
Por: Iñaki Gil de San Vicente
Una de las maneras más directas e impactantes de mostrar la totalidad del problema de la explotación socioeconómica de la “mercancía mujer” como polivalente “instrumento de producción”, totalidad que abarca el empeoramiento de la vida económica y de la vida sexual, además de otras formas de vida, debido a los efectos devastadores de la crisis, lo tenemos en la siguiente noticia: “Las españolas vuelven a los prostíbulos (…) La crisis empuja a muchas mujeres a volver a un oficio copado por extranjeras. Los precios se derrumban y el cliente es más vejatorio y exigente”56. No vamos a extendernos aquí en la forma horrenda de explotar, oprimir y dominar a las mujeres que es la prostitución, pero sí debemos tocar una realidad inseparable de la prostitución y que no transciende a la prensa, que es rápidamente negada al conocimiento público: me refiero a las relaciones entre la prostitución y la extrema derecha. El investigador J. Cantero profundizó en estas redes de explotación sexual y de rentabilidad económico-política por parte de la extrema derecha, por el sector más reaccionario y criminal de la burguesía.
Entre finales de 2006 y comienzos de 2007 la ganancia media de una prostituta en el Estado español era de 123 euros al día, de los cuales 89 euros iban a parar a los empresarios de ese negocio57.
Por no extendernos, debemos recordar que existe una muy amplia red de conexiones mutuas entre prostitución, dinero negro, economía sumergida y especulación financiero-inmobiliaria, de manera que la corrupción es una plaga en aumento, como se constata en el Estado español que ha retrocedido en sólo un año del puesto 25 al 28 en el ranking de los países menos corruptos, según Transparency Internacional58. Veremos luego las relaciones entre equilibrio psicosomático, drogadicción, violencia machista y malestar sexual, pues bien, como muestra de la masiva acción de la droga en el Estado español tenemos tanto las continuadas declaraciones de organismos internacionales y de los servicios norteamericanos sobre cómo el Estado español es el mayor consumidor de drogas en la UE59, como el reciente estudio de laboratorio que muestra que los billetes que circulan en la economía española son lo que contienen las cantidades más altas de cocaína de Europa60. Por poner otro ejemplo ilustrativo, tenemos la reciente decisión del neofascista Berlusconi, acusado varias veces por corrupción y que se ha salvado de la cárcel precisamente por la generalizada corrupción en Italia, ha decidido grabar la industria pornográfica con un impuesto especial para combatir la crisis económica61. En estas condiciones estructurales, las sexualidades no pueden librarse de los efectos que todo ello genera.
Desde luego que no todas las mujeres terminan recurriendo a la prostitución para intentar resolver su situación económica, pero hemos empleado este dato para sintetizar en su forma más cruda la realidad de la explotación patriarco-burguesa, mostrándola en todos sus aspectos, también en los más ocultos y silenciados por la propaganda oficial, ya que si bien por pura exigencia del método dialéctico no se puede nunca separar la parte del todo en el que se inserta, tal exigencia es aún más imperiosa en lo relacionado con la explotación de la mujer por el hombre debido a la gran cantidad de fuerzas irracionales y subjetivas que se movilizan en su interior y que anulan totalmente o merman mucho la capacidad de crítica radical y racional del problema. Pues bien, al sacar a la luz la interacción permanente entre crisis económica, sexualidad machista y prostitución, extrema derecha y capitalismo corrupto, estamos poniendo el dedo en la llaga ya que, en situación extrema de carencia de medios de sustento, si no logra establecer una relación personal basada en la igualdad mutua, la mujer no tiene otro remedio que mendigar o aceptar la dominación de alguien, ya que los puestos de trabajo asalariado están en su inmensa mayoría reservados a los hombres. Hay varias formas de aceptar la dominación exterior: desde recluirse en un convento, como en la Edad Media por citar una solución muy frecuente entonces, o prostituirse directa o indirectamente, es decir, en el seno del matrimonio, de la familia como institución básica del sistema patriarco-burgués.
Tocamos aquí un problema candente que debemos tratar sin piedad ni compasión, y es el de la utilización de la sexualidad como herramienta, no únicamente como recurso e instrumento de subsistencia y supervivencia en situaciones desesperadas, sino también como medio de acceso a cotas de poder e influencia, de mayor prestigio y apariencia exterior. El colectivo feminista Trece Rosas ha publicado un brillante texto al respecto denunciando que “La sexualidad es muchas veces convertida en herramienta o mercancía. Uno de los ejemplos evidentes es el uso de ella para conseguir beneficios fácilmente, que de otra forma sería complicado obtener; o enfocado desde la otra persona, abusar de un cierto poder ofreciendo algo deseado a cambio de ser satisfecha/o sexualmente. Es un recurso habitual en el ámbito laboral con el objetivo de ascender de puesto, conseguir mejores salarios o mejorar ciertas condiciones; pero también dentro del mundo antifascista tiene cabida este triste fenómeno: utilizarlo para conocer a personas con sobre-nombre, a personas con reputación (real o no), personas que son “importantes” dentro del movimiento; en definitiva, personas de las que queda bien hablar a pesar de que seamos todxs compañerxs y nuestra situación se base en la igualdad y no en el liderazgo de algunxs”62.
La crítica de este colectivo feminista se extiende a otras realidades más brutales, como las violaciones, etc., pero pensamos que una forma directa de comprender la profundidad del problema es apreciar que incluso dentro de la izquierda, en el interior de la lucha antifascista, también se instrumentaliza la sexualidad. Si este uso patriarco-burgués está tan extendido, ¿qué no sucederá en las prácticas no revolucionarias, totalmente burguesas, reaccionarias y machistas? Tenemos que partir de esta realidad para disponer de una base sólida a partir de la cual destruir el tópico de la igualdad en el seno de las relaciones de pareja, personales y matrimoniales. Es tan abundante y de tanta calidad la bibliografía científico-crítica que destruye este tópico reaccionario que no vamos a extendernos en citas, aunque sí debemos referirnos a uno de los más recientes estudios que confirma de nuevo que incluso en las parejas en las que los dos miembros ganan un sueldo, también en ellas se mantienen las relaciones de poder del hombre sobre la mujer por la profunda raigambre de la dominación patriarcal, que se resiste a los cambios sociales, como lo demostrado S. Demo Moreno63.
