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martes, septiembre 15, 2009

Sirven las campesinas como “amortiguadores de la crisis”

Por: Guadalupe Cruz Jaimes / Cimac
Por su posición “desventajosa”, la crisis económica está “pegando” más a las mujeres rurales debido a la falta de una política dirigida al campo y a la ausencia de alternativas económicas para este sector, aseveró Hilda Salazar, economista integrante de la Red Género y Medio Ambiente.

Según la especialista, la política social no contempla las necesidades de las productoras pobres del país, pues excluye a las mujeres campesinas, quienes desde la producción de bienes y servicios que no entran al mercado “juegan” como amortiguadores de la crisis.

En su rol de productoras, la crisis afecta a las campesinas de distintas formas: el alza del precio de frijol y del maíz no las beneficia porque se trata de productos que son principalmente de autoconsumo. En cambio, el alza de costos de los fertilizantes, que de 2006 a la fecha es seis veces más caro, las perjudica porque les representa un mayor gasto para el cultivo de productos que pueden vender.

Frente a la recesión económica, como en otros momentos de crisis, las campesinas vuelven al “traspatio”, a sembrar lo que no pueden comprar para poder alimentarse, comentó Salazar; ésta ha sido siempre una alternativa de las mujeres para enriquecer la dieta de la familia.

Hoy en día, ante la amenaza del hambre en las zonas rurales, la economía que se vive en el traspatio debe apoyarse con recursos y políticas públicas, con el propósito de responder a las necesidades sociales de las familias campesinas y no a “puras expectativas de ganancia”.

De acuerdo con el documento “Mujeres Rurales y Crisis Agroalimentaria”, elaborado a partir del Seminario de mujer rural y soberanía alimentaria de la campaña Sin Maíz no hay País, en 2008 las campesinas e indígenas fueron quienes procuraron la alimentación, salud y bienestar de la familia, sin pago y sin pensar siquiera en obtener una ganancia económica.

Esta situación ha colocado a las mujeres en un lugar “desventajoso”, pues la mayoría no sabe leer ni escribir, son monolingües y presentan mayores niveles de desnutrición. Además, son “subordinadas o excluidas” en el acceso a la tenencia de la tierra, la toma de decisiones en su comunidad y familia, así como a programas oficiales de crédito y fomento productivo, refiere el documento de la campaña Sin Maíz no hay País.

El deterioro de vida de las mujeres campesinas se agudiza en momentos de crisis económica y agroalimentaria, ya que el trabajo doméstico aumenta, sumándosele también a sus actividades las que realizaban los varones migrantes.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dados a conocer ayer, la población rural registró una mayor migración internacional que la urbana. Entre 2006 y 2008 la tasa de emigración internacional fue de 13 por cada 100 habitantes en localidades rurales.

El Inegi señala que las comunidades urbanas aportan la proporción más alta del monto total de emigrantes del país; sin embargo, el fenómeno tiene mayor intensidad en el contexto rural.

Dada la cuestión migratoria, el campo tiende a feminizarse, existen pueblos en el país habitados sólo por mujeres, niños y ancianos, pues los varones en edad productiva se han ido o se están yendo, por lo que las políticas sociales y agrícolas deben considerar a las mujeres del campo no nada más como responsables de la familia, sino como productoras activas.

Para cumplir con lo anterior se necesita rediseñar las repuestas ante la crisis económica y agroalimentaria, lo que implica reconocer la potencialidad y los aportes de las mujeres rurales, sin aprovechar su preocupación por los otros para que carguen la crisis a costa de su propio bienestar, concluyó la economista.

martes, julio 28, 2009

Apoyo a las mujeres, vía para librar la crisis económica

Por: Guadalupe Cruz Jaimes
La pérdida de crecimiento económico, la sobrecarga de trabajo doméstico y las peores condiciones laborales de las mujeres en tiempo de crisis, las coloca, junto con las niñas y niños, en mayor riesgo de aumentar sus niveles de pobreza y de entrar al sector de la economía informal, coinciden autoridades mexicanas y organismos internacionales.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, asegura que la caída de 1.9 por ciento del producto interno bruto en América Latina y el Caribe repercutirá directamente en la pérdida de empleos de contratación formal y de salarios “dignos” para las latinoamericanas y caribeñas.

En México la situación es más grave, pues registró la mayor disminución del PIB de toda la región en el primer semestre de 2009. Su crecimiento económico fue menor a 9 por ciento, que implica un aumento de las mujeres en la economía informal, dijo Bárcena durante el seminario Análisis de la crisis económica y financiera desde la perspectiva de género: entendiendo su impacto sobre la pobreza y el trabajo de las mujeres, realizado el 23 y el 24 de julio en esta ciudad.



“El punto de partida de ellas siempre es peor que el de los hombres”, opina Bárcena, por eso el desempleo en la región es en promedio 3 por ciento mayor para las mujeres, comparado con el de los varones.

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía parecen demostrar lo contario —en junio pasado, la tasa de desocupación en las mujeres avanzó de 3.93 a 4.82 por ciento frente a la masculina, que pasó de 3.31 a 5.37 por ciento—pero su estadística no incluye contempla a las personas inmersas en el sector informal, con mayoría de mujeres, y del sector terciario (comercio y servicios), donde se ocupa 80 por ciento de las trabajadoras en el país, explica Carmen Ponce, economista especializada en temas de género.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2008, en el país cuatro de cada diez personas que trabajaban en la informalidad son mujeres y tres de cada diez son hombres.

CONSECUENCIAS

Ponce considera alarmante que las cifras del INEGI contradigan las estimaciones de organismos internacionales, que señalan como consecuencia de la crisis niveles más altos de desempleo femenino, “porque si no se reconoce, no hay manera de llevar acciones para abatir el impacto de la crisis sobre ellas”.

Rocío García Gaytán, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, sostiene que las mujeres resentirán más el impacto de la recesión económica debido a que la mayoría de los 16 millones de trabajadoras en el país se ocupa en el sector terciario, “uno de los más afectados por la crisis”.

Esta situación se agudiza por la terrible combinación de desempleo y pobreza, ya que, a diferencia de otros países del mundo, en Latinoamérica y el Caribe, con 180 millones de pobres, cuando una persona “pierde el trabajo, lo pierde todo” por los esquemas insatisfactorios de seguridad social y los inexistentes seguros de desempleo, opina Bárcena.

En México la pobreza aumentó en los últimos dos años y se espera un crecimiento aún mayor durante 2009, opina la economista Carmen Ponce, quien además pone en duda los resultados que recién dio a conocer el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, donde se dice que en el país hay 50.6 millones de personas pobres de patrimonio, es decir, no cuentan con un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de salud, de educación, de alimentación, de vivienda, de vestido y de transporte público.

Al respecto, la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer estima que 70 por ciento de las habitantes del país viven en pobreza.

Carmen Ponce agrega que un factor a tomarse en cuenta es el cruce de la pobreza y la discriminación, que padece, según el Coneval, 30 por ciento de las mexicanas. “Diversos estudios confirman que las personas que padecen exclusión tienden a vivir en condiciones de mayor pobreza y marginación”, expresa Ponce.

De 2006 a 2008, el porcentaje de personas en condición de pobreza alimentaria a escala nacional aumentó de 13.8 a 18.2 por ciento. Y las que padecen pobreza patrimonial en el país pasaron de 42.6 a 47.4. Por la crisis económica, refiere Carmen Ponce, la proyección para este año y 2010 se vislumbra “aún peor”, sobre todo para las mujeres que se ocupan en la informalidad, los servicios y el comercio, donde además de recibir bajos salarios, no cuentan con seguridad social.

MÁS TRABAJO EN EL HOGAR

En este momento de crisis económica otro factor que se suma a los que desfavorecen la situación de las mujeres es la “sobrecarga” de trabajo doméstico.

Según la Cepal, en Latinoamérica y el Caribe entre 22 y 46 por ciento no cuenta con ingresos propios. De ellas, 81 por ciento trabaja sin remuneración, 73 por ciento realiza trabajo doméstico, 11 por ciento están desocupadas y 8 por ciento laboran en actividades económicas familiares.

La responsabilidad de las tareas domésticas y el cuidado de las y los hijos recae principalmente en las mujeres. Ellas se dan a la tarea de conciliar las labores del hogar con el trabajo remunerado sin encontrar opciones que les garanticen el respeto de sus derechos, por el contrario “pierden, en el ámbito de las remuneraciones, prestaciones” ante la necesidad de tener un ingreso en horarios que les permiten llevar a cabo la doble jornada, afirma la secretaria ejecutiva de la Cepal.

Ante este escenario, Gladys Acosta, jefa para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer, exhorta a los gobiernos de la región a ofrecer condiciones más justas de trabajo y oportunidades de desarrollo para las mujeres, niñas y niños latinoamericanos y caribeños para que se garantice el respeto de sus derechos y la red de contención que ellas forman no se rompa.

lunes, abril 13, 2009

Conclusiones del Congreso de Economía Feminista

El tercer congreso de economía feminista se ha realizado los días 2 y 3 de abril en el Centro de Formación Feminista Carmen de Burgos en Baeza, Jaén, en el que se ha llegado a un amplio consenso sobre la actual crisis económica y sus consecuencias:

1.- La crisis económica y financiera que amenaza el tejido social y el bienestar de las personas se superpone a otras crisis, como las del cuidado, la ecológica, la del modelo económico y de desarrollo, así como, la moral y la ética.

2.- La crisis ataca directamente las condiciones de vida de las personas y sobre todo de los sectores de población más vulnerables, incluyendo a las mujeres, que no han sido responsables de las políticas y decisiones que han llevado a esta situación.

3.- Los responsables de esta crisis son las élites del sector financiero y empresarial, así como los gobiernos que han impuesto las políticas neoliberales de las dos últimas décadas, siguiendo los postulados de la economía ortodoxa y patriarcal y del fundamentalismo de mercado.

4.- Las medidas anti-crisis que se están adoptando pueden agravar las desigualdades ya existentes entre mujeres y hombres. Por ejemplo, enfatizando la inversión pública en sectores económicos en crisis -poco sostenibles como el del automóvil o el de la construcción-, y no, en infraestructura social – como educación, salud, cuidados y protección social.

5.- La crisis implica un riesgo de intensificar la división sexual del trabajo y las desigualdades que genera. Pero también, representa una oportunidad y un desafío para establecer nuevas formas de producción y consumo, y de reorganizar las estructuras y relaciones del cuidado, estableciendo un reparto equitativo entre mujeres y hombres del trabajo remunerado y no remunerado. Esto se tendría que hacer con un aumento de la corresponsabilidad entre los distintos agentes involucrados en el bienestar social, incluyendo el Estado a través de un presupuesto público progresista que a través de los ingresos, gastos y beneficios fiscales redistribuya equitativamente los recursos –que garantice el acceso al crédito-, y sea coherente con el objetivo de la igualdad entre mujeres y hombres.

6.-
Como economistas feministas denunciamos la economía ortodoxa y el fundamentalismo de mercado, dominantes en las facultades de económicas y en las acciones de gobierno que nos han llevado a la situación de crisis en la que nos encontramos.
Por tanto, exigimos incluir una perspectiva feminista en los planes de estudio y la investigación, así como en la política económica y en las medidas anti-crisis que se están diseñando.