jueves, diciembre 04, 2008

LO ESPIRITUAL ES POLÍTICO


La globalización y su impacto en las mujeres

La globalización financiera neoliberal es una pesadilla para las mujeres. Hoy en día las mujeres estamos más pobres y somos las más violentadas y alienadas gracias a la globalización.


Lo espiritual es político en esta era. Lo espiritual es transgresor a los mandatos del mercado porque tiene que ver con la plenitud interior, con el diálogo que establezcamos con nosotras mismas. Lo espiritual tiene que ver con un estado de ultraconciencia que nos permite ver y entender quiénes somos realmente.

La espiritualidad feminista también nos enseña que el placer no se puede acumular, ni repetir, ni vender, ni poseer y que, por lo tanto, como no es una mercancía, no le interesa a la globalización neoliberal. Por eso, sentir placer, ser feliz, bien podría ser nuestra mayor rebeldía contra el orden económico neoliberal.

La globalización no es un fenómeno nuevo. Hace más de cinco mil años se inició el proceso de globalización del patriarcado con tanto éxito que hoy en día se puede decir, sin temor a equivocarse, que el patriarcado está totalmente globalizado en el planeta Tierra.

La globalización económica tampoco es un nuevo proceso. En los pasados cinco siglos, los países económicamente más fuertes han impuesto su modo de ver el mundo a través del comercio y las «actividades productivas» a los territorios «descubiertos» y/o «colonizados». Es más, la estrategia de «globalizar» políticas, economías, sistemas, creencias, no es nueva ni ha sido usada solo para la imposición o la dominación.

Los movimientos socialistas, pacifistas, anticolonialistas, por los derechos humanos, feministas, de siglos pasados han tenido vocación a la globalización de sus anhelos, solo ue no la llamaban así.

Por eso, la estrategia neoliberal de denominar «globalización» al proceso por el cual han logrado derrumbar las barreras económicas nacionales, empoderando como nunca antes a las empresas e instituciones financieras transnacionales, es tan eficaz. Y es tan exitosa porque los ideólogos del neoliberalismo nos han hecho creer que la «globalización financiera» trata del 'intercambio' gratuito de personas, bienes y servicios y constituye progreso para el beneficio de la humanidad.

También nos han hecho creer que la globalización es sinónimo de la tecnología que la hizo posible y que no podemos beneficiarnos de ella al mismo tiempo que hay protecciones contra el flujo de capital al interior o al exterior de los países pobres. Además, sus estrategias son más exitosas porque han hecho de la globalización un sinónimo de libertad, progreso, recreación y bienes.

Pero la globalización que conocemos, la que se ha podido desarrollar a finales del siglo XX y principios del XXI es la globalización neoliberal. Lo que realmente está mundializado es el mercado. Lo único que circula libremente es el capital. Es decir, la globalización financiera imperialista es la única que es total, mientras la globalización de las mercancías, productos o servicios es parcial y la de las personas es casi inexistente.

Por ejemplo, cada mes se oye hablar de 'espaldas mojadas' que son abusados o abandonados a su suerte por 'coyotes' en su intento por entrar a los Estados Unidos o a Europa. La mera existencia de estos coyotes es prueba de que no existe libertad de migración para la mayoría de las personas pobres. En nuestra región, a miles de colombianos y nicaragüenses se les niega la entrada a Costa Rica, a los Estados Unidos o a cualquier otro país de los que se han convertido en un «paraíso» para migrar lejos de la guerra, la pobreza o la violencia. Y sin embargo, los tratados de libre comercio que los Estados Unidos están imponiendo a nuestros países no liberan las fronteras de ese país para que los pobres puedan migrar sin obstáculos, pero sí insisten en el libre flujo de capital.

La liberalización financiera ha sido el sello de la globalización neoliberal, debido principalmente a la 'asesoría' de las instituciones financieras internacionales y a la idea promovida por los economistas neoliberales, de que habría grandes beneficios para las naciones en 'desarrollo' derivados de la apertura de los flujos del capital internacional a los países en desarrollo. Y aunque la crisis económica Asiática(2) mostró los peligros del libre flujo del capital, los negociadores comerciales continúan insistiendo en esto(3)

Esta globalización financiera neoliberal es a lo que me refiero cuando hablo de la pesadilla de la globalización para las mujeres. Aunque hoy en día las mujeres estamos más pobres y somos las más violentadas y alienadas gracias a la globalización, varias feministas piensan que tenemos que 'verle su lado amable', porque nos han vendido la idea de que estar contra la globalización es estar contra el progreso. Pienso que es hora de que le pongamos apellido a este proceso de globalización para que entendamos que no tiene lado amable ni ha producido ningún beneficio para las grandes mayorías.

