martes, abril 14, 2009

Viejas en la sociedad del espectáculo...

Por: Asunción Fernández / La Haine
Envejecer no es una buena cosa en un mundo donde el valor está en la capacidad para producir rentabilidades varias: valemos mientras consumimos, existimos mientras somos capaces de intervenir (de la forma más agresiva posible) en nuestro entorno, somos alguien en cuanto acaparamos bienes materiales o simbólicos… Los ancianos resultan desposeídos de casi todo esto, con las rentas en el límite de la dependencia, sin posibilidad de consumo y sin ser representados de manera positiva en el contexto significativo de los medios de comunicación.

Un tópico recurrente es decir que “el siglo XX ha sido el siglo de la revolución de las mujeres”, y, cuando decimos esto, contamos más de lo que esa frase aparentemente expresa, porque la ‘revolución de las mujeres’ va más allá de la consecución de la paridad política, la igualdad ante las leyes, el derecho al trabajo o al mismo salario. Supone el control del propio cuerpo y el cuestionamiento del imaginario que hacía que los principales valores de las mujeres fueran la juventud o la belleza.

Ese sentido estaba en una obra clave del pensamiento contemporáneo, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, publicada en 1949. El libro fue un auténtico escándalo editorial al atreverse a poner en evidencia que la realidad de las mujeres se debe sobre todo al contexto simbólico en la que la feminidad está envuelta.

21 años más tarde, en 1970, Beauvoir publica un nuevo libro: La vejez. Tiene 62 años y se declara ya una mujer mayor. La sinceridad de la autora es siempre conmovedora y también molesta. Nos habla de la vejez como discriminación y marginación, de justicia social y de la diferencia de hacernos mayores si somos hombres o mujeres, ricos o pobres, cultos o incultos, y señala además que la vejez es más terrible, si cabe, para las mujeres porque su valor social está basado en lo perecedero por excelencia: la belleza.

Con estas ideas, Beauvoir se anticipa a la realidad de principios del siglo XXI: en el año 2020 en Europa habrá 85 millones de personas ancianas que reclaman su derecho a una existencia digna. Y eso tiene que ver con el control de los recursos materiales, pero también con el derecho a ser representados con dignidad. Y en esto están resultando pioneras las asociaciones de mujeres para las que el feminismo es una plataforma de reivindicación de una vida plena y autónoma, y también artistas como Kiki Smith, Ana Casas, Alice Neil o Manabu Yamanaka, que se atreven a representar los cuerpos de las mujeres ancianas como cuerpos dignos de ser representados.

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