miércoles, febrero 13, 2013

La primera presidenta del Paraguay puede ser una feminista

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El país ocupa el octavo puesto del ominoso ranking de violencia de género en América latina. Desde el año pasado, crece el Movimiento Kuña Pyrenda (MKP), un partido que en abril se presenta a elecciones. Aquí habla su candidata, Lilian Soto: “Podemos aportar a la política cualidades de responsabilidad y cuidado de lo público”.

El machismo comenzó cuando se inventaron que Dios era hombre”, esgrimió alguna vez el poeta y escritor colombiano Luis Vidales. “¿Y si Dios fuera mujer?”, se preguntaba en una poesía el uruguayo Mario Benedetti.

Un estudio realizado con 180 mil mujeres para la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indica que la violencia física y sexual contra las mujeres es un problema aún “muy extendido” en América latina, en el que Paraguay ocupa el octavo puesto; luego de Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Nicaragua, Guatemala y El Salvador.
Paraguay, además, fue el último país de la región en haber concedido el sufragio femenino, a pesar de que el feminismo había surgido allí con ese reclamo en 1920, influido por los movimientos norteamericanos y europeos. En 1936, con la llamada Revolución de Febrero se fundó la Unión Femenina del Paraguay (UFP), un movimiento decididamente socialista. Con años de formación y disolución forzada, exilios incluidos, las mujeres paraguayas conseguirían votar recién en 1960. Hoy, casi todos los partidos políticos tienen sus comisiones femeninas.

Paraguay se acerca a las primeras elecciones presidenciales posteriores al golpe institucional contra el gobierno democrático de fernando Lugo en junio de 2011. Aquí, un panorama de cómo funciona la sociedad más machista del Cono Sur y la palabra de la primera candidata a presidenta mujer, Lilian Soto.


Desniveles. Si bien las extenuantes guerras internas y externas del Paraguay de los siglos XIX y XX eliminaron gran parte de la población masculina, hoy la naturaleza niveló los tantos. Según cifras publicadas por Quintín Riquelme, investigador del Centro de Documentación y Estudios (CDE) de Paraguay, en febrero de 2012 la población era de 6.381.940 habitantes, de las cuales el 50,5% eran hombres.
Según la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), el porcentaje de hogares donde la jefatura está a cargo de mujeres en zonas urbanas es del 36,5%; y en zonas rurales es del 25,5%. El porcentaje de mujeres en el principal órgano legislativo nacional ronda el 12,5%, mientras que el porcentaje de mujeres ministras en el máximo tribunal de justicia, la Corte Suprema, es del 14 %. Las mujeres reciben un 74% de la remuneración que cobraría un hombre en zonas urbanas por el mismo trabajo. La tasa de participación en la actividad económica, en zonas urbanas es de 65% para las mujeres y del 83% para los hombres. Respecto de la mortalidad, hay 95 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos.

El criadazgo. Gabriela Schvartzman nació en Asunción, tiene 38 años. Hija de un sociólogo y periodista y de una personalidad destacada del ámbito cultural paraguayo, ambos presos políticos y luchadores contra la dictadura stronista (de Alfredo Stroessner); marcaron su niñez y adolescencia las persecuciones políticas e ideológicas contra su familia. Encabeza hoy la lista para diputados del partido feminista Movimiento Kuña Pyrenda (MKP). En diálogo con Miradas al Sur, Schvartzman sintetiza la historia del Paraguay: “En tiempos de la colonia, su sistema económico descansaba en gran medida sobre la explotación de las mujeres indígenas. Cada español contaba con hasta 7 mujeres para los trabajos domésticos, para trabajar la tierra y reproducir la población generando mestizaje. Después, en la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) perdimos el 70% de la población y quedaban sólo mujeres, algunos lisiados, niños y niñas. Las mujeres se pusieron al hombro la reconstrucción social y económica del Paraguay. Sin embargo, la historia política fue exclusividad de los hombres”.

Respecto del contexto de desigualdad, Schvartzman acusa mayor precarización y flexibilización, desprotección frente a la maternidad, falta de seguridad social, remuneraciones más bajas, falta de contratos y despidos injustificados. “El trabajo doméstico, realizado mayoritariamente por mujeres, continúa discriminado ante la ley, con jornadas de trabajo de hasta 12 horas, con salarios al 40% del mínimo legal, sin estabilidad ni derecho a jubilación”. Advierte también sobre la desprotección de niñas que realizan trabajo doméstico sin remuneración –llamadas “criaditas”– y cuyo número, en 2004, se estimaba en más de 60 mil. “El criadazgo debe ser erradicado. Es una práctica de explotación económica y una de las peores formas de trabajo infantil”. Denuncia también que existe “trabajo esclavo de mujeres, niños y niñas” refiriéndose a indígenas del Chaco paraguayo que no reciben pagos por sus labores en la producción ganadera, sino sólo provisiones y ropas, cuyos valores son establecidos a un precio superior al del mercado.