Hasta ahora y en situaciones de relativa bonanza económica e incluso de crisis no sistémica ni estructural, la independencia salarial de la mujer era y es un requisito esencial a falta de otros recursos para su independización práctica mediante el divorcio legal o la separación de facto, lo que el patriarcado llama “abandono del hogar”. El bello espectáculo del aumento de la multiplicación de los divorcios y de la independización de la mujer, que tanto aterroriza no sólo a la derecha y extrema derecha que manda en la Comunidad de Madrid donde en 2007 se registraron 19.000 separaciones de un total de 23.000 bodas, que tiene una tasa de rupturas que es la cuarta del Estado, sino también al Instituto de Política Familiar, un organismo del Estado que sostiene que “la ruptura familiar está creciendo de forma alarmante”64, esta hermosa liberación sin embargo empieza retroceder bajo los golpes represores de la crisis económica y de la contraofensiva patriarcal.
En efecto, un titular de prensa que resume un estudio del empeoramiento de la libertad de la mujer a raíz del aumento de la crisis, dice así: “Este otoño toca divorciarse menos”65, en el sentido de que si bien los divorcios aumentan en septiembre después de la vuelta de vacaciones, período en el que la convivencia forzada entre la pareja ha descubierto todas las incompatibilidades personales que estaban más o menos ocultas por lo horarios de trabajo, sin embargo y desde 2007 la crisis socioeconómica en ascenso obliga a las mujeres y hombres a posponer el divorcio por la dependencia económica mutua, pero muy mayoritariamente de la mujer hacia el hombre. No hace falta un gran esfuerzo imaginativo para comprender el empeoramiento vital que supone renunciar a la libertad por carencia de medios económicos para mantenerla, especialmente cuando se había hecho tan insoportable la vida en pareja que la separación aparecía como única alternativa. Pero en esta cuestión y en toda la realidad, debemos tener siempre en cuenta la tremenda influencia de la posición de clase en el momento de poder acceder a más o menos libertad y posibilidades sexuales. Por ejemplo, a la par de un descenso en los divorcios de las clases trabajadoras se ha constatado una tendencia al alza en los divorcios de los hombres de las clases explotadoras una vez que llegan a los 60 ó 65 años de edad, entre otras cosas debido a los efectos estimulantes del Viagra, pero sobre todo a que sus recursos económicos les permiten romper con sus mujeres y, en muchos casos, entablar relaciones con mujeres más jóvenes66.
Muchas pueden ser las formas de reaccionar en situaciones así, cuando la convivencia es insoportable o muy difícil de soportar y aunque se desea el divorcio es imposible conseguirlo, pero todas ellas forman la vida cotidiana marcada por una realidad impuesta y Hay que partir de la unidad de vida cotidiana, diaria, para ver cómo interactúan entre sí los comportamientos diferentes y, a la vez, cómo influyen sobre las sexualidades diferentes, en los afectos y en las relaciones amorosas. Una unidad que, a su vez, está determinada por las estructuras de explotación laboral, por las condiciones salariales, por el tiempo asalariado, etc. Sin negar la mayor o menor autonomía relativa de lo subjetivo, de los afectos, de las sexualidades, con respecto a las estructuras socioeconómicas, siendo esto cierto, aun así y si queremos partir de una base científico-crítica para poder analizar luego los impactos de la crisis en las sexualidades humanas, debemos detenernos repasar algunos informes muy ilustrativos.
De entrada y como base teórica imprescindible partimos de la constatación de que la producción de psicopatologías es inherente al capitalismo ya que la deslocalización in situ, la creciente posibilidad de ser echado del puesto de trabajo cayendo en la categoría del precariado o subempleo, peor incluso, cayendo en el desempleo crónico o permanente según las circunstancias, esta inquietud latente en toda persona que no tiene medios de producción propios y que depende exclusivamente de vender su fuerza de trabajo por un salario, inquietud que con suma facilidad se transforma en miedo consciente y luego en terror difuso, en una locura ya que, como hemos dicho, la psicopatología es consustancial al capitalismo67.
Según palabras de otro investigador, la crisis económica: “generará un creciente malestar subjetivo en la medida en que se vivirá como una amenaza al nivel de vida y consumo o a las mismas posibilidades de sobrevivencia. Una crisis económica genera sentimientos de malestar, preocupación, temor, desconcierto. Es posible que buena parte de las personas no sepan exactamente qué es lo que viene a raíz de la crisis económica, pero sí sienten en el bolsillo y en el estómago lo que está pasando. En términos estrictamente psicológicos habrá más frustración, tensión, descontento. A nivel individual la reacción depende de una serie de factores. La pérdida de status, nivel de vida o las mismas posibilidades de vivir puede generar una serie de reacciones, incluso equiparables a las de la pérdida de un objeto querido. La escasez de recursos genera tensión y malestar en tanto que no es posible satisfacer las diversas necesidades”68.
8.- EXPLOTACION ECONÓMICA Y SEXUALIDADES
Partiendo de estas bases teóricas, el Informe Salud y Género 2006, del Ministerio de Sanidad y Consumo, conocido recientemente, que mostraba que la doble jornada de trabajo dañaba seriamente la salud psicosomática de la mujer, especialmente las de 45-55 años. Mostraba también que las mujeres de la clase obrera corren muchos más riesgos de enfermedades de todo tipo que las mujeres burguesas y que el 75% de consumidores de somníferos o tranquilizantes son mujeres y el 70% de las mujeres españolas han consumido alguna vez este tipo de medicación69. Luego volveremos al recurso a las drogas como ayuda para las relaciones de todo tipo, incluidas las sexuales. Al igual que el informe japonés sobre el descenso de las prácticas sexuales que veremos en su momento, pero con otras palabras, el Informe ahora citado demostraba también que la sobrecarga de trabajo genera estrés, depresión y otros trastornos. Obviamente, las capacidades sexuales se resienten mucho bajo estas presiones impuestas por la explotación capitalista.
La sobrecarga en el trabajo es una de las muestras más crudas de la plusvalía relativa y de la plusvalía absoluta, en términos marxistas. La primera hace referencia al proceso de extracción de beneficio mediante la explotación de la fuerza de trabajo con más máquinas y con menos tiempo de trabajo, lo que generalmente produce agotamiento psicológico, nervioso, emocional, etc.; la segunda hace referencia a la forma de trabajo en la que prima más la duración del trabajo físico que del trabajo con máquina, lo que produce cansancio física, corporal y muscular. Pero el capitalismo está procediendo a intensificar el trabajo con máquinas y a aumentar el tiempo de trabajo con esas máquinas, a la vez que aumenta el tiempo de traslado del domicilio al centro de trabajo. Estos y otros factores determinan la sobrecarga en el trabajo y con ella el aumento del desgaste psicosomático, lo que facilita el aumento de los accidentes laborales al disminuir la capacidad de atención y de precaución en un trabajo sometido a más exigencias de ritmo, rendimiento y horarios.
