciudadano o ciudadana. "Estamos siendo testigos de un fenómeno complicado: en las líneas para la población haredí (ultraortodoxa) las mujeres son obligadas a sentarse en la parte trasera del autobús", reza el escrito, que añade que las que "se niegan a estos requerimientos son víctimas incluso de ataques físicos por parte de los viajeros".


La separación entre hombres y mujeres "es una práctica extremista", que recuerda a la segregación entre blancos y negros en los Estados Unidos de antes de los años 50, afirma el comunicado, dirigido al comité que estudia la cuestión y firmado, entre otros, por los escritores y ganadores del prestigioso Premio Israel Natan Zach, Abraham B. Yehoshua y Haim Guri. Hace cinco años, cuando empezó el fenómeno de los "autobuses kosher", el Centro de Israel para la Acción Religiosa (IRAC), que pertenece al judaísmo reformista y defiende la igualdad entre hombres y mujeres, llevó la cuestión ante los tribunales. Desde entonces, las líneas segregadas han crecido hasta superar el número de noventa en todo el país, "muchas de las cuales viajan a localidades que no son residencia exclusiva de ultraortodoxos, como las que comunican las ciudades de Tzfat o Arad con Jerusalén", dijo a Efe Anat Hofman, directora de la organización.

En ellas, las mujeres deben ir apropiadamente vestidas (con prendas largas y pudorosas) y no pueden sentarse al lado de los hombres por respeto a las normas de "decencia". "El papel del conductor en estos autobuses es clave", señala Hofman, que explica que si una mujer no se sienta detrás, el chófer le gritará, como poco, 'Jasufa' (fresca) y le dirá cosas como: "¡Fresca!, vete atrás, que así es como funciona aquí. Si no te gusta te vas a otro autobús". Además de esa humillación para las que no siguen las normas haredí, ocurre a menudo que si no queda sitio en la parte de atrás y hay alguna mujer esperando en la parada, el autocar pasa de largo y no se detiene, sea cual sea la creencia religiosa de la pasajera.

En su demanda, el IRAC no pide que desaparezcan las líneas segregadas, aunque exige que "allí donde las haya, haya autobuses normales en igual número, con igual frecuencia e idéntica ruta, para proteger el derecho a las personas que no son ultrarreligiosas y quieran viajar en un vehículo que no segregue a los usuarios según su sexo", explica Hofman.

La oficina del prensa del Ministerio de Transportes admite que existen "líneas segregadas haredí", aunque reduce su número a unas cuarenta, en su mayoría en el centro del país, y recuerda que "el servicio segregado es establecido de forma voluntaria por los pasajeros". Hofman advierte sobre la ampliación de la segregación en los servicios públicos, y destaca "la reciente apertura en el barrio de Bujara, en Jerusalén, de una oficina de correos con colas y atención diferenciada para hombres y mujeres". El indispensable apoyo de los partidos ultraortodoxos a la débil coalición de Gobierno hace difícil que el Ejecutivo plante cara a las comunidades religiosas, que exigen cada vez más servicios públicos que cumplan con su estricto código moral.

El poeta israelí Natan Zach condena la segregación "no sólo en los autobuses, sino en todo el judaísmo, incluido en la sinagoga". "Si dejamos que esos iluminados se salgan con la suya la gente que, como yo, cree en la igualdad, no podrá seguir viviendo en este país", declaró. Zach recuerda que "las mujeres no son una minoría sino una mayoría" que debe luchar "para evitar que Israel se convierta en un estado fanático".