Una radio que arde. Lizandra Rolón López simpatiza por fuera con el MKP, pero participa de la lucha por la igualdad de género de otra manera. Tiene 18 años y desde fines del 2011 es operadora de radio en Candela, la primera radio feminista del Paraguay. Cuando habla de discriminación, sabe de qué se trata, la padece y padeció en carne propia. Siempre. “La discriminación y el machismo están inmersos en el ámbito educativo, en las iglesias y en todo espacio de formación social; principalmente en nuestros hogares”.

Antes de ingresar a la emisora, Lizandra fue trabajadora doméstica, una experiencia que todavía recuerda con dolor: “Me sentía discriminada, porque un salario miserable es discriminación. Trabajaba de 7 a 17 por un pago usurero. A veces debía soportar que me trataran de tonta, como si por ser la empleada no entendiera o no supiera nada. Incluso en mi familia, de pequeña o en el ámbito escolar, los adultos priorizaban a los varones”. Sin embargo, desde que está en la radio, siente que contribuye con la sociedad al mismo tiempo que aprende: “Peleamos por ayudar a entender que somos todos iguales. Acá aportamos todas”, dice. Y agrega: “Somos una emisora feminista, que no quiere decir que excluyamos a los hombres, sino que buscamos la igualdad… pero algunos confunden al feminismo con el hembrismo que es como el machismo pero al revés”. Cuenta que muchos medios masivos de comunicación las tratan de “raras” y algunos las señalan como lesbianas. “Y eso es doblemente machista”, dice.

La primera candidata. Lilian Soto peleará por la presidencia en las próximas elecciones del 21 de abril, por el MKP. Para hacerlo, renunció a su puesto de ministra de la Función Pública de Paraguay en marzo de 2012, cargo que ocupaba en el gobierno constitucional de Fernando Lugo. Nacida en 1962, en una familia de clase media de Asunción, dictadura y opresión están entre sus recuerdos más tempranos, aunque no por eso taparon la música y los encuentros con los cantantes de la familia, el gozo de la lectura y los juegos. Los allanamientos e intromisiones de la Policía eran corrientes. Tenía unos veinte tíos y tías; cuatro de ellos eran comunistas y debieron exiliarse en Argentina. Su padre era economista, bancario, sindicalista y militante del partido febrerista y su madre, maestra. Su madre murió cuando ella tenía sólo 11 años, en el parto de un hermano. Es la mayor de seis. Los últimos tres, su padre los tuvo con otra mujer, luego de enviudar.

Con primaria y secundaria en colegios de monjas; se recuerda a sí misma aplicada y estudiosa, aunque muy traviesa. Los grupos de jóvenes de la parroquia cercana fueron los primeros contactos adolescentes generadores de debates sociales. Realizaban actividades en los barrios más pobres, leían la Biblia y hablaban de los problemas de su sociedad. A los 19, ingresó en la Facultad de Medicina donde se vinculó con un movimiento de estudiantes independientes. “Empecé a militar desde el primer día. Además del estudio, todo fue debate político: lecturas de textos de izquierda, movilizaciones, protestas, pintadas en las calles, pronunciamientos, trabajo con otros movimientos estudiantiles, con las organizaciones campesinas, sindicales…”, rememora Lilian Soto, candidata a presidente por el partido Kuña Pyrenda (Plataforma de Mujeres).

La caída de la dictadura le marcó el tiempo de formar un movimiento por la intendencia de Asunción. En 1991, ganó las elecciones que la convirtieron en concejala de Asunción, y fue entonces cuando organizaciones feministas la invitaron a reuniones y seminarios. “Empecé a escuchar, a leer, a buscar información, a analizar… fue ese proceso el que me llevó al feminismo. Allí encontré teorías para lo que había vivido y entendí que la lucha por la igualdad de clase y la justicia social van de la mano, ineludiblemente, con la igualdad de género”.

–¿Cuál es el contexto de esa lucha en Paraguay?
–Es un contexto de mucho silencio, de subordinación de las mujeres como algo normal. Una fuerte cultura machista y patriarcal poco desafiada. Vivimos una cultura política autoritaria, caudillista, clientelar, prebendaria. Sufrimos un Estado oligárquico, excluyente y discriminador. Un contexto poco favorable para la igualdad de género.

–¿Dónde nota diferencias de criterios entre hombres y mujeres?
–En cuestiones cotidianas. A las mujeres nos socializan para ser conciliadoras, responsables, aglutinadoras de la familia... Si hacemos un paralelismo con la familia extendiéndola al país, quizá las mujeres en la política podemos aportar esas cualidades de responsabilidad y cuidado de lo público, de ejercicio del poder de una manera menos prepotente y violenta, más dialogante, más amable...