Semejante explotación causa que el 73% de las personas asalariadas en el Estado español estén “quemadas”, sufran estrés, según lo confirma un estudio de UGT basado en 4.000 encuestas:
“Esta sensación se denomina síndrome de 'burnout' y está directamente relacionado tanto con factores físicos (cefaleas, dolores musculares, fatiga crónica, etc.) y psicológicos (frustración, ansiedad, irritabilidad), como con aspectos organizativos (menor rendimiento, absentismo laboral) (…)El informe del sindicato revela además que Hablar a gritos, criticar la vida privada y ser amenazados, ignorados o asignados a lugares aislados son otras conductas que padecen algunos trabajadores en su lugar de trabajo y que pueden afectar a su salud. (…), el 26% de los trabajadores se encuentran en riesgo de acoso, al desarrollar su actividad en un ambiente que califican de “hostigador”. Un 2% de las personas entrevistadas son víctimas de acoso moral en el trabajo de manera permanente y un 15% reconocen haber sido víctimas puntuales (…) el 43% de los encuestados dicen haber sufrido abuso por parte de sus superiores y más de la mitad de las víctimas de acoso se quejan de haber recibido un comportamiento vejatorio mediante gritos. Este tipo de comportamientos puede provocar depresiones en los trabajadores y conducir, por tanto, a la baja laboral. Dentro de los trabajadores entrevistados para el estudio que estaban de baja por depresión, el 35% se vieron sometidos a intimidaciones y amenazas, el 32% a acoso moral, el 26% a algún tipo de violencia verbal y el 23% sufrieron agresiones físicas”70.
La EPA publicada recientemente por el INE es, pese a sus lagunas enormes, aterradora en esta cuestión básica: el 80% de los y las trabajadoras afirman sufrir sobrecarga laboral. , el 11% de los trabajadores asegura haber sufrido violencia en el trabajo en el último año, mientras que el 7,4% declara haber padecido acoso o intimidación en su centro laboral. La situación empeora en el caso de las mujeres, pues el 11,7 % dice haber sufrido violencia y el 9,4 % declara que ha sido acosada. Los resultados sobre las enfermedades laborales son igualmente inquietantes por sus efectos directos sobre las capacidades psicosomáticas para el placer sexual: problemas respiratorios o pulmonares, dolores óseos, articulares o musculares con afección en caderas, piernas, pies, espaldas, etc.71. Pero estos resultados no se registran sólo en el Estado español, sino que la UE ha reconocido que los riesgos psicosociales, provocados por el estrés laboral, la violencia en el trabajo y la adicción, son el principal problema de salud laboral en la Unión Europea, por delante de los accidentes mortales y de seguridad. Sin embargo, las medidas obligatorias destinadas a prevenir los riesgos psicosociales provocados por la explotación asalariada son cumplidas sólo por un 16% de las empresas del Estado español72.
De cualquier modo, hay que insistir que la mera riqueza por sí misma no garantiza la buena salud colectiva, dependiendo ésta de varios factores entre los que destacan las políticas sanitarias de los gobierno, ya que, por ejemplo Cuba, tiene una de las mejores tasas de salud del mundo si la comparamos con sus recursos y con la de otros muchos países capitalistas. Tras insistir en el crucial papel de la política sanitaria, la investigadora Mª H. Atiénzar sigue afirmando que: “Se sabe que los trabajadores con menores ingresos y mayor precariedad laboral tienen peor salud. Los menos cualificados sufren con mayor incidencia patologías como dolores cervicales, lumbares y migrañas. Uno de cada cuatro obreros con baja preparación tiene contrato temporal, y cerca del 8% ni siquiera tiene contrato. No es extraño que un 12% padezca problemas psíquicos, pues la incertidumbre y la falta de control producen niveles de estrés que ponen en riesgo la salud mental. Asimismo, se ha comprobado que las mujeres más desfavorecidas sufren mayores índices de sobrepeso, pues la falta de recursos y de tiempo se suele traducir en una dieta peor. Asimismo, menos del 20% de las mujeres con una renta baja hace ejercicio físico durante el tiempo libre, frente a un 40% entre las clases acomodadas”73.
Además de lo anterior, la política empresarial, apoyada directamente por su Estado burgués e indirectamente por el sindicalismo reformista, de infravaloración de las enfermedades profesionales supone una merma aún mayor de la salud colectiva e individual de las clases trabajadoras. Dado que la patronal y las mutuas presionan duramente para que las trabajadoras y trabajadores estén de baja el menor tiempo posible y vuelvan al trabajo cuanto antes, ocurre que muchas enfermedades laborales no se curan de todo, se curan mal, se cronifican reduciendo así de forma permanente la calidad de vida de las afectadas y afectados. Pero el problema es más grave ya que: “Los expertos calculan que un 70% de las bajas que sufren los trabajadores se consideran enfermedad común o simplemente se obliga al trabajador a burlar ese período de incapacidad temporal cogiendo días de fiesta o de vacación que le quedan o que anticipa de las fiestas de su cómputo anual”74. Especial interés tiene para nuestro análisis los datos que aporta en informe citado sobre la muy inferior proporción de bajas entra trabajadores y ejecutivos empresariales, lo que vuelve a confirmar que la salud está fuertemente condicionada por la explotación asalariada, por la pertenencia de clase y de sexo-género, además de nacional, y por la política sanitaria que se realice en tal o cual país.
