martes, noviembre 25, 2008

La violencia femenina simboliza la barberie machista


Por: Vivian Collazo

Sobre las diferencias biológicas entre el sexo femenino y el masculino, se elaboró un discurso apoyado en mitos, creencias, asignación de roles, normas y leyes, teorías científicas que refrendaron y naturalizaron a la mujer como un ser inferior, afirma Isabel Moya, directora de la Editorial cubana para la Mujer.


Un estudio recién elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el fenómeno es más grave y generalizado de lo que se había sospechado. El análisis realizado determinó que entre el 10 y el 52 por ciento de las féminas ha sufrido maltrato físico por parte de su pareja en algún momento de su vida.

Sin embargo, los especialistas calculan que sólo se denuncia un pequeño número de casos; los mitos y prejuicios sociales, los obstáculos que se presentan en la administración de justicia contra quienes deciden declarar, entre otros tantos factores, impiden conocer la verdadera realidad.

A ello se suma que la victimización femenina en el hogar permanece oculta, invisibilizada tras la cortina de la vida privada, de la intimidad familiar, bajo el supuesto de no admitir la intromisión ajena.

Sin lugar a dudas, el carácter sexista de la sociedad y de la inferiorización del mal llamado sexo débil, fomentada en todas las culturas y muy difícil de desarraigar, se encuentra en la base de la explicación causal de este problema, aseguran expertos.

Son ideas y sistemas de pensamiento que se trasmiten de generación a generación. Los conceptos del patriarcado agrupan el conjunto de procesos donde entran cultura, jerarquía, estructuras y su solución pasa por esa comprensión de totalidad, señalan.

Sobre las diferencias biológicas entre el sexo femenino y el masculino, se elaboró un discurso apoyado en mitos, creencias, asignación de roles, normas y leyes, teorías científicas que refrendaron y naturalizaron a la mujer como un ser inferior, afirma Isabel Moya, directora de la Editorial cubana para la Mujer.

La diferencia biológica se constituyó en desigualdad y discriminación en las prácticas culturales, políticas, económicas, sociales y en el quehacer cotidiano, agregó la experta en un evento sobre Mujer y Discapacidad, recién celebrado en Cuba.

La lucha de las compañeras, considerada una de las revoluciones sociales más importantes de los últimos siglos, ha logrado derribar barreras, conquistar espacios, pero los altos índices de violencia de género evidencian que la discriminación no se reconstruye, sino que se solapa, se metamorfosea y reaparece de alguna forma.

No es suficiente aún la participación de ellas en responsabilidades de primer nivel de dirección; existe una sobrecarga en los roles y aunque han ganado terreno en la sociedad, todavía permanecen en la zaga de la familia y están en una subordinación en el ámbito doméstico.

En el caso de las féminas con discapacidad, la discriminación se revela mucho más y va desde una supuesta sobreprotección que en realidad le expropia el derecho a decidir, un cuestionamiento a los proyectos de maternidad y familia, poco acceso a empleos dignos hasta el maltrato físico, agregó.

Es necesario continuar el trabajo de sensibilización con las personas acerca de los derechos de las mujeres y de las discapacitadas en particular, de la necesidad de la integración en igualdad de derechos y oportunidades.

Los prejuicios asentados en la cultura son difíciles de cambiar y el reto es enorme, pero mayor es el compromiso de los profesionales de las ciencias sociales y jurídicas, de la salud y de todos los actores implicados en la atención a este serio problema por las muchas mujeres que sufren.

Valgan estas consideraciones para recordar, el 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, instaurado por la ONU con la finalidad de promover acciones a favor de las féminas al respecto.

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