–¿Cómo podría cambiar el nivel de desigualdad, cuando el 2% de la población posee el 85% de la tierra?
–El modelo económico productivo en el que se basa el Paraguay de hoy es un modelo que privilegia el monocultivo extensivo e intensivo de la soja y la exportación de materia prima sin industrializar. Este modelo, que expulsa y empobrece a la población rural –además de envenenarla–, tiene su sustento en la acumulación de los medios de producción –la tierra como elemento principal– en manos de pequeños grupos ligados al agronegocio trasnacional. Kuña Pyrenda apuesta a un modelo agroecológico que garantice soberanía alimentaria y producción para la industrialización. Deben modificarse: la situación actual de propiedad y tenencia de la tierra, así como otros aspectos de las cadenas productivas.

–¿Qué lugar tendrían los derechos de los Pueblos Originarios?
–Los pueblos indígenas se encuentran en el peldaño más bajo de la exclusión social en Paraguay. Y allí, las mujeres indígenas están aún en peor condición. Requerimos políticas de restitución de territorios y de derechos, así como de políticas específicas diseñadas con y desde sus integrantes para esta población. El mismo modelo que genera la pobreza del campesinado paraguayo es causal de la situación de discriminación de los pueblos indígenas.

–¿Cómo describiría la actual lucha contra la trata?
–Hay instancias regionales que intentan abordar el problema, y esfuerzos locales –en mi opinión– insuficientes para desbaratar las redes de trata. Las acciones deben ser decididas y contundentes; las mujeres objeto de trata terminan destruidas, en situación de esclavitud sexual. Exportar mujeres para la esclavitud sexual es intolerable. Hacen falta fuertes campañas de alerta e información, el ofrecimiento de oportunidades específicas en lugares que sabemos vulnerables donde se origina este delito y, sobre todo, un trabajo conjunto para el rescate en los países de destino. Se trata de un problema que debe tener un apoyo irrestricto político y presupuestario.

–¿Cómo vivió el golpe contra Lugo?
–El golpe quebró el proceso democrático que tanto costó construir en Paraguay. Fue un golpe ideológico, de desalojo de la izquierda del poder. Fue realizado por las élites políticas de cinco partidos aliados con sectores de poder fáctico. Empezaban a debatirse temas clave para la transformación social, y no podían dejar que prosperaran ni ese debate ni las tímidas políticas que empezaban a desafiar el orden conservador de la sociedad paraguaya. Se estaba despertando la conciencia de lo que significa un Estado de Derecho. Actualmente tenemos un gobierno que carece de legitimidad de origen: es un gobierno de facto.
En las calles de Asunción, por encima de unas flores recién plantadas, alrededor de cada árbol, pueden verse carteles del Movimiento Kuña Pyrenda que advierten: “Nuestro lado más débil nos hace más fuertes”.

“Soy hijo de madre soltera y padre irresponsable”

Tengo 34 años y milito en el diseño, que también es político”, se presenta Eduardo Barreto, uno de los pocos candidatos hombres del partido feminista paraguayo Kuña Pyrenda (Huella de las Mujeres, en guaraní). Barreto es diseñador gráfico y docente universitario en Asunción.

“Desde finales de los noventa fui partícipe de las manifestaciones contra los intentos de golpe y otras reivindicaciones sociales, convencido de que la fuerza y la participación ciudadanas son la clave para fortalecer nuestra democracia, hasta ahora bastante débil”, señala en diálogo con Miradas al Sur.

–¿Qué lo llevó a militar en un partido feminista?
–Vengo de un hogar donde la mujer era y es el motor del funcionamiento del sistema y desde esa cosmovisión pude entender el respeto, la libertad y el valor de cada persona, su cuidado, sus ideas, sus sueños y su importancia dentro del espacio y tiempo que toca transitar. Soy hijo de madre soltera y de padre irresponsable. Creo que nada está perdido. Y aprendo con los testimonios de compañeras luchadoras que dijeron un fuerte NO a continuar con los modelos represivos y discriminatorios, muy presentes en nuestro cotidiano.

Me siento privilegiado de formar parte de una lista construida con mujeres campesinas, indígenas, trabajadoras domésticas, actrices, artistas, etc. Kuña Pyrenda es, además, pionera en la inclusión de la diversidad en profesiones y oficios a sus listas. Creo que soy el primer diseñador gráfico candidateado a un puesto público. Puedo aportar políticas públicas inclusivas y participativas con innovación para sacarnos del retraso. Es tiempo de sentar las bases de una nueva forma de hacer política. Todos debemos sumarnos como hombres, padres, esposos, amantes a esta lucha que busca la igualdad, en un mundo entendido y dirigido hasta ahora desde una única mirada.

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