A mediados de noviembre se ha conocido uno de los primeros informes de la Organización Mundial de la Salud acerca los efectos de la actual crisis capitalista sobre la salud de la clase trabajadora en todo el mundo. Tras exponer cómo ha aumentado el paro y la precariedad en capitalismos tan poderosos como el canadiense, y tras afirmar que: “el estrés producido a consecuencia del trabajo está asociado con un 50% más de riesgo de sufrir enfermedades coronarias graves”, llega al Estado español en donde “más de un 25% de los varones españoles que trabajan sin contrato tiene problemas mentales, frente al escaso 6% de los que cuentan con un puesto fijo. Entre las mujeres las diferencias se agravan, ya que la cifra de desórdenes mentales en los casos de mayor inestabilidad laboral alcanza el 33% de prevalencia, frente al 12% de las que tienen un puesto estable”; y más adelante y a nivel mundial, de pueblos empobrecidos y machacados: “La posición de las mujeres en la sociedad también está ligada a la salud y la supervivencia de los niños y las niñas. Sin embargo, la desigualdad en ellas es llamativa. Las mujeres ganan menos que los hombres, incluso con trabajos equivalentes, además, tienen menos oportunidades de empleo y de acceso a la educación, a lo que se suma la carencia de ciudadanos sanitarios reproductivos. El informe recoge que estas desigualdades "influyen en la salud en distintas formas: pautas de alimentación discriminatorias, violencia, falta de poder de decisión y reparto desigual del trabajo"”75.
La pregunta que surge de todo lo visto hasta aquí es bien sencilla: si la salud psíquica y física está muy determinada por la explotación sexo-económica, de clase y nacional, ¿no lo están por tanto las capacidades de disfrute, de placer y de ejercicio de las sexualidades? ¿Qué sexualidades libres y creativas se puedes realizar con una mente y un cuerpo agotados, estropeados, enfermos, tensos, deprimidos, nerviosos y apabullados por toda serie de problemas? Si a esta realidad le sumamos la incultura y el analfabetismo sobre las capacidades sexuales humanas, sobre la complejidad de la psique y sobre el axioma científico-crítico según el cual la sexualidad no radica en los órganos genitales sino en la cabeza, en la personalidad, en sus recovecos subconscientes y en sus profundidades inconscientes, si tenemos en cuenta todos estos factores la respuesta es bien clara.
9.- MIEDOS, DROGAS, POBREZA Y SEXUALIDADES
Sin embargo, aun siendo extremadamente grave la realidad expuesta, el verdadero problema en lo que atañe a los efectos de la crisis económica sobre las capacidades sexuales radica, como síntesis, en la extensión social del miedo, un factor clave a tener en cuenta cuando más adelante nos centremos en el fascismo. Recientemente se ha conocido el resultado de una extensa investigación sobre los miedos que sienten las de las diez de las grandes conurbaciones del mundo. Los resultados han mostrado cómo una de las causas básicas de los temores, inquietudes, angustias, miedos y terrores es la incertidumbre sobre el futuro económico de las personas, además de otras razones particulares. La pérdida del puesto de trabajo sin indemnización alguna, el empobrecimiento y la precarización, el aumento de la violencia del poder, etc., generan miedo. Pero, además, el informe demuestra que los hombres burgueses están en mejores condiciones para no sufrir miedo que las mujeres burguesas, y que la clase burguesa en su conjunto está en mejores condiciones que la clase trabajadora para no sufrir miedo: “Cunde un poco más entre las mujeres, y sobre todo entre los que tienen menos medios, menos cultura y más años. Lo sufren el 8% de los que viven en familias acomodadas frente al 22,5% de los que provienen de origen humilde; el 27,5% de los que sólo tienen educación primaria frente al 10% de los que han recibido una educación superior”76.
Ahora bien, esta investigación se despreocupa de otros miedos que influyen sobre las capacidades sexuales tanto o más que los arriba citados. Nos referimos a los miedos causados por la violencia doméstica que si bien es permanente en su esencia cualitativa, aumenta en su cantidad e incluso en su virulencia y salvajismo al empeorar las condiciones socioeconómicas por efecto de la crisis capitalista, como lo muestran todos los estudios críticos al respecto. Por ejemplo, la violencia sexual en el matrimonio, en el noviazgo y en las ex parejas es tanto mayor en las mujeres sin recursos económicos propios, que dependen del marido y que deben, por tanto, aguantar su dominio. Este agravante está tan estudiado que una de las medidas necesarias que plantean todos los estudios críticos y progresistas al respecto, como demuestra Mª Antonia Caro es precisamente la de aumentar la libertad y la autonomía de las mujeres agredidas77. Pero en condiciones de crisis estructural, de despidos masivos de mujeres y de clara ventaja de los hombres en paro para encontrar alguno de los pocos puestos de trabajo disponibles, de reducciones de los gastos sociales y de las ayudas públicas, en estas situaciones de larga duración es prácticamente imposible para las mujeres aumentar su autonomía y libertad, sino al contrario.
Por tanto, las mujeres quedan más indefensas, sin recursos defensivos que les garanticen una suficiente tranquilidad emocional y física frente al marido o al novio. Leamos lo que sigue:
“Las amenazas, las desvalorizaciones constantes, la ridiculización, etc. como manifestaciones palpables de malos tratos psicológicos, que llevan a las víctimas a situaciones de estrés, ansiedad y desbordamiento. Esta ansiedad puede estar motivada no sólo por las agresiones directas sino por estar en alerta constante. Incluso la víctima puede llegar a padecer insomnio crónico por tener que combinar el dormir en el mismo lecho que el agresor y, a su vez, intentar evitar las posibles relaciones sexuales no deseadas o intentar proteger a sus hijos/as (…) La cronicidad de los abusos psicológicos genera un cúmulo de consecuencias negativas para la salud de la víctima: dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, disminución de las defensas, sensación de fatiga crónica, asma, o un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. (…) Estas consecuencias pueden verse incrementadas con la presencia de algunos factores de riesgo que agravan la situación como es el caso del alcohol. El alcohol puede potenciar los comportamientos agresivos e incluso generarlos, y en la víctima puede disminuir su capacidad de reacción y defensa si está bajo los efectos del alcohol”78.
El denominado “vínculo emocional” aparece aquí, en estas demasiado frecuentes situaciones insoportables debido a los efectos invisibles de la violencia doméstica, que es parte de la violencia patriarcal global, totalizante y estructural, como una de las peores cadenas que atan la mujer violentada a la violencia ejercitada por el hombre. Se ha creado el escalofriante término de “adictas a su agresor” a las mujeres que ven a las personas que quieren protegerlas de su agresor como intrusos en su vida privada. Según un estudio reciente, “La última macroencuesta del Instituto de la Mujer elaborada en 2006 -a una muestra de 22.000 mujeres- cuantificó que hay 2,5 millones de mujeres maltratadas en España. Apenas 600.000 de ellas reconocían su condición. El resto, 1,8 millones, negaron ser víctimas del maltrato machista a pesar de haber sido insultadas, golpeadas o vejadas con frecuencia”79. Peor aún, a finales de noviembre de este año se ha sabido que nada menos que el 70% de mujeres asesinadas por sus parejas no habían denunciado previamente los malos tratos80.