La globalización que existe es la globalización capitalista en su fase neoliberal. Este apellido es importante porque si decidimos oponernos o resistirla, sepamos con claridad a qué es lo que nos oponemos.

Cuando algunas personas identifican una serie de factores y de procesos implicados en la globalización, hay que saber que el Internet, los avances científicos, los movimientos sociales, las luchas ambientalistas, el pacifismo, el feminismo, no son internacionales gracias a la globalización; son internacionales contra ella, a pesar de ella y/o antes de ella. Pensemos, si no, en el VIH/Sida. Es, gracias a investigaciones feministas y el uso del Internet que hoy sabemos que esta pandemia está afectando mayoritariamente a las mujeres. Es gracias a los avances tecnológicos y científicos que hoy podríamos acabar con ella. Pero es gracias a la globalización que unas cuantas transnacionales tienen el poder de anteponer su avaricia frente a esa posibilidad impunemente. ¿Por qué? Porque, gracias a la globalización neoliberal, no es un crimen de lesa humanidad hacer mucho dinero a costa de la vida de las grandes mayorías negando las medicinas necesarias a quienes no tienen cómo pagarlas.

Es más, la globalización ha permitido que el país que cuenta con el mercado más fuerte de bienes intangibles y un sistema militar para respaldarlo, sea entendido como líder en cuestiones que nada tienen que ver con su poderío económico-militar. Así, los sistemas político, legal y educativo de ese país son vistos como modelos a emular, pese a que en ese país el actual presidente no fue electo por la mayoría de los votantes; las cárceles están llenas de personas pertenecientes a minorías étnicas; las mujeres no cuentan con licencias pre y pos natales, y el mayor acceso a la educación superior no está produciendo más mujeres solidarias con las mayorías excluidas de los supuestos beneficios que estaría produciendo el actual sistema, sino más mujeres que gozan de los privilegios que otorga esa globalización, a costa de millones de mujeres que no pueden ni tan siquiera aspirar a recibir una educación básica. En un mundo cada vez más crítico de lo que emana de ese centro de soberbia, arrogancia y despotismo, que se ha erigido en gendarme del mundo, muy poco se cuestionan su tecnología, su ciencia, su medicina y sus planes Colombia(5)que solo en apariencia nos han dado más ocio, libertad, salud o paz.

La globalización no ha significado progreso(6), ni interdependencia, ni igualdad, ni paz, ni felicidad para la mayoría de la población mundial. Menos para las mujeres que —como ya se ha probado y recomprobado en estudios e investigaciones realizadas por instituciones académicas, de desarrollo, de derechos humanos, de mujeres(7)— están peor que nunca (8).

Entonces, ¿por qué el movimiento feminista, como tal, no tiene un planteamiento y estrategias consolidadas para combatir este proceso llamado globalización, cuyo impacto más contundente ha sido la imposición de una cultura necrófila y misógina por todo el mundo?

Creo que una respuesta, entre muchas otras posibles, es que el movimiento feminista, al menos el que más conozco, que es el interamericano, se derrumbó, perdió su norte y se durmió en sus laureles. Perdió su camino y se hizo cómplice de sus éxitos pasados en relación con el Estado. Pienso que se le borró el objetivo, porque en su afán por eliminar la discriminación que sufrimos todas las mujeres de distintas edades, razas, clases, habilidades, hemos pensado únicamente en lo 'posible' dentro del Estado. Hemos cesado de soñar en mundos nuevos.

En este esfuerzo por trabajar en los parámetros de lo posible, incluimos a todas las mujeres, independientemente de si se identificaban con el feminismo o no. Y lo hicimos a tal punto que hoy en día se puede ser feminista y también estar en la junta directiva del Fondo Monetario Internacional, en la presidencia de un partido neoliberal o al mando de un pelotón del ejército. Este es un problema crucial. No estoy diciendo que las mujeres en esos puestos no puedan ser feministas o no deberían ser feministas. Tan solo digo que si el feminismo es algo tan difuso y abstracto que puede dar cabida a una ideología como el neoliberalismo, que es responsable del empobrecimiento de millones de mujeres, matando y mutilando a miles y haciendo la vida más difícil para la mayoría, entonces tenemos un problema. Y si tenemos un problema, tenemos que enfrentarlo en lugar de pretender que no existe.

