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viernes, mayo 15, 2009

Carlos Marx sobre la mujer

Tomado de Karl Marx, Manuscritos Económico-Filosóficos

En relación con la mujer, como presa y sierva del placer de la comunidad, se expresa la infinita degradación en la que el hombre existe para sí mismo; porque el secreto de esta relación encuentra su expresión inequívoca, indudable, abierta y manifiesta en la relación del hombre con la mujer y en la forma en que se concibe la relación directa y natural de la especie. La relación inmediata, natural y necesaria del ser humano con el ser humano es también la relación del hombre con la mujer.

En esta relación natural de la especie, la relación del hombre con la naturaleza es directamente su relación con el hombre y su relación con el hombre es directamente su relación con la naturaleza, con su propia función natural. Así, en esta relación se revela en forma sensible, reducida a un hecho observable, la medida en que la naturaleza humana se ha convertido en naturaleza para el hombre y en que la naturaleza se ha convertido para él en naturaleza humana. Todo el nivel de desarrollo del hombre puede determinarse a partir de esta relación. Del carácter de esta relación se desprende hasta dónde el hombre se ha convertido y se ha concebido como especie, como ser humano.


La relación del hombre con la mujer es la relación más natural del ser humano con el ser humano. Indica, pues, hasta qué punto la conducta natural del hombre se ha hecho humana y hasta dónde su esencia humana se ha convertido en esencia natural para él, hasta dónde su naturaleza humana se ha convertido en naturaleza para él. También demuestra hasta dónde las necesidades del hombre se han convertido en necesidades humanas y, en consecuencia, hasta qué punto la otra persona, como persona, se ha convertido en una de sus necesidades y en qué medida es en su existencia individual, al mismo tiempo, un ser social. La primera anulación positiva de la propiedad privada, el comunismo vulgar, es pues únicamente una manifestación de la infamia de la propiedad privada que pretende ser, sin embargo, una comunidad positiva.

miércoles, mayo 06, 2009

La mujer y el comunismo - Antología de los grandes textos del marxismo

Fuente: BOLTXE
A continuación dejamos un link con un trabao que recopila ensayos de diversos autores marxistas y/o vinculados al marxismo sobre la problemática de la mujer.

Entre los temas que se encuentran en ésta recopilación "La Mujer y el Comunismo", están:
-La Evolución de la Familia
-El Marxismo y la Liberación de la Mujer
-La Mujer, el Niño y la Familia en el régimen Capitalista
-La Mujer en el país de los Soviets.

El Índice completo se encuentra en el resto de la nota, y para descargar directamente, preciona Aquí...



ÍNDICE

PRÓLOGO


LA MUJER Y EL COMUNISMO
I- La Oprimida
II- Marx y Engels
III- Lenin y Stalin

Primera parte - LA EVOLUCIÓN DE LA FAMILIA

1- El materialismo histórico y la familia
2- La evolución del matrimonio
3- La familia sindiásmica
4- El tránsito del matriarcado al patriarcado
5- Poligamia y Poliandria
6- La decadencia de la gens y el nacimiento del Estado
7- Origen de la familia monogámica
8- Características de la monogamia
9- El amor sexual y el matrimonio; de la Antigüedad hasta nuestros días
10- Las mujeres y la revolución francesa
11- La historia de la mujer es la historia de su opresión
12- El futuro de la monogamia

Segunda parte - EL MARXISMO Y LA LIBERACIÓN DE LA MUJER

1- La mujer y el comunismo burdo
2- La emancipación de la mujer y la crítica critica
3- La descomposición de la familia burguesa
4- El régimen comunista y la familia
5- Los comunistas y la familia
6- Fourier y la emancipación de la mujer
7- La familia según el Sr. Dürhing
8- El matrimonio burgués
9- La situación jurídica de la mujer y las condiciones de su liberación
10- La mujer debe poder vivir trabajando
11- La salvación de la mujer está en la sociedad comunista
12- La cuestión de la mujer
13- La cuestión de la mujer debe ser un aspecto de la cuestión social
14- Feminismo burgués y lucha de clases
15- La clase obrera y el neo-maltusianismo
16- Las mujeres en la lucha revolucionaria
17- La lucha por el derecho a voto!
18- ¡No hay democracia sin mujeres
19- ¡La educación política de la mujer!
20- El Día Internacional de las mujeres