La efectividad represiva de los miedos en general, y del miedo concreto a la violencia machista que atosiga a muchas mujeres, a bastantes más de lo que los hombres podamos imaginar nunca si no disponemos de estudios científico-críticos contundentes, tiene una de sus grandes razones de existencia en su muy difícil visibilidad o, dicho de otro modo, en su “normalidad” cotidiana ya que: “La mayoría de los abusadores sexuales de niñas, de los violadores sexuales de esposas o novias o de los que pagan por tener sexo, no son enfermos sexuales. Son hombres corrientes y comunes que están ejerciendo su masculinidad de conformidad con un conjunto de ideas y estructuras sexistas que conforman una cultura patriarcal”81. La práctica de la violencia machista es considerada como “normal” porque los hombres violentos son realmente normales, corrientes y comunes, familiares y amigos cercanos, conocidos próximos de los que apenas nadie puede sospechar de su brutalidad oculta. De este modo, muchas mujeres tienen serios problemas de credibilidad en su entorno inmediato cuando comentan a sus amistades, si llegan a atreverse, que son víctimas de la violencia de su marido, padre, novio, hermano, vecino, amigo, compañero de trabajo, etc. Pero también sufren el problema del temor ante la irascibilidad y violencia de estos hombres próximos, lo que inevitablemente tiende a imponer una serie de precauciones y cuidados que frenan sus iniciativas y libertades.
Teniendo en cuenta estas realidades tan frecuentes ¿qué sexualidades libres y creativas pueden practicarse bajo la violencia, el miedo y la angustia descarnados y conscientes, o bajo los temores e incertidumbres inconscientes ante las posibles reacciones irascibles del hombre, del marido o compañero, del amo, en suma? Semejantes interrogantes crecen cuando tenemos en cuenta el resto de efectos destructores causados por la explotación sexo-económica capitalista y por su empeoramiento en situaciones de crisis. Más aún, otras muchas mujeres que no han sufrido la violencia machista directamente, en su expresión física y brutal, que la han sufrido incluso poco, de manera muy atenuada en su forma invisible y simbólica, aún así estas otras mujeres que, por suerte, han gozado de alguna más “libertad” sin embargo están sometidas a fuertes presiones sociales que merman mucho sus posibilidades de goce sexual.
Las presiones sociales no actúan únicamente en el entorno denominado “privado”, sino que existen activamente en la totalidad vivencial cotidiana impuesta por el sistema patriarco-burgués, de modo que las violencias se presentan de múltiples maneras y desde todas las partes. Es así como comprendemos dos hechos estremecedores. Uno es la revalorización de la virginidad de la mujer e incluso el recurso a la cirugía para recuperar el himen, como está ocurriendo en el Estado francés82, iniciando una tendencia que no tardará en surgir en otros países “civilizados”, y otro es que el nulo esfuerzo de las instituciones por una educación científico-crítica sobre las sexualidades está permitiendo entre otros efectos nefastos como la proliferación de las enfermedades venéreas y del SIDA, también el crecimiento del muy agudo problema de la invisibilización de muchas mujeres a partir de los cuarenta años, es decir, al dejar de cumplir con el canon sexual patriarco-burgués por la edad, muchas mujeres pasan a ser invisibles para la sociedad machista, que sólo “ve” a las mujeres sexuadas según su dictadura estética83.
Estas y otras características básicas de la sexualidad patriarco-burguesa empobrecen el ejercicio de las sexualidades de nuestra especie, como veremos inmediatamente después. Ahora queremos detenernos un segundo precisamente en una de las causas decisivas de semejante pobreza sexual cotidiana. Una respuesta muy válida la podemos encontrar en la siguiente cita extraída de un texto sobre la pobreza sexual: “En medio de tal ambiente de deformación sexual, otro factor desarrolla lo que parece ser inevitable. Una tendencia creciente a aferrarnos desesperadamente a aquell@s con quienes hemos conectado, aunque sea una conexión empobrecida. El miedo a estar sol@, sin amor, nos conduce a unirnos a amantes a los que ya hace mucho que hemos dejado de amar. Incluso cuando el sexo continúa existiendo en la relación, probablemente sea mecánico y ritual, y no un momento absoluto de entrega al otro@”84.
Sin duda, los efectos negativos de esta situación global indeseable son una de las razones que explican que se incremente la venta de antidepresivos en el Estado español en un 5,02% en los últimos nueve meses de 2008 pese al estancamiento del mercado farmacéutico85. No podemos extendernos ahora en un estudio más minucioso sobre cuanto ha aumentado la ingesta doméstica de alcohol por las mujeres que no tienen apenas posibilidades de disfrutar de una vida propia fuera del domicilio, o de las ludopatías y de los gastos en juegos de azar, o del consumismo compulsivo de baja calidad, métodos escapistas de miles de personas que buscan gratificantes que les ayuden como sea a pasar el tiempo, a huir de una realidad insoportable, a imaginarse otra forma de vida, etc. Pero el consumo de drogas se extiende más allá del domicilio y también de las drogas “clásicas”, estén ilegalizadas o sean legales, para extenderse al uso de fármacos de venta legal que tienen efectos estupefacientes. Un estudio reciente ha mostrado que como mínimo hasta 27 fármacos legales son usados en fiestas o individualmente86.
El recurso a las drogas está incentivado, como hemos visto arriba, por las presiones del terrorismo psicológico de la “imagen sexual”, del canon físico que impone el sistema patriarcal para, además de “triunfar en la vida” también facilitar las relaciones sexuales estandarizadas. No sólo las mujeres han de tener las “medidas perfectas”, o acercarse a ellas lo más posible, sino que también los hombres han de lograrlo, especialmente en lo relacionado a la longitud de su pene. En Europa, presionados por la dictadura estético-sexual, el 25% de las jóvenes de entre 16 y 35 años de edad, y el 30% de los jóvenes recurren al alcohol para aumentar sus posibilidades de relacionarse sexualmente, a la vez que consumen otras drogas como el éxtasis, cocaína o cannabis para mejorar las sensaciones sexuales87. Poco tiempo después, otro informe igualmente europeo hablaba de que el 26% de la juventud masculina europea recurre al alcohol88 como excitante y desinhibidor para poder encontrar la “normalidad” oficialmente necesaria para ligar, encontrar una pareja y gozar sexualmente. Pero que el uso del alcohol está más extendido de lo que creemos se confirma al saber que, en los EEUU, la mitad de los alcohólicos son menores de treinta años89.
Siguiendo con la miseria sexual juvenil, existen también más razones que explican el recurso al alcohol y a otras drogas, como la ignorancia absoluta en todo lo relacionado con las relaciones personales y sexuales, el terrorismo antisexual de las religiones en general y de la cristiana en particular, ya que es la que sufrimos en nuestro medio cultural, como fue el caso del rechazo por parte del episcopado catalán de la “guía sexual” para jóvenes de entre 10 y 16 años de edad editado por expertos de la Generalitat90. Ignorancia fomentada incluso desde las instituciones públicas como es el caso de la defensa de la castidad como mejor método contra el sida91. Las presiones reaccionarias de la Iglesia en todos los aspectos, como la tajante oposición del Vaticano a que la ONU declare la despenalización universal de la homosexualidad, y a que la ONU avance en un debate sobre el derecho de aborto92, se suman a y refuerzan los fortísimos anclajes irracionales contra la enseñanza de una sexualidad responsable e igualitaria, no machista y violenta, insertados en padres, escuela y sistema sanitario, está logrando que la práctica sexual de la juventud siga siendo tan mala como lo era antes93, y que aumente espectacularmente el recurso al aborto entre las mujeres jóvenes por ignorancia sexual94.
Los efectos desastrosos de la muy poca y mala, o nula, educación sexual se multiplican con la omnipresencia de una sexualidad falsa, especialmente en Internet. Es terrible comprobar que el 28% de los menores de edad accede a pornografía en Internet, un sistema que permite abrir nada menos que 750 millones de páginas de sexo a mediados de 200795, imágenes que son, muy frecuentemente sus primeras nociones de “sexo”. Y si nos limitamos al “sexo” que se podía encontrar en el buscador Google a comienzos de 2007, nos encontraríamos con nada menos que 428 millones de entradas96. Pero las sexualidades están más presentes en Internet que lo que nos sugieren estas cifras impresionantes ya que las “ofertas sexuales” proliferan de manera directa o indirectamente en otros centenares de millones de páginas de chateo, de cibercontactos y relaciones interpersonales, tema en el que luego nos extenderemos, aunque ahora, para concretar los negativos efectos de la ausencia de una educación sexual desde la niñez, diremos que según fuentes oficiales, el 35% de niñas y niños han sufrido acoso chateando en Internet97.
Pero si esta es la realidad de base, la cosa empeora cuando vemos las condiciones de vida y trabajo de la juventud, las condiciones en las que puede gozar de sus sexualidades diversas. El sindicato LAB denuncia que la juventud vasca soporta una temporalidad del 70%, que su salario es inferior en un 27,2% al promedio de la CAV y del 18% en Nafarroa98. Si recurrimos a una visión más general, comprenderemos mejor el drama cotidiano de la juventud trabajadora vasca en todos sus aspectos de la vida:
“El paro en Hego Euskal Herria alcanza ya el 9% de la población activa. Según los datos dados a conocer ayer, el número de personas desempleadas roza las 125.000, casi 10.000 más que el mes anterior, el mayor incremento mensual desde que a mediados del año en curso comenzase la tendencia alcista en los índices de desocupación. Habría que retrotraerse casi una década para encontrar cifras tan elevadas. Y aunque noviembre es tradicionalmente un mes negativo para el empleo, la comparación anual tampoco deja duda: ayer se contaban 29.706 parados más que hace 365 días, es decir, un 31,2%. Esta tendencia negativa es generalizada en todos los territorios -si bien la peor evolución se registró en Nafarroa- y también en los sectores económicos -aunque se nota con especial intensidad en la construcción y en la industria-. Por otro lado, se constata que los embates de la crisis golpean de forma especial a la juventud, habida cuenta que el número de parados con menos de 25 años creció un 14,5% en noviembre, y casi un 60% respecto al año anterior”.99
Todos los datos muestran la extrema dificultad que tiene la juventud para independizarse de sus padres alquilando o comprando una vivienda, viéndose en la necesidad imperiosa de permanecer en la de sus padres, y a estos impedimentos hay que sumarles la pobreza relativa y la necesidad de ahorrar, etc. La extensión de la pobreza relativa o severa, con todo lo que implica, en los últimos 15 años es tan innegable que hasta lo tuvo que admitir un diario tan conservador y manipulador como El País haciéndose eco de los resultados del último Informe FOESSA de Cáritas100.
En cuanto a la situación en 2006 en el tercio autonómico de la CAV, bajo dominación española, el 17,7% de su población declaran una renta inferior a los 6000 euros anuales, llegando al 42,15% las personas que no pasan del umbral de pobreza101. En 2007 las dificultades económicas atenazaban al 40% de la población de Nafarroa102, también bajo dominación española. Y en 2007 los niveles de precariedad laboral en todo Euskal Herria como nación bajo dos Estados, doblaban la media de la UE, y los datos sobre la contratación precaria de enero y marzo de 2008 se mantienen en el 89,57%, la tasa más alta de los tres últimos años103. Según informa el sindicato ELA, entre 1994 y 2005 los beneficios de la patronal vasca crecieron un 236%, el triple de los costos de personal, que no de los salarios, que en este período aumentaron un 76%. Más de un 40% de la población trabajadora cobra menos de 1000 euros netos al mes; y entre 1993 y 2006 las rentas del trabajo al bajado del 54,5% al 48,3%, un empobrecimiento aplastante mientras que, por parte burguesa, crecen las ganancias104. Por si fuera poco, la burguesía europea pretende imponer un retroceso brutal en las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera de la UE al intentar decretar la jornada laboral de 65 horas, la más larga desde 1870 cuando se trabajaban 64 horas105, y debemos tener en cuenta que semejante barbaridad reaccionaria se pensó y negoció en secreto mucho antes de que la crisis capitalista se hiciera oficial, desde agosto de 2008.
