martes, julio 03, 2012

Mujeres contra mitos y reveses en Africa

Por Julio Morejón / Prensa Latina
Las mujeres africanas viven hoy un proceso de cambios que asumen con plenitud, premisa elemental para transformar un diseño social en el que es multidiscriminada.

No se trata de la subordinación a los hombres o a ideas relativas a la conservación a todo trance del monopolio de lo matrilineal, como elemento histórico-cultural, muy observado (y preservado) en el contexto continental.

Las africanas demuestran hoy su capacidad de actuar en todos los ámbitos y ese es tal vez el punto de partida del referido proceso de transformación, el autorreconocimiento de sus infinitas potencialidades.

Pero la trayectoria social, llena de acciones y contradicciones, en muy poco ha beneficiado a las africanas, enfrentadas a atavismos en escenarios donde se diluyen muchas de sus demandas de igualdad en todos los campos, un reclamo presente en la historia regional desde antes de los procesos de independencia política.

La equidad es uno de los pasos en la ruta de la emancipación femenina, aunque para lograr ese objetivo no existen modelos únicos.

En 1975, la I Conferencia Mundial sobre la Mujer identificó tres objetivos centrales: la igualdad plena de géneros y la eliminación de la discriminación de las mujeres, la integración y total participación de ellas en el desarrollo, y una mayor contribución en el fortalecimiento de la paz.

Esa proyección tendiente a promover la inserción del sector femenino en la sociedad, avanza muy lentamente; parecería que el carácter emancipador de la propuesta va perdiendo fuerzas mientras transcurre el tiempo o peor, hay interés en debilitarla.

En África, por causa de su proceso histórico, las metas están situadas más lejos que en otras zonas.

De ahí que se "requiere trabajar en urgencia para hacer frente a los males de la desigualdad de género, la marginación y la injusticia social que hoy sufre la mujer allí", considera la periodista Belinda Otas al indicar lugares donde la violencia contra ellas "es moneda corriente" y "la violación se ha convertido en un arma de la guerra".

Otas escribe sobre temas de las mujeres para las revistas The New African y New African Woman.

Desde que se adoptó la Plataforma de Acción de Beijing (PAB) en 1995, en las sesiones de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, el avance en la situación de ellas en el continente es muy pausado, con una marcada diferencia entre las promesas y lo materializado.

En el ámbito institucional, la Unión Africana (UA) se ha visto impedida de acelerar el plan de inserción femenina en todos los resquicios políticos, económicos, sociales y culturales de la región, afectada por una realidad desfavorable.

"El estado de inseguridad, los conflictos persistentes, combinados con otros factores como la crisis alimentaria, energética y la crisis económica y financiera mundial, operan en contra del ritmo del progreso", cita un informe de 2009 sobre las condiciones de la integración de la mujer en los asuntos regionales.

Existen serios fundamentos para opinar la existencia multiplicada de problemas de la sociedad agravados en los años más recientes, pese a los esfuerzos por detener esa degradación que afecta grandemente a las mujeres en la zona.

"Lo más difícil es que en África con nuestros conflictos y la violencia, el cuerpo de las mujeres ha sido utilizado como un campo de batalla, además, ella ha sido considerada como una pertenencia del hombre", opinó en mayo pasado Bineta Diop, vicepresidenta del Comité de Mujeres de la UA.

Bineta Diop es directora ejecutiva y fundadora de Femmes Africa Solidarité y del Centro PanAfricano para Género, Paz y Desarrollo, y lidera el Grupo de Trabajo sobre Paz de las Naciones Unidas en Ginebra.

Pero, en los últimos tiempos se progresa en lo relativo a la promoción de la igualdad de géneros y la capacitación de las mujeres en casi todas las áreas del continente. Sobresale que se han otorgado asignaciones significativas en esas esferas.

La Unión trata de dar respuesta a sus desafíos con fórmulas que buscan el equilibrio, con lo cual enfrenta en lo estratégico la década 2010 - 2020 dedicada a las mujeres africanas.

En la práctica política, por ejemplo, la presencia femenina en el parlamento surafricano aumentó un 11 por ciento en las elecciones del 2009, para llegar al 45 por ciento de escaños ocupados; en Uganda el legislativo cuenta un 30,9 por ciento de diputadas y en Ruanda el índice es del 56 por ciento, el más alto del mundo.

África posee actualmente dos jefas de Estado, Ellen Johnson-Sirleaf, de Liberia, y Joyce Banda, de Malawi, y un gran número de ministras, además de funcionarias de la ONU, un reconocimiento mundial a sus capacidades intelectuales y organizativas.

También en la vida económica se avistan algunas mejoras, aunque persiste el riesgo de una feminización de la pobreza y la mujer, en tanto centro del núcleo familiar, podría por ello ver afectado su rol; se llevan a la práctica ideas para contrarrestar ese efecto disociador, existen proyectos dirigidos a cambiar el diseño del mercado laboral.

El restablecimiento, y más allá la recomposición de la estructura económica regional, tras la implementación de los programas de ajustes neoliberales -que resultaron violentas marejadas contra las frágiles economías de la zona-, es una necesidad del proceso socioeconómico en el que está inmerso la Unión Africana.

Se aboga por la potenciación de emprendimientos de proyectos con apoyo financiero mixto o los micro-créditos, por ejemplo, que aunque se vinculan con la pequeña propiedad privada, en las condiciones africanas generan un necesario incremento de las tasas de empleo, con claras repercusiones sociales.

En ocasiones se hacen referencias a grandes ejes en la estrategia regional hacia el sector femenino: educación, sanidad, desarrollo económico, y poder y representación de las mujeres, que en esencia coinciden con los objetivos del milenio establecidos por Naciones Unidas.

No obstante, en la esfera social persisten problemas cuyas causas son múltiples y difíciles de solucionar por la gravedad que les asiste y las variadas formas que asumen, lo cual entorpece aplicar doctrinas y regulaciones a partir de generalizaciones, como son los casos de la ablación, la violencia doméstica, la salud reproductiva y otros dilemas.

Las acciones por un orden social equitativo más lógico y beneficioso para ellas son contrapuntos que adopta el desarrollo, lo cual constituye la mejor salida para los problemas de África.

No hay comentarios:

Género con Clase Impreso