Es más, yo digo que nos dormimos en nuestros laureles porque, aunque hemos logrado bastante, muchas nos hemos creído el cuento de que los logros dentro de la estructura actual es lo que necesitábamos para acabar con el patriarcado. Es innegable que, en las décadas de 1980 y 1990, este movimiento tuvo increíbles logros en la esfera pública: formal reconocimiento de la violencia de género como problema social y violación de los derechos humanos; derogación de casi todas las leyes abiertamente sexistas; más mujeres en casi todos los niveles de toma de decisiones y la creación de los ministerios o secretarías de la mujer; promulgación de leyes y convenciones con perspectiva de género; conferencias internacionales y regionales que adoptaron plataformas de acción que, de cumplirse, acabarían con la discriminación y explotación de las mujeres por ser mujeres. Y, en la esfera privada, también tuvo algunos logros para algunas mujeres: más libertad de expresión, más posibilidades de moverse, más caminos abiertos a más mujeres.

Pero insisto en que el movimiento se durmió en sus laureles porque también es innegable que la violencia de género no solo se ha incrementado, sino se ha sofisticado; que la justicia sigue siendo androcéntrica a pesar de todas las derogaciones, capacitaciones, innovaciones y convenciones con perspectiva de género; el poder sigue siendo masculinista aunque ahora se pinte las uñas; y la pobreza sigue siendo una chicana, mulata, negra o indígena, aunque hayamos logrado que el discurso de la diversidad sea asumido hasta por nuestros enemigos. Y aunque para algunas hay más libertades, también es cierto que hoy casi todas las mujeres somos prisioneras de la moda, o la publicidad, o los fundamentalismos o las drogas legales e ilegales y asta de la misma «libertad sexual» y «avances» científicos y tecnológicos que nos insisten que somos seres siempre enfermas, malolientes, demasiado gordas y de la edad, color, pelo y personalidad equivocados.

No estoy diciendo que el deterioro o la falta de avances se deban únicamente a nuestra complacencia con nuestros éxitos pasados dentro del movimiento de mujeres. De hecho se deben, probablemente sobre todo, a estrategias ineficaces, y todavía más, a fuerzas externas más allá de nuestro control. Sin embargo, pienso que existe un elemento de complacencia cuando no vemos la necesidad urgente de unirnos contra esas fuerzas externas, o de cuestionar o analizar nuestras estrategias con el fin de implementar unas nuevas, o incluso algo más urgente, cuando hemos decidido que lo personal no es político. En lugar de reevaluar nuestros objetivos, estrategias e identidades, continuamos apoyando las estrategias hacia el Estado que fueron exitosas en el pasado. En mi opinión eso es dormirnos en nuestros laureles.

Por eso pienso que tenemos que reconstruir un movimiento capaz de enfrentar los viejos y nuevos retos de la globalización neoliberal. En los párrafos que siguen quisiera delinear algunas ideas sobre cuál es el movimiento que necesitamos para lograrlos ideales del feminismo o, al menos, los que yo considero son sus ideales. Sobra decir que estas ideas están basadas en mis opiniones y sentimientos personales, no son verdades grabadas en piedra. Por supuesto, estas ideas las he desarrollado gracias a la aportación de muchas mujeres y, obviamente, no pretenden ser excluyentes, y tampoco una lista cerrada. Al contrario, espero que estas ideas generen mucho debate amoroso que nos ayude a todas a crear estrategias más armoniosas, eficientes y efectivas.

Por 'debate amoroso' entiendo que, aunque muchas mujeres podrían estar en desacuerdo conmigo, podrán ser capaces de decirlo con amor, y no acusarme de ser esto o lo otro, y no leer mis opiniones como una imposición. Espero también que seré lo suficientemente abierta, flexible y segura para escuchar estos desacuerdos de tal forma que pueda yo reformular mis ideas sin sentirme disminuida o equivocada en un cierto sentido. He visto demasiadas reuniones en las que una oyente acusa enojadamente a la que habla y ella se pone tan a la defensiva que no se logra nada excepto reforzar el patriarcado, conforme las mujeres continuamos siendo nuestras propias enemigas. Esencialmente, sugiero que este tipo de debates requiere plantearnos preguntas y contestarlas desde un corazón amoroso y desde un espacio emocional que esté libre de prejuicios y reproches. Esto no es fácil porque como mujeres hemos sido indoctrinadas a desconfiar unas de otras y con la idea de que las mujeres somos siempre culpables de algo.


