miércoles, noviembre 26, 2008

Palabra de Mujer: Dependencia afectiva y maltrato



Este artículo plantea la relación entre la dependencia amorosa y la violencia contra las mujeres como factores vinculados a la socialización diferencial de niños y niñas desde el germen de uno de los componentes esenciales que describen el funcionamiento del psiquismo: la motivación de apego. Pone sobre el tapete el mundo de los sentimientos por el que nos vemos arrastradas las mujeres. Cuestiona nuestros aprendizajes amorosos y le da un vuelco a la creencia de la ansiada y esperada “media naranja”.



El apego a la madre

Inicialmente, todos los seres humanos tienen en la madre al primer objeto de apego, es la que satisface las necesidades más primarias que hacen posible la supervivencia de un bebé que requiere del cuidado materno para la preservación de la propia vida. Y éste será el germen de uno de los componentes esenciales que describen el funcionamiento del psiquismo: la motivación de apego. Pero si en los primeros años, las necesidades de las niñas/os son las mismas. ¿Cómo y porqué se produce el cambio que lleva a hombres y mujeres a quedar situados en posiciones tan antagónicas y en muchísimos casos irreconciliables? Sucede que, como veremos, la crianza en ambos casos es diferente.

Socialización de niñas y niños

En las niñas todo el proceso de socialización refuerza sus conductas de apego. Las madres de niñas tienden a retenerlas más cerca de ellas o de quien las cuida, a censurar que jueguen con la misma libertad de movimientos que los varoncitos, a no permitirles explorar el mundo que les rodea. Por lo tanto, las niñas tendrán mayores restricciones de todo tipo, tendrán que ser más cuidadosas en el más amplio sentido de la palabra.

Cuidarse estará siempre vinculado a ser vigilantes consigo mismas para ser "buenas" lo que en principio significa no desobedecer, o sea ser complacientes con lo que los demás esperan de ellas. Porque también quedará fácilmente asociado que ser buena es cuidar a mamá para que no se disguste, no se enfade, y no castigue con el peor de los castigos: la retirada de su amor, bajo la forma de la sutil indiferencia o el conciso "si eres mala (si no cumples con lo que espero de ti), no te querré más".

Dada esta confluencia de cuestiones: la pertenencia al mismo género que facilita la identificación entre madre e hija, la potenciación de las necesidades de apego y el temor a la pérdida de amor como el peor de los castigos, la resultante es el establecimiento de una estructura psicológica en la que todos los caminos conducen a la dependencia emocional. Todo ello redunda finalmente en un efecto de “pasivización” de la mujer.

Las niñas juegan con las muñecas y se identifican con los cuidados maternales viendo a sus madres actuar como tales. Y rápidamente asocian ambos términos: ser mujer se vuelve equivalente a ser madre. Se da por sentado, que esto es del orden de "lo natural", y cuesta trabajo tomar la distancia suficiente como para pensar en la maternidad como un mandato del género atribuido a lo femenino, no necesariamente como un deseo de todas las mujeres.

Habrá que agregar que entre los rasgos que más se reprimen en las niñas está por supuesto la agresividad, en sus formas más variadas. Ni siquiera se reconoce la utilidad instrumental que pueda tener como movimiento defensivo. En ningún caso la agresividad de las mujeres está legitimada. No solamente no se favorece el desarrollo de la hostilidad como capacidad, sino que incluso se coarta el entrenamiento para afrontar situaciones de tensión, de conflicto abierto.

El mensaje permanente es que las niñas tienen que ser buenas y demostrar cuánto lo son para diferenciarse de los varones, en quiénes además de adiestrarles para defenderse, (y para agredir) se valora este "rasgo de carácter" que forma parte como cualidad, del formato que se atribuye al género masculino.

En síntesis: mientras a las mujeres se las impulsa y por lo tanto se las recompensa con aprobación social por su "capacidad de entrega, de renuncia, de postergación de sus propias necesidades para atender las de otro", a los varones se les reconoce como valor propio de su género el derecho a individuarse, a la agresividad, al mejor control de la realidad, a moverse en el mundo público.

Ser de otro la "gran tarea"

De modo que "ser buenas", "empáticas," o sea capaces de ponernos en el lugar del otro, tener una extrema tolerancia bajo la forma de "saber perdonar," son atributos que no sólo incorporamos como lo que nos corresponde por ser mujeres, sino que están internamente idealizados, por eso resulta muy difícil luchar contra ello. Y por eso también alcanzar grados de concienciación social sobre la problemática de la violencia en el hogar es tan difícil.

Es decir, cuando la motivación de apego ha sido suficientemente alimentada, tendrá prioridad sobre cualquier otra necesidad o interés ya que incidirá directamente en producir un nivel de ansiedad y/o angustia elevado. Por eso el dilema es crucial, porque la mujer se sentirá mal si renuncia a un deseo individual, pero también si lo satisface, se sentirá en falta con el mandato de cuidar y mantener los vínculos.

De modo que "ser buenas", "empáticas," o sea capaces de ponernos en el lugar del otro, tener una extrema tolerancia bajo la forma de "saber perdonar," son atributos que no sólo incorporamos como lo que nos corresponde por ser mujeres, sino que están internamente idealizados, por eso resulta muy difícil luchar contra ello. Y por eso también alcanzar grados de concienciación social sobre la problemática de la violencia en el hogar es tan difícil.

Es decir, cuando la motivación de apego ha sido suficientemente alimentada, tendrá prioridad sobre cualquier otra necesidad o interés ya que incidirá directamente en producir un nivel de ansiedad y/o angustia elevado. Por eso el dilema es crucial, porque la mujer se sentirá mal si renuncia a un deseo individual, pero también si lo satisface, se sentirá en falta con el mandato de cuidar y mantener los vínculos.

Gravita sobre las mujeres una especie de idea latente que se constituyó mucho antes: que la soledad es para una mujer el peor de los castigos posibles y la confirmación para sí misma y ante los demás de que algo en ella era inadecuado, no servía para "ser como las demás".

Si cuidar a los demás y a las relaciones se convierte en un imperativo de género, el sentimiento de fracaso más el terror a la soledad, nos lleva a entender porque los umbrales de "aguante a las situaciones de maltrato" son tan altos y esta condición está tan extendida.

Lo que las mujeres temen de la soledad no es la situación en sí misma, porque están acostumbradas a valerse de sus propios medios para la vida cotidiana (Por supuesto que las condiciones económicas y sociales determinarán luego cada caso particular).

La dependencia alienante

La relación con el otro, aparece como la fuente de reaseguro, de soporte de la autoestima, y la garantía de "ser alguien para otro" como imprescindible: es la propia identidad necesitada de esa confirmación desde afuera.

La pregunta que surge inevitablemente es: ¿por qué tienden las mujeres a establecer lazos basados en la dependencia? ¿Qué es lo que queda como marca originaria en la estructuración de su psiquismo, que irá favoreciendo como modalidad esa "adhesión" a un otro? ¿Podemos hablar de "predisposición" a engancharse en vínculos que manifiestan las características de la adicción?

Todo lo que hemos estado viendo nos lleva a plantearnos la cuestión fundamental: las mujeres en muchos casos soportan el maltrato porque el sufrimiento que les hace padecer esta situación puede, en muchos casos, ser menor que el miedo a quedarse solas con sus fantasmas y autorreproches. Porque el sufrimiento que pueden padecer por no haber cumplido con sus "deberes" internos puede ser mayor que el de las agresiones que soportan.

Es impostergable emprender la ardua tarea de otra forma de socialización y educación para las mujeres, llevando además a quienes han sido socializadas para valorarse a través de otro, a recuperar la autoestima y luchar por verse a través de sí mismas, y no a través de su relación con los demás.

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