A estas cifras se les deben sumar otras muchas idénticas sobre el mismo problema, pero todas ellas hacen referencia a una larga fase socioeconómica que ha permitido, por un lado, un alto acaparamiento de la propiedad privada en la muy minoritaria clase burguesa, y por el lado contrario e irreconciliable, el aumento de la pobreza relativa y “severa” ¿? --de hecho ya se está dando el empobrecimiento absoluto--, en la mayoría de la población. Ya hemos hablado aquí y en otros textos de las especiales condiciones que han permitido que esta imparable opresión, explotación y dominación haya permanecido latente en el subsuelo social pese a un lento avance en medio del enriquecimiento ostentoso y descarado de la minoría. La fase actual de la crisis ha destapado esta contradicción irresoluble, ayudando así a explicar por qué con el neoliberalismo se multiplicaron los problemas psicosociales, las drogodependencias, la corrupción se generalizó al calor de las libertades concedidas al capital financiero para hacer y deshacer a su antojo, mientras que, a la vez, la ideología ultraderechista y patriarcal lanzaba una ofensiva durísima contra los derechos humanos.
Si a estas condiciones sociales tan negativas para gozar de sexualidades libres le sumamos la ignorancia sexual, la dictadura de la sexualidad machista, el terror simbólico del canon estético dominante, entonces veremos la magnitud de la pobreza sexual juvenil y adulta, y comprenderemos más fácilmente el por qué del uso de drogas para facilitar las relaciones sexuales, siempre dentro del orden patriarco-burgués.
10.- MISERIA SEXUAL E INDUSTRIA SEXUAL
La insatisfacción sexual está ampliamente extendida en la sociedad patriarco-burguesa, y aumenta por los efectos de la crisis socioeconómica. Veamos primero algunos datos sobre la miseria y pobreza sexual realmente existente en el capitalismo imperialista, en el llamado “norte”, “centro” o “desarrollado”. Ya en el año 2000 se informaba que “España no alcanza la media mundial de actividad sexual”106. Según el Informe Durex sobre Bienestar Sexual 07/08, el 51% de los habitantes del Estado español considera su vida sexual insatisfactoria y carente de variedad107. Y si estudiamos el Informe Durex en su versión extensa, vemos que, a nivel global, es decir, la media de los 26 países estudiado, sólo llega “siempre o casi siempre” al orgasmo el 48% de la población estudiada, y en cuanto sexo-género, llega “siempre o casi siempre” al orgasmo el 63% de los hombres y el 32% de las mujeres108. Los datos ofrecidos en el XII Congreso Mundial de Menopausia indicaban que el 30% de las mujeres carecen de interés por el sexo y que un 20% tienen relaciones sexuales no placenteras, así como que el 60% de las mujeres y el 40% de los hombres tienen algún tipo de disfunción sexual109.
En otro informe, la investigadora norteamericana J. Shifren sostiene que el 43,1% de las encuestadas en su estudio habló de algún tipo de problema sexual como disminución del deseo, problemas de excitación y problemas para llegar al orgasmo110. Más recientemente, un estudio en Japón ha mostrado que aumenta el porcentaje de parejas sin sexo: si en 2004 era el 31,9% en 2008 se ha elevado al 36,5% del total. Las dos fundamentales razones que explican este retroceso son el agotamiento psicosomático por el exceso de trabajo y la pereza111. Al margen de las valoraciones técnicas que puedan realizarse sobre estos y otros informes al respecto, no se puede negar que todos ellos sacan a la superficie una sorprendente pobreza sexual que tiende a empeorar a consecuencia del retroceso en la independencia económica de la mujer en todos los aspectos de su vida.
Si aceptamos las cadenas conceptuales de la economía política burguesa, los estudios aquí citados están realizados antes de que la crisis capitalista fuera asumida “oficialmente”, concretamente a finales del período de aparente bonanza eterna, fase expansiva motivada por las excelencias del capitalismo para desarrollar nuevos “yacimientos de riqueza”, la “economía de la inteligencia”, las Nuevas Tecnologías de la Comunicación, con Internet, etc., pero ya hemos demostrado arriba cómo el empobrecimiento relativo venía de antes del estallido oficial de la crisis, por lo que los datos que acabamos de dar siguen siendo válidos.
Fue en estos años cuando irrumpió Internet y las Nuevas Tecnologías de la Comunicación, con sus virtudes, defectos y peligros. Ahora nos vamos a centrar en su impacto en las sexualidades, bien mediante el sexo virtual, bien mediante las posibilidades que abre para entablar nuevas relaciones interpersonales. De entrada hay que decir que tanto la Red como las NTC también abren nuevos escenarios de violencia global contra la mujer112, que no sólo contra la infancia y la adolescencia, según hemos comprobado arriba. La sobreabundancia de sexualidad machista limita terriblemente las posibilidades de un aprendizaje científico-crítico de las sexualidades humanas, a la vez que va reforzando el modelo sexual dominante. Pero también hemos de tener en cuenta las limitaciones de la izquierda revolucionaria para iniciar una efectiva lucha contra la pornografía y la mayoría del cibersexo. Debemos leer a G. Dines y R. Jensen en su brillante artículo, y ahora mismo esta cita extraída del texto:
“Todos esos productos mediáticos son criticados por la gente de izquierda precisamente porque el mundo de fantasía que crean es una distorsión del mundo real en el que vivimos. La policía y los abogados a veces buscan la justicia, pero también hacen respetar la ley del poderoso. Hay personas que en el capitalismo prosperan como resultado de su duro trabajo, pero el sistema no proporciona una vida decente a todo el que trabaja duro. Un pequeño número de árabes son terroristas, pero eso oscurece tanto el terrorismo de los poderosos en la América blanca como la humanidad de la gran mayoría de los árabes. (…) Esas fantasías también reflejan cómo quieren que se sienta la gente subordinada los que están en el poder. Las imágenes de negros felices en las plantaciones hacían sentir a los blancos más seguros y pretenciosos en su opresión de los esclavos. Las imágenes de trabajadores contentos calman los miedos capitalistas hacia la revolución. Y los hombres atienden sus complejos sentimientos sobre la tóxica mezcla de sexo y agresividad de la masculinidad contemporánea buscando imágenes de mujeres a las que les gusta el dolor y la humillación. (…) ¿Por qué tanta gente en la izquierda parece asumir que los pornógrafos operan en un universo diferente al del resto de los capitalistas? ¿Por qué ha de ser la pornografía la única vía de representación producida y distribuida por multinacionales que no sería un vehículo para legitimar las desigualdades? ¿Por qué los pornógrafos serían los únicos capitalistas de los medios de comunicación que son rebeldes que buscan subvertir sistemas hegemónicos?”113.
Esta crítica está realizada, más que todo, desde la perspectiva socioeconómica, desde la denuncia de las ataduras irrompibles que encorsetan a la industria pornográfica a los intereses burgueses, mostrando el poder de la imagen producida según lo mandan las estructuras de dominación. Disponemos también de otra crítica igualmente valiosa y necesaria, ahora desde una perspectiva de izquierda freudiana, psicoanalítica y psiquiátrica, realizada por C. de Urabá y que resumimos en parte:
“La soledad es un monstruo que hay que aplacar porque de lo contrario te devora el alma. Y si la soledad va acompañada del aburrimiento, la catástrofe es devastadora Este es un verdadero drama pues muchos homínidos no conocen ni al vecino de enfrente. Ajenos a la naturaleza no nos queda otra que adaptarnos a un medio artificial donde nuestras raíces son los cables y enchufes sembrados al cemento y el asfalto. ¿Cómo llenar ese inmenso vacío que nos acongoja? La esquizofrenia y las enfermedades mentales nos amenazan y necesitamos embucharnos de píldoras y barbitúricos para soportar ese entorno tan opresivo. Hemos perdido el gusto por la vida y la rutina diaria es tan insoportable que elegimos el suicidio como único camino de salvación.
Encerrados en nuestro cascaron, en nuestra burbuja o apartamento no necesitamos de nada ni de nadie, ni de dioses ni de redentores. Se ha sacralizado la tecnología que es el nuevo ídolo ante el cual millones de autómatas se arrodillan sumisos. El mito de Prometeo o las ansias de los mortales por poseer el poder divino, se ha cumplido.
Internet no es más que en una “madame” que nos ofrece una variada oferta de prostíbulos virtuales, wiskerias, clubes y casinos, citas clandestinas, proxenetas o furcias que hacen su agosto a costa de una humanidad sedienta de lujuria y de pasión. Con todas las tentaciones a la carta, con todos los pecados en vivo y en directo, los cinco continentes en la pantalla del computador que es como una teta de la que maman millones de cachorros en celo. El morbo, el masoquismo y el fetichismo nos arrebatan. Ni que decir las orgías con niños tiernos y hasta un harén de vírgenes para que los violadores y pedófilos se den el festín; un gran supermercado de hembras, burras y yeguas sodomizadas en nombre de la libertad de expresión. Sin olvidarnos del voyerismo, esa manía de observar las cosas prohibidas: mirar a través de la cerradura y ver como una lesbiana le lame la vagina a su querida o como un homosexual cabalga sobre el pene erecto de un macho cabrio y si enfocas bien la cámara web te saludo desde lo más profundo de mi bragueta.
Somos los simios domesticados de este zoológico así que ha fornicar se ha dicho cibercornudos, a navegar entre los mares y ríos de pornografía y toda suerte de páginas web donde se patrocinan las mayores aberraciones, siempre guardando el anonimato, por supuesto, y sin restricciones ni censura. Aunque primero eso si hay que pagar con la tarjeta de crédito una buena suma de euros para poder disfrutar del paraíso perdido. Porque este es un negocio más del capitalismo, tal vez el más grande, con millones de clientes alrededor del mundo cuya calentura genera incalculables ganancias”114.
No hay que achacar total, directa y exclusivamente a Internet el crecimiento de la sexualidad machista y el aumento jugoso de los beneficios de la industria pornográfica y de la prostitución, que en realidad es sólo una parte de la gran industria del sexo que abarca, según L. Mª Agustín, a:
“Burdeles o casas de citas, clubes de alterne, ciertos bares, cervecerías, discotecas, cabarets y salones de cóctel, líneas telefónicas eróticas, sexo virtual por Internet, sex shops con cabinas privadas, muchas casas de masaje, de relax, del desarrollo del ‘bienestar físico’ y de sauna, servicios de acompañantes (call girls), unas agencias matrimoniales, muchos hoteles, pensiones y pisos, anuncios comerciales y semi-comerciales en periódicos y revistas y en formas pequeñas para pegar o dejar (como tarjetas), cines y revistas pornográficos, películas y videos en alquiler, restaurantes eróticos, servicios de dominación o sumisión (sadomasoquismo) y prostitución callejera: una proliferación inmensa de posibles maneras de pagar una experiencia sexual o sensual . Está claro entonces que lo que existe no es ‘la prostitución’ sino un montón de distintos trabajos sexuales”.115.
Como estamos analizando en este texto, son varias las razones por las que cada vez más hombres consumen mercancías producidas por la cada vez más grande industria del sexo, que no sólo por Internet; pero todas ellas nos remiten al final a la estructura sexo-económica del sistema patriarco-burgués. Decimos premeditadamente “hombres” porque un estudio de finales de 2005 realizado en los EEUU, indicaba que el uso sexual de la Red es muy superior por parte de los hombres que de las mujeres, que tienden a buscar otra serie de relaciones diferentes, menos o nada relacionadas con las sexualidades, al menos de forma explícita. Según el estudio, el 21% de los hombres admiten ver pornografía en la Red, contra el 5% de las mujeres, pero el estudio advierte que estas cifras pueden ser mucho mayores porque el pudor de las personas entrevistadas les motiva al silencio116. Debemos partir de estas profundas e irracionales cadenas de alienación para entender por qué la sexualidad machista es el punto débil117 de los internautas, la brecha que se abre de inmediato en la coraza caracteriológica del internauta y le deja indefenso ante el marketing sexual y pornográfico en todas sus muy eficaces formas de manipulación, pese a que, como ya advirtiera hace varios años J. Stein, al decir que la sexualidad en Internet es un “pasatiempo sin gracia”118.
Ahora bien, la expansión del capitalismo pornográfico está facilitada por la charlatanería pseudo progresista de quienes a comienzos del siglo XXI y bajo la presión del postmodernismo de moda, diluyeron su anterior contenido revolucionario derivando en parloteo de consumo ideológico dominguero, como fue el caso de V. Verdú en su divagar sobre la pornografía119; y también por la de quienes en esa misma época redujeron la industria pornográfica a una mera productora de mayores posibilidades de disfrute de una sexualidad “desprovista de responsabilidades, temores y compromisos”, incrementándose así “las potencialidades de disfrute y de placer pues ciertas disfunciones sexuales han podido solventarse”120. Se trata, éste último texto, de un análisis típicamente “científico”, “neutral”, que no se ensucia con valoraciones subjetivas sobre y contra el capitalismo y su industria pornográfica, contra la sexualidad machista y contra el sistema patriarco-burgués.
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