LO ESPIRITUAL ES POLÍTICO


Creo que la tarea más urgente que tenemos que hacer para lograr un movimiento capaz de enfrentar los embates de la globalización de la cultura capitalista en su fase neoliberal es recrearnos, redefinirnos y reafirmarnos como seres sentipensantes, autónomamente interdependientes y finitamente eternos.

Seres capaces de pensar amorosamente, vivir el ahora sin desconocer el pasado ni olvidar el futuro, sintiéndonos únicos a pesar de ser unas con el todo. Esto, creo yo, es espiritualidad.

En vez de que nuestra comprensión de nosotras mismas avance en esa dirección espiritual, la publicidad de las grandes transnacionales ha creado una cultura global en la que necesitamos consumir y acumular para llenar el vacío de nuestras vidas. Nos ha convertido en personas que nos sentimos tan alienadas, fragmentadas y aisladas de nuestro ser interior, que buscamos en la acumulación de objetos, conocimiento y poder, llenar ese vacío que sentimos.

Por eso pienso que lo espiritual es tan político en esta era. Lo espiritual es transgresor a los mandatos del mercado porque tiene que ver con la plenitud interior, con el diálogo que establezcamos con nosotras mismas. Lo espiritual tiene que ver con un estado de ultraconciencia que nos permite ver y entender quiénes somos realmente.

Mi sugerencia para los movimientos globales de mujeres, es, asimismo, el buscar una espiritualidad feminista y desarrollar una ‘ultraconciencia feminista’.

Esta ultraconciencia feminista va más allá de una conciencia feminista, que es entendida como un estado mental que nos permite 'ver' el sexismo. Una ultraconciencia feminista nos permitiría ver, no únicamente el sexismo en las estructuras sociales, sino también la manera en que el sexismo opera en nosotras mismas y se encuentra relacionado con todas las otras formas de opresión. Nos permitiría ver las energías fluyendo hacia dentro y fuera de las opresiones, de manera que no reproduzcamos esas energías en nuestras soluciones. Por ejemplo, la energía que emana de la violencia de género hacia las mujeres es misógina y la energía que emana de la misoginia es odio por el sexo opuesto. Si la solución que proponemos para la violencia de género es solamente o principalmente el castigo de los perpetradores, sin consideración o compasión para con su construcción como hombres, ¿no sería esto lo equivalente a 'odiar a los hombres'? ¿No son estas energías similares? ¿No deberíamos tratar de encontrar una solución que fluya con una energía diferente? ¿Qué les parece amor o compasión o perdón? No son fáciles, pero probablemente son necesarias.

Cuando hablo de que necesitamos una espiritualidad feminista no estoy hablando de una religión en sí misma. Definitivamente no estoy proponiendo la creación de autoridades religiosas femeninas, o rezarle a una diosa en vez de a un dios, pues estos no son actos políticos per se.

Por supuesto que quien quiera hacerlo está en su derecho, pero esa no es la espiritualidad de que hablo cuando digo que lo espiritual es político. La espiritualidad política es la que nos permite re-crearnos comoseres interdependientes e infinitos, capaces de enfrentar cualquier imposición de afuera con una valentía creativa. Tenemos que ser valientes y creativas en la travesía para discriminar entre nuestro condicionamiento y nuestros verdaderos sentimientos. En este viaje caminaremos por tierras solitarias y desconocidas y por eso necesariamente tendremos que apoyarnos las unas en las otras y en los hombres solidarios. Como dije antes, la espiritualidad tiene que ver con un estado de ultraconciencia feminista que nos permita ver a la mujer que somos; necesitamos quitarnos miles de años de adoctrinamiento en valores y formas de entender la realidad patriarcal. Es necesario identificar cuáles son nuestros verdaderos sentimientos y cuáles son los que nos han enseñado a sentir.

Necesitamos encontrar ese estado de ultraconciencia que nos permita tanto amar con la razón como entender con el corazón, para deshacer las falsas dicotomías en que nos ha dividido la ideología patriarcal. Con esta conciencia nueva podremos sentir y pensar el mundo e maneras nuevas, lo que nos llevará a imaginar, soñar y crear otras actitudes hacia todo lo que nos rodea. Esto, a su vez, nos irá construyendo otros estilos de vida, menos consumistas, más sororales. Estilos de vida respetuosos de los otros seres que habitan este planeta, y también amoroso. Nos permitirá encontrar formas de 'ser en nuestros cuerpos', en lugar de tratarlo como un objeto en el que habitamos.