Tercera parte - LA MUJER, EL NIÑO Y LA FAMILIA EN EL RÉGIMEN CAPITALISTA

1- Las encajadoras
2- Las modistas y las costureras
3- Las madres arrebatadas a sus hijos
4- La disolución de la familia
5- La obrera bajo el yugo del patrón
6- El capitalismo hace imposible la vida en familia al trabajador
7- Los niños y las mujeres en las minas
8- La mortalidad infantil
9- El sistema de cuadrillas
10- Los campesinos obligados a vender a sus hijos
11- El desenfreno
12- …Y la muerte
13- Dos hogares de parados
14- El bautizo en la infamia
15- La desgracia de ser joven
16- La explotación de las mujeres casadas
17- El capitalismo y la familia
18- Bajo el talón de hierro
19- Las mujeres contra la guerra
20- Cómo lucha la burguesía contra la prostitución
21- El derecho al divorcio
22- La guerra imperialista y las mujeres
23- La hipocresía de las clases dirigentes
24- La mujer en el pueblo
25- Las condiciones de explotación de la mujer en la sociedad capitalista

Cuarta parte - LA MUJER EN EL PAÍS DE LOS SOVIETS

1- La mujer y la vida pública
2- ¡Igualdad completa para las mujeres!
3- El éxito de una revolución depende del grado de participación de las mujeres
4- La mujer y la revolución
5- Las tareas de las mujeres en la República de los Soviets
6- El poder soviético y la situación de la mujer
7- La conquistas de la Revolución rusa
8- Lenin y la cuestión sexual
9- Las mujeres en el koljós
10- Individualista ayer, koljosiana hoy
11- Importancia de la actividad de las mujeres en la edificación del socialismo
12- Heroínas del trabajo socialista
13- Las mujeres en el movimiento stajanovista
14- La mujer y la constitución de la URSS
15- Las mujeres soviéticas en la guerra de liberación contra el invasor hitleriano

jueves, abril 16, 2009

Género y Clase: Algunas posturas

Por: Estrella Vidal/Mujeres Rojas
Si pudiéramos entender que la lucha de las mujeres es un asunto a resolver hoy, no cuando triunfemos y lleguemos al socialismo, que es condición imprescindible para vencer...

Si en algún momento pudiéramos aprender del pasado y asumir una lucha distinta. Si en algún momento pudiéramos mujeres y hombres llegar a un acuerdo en el terreno de nuestras propias trincheras. Desde aquellos sitios colectivos y unitarios en que pensamos un mundo totalmente diferente del que día a día estamos obligados a soportar. Si pudiéramos entender que la lucha de las mujeres es un asunto a resolver hoy, no mañana, no sólo cuando triunfemos y lleguemos al socialismo, sino en cada uno de los días en que intentamos acercarnos consecuentemente a un mundo nuevo y que es condición imprescindible para vencer. Seguramente nuestra lucha sería más real, más concreta, más definitiva, y tendría la fuerza que necesita para triunfar. Ésta alianza sugerida, viene de la observación de aquellas posturas que incólumes al tiempo siguen imprimiéndose en algunas páginas, olvidando muchas cosas, olvidando y pasando por alto la opresión y las responsabilidades del colectivo masculino.

Es imposible pensar que señalar como principal opresor al patriarcado, nos inducirá a dividirnos en la lucha en contra del capitalismo y que generará divergencias demasiado duras que desfavorecerán la unidad entre trabajadoras y trabajadores en una lucha común y de clase. Esta idea se desprende de un artículo publicado en fechas cercanas a la conmemoración del día internacional de la mujer de 2009. El cual menciona aspectos que han sido perpetuamente estudiados por mujeres y hombres en el seno de las organizaciones políticas del mundo, sobre todo en organizaciones revolucionarias mixtas, donde “la cuestión de la mujer” ha tenido una especial controversia en todos los planos. La mal avenida relación entre feminismo y marxismo. No podemos dejar de mirar con rigurosidad. No sólo porque es la base de identificar un “cómo” enfrentar la lucha por la liberación de la mujer y la sociedad, sino por romper con tópicos que nos conducen a la confusión y que no colaboran con posturas igualitarias y de real re configuración de la realidad que vivimos.

El debate se centra en varios aspectos. Uno de ellos es “la dudosa existencia del patriarcado“; estructura transversal de opresión que divide la sociedad en función del sexo de las personas. Una división común a todas las clases sociales, aunque concretada de manera muy distinta en cada una de ellas. Prácticas hegemónicas y estrategias de su ejercicio que reconfiguran las relaciones entre las personas. Negar ésta relación de poder por sobre las mujeres en alianza estratégica con el capitalismo, y con estados sus expresiones brutales como el neoliberalismo es simplemente carecer de buena vista. En éste articulo no menciona, ni cita las fuentes a las que se remite cuando dice que “algunos sectores del movimiento feminista que defienden la teoría del patriarcado, afirman que hombres y mujeres constituyen dos clases diferentes. Y que mantienen una relación de explotación entre sí” No sabemos que sectores le adjudican la categoría de clase, pero sí sabemos que la explotación es real, ya que el patriarcado no existe al margen de la economía, sino que opera en dialéctica relación con el capitalismo. Establece una alianza que puede ser re negociada en función de las fuerzas productivas. Propone al modo de producción una organización previa y esa es la división sexual del trabajo.

No sólo es una súper estructura sino que constituye además una forma de explotación del género femenino por el masculino. Toda vez que las mujeres realizan trabajos en el ámbito familiar o privado del que se apropia no sólo el capital sino también el colectivo masculino. “la mujer le resuelve al modo de producción la cuestión de la reproducción de la especie y de la clase obrera y le permite una mayor explotación de la parte masculina” Entonces aquellas tareas de reproducción y de cuidados de la vida, afectiva y sexual de la sociedad en general en la que los varones se apropian de una cantidad mayor de la que ofrecen ¿No constituye esto, en su esencia acaso una extracción de la fuerza de trabajo, elemento esencial de las relaciones de producción? Las trabajadoras realizan unos trabajos específicos para los trabajadores que no son pagados en su totalidad, sino que una parte de ese trabajo es invertida en acrecentar el valor de una mercancía: la fuerza de trabajo masculina. Podríamos decir entonces que a pesar de saber que el poder es del capital y de sus superestructuras, la responsabilidad como género es tan evidente y clara como que hay ciertos comportamientos destinados a ser parte de cánones sustentados en un género masculino que a su vez son parte del patriarcado. Menciono así que fragmentos del artículo citado nos dicen que los hombres no constituyen una categoría de análisis. A eso podemos decir que desde que ejercen hegemonía por sobre las mujeres y son parte de la misma clase, ya son analizables como colectivo. Porque a pesar de ser seres humanos explotados y oprimidos por el capitalismo no dejan de tener responsabilidades personales en la vida diaria. Así como la tienen para la conformación del hombre nuevo al emprender el socialismo. Al respecto hay teorías que mencionan la re configuración de la clase, que no es inalterable. “La clase es una circunstancia objetiva en la cual los sujetos se insertan. Por el contrario, es una forma visible de manifestación político-cultural de los trabajadores y trabajadoras en determinadas circunstancias sociales y que implica, simultáneamente, la propia autoconciencia de una realidad determinante pero también posible de ser reconstruida” Por tanto somos susceptibles de cambiar nuestras propias formas y hacernos cargo de esta opresión.

Atribuir todo a la opresión de clase, es dejar de lado las cuestiones fundamentales que la historia nos ha dejado como enseñanzas. Ya lo decía Alejandra Kollontay cuando mencionaba. “No basta con la abolición de la propiedad privada y con que la mujer se incorpore a la producción; es necesaria una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres...” En su teoría no tiene sentido hablar de un aplazamiento de liberación de la mujer hasta que el socialismo se encargue de erradicar las acciones concretas que se sustentan en el patriarcado; como son la subyugación, la violencia y sus micro violencias, los micro machismos, la expoliación del pensamiento de la mujer, y las conductas segregacionistas , prepotentes y arbitrarias de hombres dentro de la propia clase obrera y de los partidos políticos de izquierda a través de la historia. Situaciones que no han terminado con las nuevas relaciones de producción, y que son perpetuadas.

La clase obrera está compuesta por individuos concretos que, por tener experiencias en común, se reconocen como miembros de una clase. “la formación de la clase trabajadora es inseparable del enfrentamiento político de sujetos antagónicos: la lucha entre intereses opuestos y la articulación de individuos que se reconocen por experiencias comunes antecede y otorga la naturaleza política de las relaciones sociales” Por tanto debemos ejercer un cambio que no sólo contemplen la independencia económica de las mujeres incorporadas a la producción, o por la socialización de los servicios entregados por el estado para resolver las tareas de cuidado de la población. A esto dicho artículo hace referencia sobre la situación de las mujeres en la Unión Soviética, quienes gozaban del derecho al aborto, y divorcio. O que tenían los mismos derechos que los hombres.

Habría que preguntárselo a alguna veterana que seguramente ya no existe. Probablemente fue muy cercano a la realidad, pero las relaciones de poder por sobre las mujeres no desaparecieron, y menos que la gran mayoría de ellas tuviera que dedicarse a triples jornadas; hogar, militancia y trabajo. Siendo los hombres “ no personas egoístas o vagas”, al no dedicarse igualitariamente a los cuidados de la vida, sino personas que no estaban exentas del patriarcado. A pesar de haber roto con la propiedad privada. Por lo tanto esperar que se creen las condiciones o “se sienten las bases” para el término de la opresión de los hombres por sobre las mujeres, es antojadizo, carente de responsabilidad y visión de cambio. Y menos riguroso es decir que los hombres no se benefician con la absorción de la que es víctima la mujer. Ellos disfrutan de buena parte del tiempo, que han sacado a costa de la mujer, incluso cuando ellos no son los principales proveedores del hogar. Dedicándose a sus aficiones y ocios. Y siendo libres para avanzar en el pensamiento, en su desarrollo, y en la erudición de la que muchos hacen gala.

La explotación de la mujer en el hogar no responde a una simple división de tareas para solucionarlo, sino que debe ser como se mencionaba antes una revolución que nos permita satisfacer las necesidades humanas. Si nos remitimos a alimentación, vivienda, abrigo, afecto, relaciones sociales, libertad, autonomía. Todas aquellos elementos y actividades que realizamos habitualmente para nuestra sostenibilidad y que son innumerables. Los cuidados son en definitiva lo que se considera como trabajo doméstico, que es casi mecánico. Pero no está constituido sólo por eso, se añade un componente afectivo y relacional. Para que una persona llegue a convertirse en un individuo adulto y desarrolle sus capacidades relacionales debe ser cuidado, potenciado y esa es labor habitual de las mujeres trabajadoras y en parte por mujeres burguesas. Cuando estas tareas diarias se llevan a cabo se hacen parte de la realidad aquellas personas que son dependientes como son niñas, niños, discapacitados y mayores. Pero se hace más patente que hay otro tipo de discapacitados sociales, mayoritariamente hombres.

Volviendo a las responsabilidades individuales, es evidente que primordialmente son colectivas, como seguramente para el empresario no es una responsabilidad individual la explotación de trabajadorxs de su pequeña fábrica, pero el beneficio del género masculino como estructura, como conjunto es tan real como el beneficio particular que los hombres obtienen de su desentendimiento en tareas comunes y que dejan en manos de las mujeres. Y esta estructura no es otra que el patriarcado, nunca paralelo al capitalismo, ni a cualquier modo de producción, sino, transversal a todas las clases sociales. ¿ O a caso pretendemos decir que aquellas mujeres burguesas no son oprimidas? “Las palizas, las agresiones sexuales o el acoso se dan entre hombres y mujeres de cualquier clase social y no únicamente por parte del obrero alienado, frustrado, bebido que golpea a su compañera. Y en cualquier caso, lo que hay que preguntarse es porque ese obrero considera a la mujer como una propiedad; porque el obrero, el campesino, el intelectual o el burgués (o el señor y el siervo) tienen derecho a la propiedad sobre las mujeres y sobre los trabajos que éstas realizan. Y porque la crianza, socialización y educación de los hijos e hijas del obrero, del campesino, del intelectual o del burgués son asunto de sus esposas”. Por otro lado es muy es necesario destacar que las nuevas formas a las que hago alusión, esta revolución de la vida cotidiana y los cambios que esperamos se produzcan, si han llegado a acercarse a la realidad, sin duda han sido en aquellos países que han llegado al socialismo. No podemos obviar que la Unión soviética fue el más avanzado en materia de la decisión de la mujer sobre su cuerpo, el divorcio, tanto su incorporación a la producción.

Pero la situación fue enfrentada también creando comedores escolares y guarderías que se ocuparan de las tareas y del cuidado de los niños y niñas, y no de un real cambio de conciencia. Un cambio que tiene directa relación con asumir las tareas de la vida de las personas entre todas y todos, como motor fundamental de los cambios y de un verdadero socialismo. En éste sentido está claro que el hecho de que el sistema capitalista privilegie un género sobre otro no es consecuencia de un orden natural, todo lo contrario, está absolutamente fijado en función de los principales intereses del capital, es por esto que a penas el patriarcado deje de servir al mercado, será transformado por otro que se ajuste a las formas que requiera para seguir explotando. Y es la forma más evidente de que las mujeres tenemos en nuestra vida diaria un responsable que sin duda es el patriarcado.

Existe sorpresa al saber que viejos reductos teóricos, enuncien que dado el mecanismo de explotación capitalista , la lucha de las mujeres en contra del patriarcado sea una estrategia más del capitalismo para dividir a la clase obrera. Eso es no entender nada de lo que ha pasado en la historia de la humanidad. Las mujeres sin duda no son una clase social, sino que pertenecen a ellas, pero como se mencionaba antes sí son víctimas de esta opresión transversal que es imposible de esconder. Las mujeres burguesas son mujeres oprimidas, de otra forma claramente. Porque es real que grandes masas de población femenina del sur del mundo vienen a suplir la caída de los estados de bienestar que en algunas décadas propiciaron que los organismos públicos se ocuparan de las tareas de cuidado. Estas mujeres trabajadoras que vienen dada la precaria situación a las que se ven sometidas en sus neoliberales países de origen. Por lo tanto esas mujeres burguesas si se benefician de aquellas que vienen a cuidar de sus hijos, esas mujeres ricas tienen una vida profesional y laboral en la cual se les permita desarrollarse a costa de otras. Esas que dejan al cuidado de otras mujeres lo que los hombres del mundo se niegan a compartir.

Hombres de todas las clases sociales. El feminismo liberal, el anticapitalista, el materialista, el marxista o el autónomo. Todos y cada uno de ellos ha contribuido a la lucha de las mujeres, ha generado debate, ha hecho remover conciencias, y lo más importante ha desarrollado espacios de divergencia históricos, que se han trasformado luego en una lucha común de las mujeres. Ha logrado avance en las conciencias de las mujeres del mundo. Las mujeres hemos avanzado en espacios de poder, con mucho sacrificio, pero hemos avanzado.

Las teorías han dado la batalla contra una forma de ver el mundo totalmente androcéntrica, y eso es un logro del que no podemos renegar. Todos los pasos dados por las mujeres en el seno de las organizaciones, son logros de la lucha por nuestra representación, e incluso aquellos espacios que han dado lugar a las reformas en la legislación han contribuido. No queremos una parte, lo queremos todo, queremos que se nos trate de forma igualitaria en nuestras propias organizaciones mixtas. Y si en el camino necesitamos cambios, modificaciones legislativas y medidas de presión para ser representadas en diversos organismos y espacios de poder y de discusión mejor. Porque no podemos esperar a que se sienten las bases, mientras millones de mujeres en el mundo siguen siendo asesinadas, mientras somos víctimas primeras de las guerras, de la miseria, el hambre, la ignorancia y el abandono. O mientras seguimos siendo avasalladas por los hombres que pretenden cambiar el mundo y que con sus formas nos hacen retroceder. No queremos un poco, lo queremos todo.

Y si eso implica un cambio de conciencia similar y paralelo a la conciencia de clase, es primordial saberlo para que todas y todos podamos adquirirlo. Ojala pudiéramos hacer entender a aquellas que aún no saben que sí son explotadas por el hecho de ser mujeres y trabajadoras. Ojala pudiéramos levantar la voz y ser escuchadas por estos críticos compañeros de revoluciones. Ojala no fuera nunca más mencionado que luchar en contra del patriarcado, disminuye nuestro potencial revolucionario como clase, y menos enunciado por una compañera, que es ahí donde está la lucha más real y necesaria y que es objetivo de éstas humildes ideas expresadas.

El mundo pertenece a mujeres y hombres y es nuestro deber reformular las ideas y la práctica de lo ya conocido para avanzar, de lo contrario nuestro objetivo se alejará en función del avance nuestros pasos. “ Cuando varones y mujeres lleguen a ser verdaderos compañeros y la solidaridad sea el auténtico motor, cuando desaparezca la fría soledad moral y afectiva que rodea a los seres humanos en el capitalismo, sólo entonces será posible una auténtica revolución comunista.”

“Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse. “

Alejandra Kollontay.

lunes, abril 06, 2009

Marxismo y Feminismo: Las Amistades Peligrosas (entre Movimiento Obrero y Feminismo)

Sylviane Dahan / Revolta Global
En 1979, Heidi Hartmann, en aquella época una conocida feminista marxista americana, publicó un artículo con el título elocuente de "El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo". Unos años más tarde, la activista francesa Josette Trat publicó otro artículo con un título igualmente significativo: "Los desencuentros del feminismo y el movimiento obrero". Efectivamente: la historia de las relaciones entre el feminismo y el movimiento obrero ha sido turbulenta y tempestuosa, una especie de relación pasional.

Con respecto al siglo XX, hay que señalar de entrada una gran responsabilidad de la burocracia estalinista en ese encuentro a menudo fallido. En su obra "La Revolución Traicionada", Trotski dedica todo un capítulo al triunfo de Termidor en el seno de la familia. No es en absoluto una casualidad si la contrarrevolución burocrática ha tenido como uno de los ejes fundamentales de su avance la negación progresiva de los derechos de las mujeres y de las libertades sexuales conquistadas unos años antes. Una breve cronología permite medir el alcance de la regresión que el ascenso de la casta burocrática representó para el conjunto de la sociedad soviética. En 1933, se vuelve a instaurar el delito de homosexualidad. En 1936, se suprime el derecho a abortar durante el primer embarazo. En 1941, se introduce una tasa sobre el celibato y se aumentan los gastos del divorcio. Finalmente, en 1944, el aborto legal queda totalmente abolido.

Esta deriva tuvo unas consecuencias muy graves en el seno de los partidos comunistas de todo el mundo, formados en la disciplina de la tercera internacional. Los ejemplos son numerosos. A partir de los años treinta, el PC francés asume posiciones declaradamente antiabortistas y de defensa de la familia. En 1949, cuando aparece el libro "El segundo sexo", de Simone de Beauvoir, el PCF reacciona declarando que se trata de un escándalo y, Jean Kanapa, uno de los intelectuales más destacados del partido, tilda la obra "de inmundicia". La nueva izquierda de los años sesenta y setenta mostró un talante más abierto; pero no faltaron las fricciones, sobre todo a partir del momento en que una nueva oleada feminista se afirma, y las mujeres empiezan a tomar la palabra en primera persona (y ya no se conforman con ser las invisibles hadas que hacen funcionar multicopistas y máquinas de escribir, tareas militantes a las que la devoción y el espíritu de sacrificio que se suponía característicos de las mujeres parecían predisponerlas y, al fin y al cabo, relegarlas efectivamente). En Italia, en diciembre de 1975, un grupo de militantes de lo que fue en aquellos años una de las más fuertes organizaciones de la extrema izquierda europea, Lotta Continua, agredió una manifestación separatista de mujeres gritando: “¡Ahora, ahora! Sólo la mete quien trabaja!”. Unos meses más tarde, el conflicto entre las mujeres y los dirigentes de Lotta Continua aceleró la disolución de la organización. Otro ejemplo, esta vez venido de la otra lado del océano: Stokeley Carmichael, uno de los líderes de los Black Panters, en el transcurso de una entrevista, a la pregunta del periodista "¿Cuál es la posición que adoptan las mujeres en vuestra organización"?, responde: "Se ponen a cuatro patas". Naturalmente, se trataba de una broma... pero de un pésimo gusto.

En general, la acusación que se lanzaba contra el movimiento feminista era que amenazaba la unidad de la clase obrera. De hecho, el feminismo separatista surge en gran medida como una reacción ante esta actitud de desprecio por parte de las organizaciones del movimiento obrero. Sin embargo, la historia de las relaciones entre feminismo y movimiento obrero no se reduce sólo a estos acontecimientos.

Históricamente, el feminismo surge en conexión con la revolución burguesa. Pero, casi desde el principio, se encuentra ante el fenómeno de un naciente movimiento obrero. De hecho, los momentos de ascenso del movimiento obrero crean en gran medida las condiciones para que las mujeres empiecen a tomar la palabra. Hay que recordar que los primeros socialistas, como Fourier, ya se interesaron por la cuestión de la opresión que sufrían las mujeres. Hitos históricos, como el levantamiento de la Comuna de París, no sólo han visto irrumpir a las mujeres en las primeras filas de la lucha revolucionaria, sino que han dado figuras de la talla de Louise Michel, en muchos terrenos adelantada sobre el pensamiento progresista y emancipador de su época. La poderosa socialdemocracia alemana, a través de dirigentes como August Bebel y Clara Zetkin, fue introduciendo la reivindicación feminista en la tradición de la izquierda europea. Pero, sin duda alguna, la revolución rusa constituyó el momento de mayor liberación de las mujeres, y no sólo puntualmente. El Código de la Familia adoptado por la joven República soviética desde el año 1918 ya reconocía el divorcio, las parejas de hecho, y ponía fin a la secular autoridad del hombre al frente de la familia. Acto seguido, en 1920, vendrían la legalización del aborto, la instauración de la igualdad salarial y muchas otras conquistas...

Marxismo y feminismo

Este breve recordatorio muestra con suficiente que las relaciones entre movimiento obrero y feminismo no representan en absoluto una cuestión resuelta, sino más bien un vínculo que necesita todavía ser construido. Y eso es válido también con respecto a las relaciones teóricas entre marxismo y feminismo. Sobre todo a partir de los años 70, se ha ido elaborando una nueva categoría, el género, que permite poner de relieve el carácter social, histórico y simbólico de las relaciones jerárquicas y de poder establecidas entre los sexos. Mientras el sexo se puede referir a una distinción de carácter biológico (la diferencia entre los órganos reproductivos), el género representa una construcción al mismo tiempo simbólica, social, cultural y también política. El género, por otro lado, constituye una noción que ha ido modificándose a lo largo de la historia. Por lo tanto, la cuestión que se plantea es la siguiente: ¿como reunir o combinar clase y género?

Engels llevó a cabo la primera tentativa orgánica de analizar, utilizando las categorías marxistas, la problemática de la opresión de las mujeres en su célebre obra "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado". Su mérito principal es haber reconocido la especificidad de la opresión de las mujeres, así como la centralidad del papel de la familia en la perpetuación de esta opresión. Los límites de la reflexión de Engels radican, sin embargo, en la identificación que establece entre la opresión de las mujeres y su exclusión de la esfera de la producción, y en la asociación - demasiado mecánica - que hace entre esta opresión, el surgimiento de la sociedad dividida en clases y la propiedad privada de los medios de producción. Más tarde, en el transcurso del siglo pasado, hemos conocido una profunda distorsión de las posiciones de Engels por parte de algunos teóricos de "socialismo realmente existente". Así pues, la liberación de la mujer sería el resultado automático de la abolición de la propiedad privada, de la plena ocupación femenina y de la supresión de la familia (¡Engels hablaba de la extinción de la institución familiar, y no de su supresión burocrática!). La historia del siglo XX ha demostrado de modo fehaciente que la superación del capitalismo constituye una condición necesaria, pero no suficiente para la liberación de las mujeres.

Alexandra Kollontai realizó, por su parte, una de las primeras tentativas marxistas de abordar la cuestión de la opresión femenina, no desde un punto de vista economicista, sino teniendo en cuenta la complejidad de la problemática de las relaciones de opresión y de poder que subyacen en los vínculos personales entre los sexos. Si bien en un sentido completamente opuesto a ese enfoque, la categoría de clase también ha sido aplicada a las relaciones entre sexos por parte de algunas corrientes feministas modernas. Así, para una conocida autora como Christine Delphy, hombres y mujeres constituyen dos clases en conflicto, dado que hay una relación de explotación entre ambos sexos - pues los hombres se apropian el trabajo de las mujeres.

Género y clase

No se trata de superponer ni de confundir esas dos categorías, género y clase, sino más bien de comprender cómo podemos relacionarlas con el fin de suministrar un instrumento de mayor alcance para la comprensión de la realidad, un utensilio político y de organización de una clase que no puede ser entendida como si se tratase de una realidad monolítica, carente de articulaciones internas. ¿Cómo utilizar pues la noción de género (conjugándola con la categoría de clase) para entender el capitalismo, la globalización, las relaciones de poder? ¿Y para elaborar programas políticos y de lucha que reúnan necesidades y respuestas a opresiones diversas?

A modo de ejemplo, podríamos decir que la categoría de género se convierte en fundamental para entender todo el proceso de la moderna globalización capitalista. En el marco de este proceso, hemos asistido a una profunda transformación de la clase obrera, con un crecimiento exponencial de la fuerza de trabajo femenina - principalmente en la industria manufacturera y en el sector de los servicios. Podemos constatar igualmente la creación de nuevas correlaciones internas en el seno de la fuerza de trabajo, según los sectores de producción y de distribución: hasta tal punto que la presencia masiva de mujeres en este o aquel ramo constituye un indicativo para comprender la ubicación de estos sectores en la organización mundial de la producción. Con respecto al funcionamiento de las jerarquías, es sabido que el capitalismo establece diferentes categorías en el seno de la fuerza de trabajo. ¿Sin embargo, cómo se reproducen? ¿Quién ocupa los diferentes niveles de la jerarquía y por qué? Aquí, la referencia de clase no nos ayuda mucho. Tenemos que recurrir a la noción de género, a los conceptos de opresión racial, religiosa o nacional. Y, finalmente, podemos reconocer en el género un instrumento fundamental para la comprensión de la manera en que el capitalismo se reproduce en el plano ideológico.

Tomemos el caso de la familia. Bajo el régimen capitalista, se manifiestan dos tendencias contradictorias. Por una parte, como ya lo señalaba el Manifiesto Comunista, el capitalismo tiende a romper los vínculos sociales preexistentes; pero, al mismo tiempo, se aúna con las estructuras y opresiones precedentes, y acaba poniéndolas a su servicio. Así, podríamos decir que el capitalismo ha empezado topando, después ha hecho las paces y, finalmente, se ha entrelazado con el patriarcado. Consagrando a la familia moderna como institución, el capitalismo ha utilizado como palanca la estructura patriarcal precedente, la ha modificado y, en última instancia, la ha hecho suya. En la sociedad capitalista, la familia cumple dos funciones primordiales: la reproducción de la fuerza de trabajo (estableciendo una neta separación entre la esfera de la reproducción y el ámbito de la producción), y la reproducción ideológica del capitalismo. (Desde este punto de vista, resulta muy interesante el análisis del filósofo esloveno Slavoj Zizek sobre el mito de la felicidad familiar, profusamente desarrollado por la industria cinematográfica de Hollywood).

¿Qué pasa entonces bajo la globalización? Pues que las mujeres se encuentran plenamente inmersas en el mercado laboral. Y eso podría comportar una crisis del orden social del cual son garantes las estructuras patriarcales. El desguace neoliberal del estado del bienestar condena las mujeres a hacerse cargo del trabajo de cuidado (de los niños, de los enfermos, de la gente mayor...) y al mismo tiempo a participar del trabajo productivo. Eso tiene como consecuencia que, si bien las mujeres podrían devenir más independientes gracias a su acceso al mundo laboral, permanecen no obstante dolorosamente cautivas de las relaciones patriarcales - unas relaciones que sirven políticamente al capitalismo - a través del fortalecimiento de la familia.

Conclusión

El feminismo de estos últimos años ha puesto el acento sobre toda una serie de aspectos, como la deconstrucción del género, utilizando el psicoanálisis y otros estudios culturales. Se trata, desde luego, de contribuciones significativas, que completan algunas carencias del enfoque marxista. Sin embargo, el problema de fondo subsiste: ¿es posible alcanzar una liberación de las mujeres que no pase por una liberación del capitalismo? A menudo, los límites de estas teorías consisten en el hecho de infravalorar o incluso ignorar esta pregunta. El socialismo es necesario para la liberación de la opresión de género. En primer lugar, porque hay que abatir el capitalismo si queremos crear las condiciones de la emancipación del yugo patriarcal. Pero también porque resulta indispensable rebasar la división entre la esfera de la producción y la de la reproducción, así como democratizar radicalmente el conjunto de la sociedad y de las relaciones de producción.

Este texto ha sido confeccionado a partir de la ponencia presentada por nuestra compañera Cinzia Arruzza, miembro de Sinistra Critica, en la sesión de formación de la jornada consagrada al feminismo, durante el 25º Campamento de Jóvenes de la IV Internacional. Me han parecido interesantes el enfoque y la reflexión que hace Cinzia en torno a un problema que tenemos sobre la mesa: cómo existir políticamente en tanto que mujeres y en tanto que marxistas en el seno de la izquierda, nosotras que aspiramos a ser libres de toda opresión. Sabemos muy bien el sufrimiento que ha supuesto - y supone todavía - para numerosas mujeres el hecho de sentirse incomprendidas, asediadas o excluidas de los ámbitos de elaboración y decisión de las organizaciones políticas, sindicales o de los movimientos sociales en que militan por parte de compañeros - pero también de compañeras. Los rasgos misóginos, sectarios y machistas - y a veces la más pura estupidez humana - tampoco han sido ajenos a la vida interna de diferentes corrientes de la extrema izquierda europea; corrientes a las que, sobre todo después de 1968, no pocas mujeres se acercaron deseosas de cambiar este mundo, y donde a menudo han sido acusadas de fomentar la división del movimiento… ¡justamente cuando se sublevaban contra la especificidad de la opresión femenina! Como gritaban las y los jóvenes que participaban en los campamentos: "¡Sin las mujeres, no hay Revolución!”. Eso quiere decir ser leales al movimiento feminista, aceptando su pluralidad, y al mismo tiempo ser fieles a nuestra clase, que también es plural. Tenemos que luchar por un movimiento internacionalista y feminista fuerte. Nos toca hacer pedagogía y convencer a todo el mundo de que la lucha por la emancipación de las mujeres sigue estando a la orden del día. La historia demuestra que siempre hemos luchado junto a nuestros compañeros para acabar con el capitalismo; pero también que con eso no ha habido bastante. La revolución necesita la eliminación de TODAS las opresiones.