Una certidumbre que se aclara cada vez más en esta era de globalización neoliberal, es que necesitamos otras actitudes y valores para poder resistir.

No podemos seguir entre la disyuntiva de asumir lo masculino como nuestro o presumir de lo femenino como superior. Tenemos que poner fin a la dicotomía masculino/femenino, con actitudes y valores realmente inclusivos. Necesitamos otros estilos de vida que no sean tan violentos y misóginos. Definitivamente, necesitamos más amor, más perdón, más tolerancia en nuestras vidas.

Creo que la lucha contra la globalización puede ayudarnos a encontrar esos valores que tanto necesitamos recuperar, esas nuevas actitudes y estilos de vida que tenemos que adoptar si queremos seguir existiendo en este planeta. Pero también tenemos que recordar que no solo somos personas dentro del mundo globalizado, sino mujeres a las que la globalización está empobreciendo, violentando y fragmentando. No podemos unirnos a la lucha contra la globalización neoliberal así no más. Tenemos que crear un movimiento feminista fuerte, que tenga algo que aportar a esa lucha, y que en ese aporte estén su poder y su fuerza.

Para recuperar y recrear el femenino sobre lo cual podemos basar nuestra contribución a la lucha contra la globalización neoliberal, tenemos que volver a mirar hacia los inicios del patriarcado. Sabemos que en la prehistoria, es decir, en los tiempos prepatriarcales, la divinidad era una mujer. Entender cómo hicieron los primeros patriarcas para reemplazar a la diosa nos puede dar una pista de cómo recuperarla y recrearla. No para adorarla como a un dios, sino para recuperar nuestro amor por lo femenino y todo lo asociado con ello, como el cuidar, nutrir, dar. Para recuperar y recrear lo femenino, tenemos que volver nuestros ojos al comienzo del patriarcado. Se sabe que una de las estrategias de los patriarcas fue arrancarles a los cuerpos femeninos, capaces de dar vida, su sentido trascendente y espiritual.

Así, el cuerpo se vio y se entendió omo desprovisto de toda sacralidad, mientras que el alma se consideró depositaria de lo divino, espiritual y superior. Las religiones prepatriarcales, que tenían diosas entre sus divinidades, no hacían esta distinción. Para ellas, el cuerpo era sagrado, porque era uno con el espíritu o alma; y, por ende, los cuerpos femeninos, capaces de dar vida a otros seres humanos, eran considerados divinos. Y como el cuerpo era sagrado, el placer también lo era. Pero las religiones patriarcales nos quitaron no solo la capacidad de trascendencia, sino la de sentir placer sin culpa.

De nuevo necesitamos de lo espiritual para crear un movimiento feminista que ofrezca placer a las mujeres: placer en el sexo, en el cuerpo, en la mente y en el alma; pero también en el trabajo y en el activismo. Necesitamos un movimiento alegre, feliz, placentero y eficiente. No necesitamos un movimiento que se mate trabajando, sino un movimiento que baile, ría y goce creando coreografías contra la globalización. La espiritualidad feminista, al contrario de la que crearon los patriarcas, no niega el placer; más bien nos ilumina sobre los millones de maneras de disfrutar cada segundo de la conciencia, del trabajo, del activismo, de nuestro poder y, especialmente, de nuestros cuerpos.

La espiritualidad feminista también nos enseña que el placer no se puede acumular, ni repetir, ni vender, ni poseer y que, por lo tanto, como no es una mercancía, no le interesa a la globalización neoliberal. Por eso, sentir placer, ser feliz, bien podría ser nuestra mayor rebeldía contra el orden económico neoliberal. ¿Por qué? Porque una cultura basada en la economía de mercado, tal como la que la globalización nos ha impuesto, requiere de personas que compren, compren y compren. Si una persona está feliz con lo que tiene y con lo que es, compra menos. Por lo tanto, es lógico asumir que una economía de mercado necesita personas que sean infelices con lo que son y lo que tienen. La estrategia es hacernos sentir infelices, sin valor, sucias, enfermas, ignorantes y dependientes, de manera que podamos comprar cosas que nos hagan sentir limpias, sanas, libres e independientes. Solo hace falta ver los anuncios en la televisión para entender esto.

Asimismo, lo espiritual es político porque dependiendo de cómo una persona se ve a sí misma y comprende la realidad, es como una persona se comporta. Si nos vemos como víctimas de los hombres, nos comportaremos con venganza; si nos vemos como superiores, nos comportaremos como los hombres lo han hecho con nosotras. Si creemos que solo somos carne sin espíritu, o si creemos que hay un dios y que este está fuera de nosotras, seguramente no podremos sentir plenamente la alegría y el dolor ajenos.

Pero si nos vemos como expresiones distintas de una misma energía o divinidad, nos comportaremos con el amor y el respeto que esta conciencia nos da. ¡Y esto sí es político!

Consideremos, por ejemplo, la violencia contra las mujeres en la esfera doméstica. En América Latina el énfasis se ha puesto en la criminalización de la violencia doméstica y por muchos años el movimiento de mujeres ha dedicado la mayoría de su energía en esto. Para mí, esta es una estrategia poco efectiva a largo plazo porque surge del deseo de castigar a quienes nos lastiman, lo que al final es realmente un deseo de venganza. El castigo y la venganza para los abusadores domésticos, como el castigo y la venganza para los terroristas, producirán únicamente más violencia. Necesitamos encontrar estrategias que surjan de un espacio espiritual que fluya con compasión y entendimiento, incluso hacia aquellos que nos violentan, para poder terminar con esta violencia.

Entonces, ¿cuál podría ser una mejor estrategia? Sé que criminalizar este problema no terminará con él. Pero no tengo la respuesta. Sin embargo, pienso que debemos aprender a escuchar lo que las mujeres víctimas de violencia doméstica quieren. Tenemos que sentir respeto hacia ellas y entender sus necesidades, pero antes que nada tenemos que vernos a nosotras mismas y entender lo que queremos. ¿Queremos venganza? ¿Queremos que las agresiones sean castigadas a cualquier costo debido a nuestras propias necesidades como víctimas también? Pienso que deberíamos cuestionar nuestros motivos y preguntarnos: ¿Estamos comprometidas con esta estrategia porque realmente pensamos que terminará con la violencia, o no somos capaces o no queremos dar tiempo y energía para terminar la violencia a través de estrategias más difíciles y que consumen mucho más tiempo?


Notas


2 La crisis financiera que ocurrió en los mercados emergentes, empezando con Tailandia a mitad de 1977, para extenderse rápidamente a otros países del Oriente Asiático antes de afectar a Rusia y Brasil, expuso dramáticamente los efectos negativos causados por el flujo de capitales de corto plazo y los riesgos y peligros graves que acompañan la liberalización financiera en los países en desarrollo.

3 Para obtener información sobre este aspecto de la globalización, ver, por ejemplo,

O. de Rivero (2002) The Myth of Development, the Non-viable Economies of the 21st Century (New York City: Global Issues Series, St Martin's Press).

4 Si en alguno de nuestros países un presidente fuera electo de la misma forma en que lo fue Bush, el propio Bush lo utilizaría como una excusa para 'liberarnos' de elecciones no democráticas.

5 'Plan Colombia' fue oficialmente presentado como una estrategia diseñada por funcionarios colombianos para combatir el tráfico de las drogas y alcanzar la paz con el fin de terminar la década de los conflictos civiles, propiciar el crecimiento de la economía y fortalecer el estado de derecho. Hay críticos/as que opinan que la estrategia fue diseñada en los EUA; que la mayoría del presupuesto se está gastando en armas de contrainsurgencia; y que el plan tiene como objetivo la guerrilla, el campesinado y los pueblos indígenas; además el plan está generando un amplio deterioro del medio ambiente.

6 Ver S. Stiglitz (1998). Globalization and Its Discontents (New York: New Press).

7 Ver, por ejemplo, L. Benería (1995). 'Scholarly Controversy: Global Flows of Labor and Capital: Globalization Threatens Labor's Rights', International Labor and Working Class History 47 (Spring).

8 Por ejemplo, se realizó una conferencia centroamericana en Nicaragua, en 2003, con expertos del Banco Interamericano, el Consejo Económico de las Naciones Unidas para América Latina y cientos de investigadores/as y académicos/as que hablaron sobre las condiciones de las mujeres después de los programas de ajuste estructural, en las maquiladoras, en el mercado informal. Estos estudios pueden ser consultados en

www.gtzgenero.org.ni.confergen/

No hay comentarios: