jueves, marzo 31, 2011

Violencia machista en Libia

Koldo Campos Sagaseta
Rebelión Días atrás, en Trípoli, una mujer irrumpía en medio de una rueda de prensa a la que asistían numerosos corresponsales extranjeros y denunciaba haber sido violada por una docena de soldados libios. Minutos más tarde la noticia, imágenes incluidas, estaba en todos los canales de televisión y primeras páginas del mundo como palpable demostración de la infamia del régimen libio.

No ha habido invasión imperialista en la que, a modo de cobertura moral, no se esgrima algún caso de violencia machista por parte del país intervenido que justifique la guerra. Siempre los medios de comunicación encuentran a mano un dramático caso que demuestre la discriminación que padece la mujer en el país invadido y a partir del cual deba colegirse que no hay mejor manera de evitarla que apelar a las bombas como argumento y a la guerra como razón.

Iraq tuvo su caso como Mayada tuvo su libro cuando la estadounidense Jean Sasson, en solidaridad con la prisión y los vejámenes que sufriera la iraquí, publicó el best-seller “Mayada, hija de Iraq”. En los días previos a la guerra, una joven o niña iraquí, creo recordar, llegó a declarar en el propio hemiciclo de Naciones Unidas las atrocidades de que había sido objeto por el régimen de Sadam.

También tuvo su caso Afganistán. La brutal agresión sufrida por la joven afgana Aisha, a la que su marido cortó la nariz y las orejas por huir de casa sirvió, por ejemplo, para que le restituyera recientemente el rostro la generosidad del gobierno estadounidense, país en el que reside desde que fuera rescatada por sus soldados; para que la sudafricana Jodi Bieber ganara el premio de fotografía World Press Photo el pasado año; y además, para que la revista “Time”, en su portada, junto a la desfigurada imagen de la joven afgana, argumentara en titulares: “Lo que pasa si nos retiramos de Afganistán”.

El mismo caso se ha dado en Irán… a la espera de ser ocupada. Sakineh Ashtiani, acusada de dar muerte a su marido con la complicidad de su amante y, según los medios, condenada a ser lapidada, salvó la vida gracias a la presión internacional que puso de manifiesto la barbarie del régimen iraní.

En Irán, a diferencia de otras irreprochables democracias árabes, la pena de muerte por lapidación, vigente en tiempos del inolvidable Sha de Persia, fue derogada, precisamente, por los ayatolas, pero este sólo es un apunte más de la grosera manipulación de los medios.

Libia no podía ser menos. El mismo día, curiosamente, en que un sicario asesinaba en Colombia a la jueza Gloria Constanza Gaona, que había denunciado presiones en el juicio que seguía a los tenientes coroneles del ejército colombiano James E.Pineda y Germán Belarcázar, así como a otros siete oficiales, por la violación y asesinato de tres niños de 6, 9 y 14 años, sin que los grandes medios de comunicación se enterasen del hecho, daba la vuelta al mundo la violación de una mujer libia.

La puesta en escena de este caso, así como su casual “oportunidad”, me invita a la legítima sospecha. Tampoco sería la primera vez que el fehaciente testimonio de hoy, pasado un prudencial tiempo, descubre la falsedad de su enunciado. Hace poco más de un mes reconocía el ingeniero iraquí Rafid Ahmed Alwan al Janabi, cuyas confesiones sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq sirvieron de coartada para la guerra, que todo lo que había declarado era mentira.

Aclaro a los malpensados que, al margen de las dudas que me crea la veracidad del testimonio de la mujer libia, en absoluto estoy negando la discriminación y la violencia que padece la mujer en todo el mundo y, especialmente, en muchos países árabes. Para no salir del mundo árabe, otra irreprochable democracia como Arabia Saudita, apenas ayer, decidía seguir negando el derecho al voto a las mujeres so pretexto de que “no están preparadas”. En esa inmensa balsa de petróleo que algunos tienen por país y que, no por casualidad, es el principal aliado y socio de Occidente, tampoco votar es lo único para lo que las mujeres no están preparadas. Igualmente, las mujeres saudíes no tienen derecho a estudiar, a conducir automóviles o a salir solas a la calle, sin la compañía de un varón delante, entre otras carencias.

Lo que sí pretendo es que no se tome en vano el nombre de la mujer, que no se pretenda instrumentalizar su discriminación para fines igualmente repugnantes, que no se permita la burda manipulación que se hace de la violencia machista desde los medios de comunicación y al dictado de las necesidades que la guerra demande, para justificar ante la opinión pública, no sólo el genocidio sino la misma proliferación de esa violencia que, supuestamente, exigía la intervención. Hasta Naciones Unidas ha reconocido que, al igual que el cultivo del opio aumentó en Afganistán desde que el país fuera invadido, también la violencia machista ha crecido en los países ocupados.

De hecho, si algunas soldadescas ostentan el deleznable liderato de violaciones, en general impunes, éstas son las que comandan las propias Naciones Unidas y Estados Unidos en sus misiones de paz y humanitarias guerras, a pesar de la dura competencia que les hacen otros aliados o la innombrable Colombia.

Estados Unidos y Europa, que invadieron Afganistán o Iraq y hoy bombardean Libia antes de terminar por ocuparla, buscan hacerse con sus bienes, garantizarse espacios de influencia, alimentar la codicia de sus empresas, permitir el trasiego de sus recursos, instalar sus bases… A eso fue que llegaron y por eso es que están allí. A ello es que se debe la guerra. Y para hacerlo posible no han tenido empacho en aniquilar cientos de miles de vidas humanas de la manera más artera y cruel. Sus soldados, así representen a sus estados o a las Naciones Unidas, además de sembrar la destrucción, también se han destacado en el ejercicio de las más asquerosas lacras humanas que pueda imaginarse. Entre ellas, violaciones y torturas de mujeres, de niñas, en cualquiera de los países que con distintos pretextos ocupan.

La ginecóloga suiza Mónica Hauser dedicada a prestar asistencia a mujeres que han sufrido la violencia de la guerra, la violencia de ver destruidos sus hogares, la violencia de ver asesinados sus hijos, la violencia de la miseria, de ser ultrajadas, declaraba en referencia a la República Democrática del Congo, que los cascos azules de la ONU y el personal masculino humanitario no sólo no contribuían a la paz y el orden sino que eran parte del problema, y que las familias ya no mandaban a sus hijas a la escuela sino a la puerta de los cuarteles. Son incontables los casos de violaciones, de asesinatos, que han tenido como protagonistas, además de las niñas y las mujeres que la padecen, a tropas de paz en Haití, a soldados de la OTAN en los Balcanes, a los cascos azules en Africa y a soldados europeos y estadounidenses donde quiera que llegan.

Los miles de soldados imperiales desplegados en Iraq, Afganistán o Libia no han llegado a proteger a las mujeres de esos países de la violencia de una cultura machista que tampoco es desgracia exclusiva de esas naciones y culturas. Tampoco fueron a impartir talleres educativos en relación a la violencia machista o a implementar sistemas de formación escolar que hagan posible superar esas violentas conductas. Si así fuera no tendrían que haber ido tan lejos. Si lo que pretendían era prevenir o castigar la violencia machista podrían haber invadido sus propios países, haber intervenido, por ejemplo, el Estado español o cualquiera de las democracias europeas o los Estados Unidos, donde los crímenes machistas siguen estando a la hora del día. Si enfrentar la violencia machista fuera realmente una válida razón para no salir de Iraq, de Afganistán o Libia y, en consecuencia, la razón de haber llegado, no eran soldados los más indicados para tal cometido.
Debieran haber enviado contingentes de educadores, de asistentes sociales, de maestras y pensadores, de psicólogos, de personas cualificadas y capaces de ayudar a esas sociedades a reconducir la visión y el papel de la mujer por espacios de justicia, equidad y respeto.

Si enfrentar la violencia machista fuera, en verdad, la razón que justifica invadir y ocupar, ahora Libia, antes Iraq y Afganistán, no eran bombas, ni tanques, ni armas, los instrumentos capaces de contribuir con esa cultura a superar esa sexista violencia, sino libros, material didáctico, recursos económicos y, sobre todo, ejemplo.

La única manera en que podremos influir para que vayan superándose cualquiera de las tradiciones o costumbres en otras culturas que, a nuestros ojos, resultan repugnantes, es el ejemplo que les brindemos desde modelos de convivencia más abiertos y tolerantes, desde sociedades más participativas y justas, desde intercambios más igualitarios y respetuosos.

Y de más está decir lo lejos que estamos de servir de ejemplo. No sólo no hemos sido capaces de ofrecer conductas alternativas que les sirvan de modelo, sino que nos hemos convertido en paradigma de todas las vilezas que, supuestamente, rechazamos; en verdaderos maestros de todos los horrores que aseguramos aborrecer y en los principales sostenedores de su miseria.

miércoles, marzo 30, 2011

Trabajadoras Somos Todas...


30 de Marzo Día de las Trabajadoras del Hogar

•Nueve de cada diez personas dedicadas al trabajo del hogar son mujeres
•El 96 por ciento de las empleadas del hogar no tienen acceso a servicios de salud por parte de su empleo y casi el 80 por ciento carece de prestaciones laborales
•Las trabajadoras del hogar contribuyen a la economía al facilitar con su trabajo el que las y los empleadores trabajen en sus propias actividades públicas o privadas

•Son víctimas de un trato desigual para acceder a sus derechos y de abusos y malos tratos por las y los empleadores
•Se requiere que se reglamente la relación laboral para evitar la discriminación
Enfrentamos la discriminación por ser mujeres, por ser indígenas, por ser empleadas del hogar, por ser migrantes; nos salimos de una comunidad a una ciudad donde no conocemos sus costumbres ni nada, entonces nos enfrentamos a un mundo muchas veces desconocido en la ciudad, del pueblo pequeño donde todos nos conocemos, todos nos saludamos, cuando llegamos a la ciudad muchas veces ni nos saludan ni nos dan los buenos días.
[Testimonio de trabajadora del hogar].

El trabajo doméstico consiste en el trabajo realizado en un hogar y para él, incluidos las tareas domésticas, el cuidado de niños y otros cuidados personales. De manera genérica se puede diferenciar entre remunerado y no remunerado. Trabajo del hogar es nombre con el que las trabajadoras reivindican su actividad económica, productiva.

30 de Marzo 2011: Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar

Un día 30 de marzo del año 1988, en Bogotá, Colombia, se realizó el Primer Congreso Latinoamericano y del Caribe de las Trabajadoras del Hogar. Allí se acordó establecer el 30 de Marzo como día Internacional de las Trabajadoras del Hogar y nace la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar.

En este primer Congreso Latinoamericano de Trabajadoras del Hogar participaron once países de América Latina y el Caribe: México, Venezuela, República Dominicana, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Chile y Argentin

En este encuentro se acordó constituir la Confederación latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO). Allí también se declaró el 30 de marzo como Día Internacional de Trabajadoras del Hogar y de lucha para denunciar la marginación y explotación a la que están expuestas las trabajadoras del hogar en sus centros de trabajo en los diferentes países.

Desde entonces cada organización realiza diversas actividades alusivas a este día para hacer visible los derechos de las trabajadoras del hogar.

"La labor de estas mujeres todavía no es reconocida, viven en condiciones laborales precarias y de explotación, las condiciones de las trabajadoras del hogar aún no ha tenido un avance en el ámbito político, aún no se ha dado una reforma en la materia que proteja sus derechos", denunció Marcelina Bautista, directora del Centro de Apoyo y Capacitación para las Empleadas del Hogar y secretaria general de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de la Trabajadoras del Hogar, en un acto político realizado el domingo 28 de Marzo en la Alameda de la Ciudad de México, donde informó tambien que en junio de este año, en Ginebra, se llevará a cabo la Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en cuya agenda aparece la firma de un convenio para la protección de este sector laboral y la garantía de sus derechos.





FUENTES:
http://empleadasindigenas.blogspot.com/2011/03/30-de-marzo-dia-internacional-de-la.html

http://www.rel-uita.org/mujer/30_de_marzo-2.htm

http://revolucionemosoaxaca.org/nota/30-de-marzo-dia-internacional-de-las-trabajadoras-del-hogar.html

ZIMBABWE: Mujeres ahuyentadas de la política...

Por Ignatius Banda (IPS) -
"Las mujeres en Zimbabwe son vistas como un importante grupo demográfico que los políticos quieren explotar para obtener apoyo", dijo la activista Ntombikayise Mswela. "Pero cuando tomamos las calles para exigir respeto del mismo gobierno, nos lanzan a prisión".

"Todavía no hemos visto ninguna sinceridad (de las autoridades) en la protección de nuestros derechos", dijo a IPS. Para Mswela, las mujeres son usadas en iniciativas del gobierno, "como los últimos esfuerzos para recolectar firmas para la petición contra las sanciones" internacionales.

A comienzos de este mes, el presidente Robert Mugabe lanzó una campaña para recolectar dos millones de rúbricas con el objetivo de presionar a la Unión Europea y a Estados Unidos a que remuevan las "sanciones ilegales contra el pueblo de Zimbabwe".

Un gran número de mujeres han apoyado la campaña pero, frente a la represión contra las activistas de género, muchas se han desilusionado.



Las activistas señalan que los políticos han encadenado sus esfuerzos por iguales oportunidades, y el activismo de género se encuentra marginado. Sólo unas pocas valientes aún enfrentan al gobierno.

"Simplemente miren cuántas mujeres terminaron detrás de las rejas en los últimos años por animarse a salir a las calles y hablar sobre la violación de sus derechos", dijo la activista Thelma Dube a IPS.

Dube habló en el marco de una prohibición nacional a las marchas callejeras que estaban planificadas para la conmemoración este año del Día Internacional de la Mujer, el 8 de este mes.

Muchas mujeres temen ser ahora identificadas como activistas porque podrían sufrir "represalias" de hombres.

"No veo muchas mujeres, educadas o no, saliendo en grandes números con pancartas y demandado ser oídas, aun cuando el gobierno habla de respetar sus derechos", señaló Dube.

En febrero, activistas de la organización Mujeres de Zimbabwe de Pie (WOZA) fueron arrestadas en la ciudad de Bulawayo antes de que salieran a la calle, mientras que otras fueron detenidas junto a la prominente luchadora por la democracia Munyaradzi Gwisai, acusada de traición a comienzos de este mes por supuestamente haber sido parte de un grupo que complotaba una revuelta popular "al estilo de Egipto".

Según una declaración de WOZA del 1 de este mes, las mujeres arrestadas en Bulawayo fueron torturadas por la policía.

"Todos aquí saben que sólo puedes hablar en público sobre temas que están en concordancia con la forma de pensar de algunos partidos políticos. Una vez que alzas tu cabeza, rápidamente eres identificada como activista o como defensora de una suerte de agenda contraria al status quo. Eso está mal", dijo a IPS una experta en género de una de las universidades estatales zimbabwenses.

"Al final, las mujeres terminan optando por limitarse a luchar en forma silenciosa por sus familias", añadió.

La experta habló con IPS a condición de mantener el anonimato por temor a represalias, uno de los muchos ejemplos de la falta de libertad académica en este país, en especial para las mujeres.

El Ministerio de Asuntos Femeninos, de Género y Desarrollo Comunitario ha estado a la vanguardia de la lucha por el fortalecimiento económico de las mujeres y la defensa de sus derechos, pero grupos como WOZA sostienen que esto no es suficiente.

"Es difícil para algunos asumir esos mensajes mientras nosotros somos siempre arrestadas por marchar y por hacer campaña para alimentar a nuestros hijos y llevarlos a la escuela", dijo una activista de WOZA que también pidió no ser identificada. Ella ya fue varias veces detenida en Bulawayo.

"Las marchas pro-gubernamentales son permitidas, pero no las nuestras, que son básicamente apolíticas. Así que es difícil tomar en serio al Ministerio de Asuntos Femeninos", señaló.

La activista es una de las varias mujeres de a pie que afirman haber perdido interés en política, una situación que podría afectar los esfuerzos para incrementar la presencia femenina en la toma de decisiones.

"Las mujeres en Bulawayo generalmente tienen desconfianza de los políticos", especialmente del gobierno, señaló.

La representación femenina en el parlamento de Zimbabwe es actualmente de 15 por ciento, por debajo del promedio regional de la Comunidad para el Desarrollo de África Austral, de 24 por ciento, según cifras de 2010 de la Unión Interparlamentaria.

Si más mujeres como Dube se desinteresan de la política, es posible que su representación disminuya en las próximas elecciones, a menos que se establezcan cuotas.

La moral y la familia "La dictadura de los sexos"

Por Laura Caniggia /Fuente: APM
"Del discurso de base determinista a las luchas por la igualdad de género. Los logros alcanzados y las conquistas que faltan".
Las chicas vestidas con los pantalones pata de elefante salían a las calles, las pintaban, y exigían su derecho a ir a trabajar en pantalones. Esa imagen del Mayo francés llegaba a los televisores argentinos y retumbaba en las cabezas femeninas. La batalla se había desatado: París, New York y Roma le habían dado sus primeros cachetazos; pero los grandes difusores de ideas seguían tercos insistiendo en las buenas costumbres.

La construcción del orden de la moral y la familia entraba en crisis en aquellos años 60, las nuevas generaciones no sólo ponían en disputa el orden político en el terreno de lo público, también rechazaban las relaciones filiales en la esfera privada y comenzaban a cuestionar los roles sociales preestablecidos.

Bajo la explicación biológica o genética de las denominadas diferencias de sexo, se logró que un gran número de personas atribuyan diferentes roles o expectativas al comportamiento de los sujetos de acuerdo a la idea que se hacen de su sexo. Este discurso de base determinista avala la separación de conductas consideradas masculinas o femeninas, de ahí que se espera que una persona se comporte “como un hombre” o “como una mujer”.

Ese ideal doméstico como horizonte homogéneo y excluyente se diagrama en los años 30. La moralidad familiar, como sostiene la historiadora Isabella Cosse, se constituyó en uno de los escenarios de las diputas políticas, una identidad clasista en la que se defienden los intereses de clase a través de la naturalización de las relaciones de poder y el ordenamiento social. El casamiento heterosexual para toda la vida, basado en la jerarquía y diferenciación de roles se erigió como único camino para la consagración individual, para la esperanzadora e ilusoria movilidad social.

Es en la familia donde se impone esa experiencia precoz de la división sexual del trabajo y de la representación legitimadora de esa división, garantizada por el derecho e inscrita en el lenguaje y se traslada al ámbito escolar como vehículo formador. En este sentido, la televisión se torna fundamental en la tarea de marcar, definir, un ideal de feminidad que resulta opresivo.

La construcción del matrimonio era omnipresente en los discursos públicos, sobre todo en los entes estatales y las instituciones socialmente reconocidas y jerarquizadas. La iglesia católica, la corporación médica y los medios de comunicación unían lo doméstico con la construcción de la nación.

Debate público

Esa posición que nada tiene de natural, que está construida social y culturalmente también se buscó revolucionar en el proceso de masas de los 70. Lo doméstico se convertirá, junto al análisis del cuerpo, en un terreno cargado de significación en el que se iba a dirimir la lucha en torno a los roles predominantes. Ese nuevo escenario combativo se empezó a vislumbrar en las discusiones sobre los hijos legítimos, el divorcio, la reglamentación de la prostitución y las condiciones internacionales de esos mismos debates: El 22 de enero de 1973 por la sentencia Roe v. Wade, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos definió el aborto como derecho constitucional.

Los medios jugaban un rol decisivo: las revistas del nuevo periodismo montaban columnas centrales dedicadas a los consejos familiares. La proyección de la imagen femenina no sólo excluía los distintos tipos de familia posible, le asignaba roles insustituibles a la mujer en el cuidado de los hijos. El debate sobre la natalidad y la anticoncepción de 1974 llevó al gobierno de Juan Domingo Perón a limitar la anticoncepción condicionando el derecho más básico de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

El compromiso juvenil en el marco de las organizaciones revolucionarias amenazaba los patrones de la sexualidad y la moralidad y la familia se convertía en el único reaseguro. Así, las primeras tiras de ficción van a entrar a disputar en el terreno de lo simbólico sosteniendo la construcción de la familia como la única organización política posible para mantener las relaciones de poder. La familia Falcón y el Doctor Cándido Pérez eran los esquemas mediáticos –entre algunos otros- mediante los que se pretendían universalizar el modo de familias.

La figura maternal se vuelve tan potente que incluso las organizaciones de la izquierda revolucionaria –peronistas y no peronistas- lejos de negar el mandato maternal lo politizaron. Los hijos eran el futuro de la revolución, para el ERP, y las mujeres tomaban el rol de las vitnamitas tomando las armas al igual que los hombres, aunque con menos lugar de asenso para jerarquías de mando. Montoneros tenía una doctrina más similar a la cubana, donde se formaban grandes guarderías que quedaban siempre bajo la responsabilidad de militantes mujeres.

“La pareja revolucionaria es una relación integral entre dos personas que tiene un eje, una base material: su actividad revolucionaria”, en el documento Moral y proletarización el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). La unión adquiría características especiales. La participación femenina en la militancia y la lucha armada era vivida como una evidencia de las nuevas condiciones de igualdad de las mujeres y representaba una subversión indudable de los mandatos. Sin embargo, fueron pocas las mujeres que accedieron a responsabilidades de dirección y frecuentemente se asignaban tareas propias a la condición femenina.

La lucha por la igualdad estaba en clave de parecerse cada vez más a los hombres, imitando sus conductas. Todo acto naturalizado como femenino –pintarse, vestirse bien, tener conductas delicadas- era considerado una desviación pequeñoburguesa, lo cual parece interesante desde el sentido de revertir la noción de que los intereses y distinciones no deben tener una sexualidad impresa, pero también muestra el rechazo ante aquellas actitudes que conforman su propia condición.

Golpe

Perseguidas, torturadas, violadas y desaparecidas fueron igualadas a los hombres. Simbólicamente, el Proceso de Reorganización Nacional buscó, en el plano de las reivindicaciones de género, restituir el antiguo régimen que pretendía la circularidad funcional entre lo social y lo político. Sin embargo, las victorias que no revirtieron la condición de desigualdad pero avanzaron en la consagración de derechos políticos y sociales, no se pudieron destruir. Queda mucho por revertir, más aún en los hacedores de palabras y estereotipos: los grandes difusores de ideas seguían tercos insistiendo en las buenas costumbres.

La batalla ya se ha desatado, ya dimos varios cachetazos; pero todavía falta poder decidir sobre nuestros propios cuerpos y decirle nunca más a esas muertes encapuchadas y silenciosas. Nunca más a la ilegalidad del aborto.

Por Laura Caniggia
Fuente: APM | Agencia Periodística del Mercosur | www.prensamercosur.com.ar
Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Universidad Nacional de La Plata.

Violencia del narco contra las mujeres, al banquillo de la OEA

Tomado de: Mujeres por la Democracia
Mesecvi llevará el tema a la Asamblea General
CIMAC.- La aparición y el fortalecimiento de los grupos del crimen organizado y del narcotráfico han acentuado la violencia contra las mujeres en América Latina (AL), alertó el Mecanismo de Seguimiento de la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra las mujeres (Belém Do Pará) Mesecvi, instancia integrada por más de 30 países de la región.

Por ello, la instancia adelantó que los temas del feminicidio y la violencia contra las latinoamericanas serán llevados ante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que se realizará en junio próximo en El Salvador.

Sonia Escobedo, secretaria presidencial de la Mujer de Guatemala, saludó la resolución del Mesecvi –acordada en la reciente conferencia internacional celebrada en la ciudad de Antigua–, al considerar que Guatemala es el país del continente americano con los mayores índices de feminicidio y violencia contra las mujeres.



Entre 2001 y 2009 fueron asesinadas 4 mil 611 mujeres, según datos del Centro de Coordinación de Información Interinstitucional del Ministerio de Gobernación. El 97 por ciento de estos casos permanece en la impunidad.

Ana Calcedo, presidenta del Centro Feminista de Información y Acción, dijo a Cerigua que en el marco de la presentación de esos temas ante la Asamblea General de la OEA, es importante destacar la presencia de los grupos del crimen organizado y del narcotráfico.

En opinión de Calcedo, es necesario que los Estados asuman compromisos serios, ya que las funcionarias internacionales han logrado reconocer que la violencia contra las mujeres es un problema de seguridad ciudadana, pero los ministros de Gobernación en cada país se resisten a implementar acciones con enfoque de género, lamentó.

Los Estados deben fundamentalmente garantizar la vida y la seguridad de las mujeres, así como el acceso a la justicia a todas aquéllas que han sido violentadas; no se trata sólo de presentar como grandes avances los talleres de capacitación y sensibilización, se requieren medidas efectivas para proteger a la población femenina, enfatizó la entrevistada.

Los gobiernos deben considerar otras posibilidades y aceptar que la escalada del feminicidio en AL desde principios del siglo XXI, sobre todo en Guatemala, Honduras y El Salvador, tiene que ver con la aparición y el fortalecimiento de los grupos del crimen organizado, añadió la feminista.

El nivel de ensañamiento que esos poderes tienen contra las mujeres y de incrustamiento en los propios aparatos de seguridad de los Estados, son panoramas inéditos que se deben considerar, atender y erradicar, concluyó Calcedo.

Perú: Mujeres sin acceso a un aborto legal

LaRepública.pe
La falta de marcos jurídicos adecuados ypolíticas públicas que garanticen el derecho a la salud reproductiva de las mujeres; así como la falta de implementación de protocolos para la atención del aborto terapéutico son algunas de las situaciones que ponen en grave riesgo la vida y la salud de las mujeres de la región por no poder acceder al aborto en los casos permitidos por ley.

Ese fue el diagnóstico que doce organizaciones de la sociedad civil de la región, entre ellas PROMSEX de Perú, presentaron durante la audiencia regional sobre Derechos Reproductivos de las Mujeres en América Latina y El Caribe, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Retrocesos
Dichas organizaciones también dejaron sentado que existe un marcado incremento en el número de casos de embarazo adolescente y una carencia de políticas públicas para abordarlo. Pero que además existen retrocesos legislativos graves como son la penalización absoluta del aborto, incluyendo el aborto terapéutico.



“Persisten los casos de mujeres, niñas y adolescentes obligadas a continuar con sus embarazos aun cuando su vida o su salud corren peligro”, señalaron en el 141º período de sesiones de la CIDH.

La ocupación estadounidense de Iraq relega a la mujer al excluirla de la educación

Souad N. al-Azzawi
IraqSolidaridad/Universidad de Gante / Rebelión.org
Antecedentes
La preeminencia real de la mujer en la sociedad iraquí dio comienzo durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado gracias a la educación y a los gobiernos seculares iraquíes. Tres leyes fundamentales como la Ley de Erradicación del Analfabetismo de 1971, la Ley de la Educación Libre de 1974, que se aplicaba a todos los niveles, incluida la educación superior, y la Ley de Educación Obligatoria de 1978 junto con otras leyes de apoyo, empujaron a la mujer iraquí a exigir sus derechos económicos, civiles y políticos. Durante dos décadas, la situación de la mujer en Iraq fue líder respecto a los países de la región. El analfabetismo de la mujer descendió de un 91% en 1957 hasta un 12% en 1990. Durante la década de 1990, el número de profesoras universitarias e investigadoras constituía más del 30% del número total de profesores e investigadores en la Universidad. En la década de 1980 ya el 67% del profesorado de educación primaria, secundaria y preuniversitaria en todo el país eran mujeres.

La legislación relativa a la igualdad de la mujer en Iraq se reflejaba ya en el artículo 19 de la Constitución de 1970, que establece que todos los ciudadanos son iguales ante la ley con independencia del género, filiación, lengua, origen social o religión.

Al final de la guerra irano-iraquí, la mujer iraquí acaparó el 47 % de los puestos ministeriales y de las oficinas de gobierno y el 12% de los puestos con responsabilidades decisorias.


El período de sanciones (1991-2003)

En 1991, Estados Unidos lanzó una guerra muy agresiva contra la infraestructura civil iraquí (puentes, centros de salud, redes de telecomunicaciones, depuradoras y centros de tratamiento de aguas, colegios y universidades, redes y estaciones eléctricas, etc.) con la finalidad de preparar la invasión y ocupación de Iraq de 2003.

El primer golpe para los derechos de la mujer en Iraq se produjo precisamente tras la destrucción de esta infraestructura civil. La imposición de sanciones económicas −desde 1991 hasta la ocupación anglo-estadounidense de 2003−, jugó un papel fundamental en detener el progreso de la mujer en la sociedad porque el comité de sanciones, dominado por las autoridades estadounidenses y británicas, calificó como “no esencial” la mayor parte del material escolar, tal como pizarras, tizas, lápices, cuadernos y folios. Además, el 84% de las escuelas necesitaban rehabilitación y la contribución del programa petróleo por alimentos aportaba escasos recursos para mejorar estas condiciones.

Según el informe de la UNESCO en el curso 1995-1996 se produjo un descenso en el nivel de exigencia en la educación general, en concreto el 91,7% en primaria, el 39% en secundaria (niños y niñas de 12 a 14 años) y un 16% en bachillerato (de 15 a 17 años). Estos datos colocaron a Iraq por detrás de los países de Oriente Próximo de 1991 a 1996.

Pero las sanciones no sólo afectaron al sistema educativo iraquí sino a todos los aspectos de la vida iraquí y especialmente a las mujeres y a los niños. El miedo a los bombardeos anglo-estadounidenses sobre las zonas de exclusión aérea iraquí hizo imposible que los niños y los jóvenes siguieran con normalidad sus estudios, de forma que las cifras de analfabetismo alcanzaron niveles tremendamente alarmantes. Para evitar el colapso de la educación superior, el gobierno iraquí intentó paliar el problema mediante la Ley de Rehabilitación de la Educación Superior de 1993. La finalidad de esta ley fue minimizar el impacto de la fuga de cerebros de las universidades iraquíes que se produjo durante el período de sanciones. Se triplicó el salario del personal de las Facultades y se pusieron en marcha otra serie de beneficios.

El Ministerio de Educación Superior abrió las puertas para la realización de programas de postgrado con la finalidad de que pudieran sustituir a los profesores que habían abandonado sus trabajos y el país. Algunas mujeres sin obligaciones familiares dejaron sus trabajos fuera de la Universidad para realizar uno de estos másteres y doctorados. A partir de 1995El resultado fue un retroceso generalizado en las carreras de las mujeres relacionadas con la industria, la construcción, la sanidad y el comercio, al mismo tiempo que un incremento en el número de mujeres con títulos de postgrado que trabajaban en las Facultades.

A pesar de las duras condiciones que se vivían en Iraq debido a las sanciones económicas, se crearon cinco universidades estatales para garantizar que como mínimo hubiera una universidad en cada demarcación regional de Iraq.

La ocupación

Las operaciones militares de la invasión de 2003 con la destrucción, por segunda vez, de todos los servicios y las infraestructuras civiles, la disolución del ejército y de las fuerzas de seguridad, dejaron al país sumido en el caos más absoluto.

Durante la operación “Conmoción y pavor” [en la invasión de Iraq en 2003], las fuerzas invasoras introdujeron en el país a miles de mercenarios y bandas criminales desde los países vecinos. Fuimos testigos de cómo esas bandas atacaban sistemáticamente las universidades, los colegios, los ministerios, los hospitales, los ayuntamientos, los museos, etc., bajo la supervisión de las tropas estadounidenses. Un 84% de los institutos y de los colegios de primaria padecieron daños, fueron saqueados, incendiados u ocupados por las fuerzas invasoras o sus bandas y mercenarios.

En su informe de 2003, la Unesco afirmaba que el sistema educativo iraquí anterior a 1991 era uno de los mejores de la zona con cerca de un 100% de escolarización en primaria y un alto nivel de alfabetización, tanto en hombres como en mujeres. La educación superior, especialmente las instituciones científicas y técnicas, mantenían un nivel internacional y estaban regidas por personal con muy alta cualificación.

El movimiento de resistencia a la ocupación de Faluya se inició cuando un reducido número de estudiantes se manifestaron contra las tropas estadounidenses que estaban ocupando su instituto y les impedían asistir a sus clases para terminar el curso escolar. Las tropas estadounidenses abrieron fuego desde la escuela y asesinaron a varios alumnos. Los padres empezaron a atacar a las tropas y a las fuerzas de seguridad por los crímenes cometidos contra sus hijos.

La ocupación estadounidense de Iraq ha destruido los logros conseguidos por la mujer a lo largo de más de 40 años. Según el informe de la Oficina de Coordinación Humanitaria de Naciones Unidas, para 2007 el analfabetismo de la mujer aumentó en más de un 50% desde el inicio de la Ocupación. En 2007, sólo el 28% de las jóvenes de 17 años (edad en la que obtienen el título para acceder a la Universidad) se presentó a los exámenes finales.

El 25% de cuota de participación femenina en el Parlamento iraquí supone únicamente una representación política simbólica porque mejora la imagen de la Ocupación. La cuota de mujeres en la Zona Verde es la cuota de las mujeres que representan a la ocupación no a la población femenina iraquí. Los datos y cifras de esta ponencia demuestran que el retroceso del papel de la mujer en la sociedad iraquí empezó y ha continuado durante los 20 años de sistemáticas agresiones estadounidenses, las cuales forman parte de un plan premeditado para destruir el entramado social iraquí y su Estado y controlar su petróleo y otros recursos energéticos.

El proceso político instaurado por la Ocupación estuvo controlado por clérigos proiraníes que empujaron a la sociedad iraquí a una lucha sectaria. Esto se traduce en cosas simples y cotidianas. Por ejemplo, la mujer iraquí hoy no puede salir a la calle ni acudir siquiera a la Universidad sin llevar la cabeza cubierta e ir acompañada de un hombre. El terror constante a sufrir un secuestro o una violación a manos de las milicias –financiadas, mantenidas y apoyadas por el gobierno iraquí− impide que la mayoría de las jóvenes acudan a clase de forma regular, aunque estén matriculadas, tal y como indican las estadísticas. En la mayoría de las universidades y de los institutos, las jóvenes acuden únicamente a los exámenes finales lo que provoca un alto porcentaje de fracaso y de repetidores.

Según estudios llevados a cabo por la autora de esta ponencia, el 47% de las mujeres desplazadas entrevistadas tienen un título de educación superior pero no tienen trabajo, mientras que el fracaso escolar que afecta a sus hijos es del 54,6% en los chicos y del 45.2% en las chicas. El 45% de todos estos casos de fracaso escolar se deben exclusivamente a la emigración forzosa. Si a esto se une la falta de seguridad, el porcentaje total de fracaso escolar supera el 75%.

Recomendaciones para evitar la discriminación de la mujer en Iraq

1.- Retirada total de todas las fuerzas ocupantes de Iraq, destitución en pleno del gobierno sectario y abolición de la Constitución impuesta por la ocupación.

2.- Reconstrucción del sistema educativo nacional que existía en Iraq antes de la Ocupación. Un sistema alejado de cualquier tipo de sectarismo religioso, racismo, favoritismo político y desigualdad de género.

3.- Establecer un sistema de igualdad de oportunidades que garantice la igualdad de la mujer al margen de cualquier consideración política.

4.- La educación de la mujer y su lugar en la sociedad se ha de considerar un factor esencial en el desarrollo social y económico de Iraq.

5.- Ayudar a las profesoras e investigadoras universitarias en la diáspora a recuperar sus puestos de trabajo en sus Universidades, para lo cual es necesario expulsar a las milicias armadas.

6.- Mismos derechos y oportunidades para las mujeres tanto para acceder a puestos de responsabilidad como para asistir a conferencias y a cualquier actividad académica fuera o dentro de Iraq.

7.- Las milicias sectarias del gobierno no tienen ningún derecho a imponer su código de vestuario fundamentalista a la comunidad femenina universitaria, incluidas las alumnas.

Este texto es el resumen de la ponencia presentada por la autora en el Seminario Internacional de Gante, celebrado en la ciudad belga entre el 9 y el 11 de marzo de 2011. La ponencia completa puede verse íntegramente en inglés en: http://www.brussellstribunal.org/pdf/IraqiWomen_Azzawi_100311.pdf

La Dra. Souad N. al-Azzawi fue vicerrectora de Asuntos Científicos de la Universidad de Al-Mamun de Bagdad. Catedrática de Ingeniería Medio Ambiental de esa misma Universidad, fue galardonada con el premio 2003 “Futuro Libre de Energía Nuclear” por su trabajo sobre contaminación medioambiental en Iraq tras la Guerra del Golfo.

Fuente: http://iraqsolidaridad.wordpress.com/2011/03/26/seminario-internacional-sobre-la-situacion-de-los-academicos-iraquies-universidad-de-gante-resumen-de-la-ponencia-de-la-dra-souad-n-al-azzawi-la-ocupacion-estadounidense-de-iraq-relega-a-la-muje/

martes, marzo 29, 2011

EGIPTO: "Exámenes de virginidad", la última arma del ejército

Cam McGrath / IPS
Salwa El-Hosseiny se había unido a los manifestantes en la Plaza Tahrir de la capital de Egipto cuando un oficial de seguridad vestido de civil la tomó por la fuerza y la entregó a miembros del ejército que se encontraban frente a un museo cercano.

Esta joven de 20 años fue golpeada, torturada con choques eléctricos y acosada verbalmente. Luego fue enviada con otras 20 mujeres detenidas a una prisión militar en las afueras de El Cairo.

Fue allí que el ejército, que gobierna Egipto desde la renuncia del presidente Hosni Mubarak el 11 de febrero, develó su última arma para reprimir el disenso: la humillación sexual.

"Fui llevada a una prisión militar junto a otras jóvenes, y se nos ubicó en una habitación con dos puertas y una ventana", contó El-Hosseiny durante una conferencia de prensa la semana pasada.

"Le rogamos a la guardia mujer que cerrara las puertas (para no ser vistas), pero se negó. Se nos ordenó sacarnos toda la ropa y nos inspeccionaron mientras nos filmaban con cámaras para fabricar evidencia con el fin de acusarnos de prostitución", dijo.
El-Hosseiny y otras mujeres detenidas en la misma prisión testificaron que un hombre que se decía ser médico les realizó "exámenes de virginidad" a las que no estaban casadas, amenazando con acusarlas de prostitución si se resistían.


"La guardia de la prisión nos desnudó y nos golpeaba con mangueras", dijo una de las detenidas, una trabajadora social de 29 años, soltera. "Fui examinada por un hombre que usaba una túnica blanca y por una guardia mujer de la prisión", contó.

Grupos de derechos humanos exigieron una investigación de los abusos, que habrían ocurrido el 9 de este mes cuando soldados intentaban desalojar a los manifestantes que acampaban en la Plaza Tahrir.

Más de 170 manifestantes, incluyendo 18 mujeres, fueron arrestados en una violenta represión y llevados a un anexo del Museo Egipcio.

Los manifestantes afirman haber sido golpeados y torturados por oficiales del ejército en el museo antes de ser liberados o transferidos a una prisión militar, donde fueron víctimas de más torturas y humillaciones..

Una declaración conjunta de 17 organizaciones egipcias de derechos humanos condenó el abuso físico y psicológico perpetrado contra los detenidos. Los grupos también señalaron que la participación de médicos en esos actos suponía una flagrante violación al juramento hipocrático..

"La tortura en sí ya es una de las peores violaciones a los derechos humanos y a la santidad del cuerpo humano, pero los incidentes reportados son además una clara violación de las convenciones nacionales e internacionales que regulan la profesión médica, así como un rompimiento de la ética médica", señala la declaración.

Amal Abdel Hadi, jefa de la Nueva Fundación de Mujeres, dijo que la policía y las fuerzas de seguridad egipcias tenían una larga historia de maltrato físico e intimidación a detenidos.

"Es la primera vez que oímos de exámenes forzados de virginidad, pero humillar a las mujeres violentando su cuerpo es una vieja práctica", dijo a IPS.
"No es inusual que la policía o los oficiales de seguridad detengan a una mujer y la obliguen a desnudarse porque su esposo ha sido atrapado robando o es sospechoso de terrorismo", añadió.

Explicó que la humillación sexual era una forma perturbadora y efectiva de tortura psicológica. Fue empleada por el personal de la infame prisión militar estadounidense en Abu Ghraib, Iraq, dejando profundas huellas en las víctimas y en la opinión pública mundial.

Las manifestantes mujeres detenidas el 9 de este mes dijeron que los soldados les ataron las manos y les vendaron los ojos para golpearlas y herirlas con choques eléctricos.

Al menos seis fueron obligadas a someterse al examen, en el que un médico del ejército les inspeccionaba la vagina para constatar que estuviera intacto su himen.

"Obligar a las mujeres a desnudarse y someterlas a exámenes de virginidad es muy insultante, y el impacto de esta acción puede ser profundo", señaló la psicóloga Mona Hamed, del Centro El-Nadim para la Rehabilitación de Víctimas de la Violencia.

En la conservadora sociedad egipcia, se espera que las jóvenes mantengan su virginidad hasta el matrimonio. El estigma social que sufren aquellas que se desnudan en público o tienen sexo prematrimonial muchas veces las lleva al suicidio, o es motivo suficiente para ser víctimas de un "asesinato de honor" por parte de su propia familia.

Hamed, quien entrevistó a varios manifestantes detenidos el 9 de este mes, dijo que las mujeres con las que habló le contaron que los médicos del ejército permitieron que soldados las observaran y les sacaran fotografías mientras eran examinadas. Temen que su reputación sea destruida si las fotos son difundidas.

La mayoría de las mujeres detenidas fueron juzgadas en un tribunal militar el 11 de este mes y liberadas dos días después.

Algunas recibieron sentencias de un año de prisión por mala conducta, destrucción de propiedad pública, obstrucción del tráfico y portación de armas.

La tortura y la humillación que sufrieron estas mujeres fueron un "fuerte mensaje" a la comunidad de que el disenso no sería tolerado, concluyó Hamed.

"Un padre puede aceptar que su hija asista a una protesta, incluso bajo riesgo de resultar herida, pero nunca aceptaría que fuera si hay riesgo de que sea acosada sexualmente, violada o humillada", explicó. (FIN/2011)

Ni mujeres privadas ni mujeres públicas: lo personal es político

María-Milagros Rivera Garretas /
LA DIFERENCIA DE SER MUJER
En la historia y en la política corrientes, hay una imagen muy socorrida para interpretar y explicar las diferencias evidentes entre la experiencia humana femenina y la masculina. Es la imagen de la “esfera pública y la esfera privada”. Se dice que la historia y la política de los hombres se desenvuelven en la esfera pública, la más visible e importante, mientras que la de las mujeres se quedaría reducida a la invisibilidad relativa de lo privado. Esta imagen se sigue utilizando hoy sin crítica, a pesar de que las mujeres estamos presentes en todos los sitios de la llamada esfera pública en los que deseamos estar; y a pesar de que hace ya muchos años –en 1935-, la gran antropóloga que fue Margaret Mead escribió con ironía: “Hagan lo que hagan los hombres, aunque sea vestir muñecos para una ceremonia, ello aparece dotado de mayor valor”. Con esta frase, Margaret Mead ridiculizó la supuesta importancia de lo público, señalando que a lo que se daba relevancia era, en realidad, a lo que los hombres hicieran, fuera esto lo que fuera.

Para intentar desentrañar los intereses creados que sostienen la dicotomía o antinomia público/privado, la historiadora Gerda Lerner estudió sus orígenes, y descubrió que esta antinomia del pensamiento existe desde los orígenes del patriarcado, siendo funcional a él. Lo cual quiere decir que es una imagen explicativa de la historia y de la política que está menos al servicio de la verdad que del interés de algunos –y, ocasionalmente, de algunas- por sostener ese sistema histórico de dominio de los hombres sobre las mujeres. Demostró que ha sido fundamental al patriarcado la división de las mujeres en privadas y públicas, siendo estas últimas las prostitutas: mujeres que, como tantos hombres públicos, aunque muchísimo menos libremente que ellos, intercambian ser por dinero.


¿Cómo hemos sido divididas las mujeres en privadas y públicas? Carole Pateman, en su tesis doctoral titulada El contrato sexual, descubrió que en la base de las sociedades patriarcales ha habido o hay un pacto fundador que es, en realidad, anterior al que hasta ahora se creía que fundaba las sociedades humanas, y que Jean-Jacques Roussseau denominó en el siglo XVIII el contrato social. El verdadero pacto fundador era el contrato sexual, que consiste en un pacto no pacífico entre hombres heterosexuales para distribuirse entre ellos el acceso al cuerpo femenino fértil.

Por eso, en las relaciones sociales patriarcales las mujeres entramos con un lastre que genera desigualdad. Pero, afortunadamente, el patriarcado no ha ocupado nunca la realidad entera ni, tampoco, la vida entera de una mujer. Porque lo social es discontinuo, no es sinónimo de lo histórico sino que se refiere a una parte de lo histórico, la que está intervenida por relaciones de poder y de dominio. Por eso, pudo escribir G.F.W. Hegel en el siglo XIX que “lo femenino es la eterna ironía de la comunidad”. Esto quiere decir que lo femenino que excede y desborda al patriarcado pone en ridículo la pretendida universalidad de este.

La dicotomía público/privado ayuda, pues, a explicar una parte de la historia de las mujeres –es decir, de la historia-: esta parte es su explotación por los hombres, su sufrimiento, su rabia ante los estereotipos de género femenino, consecuencia todo ello de la desigualdad entre los sexos. Pero no sirve para explicar verdaderamente la experiencia humana femenina en su conjunto, en su unidad infragmentable.

La diferencia sexual en la Historia

La dicotomía público/privado fue desarticulada por el movimiento político de las mujeres del último tercio del siglo XX con un grito repetido incansablemente en los grupos de autoconciencia, en las octavillas, en las publicaciones, en la calle...: “lo personal es político”. Fue desarticulada porque es una dicotomía que persigue, implacable, la vida de las mujeres, a pesar de que las mujeres apenas nos reconocemos en ella. Porque las mujeres discurrimos libremente y sin jerarquías de valores entre los dos polos de la dicotomía, entre la casa y la calle, entre la mesa de la cocina –en la que algunas han escrito obras maestras- y la universidad, entre un amor y otro, entre el jardín y la administración del estado. En realidad, la parousía genuina, la auténtica aparición pública del ser humano, no es propiamente la de la televisión o las portadas de los periódicos, sino que es la que cada niña o niño hace al salir del cuerpo de su madre en el momento de nacer, irrumpiendo en el mundo.

Es muy interesante notar que la invención simbólica “lo personal es político” no se limitó a invertir la vieja dicotomía diciendo “lo privado es público”. Por eso es un auténtico hallazgo de sentido: no se limita a invertir los términos de la antinomia, como haría una revolución, sino que se sitúa en un lugar más allá, casi imprevisto, que es el lugar de la libertad.

Lo personal no es, sin embargo, inmediatamente político: en cada circunstancia histórica es necesario encontrar las mediaciones que hagan, de lo personal, algo político. Los reality shows, por ejemplo, aunque sean descaradamente personales, tienen poco o muy poco sentido político, de manera que hay que repetirlos hasta la saciedad, como si en ellos se buscara desesperadamente algo que nuestro mundo necesita y no encuentra. Lo que buscamos es precisamente la mediación que haga de lo personal algo político aquí y ahora, en el contexto relacional presente. Es esa mediación o mediaciones lo que nos hace libres, rompiendo el mecanismo terrible de la repetición.

Una mediación es algo que pone en relación dos cosas que antes no estaban en relación. Como hace el entredós uniendo dos piezas de tela hasta entonces separadas, y creando así algo nuevo. Los textos de la marquesa Dhuoda, de la canonesaHrotsvitha de Gandersheim y de la reinaIsabel I de Castilla que he presentado, son ejemplos de mediaciones históricas que, cada una en su contexto relacional concreto, lograron hacer de lo personal, político.

Dhuoda encontró en la escritura de un libro para la educación de sus hijos Guillermo y Bernardo, la mediación que le puso de nuevo en relación a ella con los niños, cuando estos le fueron arrebatados por el padre, que se los llevó a la corte carolingia para servirse de ellos en sus luchas de poder. De esta manera, el libro medió entre ella y la corte imperial, entre su amor más íntimo y personal y lo que los hombres de su clase social –la aristocracia- entendían por político. Dándole así, a la política, otro tono y otro sentido: un sentido amoroso, no violento. Dhuoda escribe como madre que muestra a sus hijos, entre metáforas de juegos de dados y de espejos, un ejemplo a seguir en cuyo núcleo está el cuidado de la relación, de la espiritualidad y de la vida, no la guerra. El ejemplo que Dhuoda propone a sus hijos es una instancia de otra política, política que en el feminismo llamamos algunas o muchas la política de las mujeres.

Hrotsvitha, con la ironía en la que fue maestra, pone al descubierto, en el siglo X, las entrañas del patriarcado y del contrato sexual que lo sustenta: el emperador Adriano reconoce muy seriamente –mientras la autora, que fue experta en la carcajada, se ríe de él-, que el Estado corre peligro si las mujeres casadas desprecian a sus maridos hasta el punto de negarse a comer con ellos y a acostarse en su cama: es decir, si las casadas se liberan de la heterosexualidad obligatoria (no de la libre, que también existe). La mediación que Hrotsvitha encontró para hacer, de lo más personal de la relación mujer-hombre, algo político, es la palabra, la palabra predicada, dicha en alto y de viva voz por las calles, la palabra acertada y necesaria en ese momento histórico, siendo la calle el espacio público y común por antonomasia.

La preocupación de Isabel I por la salud de su consejera y camarera Juana de Mendoza hace que irrumpa en la Historia el mundo de las cortes femeninas del siglo XV. Estas cortes o casas reales se movían en un régimen propio de intercambio; un régimen de intercambio que era el del don, apenas medido o significado por el dinero. Las damas de la corte no recibían habitualmente salarios en dinero, como los caballeros de la corte, sino que recibían regalos de la reina: regalos en forma de telas, por ejemplo, o de joyas, prendas de vestir, libros de horas u otros objetos de valor. Este régimen de intercambio favorecía la atención a cada relación singular y necesitaba de la confianza. Por tanto, el ambiente se parecía mucho a las relaciones que se entablan en casa, en lo privado. Pero, a un tiempo, todo lo que en la corte ocurría tenía enorme trascendencia política. La medievalista Bethany Aram ha mostrado incluso, en un libro espléndido dedicado a La reina Juana -un libro que es, por fin, una obra histórica y no legendaria sobre la llamada Juana la Loca-, que las casas reales o cortes de los siglos XV y XVI fueron el principal significante de la capacidad de gobernar de una o un monarca: si la reina o la princesa no lograba –como le ocurrió a Juana I de Castilla- gobernar su casa (y su marido Felipe el Hermoso, mientras vivió, se lo puso dificilísimo), ello quería decir que su pueblo desconfiaría de su capacidad de gobernar el país. Lo político dependía, pues, de lo personal, el gobierno del Estado dependía del funcionamiento de la casa.

Lo que las mujeres logramos cuando encontramos las mediaciones para que lo personal sea político, es entablar relaciones de confianza entre lo que en el momento es entendido como político y lo que quedaba fuera de ello, o sea, lo otro, la alteridad, o un fragmento de ella: alteridad que irrumpe, en primer lugar, en las casas y en la vida personal de una madre o, en menor medida, de un padre, cuando una mujer da a luz una criatura. Con frecuencia, lo otro es lo femenino libre, que apremia por venir al mundo en el contexto histórico de que se trate.

Indicaciones didácticas

A veces, en la historia de Occidente, lo otro, la alteridad, se encarna en ciertos grupos humanos, que pueden ser el pueblo judío o morisco o gitano, por ejemplo. Hoy se encarna en las extranjeras, en los extranjeros inmigrantes. Hrotsvitha representó, en el siglo X, la alteridad como lo femenino libre llevado al Imperio romano por una mujer extranjera (advena mulier) llamada Sabiduría, que llega a Roma con algo distinto que decir, y lo predica públicamente.

Puede ser útil comparar en clase el texto de Hrotsvitha de Gandersheim en Sapientia con un fragmento de la obra La Tumba de Antígona, de María Zambrano (1904-1991). Ambas –Antígona y María Zambrano- vivieron, en sus experiencias de extranjeridad o de exilio, el sufrimiento terrible de no poder dar, de que no fuera acogido lo que ellas llevaban y eran; o sea, experimentaron la pérdida de existencia simbólica que trae consigo la tolerancia; porque la tolerancia respeta democráticamente pero no acoge, no se abre al intercambio amoroso. En otras palabras, ellas sufrieron el verse convertidas, en el país de llegada, en un otro del que no se quiere recibir nada, un otro al que se niega, así, sustancia política. Escribió María Zambrano:

"Como yo, en exilio todos sin darse cuenta han fundado una ciudad y otra. Ninguna ciudad ha nacido como un árbol. Todas han sido fundadas un día por alguien que viene de lejos. Un rey quizá, un rey-mendigo arrojado de su patria y que ninguna otra patria quiere, como iba mi padre, conducido por mis ojos que miraban y miraban sin descubrir la ciudad del destino, donde estaba nuestro hueco esperándonos. Y yo sabía ya, al entrar en una ciudad, por muy piadosos que fueran sus habitantes, por muy benévola la sonrisa de su rey, sabía yo bien que no nos darían la llave de nuestra casa. Nunca nadie se acercó diciéndonos, “ésta es la llave de vuestra casa, no tenéis mas que entrar”. Hubo gentes que nos abrieron su puerta y nos sentaron a su mesa, y nos ofrecieron agasajo, y aún más. Éramos huéspedes, invitados. Ni siquiera fuimos acogidos en ninguna de ellas como lo que éramos, mendigos, náufragos que la tempestad arroja a una playa como un desecho, que es a la vez un tesoro. Nadie quiso saber qué íbamos pidiendo. Creían que íbamos pidiendo porque nos daban muchas cosas, nos colmaban de dones, nos cubrían, como para no vernos, con su generosidad. Pero nosotros no pedíamos eso, pedíamos que nos dejaran dar. Porque llevábamos algo que allí, allá, donde fuera, no tenían; algo que no tienen los habitantes de ninguna ciudad, los establecidos; algo que solamente tiene el que ha sido arrancado de raíz, el errante, el que se encuentra un día sin nada bajo el cielo y sin tierra; el que ha sentido el peso del cielo sin tierra que lo sostenga".

La trampa del relativismo cultural...

Debora Picchi / Rima Web
Aquí me propongo tratar el insidioso tema de la interculturalidad desde una perspectiva de género y, al mismo tiempo, considerar la cuestión de la laicidad con una mirada enfocada a descubrir la trampa inherente al concepto de “relativismo cultural”. Pero antes de comenzar este análisis siento que debo aclarar algunos puntos centrales que según mi opinión son frecuentemente motivo de confusión, aproximación o incluso de actitudes y prácticas dañinas.

Para comenzar, noto que muy frecuentemente al referirse a personas que provienen de otros países, incluso antes de considerar la identidad nacional o lingüística – aspectos que parecerían entre los más significativos a primera vista – se decide catalogarlas según un credo religioso; eso sucede sobre todo cuando este credo es diferente del dominante en nuestra sociedad. Si se habla de un país prevalentemente musulmán (porque en él la religión es religión de Estado o porque se trata de un gobierno teocrático), todos los pertenecientes a ese grupo nacional son automáticamente identificados como musulmanos (y observantes!) y por lo tanto pertenecientes a esa precisa comunidad religiosa, sin que ni siquiera sea considerada la posibilidad de que algunxs de ellxs pudiese ser atex, agnósticx, no observante, laicx, perteneciente a alguna minoría religiosa o algo más. Todxs son entonces aplastadxs bajo una identidad religiosa que es asignada independientemente del hecho de que en la susodicha “comunidad” habrá seguramente diferencias y que estas diferencias podrían constituir para cada individuo un elemento identitario más fuerte que aquel que le ha sido arbitrariamente atribuído: pienso por ejemplo en posibles diferencias étnicas internas al grupo, pero también en distinciones religiosas dentro de una misma confesión, diferencias lingüísticas y dialectales, diferencias en el color de la piel, de género, de orientación sexual, de nivel de instrucción, de posición política , etc.

Por la actividad que desarrollo tengo bastantes amigas afganas, y no deja de sorprenderme cada vez que, cenando con amigxs y conocidxs acá en Italia, lxs comensales italianxs rechazan sin dudar la hipótesis de poner vino o carne de cerdo en la mesa porque se da por sentado que las invitadas afganas son necesariamente musulmanas y además practicantes. Esto es aún más curioso desde el momento en que no sólo son de público conocimiento mis firmes posiciones laicas (por lo cual difícilmente se explicarían estas intensas relaciones con personas tan devotas) sino que también es de público conocimiento que las organizaciones afganas de las que mis invitadas forman parte son declaradamente laicas y además hacen de la laicidad un punto fundamental de su lucha política. ¡Pero evidentemente el estereotipo gana por sobre la lógica!



Se tiende entonces – decía – a atar a “lxs otrxs” a una religión, la religión dominante del país de proveniencia, suponiendo que el sentido de pertenencia de cada unx debe tener más relación con la fe que con cualquier otro aspecto de la persona. Esta misma grosera deducción la hacen tanto aquellxs que tienen la intención de denigrar a los extranjerxs (y entonces utilizarán ciertas clasificaciones sobre la base de la religión de modo despreciativo y racista), como por muchxs de aquellxs que se quieren mostrar bien dispuestxs a aceptar las diferencias que la sociedad multicultural nos presenta. Estxs últimxs buscarán probablemente argumentar que la diversidad religiosa es una riqueza y que el contacto entre religiones es una oportunidad de intercambio y de crecimiento para todxs.

Sin embargo, si por un lado nos prodigamos en exaltar el valor de la pluralidad y de las diferencias, por otra parte ahogamos a lxs miles de extranjerxs presentes en Italia y Europa, y provenientes de los más variados países del mundo, en un único confuso mar: “la comunidad islámica”. No hay escapatoria; se pertenece por nacimiento. Y la paradoja está en el hecho de que el/la que pertenece (es decir, está obligadx a pertenecer), vive en un Estado laico – al menos formalmente – pero está condenado de hecho a someterse a las reglas de una comunidad de tipo confesional.

Una clasificación similar se hace cuando se identifica a una vasta área del planeta como un gran bloque cultural único y granítico refiriendóse a una genérica “cultura islámica” (otra vez siguiendo una nomenclatura basada sobre la fe). Se perciben entonces como pertenecientes a la misma “cultura” sociedades diversas y lejanas entre sí que van desde Marruecos hasta Egipto, desde Somalia a Irán, desde Afganistán hasta Pakistán y siguiendo hacia el Oriente: países no sólo geográficamente distantes, que incluso se extienden en continentes diferentes, sino también con historias y lenguas diferentes, como para citar algunos aspectos. Es probable, de hecho, que un argelino tenga en común con un pakistaní tanto como un brasileño con un finlandés y sin embargo los primeros dos son continuamente empujados por el estereotipo hacia un único antro profundo y confuso, aquel “mundo musulmán” – con todo lo sombrío y funesto que esta etiqueta recuerda – una potente construcción mental que, como bien sabemos, tuvo un enorme éxito después de los hechos del ll de septiembre. Resulta casi impensable, en cambio, seguir una clasificación análoga e imaginar al brasileño y al finlandés como fruto de la misma “cultura cristiana”.

Esta misma actitud superficial con la que se asignan religiones oficiales y se niegan diferencias entre personas dentro de una comunidad nacional o incluso entre personas provenientes de países diferentes, es muchas veces el origen del insistente e insidioso equívoco por el cual “intercultura” asume el sentido de “interreligión”. Y entonces así es que parten invitaciones institucionales a los más variados y discutibles jefes religiosos, seminarios sobre las religiones, encuentros y debates públicos con exponentes de varias confesiones, programas televisivos en donde se llama a clérigos a discutir sobre cualquier tema, lecturas comparadas de textos sagrados, ventas en los kioscos de las historias de los profetas, santos y todo lo demás. El aspecto preocupante – por no decir trágico – de todo esto es que mientras muchos progresistas, o presuntos tales, reciben y a menudo promueven generosamente esta derivación religiosa en nombre de un avergonzante concepto de tolerancia, las derechas integralistas de varias matrices avanzan, ocupando cada vez más los espacios públicos. Es sorprendente observar la reticencia, o peor, el obstinado rechazo, de gran parte de lxs que se declaran “de izquierda” a defender los principios laicos y los espacios públicos, sobre todo cuando se trata de enfrentar cuestiones relacionadas con “las otras culturas” sean ellas representadas por la comunidad extranjera presente en nuestro territorio o de realidades sociales presentes en otros países; casi como si un sentido de pudor hacia el “mundo no occidental” indujese a renunciar a la defensa de la laicidad para ceder el paso a una multi-religiosidad más tranquilizadora y en apariencia menos problemática, torpemente vendida como estimulante ocasión de contacto y de ejercicio democrático de respeto recíproco.

Lo que me interesa aquí revelar es la trampa que se esconde detrás de la aceptación acrítica de las presuntas “culturas” y las peligrosas consecuencias que esto produce, en primer lugar en la vida de las mujeres. El pensamiento que toma el nombre de “relativismo cultural” hace del respeto de las “otras culturas” el punto cardinal de la relación entre la que se suele llamar “civilización occidental” y las “civilizaciones no occidentales”. Este punto de vista les reconoce a todas las culturas la misma dignidad, validez y legitimidad dejando de lado cualquier crítica o juicio de mérito. Aquello que parece un enfoque iluminado, democrático y progresista no toma en consideración, sin embargo, la problematicidad del término”cultura”. De hecho, habría que pensar las “culturas” no como inmóviles colosos fuera del tiempo, cristalizados en una atroz invariabilidad e insensibles a los cambios internos y a las contaminaciones externas, sino como productos de vivos y vivaces consorcios de hombres y mujeres constantemente en movimiento y en transformación, exactamente como nosotrxs percibimos nuestra “cultura” y nuestra sociedad (suponiendo que esta contraposición ellxs/nosotrxs tuviese algún sentido). Si se acepta esta idea, se debe entonces también reconocer que cuando hablamos de “cultura” – generalmente con cierta superficialidad – la mayor parte de las veces nos referimos a algo que se podría definir más precisamente como “cultura dominante”. Esta óptica nos permite develar el estereotipo y ver las sociedades con todas sus complejidades y dinámicas, marcadas por diferencias, contradicciones y conflictos internos, muchas veces incluso muy encendidos. De esta manera podremos ver también que todos los sistemas sociales y culturales, si bien diferentes entre ellos, son igualmente gobernados por una multiplicidad de relaciones de poder desiquilibradas en diferentes aspectos, entre los cuales y no menor, el de género.

Las “culturas dominantes” por su naturaleza apuntan al mantenimiento de un sistema de poder que les permite ser lo que son –o sea hegemónicas – y para tal fin hacen uso de todos los instrumentos a su disposición. Como bien sabemos, las religiones en particular (con todos sus bagajes de tradiciones, rituales y creencias que permean múltiples aspectos de la vida social) son uno de los más potentes medios de control. En este sistema de poder fuertemente desequilibrado, basado sobre relaciones jerárquicas y caracterizado inevitabilmente por una voluntad conservadora, en nuestra sociedad como en las otras, la dominación masculina se afirma a través del control de las mujeres. De hecho, como es obvio, con el fín de ejercer un rol dominante, es condición necesaria que haya una contraparte dominada. El control y la opresión de las mujeres en las diferentes partes del mundo pasa por las formas más fantasiosas y extrañas, aunque trágicas, que, para citar alguno de los aspectos más vistosos, van desde las lapidaciones por adulterio al extenuante esfuerzo por negar el derecho al aborto, desde la ingeniosa Ley 40 italiana[*]; sobre fecundación asistida hasta las mutilaciones genitales femeninas, desde los delitos por honor hasta las normativas sobre la vestimenta femenina que, según los casos, preven velos de diferentes estilos que las cubren más, o menos; y ni hablar de las más bizarras prohibiciones que se inventan con relación a las mujeres los jefes y jefecitos religiosos – frecuentemente auto-designados –, en una perenne competencia de creatividad: la prohibición de conducir, de trabajar, de practicar deportes, de usar zapatos con taco, de andar en bicicleta, de ir el colegio, de usar esmalte de uñas, de reclamar una herencia, de decidir adoptar métodos anticonceptivos y mucho más.

La doble alianza de hierro entre iglesias y patriarcado aduce motivos éticos, culturales y religiosos para justificar una política de segregación, discriminación y violencia, a menudo legalizada, en perjuicio de niñas, muchachas y mujeres en las partes más diversas y lejanas del mundo. Se trata precisamente de una política trans-cultural, que no conoce fronteras, actuada sistemáticamente a nivel social y frecuentemente reglamentada a nivel jurídico.

Sin embargo, el común denominador es siempre la limitación de la autodeterminación femenina, percibida como amenaza al orden y a las jerarquías establecidas. Para contener esta amenaza y conservar el orden no hay mejor sostén que los integralismos religiosos, que niegan cualquier intención de cambio hacia la autodeterminación de las mujeres y pisotean sus derechos civiles y humanos en nombre de tradiciones antiguas y textos sagrados. Por otra parte, también, es curioso constatar que la falta de defensa de los valores laicos es a menudo una deficiencia justamente de aquellxs que dicen defender los derechos y combatir la opresión. Se crea entonces una divergencia entre la enunciación teórica – que difunde principios democráticos – y las elecciones políticas concretas que dan crédito a posiciones y prácticas integralistas: el doble carril es fatal, porque hace imposible la elaboración de un proyecto político coherente y realmente “iluminado”.

Para “garantizar” los derechos de las franjas islámicas integralistas presentes en Gran Bretaña, el gobierno laborista sancionó el derecho a instituir, en todo el territorio nacional, tribunales islámicos que regulen las contiendas entre miembros de las comunidades. Las cortes de inspiración coránica − ya en funcionamiento desde 2008 en diferentes ciudades inglesas como Londres, Birmingham, Manchester y Bradford, y dirigidas por el sheik Siddiqi – se ocupan de dirimir cuestiones de divorcio, herencias y violencia familiar y las sentencias que emiten tienen la misma validez jurídica que aquellas emitidas por un tribunal ordinario del Reino. Y no veo contradicción en que el Arzobispo de Canterbury, máxima autoridad eclesiástica de la Iglesia Anglicana, haya tomado a bien la introducción de la sharia en el país, considerando que representa un fundamental “elemento de cohesión” dentro de la comunidad islámica. En una entrevista a la BBC, el Arzobispo Williams declaró: “Hay lugar para una mediación constructiva en ciertos aspectos de la ley musulmana, como ya sucede con otros aspectos de la ley [británica] de inspiración religiosa”.

Pero que el Arzobispo sostenga ciertas aberraciones coincide con una estrategia bien precisa de la que ya he hablado. No sorprenden, de hecho, los frecuentes tratos entre exponentes de diferentes confesiones, ¡que no se deben jamás confundir con un sano interés por el pluralismo! Frecuentemente estos señores se promueven y se apoyan los unos a los otros, dado que ratificar el poder de una autoridad religiosa equivale a legitimar y consolidar también su poder y la propia autoridad religiosa. Desconcierta más, en cambio, que una buena parte de la izquierda inglesa haya adherido a esta derrapada de la razón en nombre de la integración, de la democracia y de la libertad religiosa, ignorando ciegamente las repercusiones gravísimas sobre la garantía y la tutela de los derechos de las mujeres. No obstante, mientras los integralismos ganan terreno guiñándose el ojo entre ellos y las izquierdas dormitan (¡aunque a veces no excluiría una silenciosa mala fe!), las mujeres responden a los ataques con coherencia y determinación:

One law for all [Una ley para todxs] es la campaña lanzada por las mujeres iraníes y kurdas residentes en Gran Bretaña que luchan por el principio de igualdad frente a la ley independientemente del sexo, la raza y de la fe. Ellas denuncian la peligrosidad del arbitrio basado sobre la religión y que, si ya es inaceptable la presencia en el país de decenas de cortes islámicas informales, todavía más drámatico resulta que los tribunales coránicos sean reconocidos por el Estado. De esta manera se alienta al extremismo y se institucionaliza la discriminación de las mujeres: entre las sentencias significativas en este sentido, emitidas por las cortes religiosas, están aquellas que condenan al marido violento a una serie de sesiones de “terapia” con algunos jefes religiosos, y otras que establecen que el hijo debe heredar el doble de lo que le correspondería a la hija. Las mujeres kurdas e iraníes subrayan, entre otras cosas, la ridícula paradoja que las ve huír de la feroz injusticia de género del país de origen para encontrar las mismas condiciones discriminatorias replanteadas en la Europa progresista. Por otra parte está el grupo WAF (Women Against Fundamentalism) [Mujeres en contra de los fundamentalismos] que reúne mujeres londineses de varios orígenes preocupadas por el resurgimiento de los fundamentalismos de todas las confesiones en Gran Bretaña. Abiertamente contrarias a la asignación de financiamientos públicos de entes locales y nacionales a las instituciones religiosas, las WAF observan con creciente aprensión el peligroso aumento del poder de los líderes religiosos en desmedro de las mujeres, y el cada vez más frecuente entendimiento entre las instituciones y los jefes fundamentalistas, que acallan trágicamente las voces disidentes dentro de las mismas comunidades. Women Living Under Muslim Laws [Mujeres que viven bajo las leyes musulmanas] es en cambio una red activa en mucho países del mundo, en los que las mujeres sono sometidas a las más variadas restricciones impuestas por leyes y costumbres que se pretenden hacer derivar del Islam. La red apunta a fortalecer las luchas individuales y colectivas de las mujeres en contra de los fundamentalismos, por los derechos y la equidad de género dentro de una óptica de solidaridad internacional. La “Revolutionary Association of Women of Afghanistan” [Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán] representa un vívido ejemplo de lucha por la laicidad y por los derechos en pleno corazón del fundamentalismo más oscuro. Declaradamente anti-fundamentalista, RAWA lucha desde hace treinta años por la separación entre poder político y religioso, convencidas de que la laicidad es la única posible vía de rescate de las mujeres afganas y de construcción de un verdadero proceso democrático en Afganistán.

Por falta de espacio he podido citar sólo algunos ejemplos de los numerosos movimientos de mujeres en el mundo comprometidas con los derechos y en contra de la injusticia y que identificaron en la contraposición integralismo/laicidad el punto neurálgico de la cuestión. Amenazadas por los fuertes poderes de las comunidades de pertenencia, estas mujeres son silenciadas y atrozmente ignoradas justamente por quienes deberían garantizarles apoyo y solidaridad y que, en cambio, se hacen impávidamente a un lado por no interferir en las culturas ajenas. Creo que sería un acto de coherencia y honestidad admitir que declararse respetuosos de ciertas “culturas” significa hacerse cómplices de un crimen de proporciones planetarias que está siendo perpetrado cotidianamente y desde siempre en contra de las niñas, muchachas y mujeres en cuanto tales. Quien por temor o por pereza o por cálculo político, en nombre de la tolerancia y del relativismo cultural se abstiene de reivindicar un principio laico que valga indistintamente para todxs debería reflexionar que de esta manera está justificando y legitimando discriminaciones y violaciones de todo tipo. Pienso que no sólo es un enfoque más sensato, sino también una necesaria responsabilidad política encontrar el valor para condenar públicamente posturas y prácticas antidemocráticas independientemente del contexto cultural y social en el cual se realizan, sin temor a oponerse a quien, apelando a las tradiciones, a las culturas y a las religiones, niega la igualdad, se abusa y viola derechos.
[*] En febrero de 2004, el Senado italiano aprobó la Ley 40/2004 de reproducción asistida. Su concepto es fácil de resumir: todo prohibido sin importar sus consecuencias. No al uso de gametos de donante (óvulos o espermatozoides), no al útero portador, no a la criopreservación de embriones y se restringe el acceso a fertilización asistida sólo a parejas heterosexuales estables. No hay posibilidad de investigación clínica sobre embriones. La criopreservación de embriones se admite en caso de que la salud de la mujer se vea comprometida al momento de la implantación quedando pendiente tan pronto como la situación sea revertida. El acceso a técnicas de reproducción asistida sólo para los casos derivados de problemas de esterilidad o infertilidad que no puedan ser resueltos de otra manera. Respecto del consentimiento informado, no posibilidad de revocarlo una vez llevada a cabo la fecundación del ovocito. Los días 12 y 13 de 2005 se presentó un referéndum para derogar los incisos prohibicionistas sin embargo ganó el llamado tercer partido, el de los abstencionistas, entre los que se encontraba la Iglesia Católica que, encabezada por el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Camillo Ruini, sostuvo la campaña para que los italianos no acudieran a votar y garantizar así la invalidez del referéndum, con lo que la ley permanece invariada.

artículo presentado en la Convención “Por una ética pública laica”, sección: “Ciencia, investigación, formación, intercultura”, Florencia 7-8 de febrero de 2009

Debora Picchi, florentina, es maestra de letras (contratada). Feminista y activista a favor de los derechos civiles y de los derechos de género, milita en el movimiento de mujeres de Florencia Libere Tutte [Libres Todas] y está entre las socias fundadoras de CISDA (Coordinamento Italiano Sostegno Donne Afghane) [Coordinación Italiana de Apoyo a las Mujeres Afganas] que desde hace años apoya a las organizaciones femeninas laicas y democráticas en Afganistán.

Mujeres Nuevas

POR: MARÍA ROJAS F. / Revista LAC - Clase y Género
Cuerpos débiles, ¡levantad!
Mentes agudas, ¡tomad conciencia!

¡Seres de espíritu fuerte!
Tomemos posesión de nuestros vientres,
Convirtamos el amor en odio, el sufrimiento en venganza
Y el silencio en gritos de denuncia…

Cadenas de la opresión, ¡Romped!

Librémonos de la injusticia, la explotación y la golpiza…
¡Reivindicación!

Marchad mujeres, acoged el doble sufrimiento de la obrera,
Invitadla a levantarse y gritad:

“Tomad el pesar de tus días,
El hambre arrogante y perturbador,
La desesperación por tus hijos,
Tu única propiedad
¡Y convertidlos en rebelión!


Frío mezquino,
Jornadas avasalladoras que curtieron tu existencia

¡Dadles fin!

Vengad tus sufrimientos mujer obrera,
Acallemos juntas la voz odiosa del mandato
Y hagamos renacer los ideales dormidos,
Los derechos aplastados
Y la dignidad golpeada…”

¡Tomad las armas y luchad!

¡Corre, decapita, avanza y venga tu dolor,
Romped con el silencio,
Arrasad con todo lo establecido!

¡Demoled muros de crueldad y tiranía,
Haced rodar las piedras de la codicia,
Levantad la tierra pisoteada por entes podridos…!

¡Devastación!

Hazte dueña de tu libertad,
Destruid lo que tu misma construiste
Bajo el abuso del patrón,
La dominación de tu padre y esposo
Y la potestad de la Iglesia y del Estado…

¡Convertid en ruinas el legado postrer del patriarcado!

Haced caer la estructura tambaleante,
Que ya nada nos hará volver atrás,
No nos arrebatarán lo ganado,

¡Uníos!,
¡Resistencia y revolución!

Homenaje a Saramago en voz de mujeres

Sonia Sierra /El Universal MX
“Las mujeres son los personajes más importantes, más fuertes en la obra de José Saramago; lo decía él, pero basta leer con atención para verlo. Decía que el mundo se sostiene en su órbita gracias a la conversación de la mujer. La única salvación posible que tenemos en este momento es que las mujeres asumamos un protagonismo que no hemos tenido a lo largo de la historia”.

Así habló ayer la periodista y traductora Pilar del Río, viuda del premio Nobel de Literatura José Saramago. Del Río está en México para formar parte del homenaje escénico Voces de mujer en la obra de José Saramago, encabezado por el director Antonio Castro, que tendrá una única presentación el 31 de marzo a las 20:30 horas en Bellas Artes.

Con Del Río estarán en las lecturas en escena la actriz y activista social Ofelia Medina, la periodista y activista de derechos humanos Lydia Cacho, la soprano Lourdes Ambriz, la cantante de rock Ely Guerra y las actrices de teatro y cine Irene Azuela y Clarissa Malheiros.

Páginas de lectura

El grupo de mujeres leerá textos de distintos libros de Saramago, de personajes femeninos. A petición del director, Pilar Del Río no adelantó quién leerá qué texto, pero detalló:

“Son pasajes de Memorial del Convento, con Blimunda, una mujer capaz de ver el interior de las personas y que, buscando a su marido que la Inquisición se había llevado, recorrió a pie nueve veces Portugal, sin tener miedo a nada, ni a nadie. Es la mujer de del médico que dijo que estaba ciega, pero no lo estaba, para ayudar a su marido y a la humanidad; del libro Ensayo sobre la ceguera. Es la muerte en Las intermitencias de la muerte que se transforma en una mujer y decide que al día siguiente no va a morir nadie”.

El cuarto texto es inédito; es la voz de María Magdalena. El texto es la carta que María Magdalena escribiría años después de la muerte de Jesucristo:

“Muchas veces José Saramago y yo hablamos de qué habría sido de María Magdalena después de la muerte de Jesucristo, qué futuro tendría. En el libro El evangelio según Jesucristo comparte los tres años de vida pública de Jesucristo. Y un día José escribió lo que habría sido su vida, una especie de carta de por qué amó y por qué un día ya no tuvo nada más que contar: porque cuando se ha ama ya no hay nada más que contar”.

Del Río explicó en entrevista que será un montaje sorprendente, moderno; con mezcla de rock y música clásica (con composiciones de Eugenio Toussaint y Ely Guerra, entre otros). En este homenaje, que realizan el Conaculta y el INBA, participan también la escenógrafa Mónica Raya y el iluminador Víctor Zapatero.

La próxima semana Del Río presentará en la ciudad de México el libro El último cuaderno, que recoge los últimos textos del escritor portugués para su blog. El volumen, editado por Alfaguara, tiene un prólogo de Umberto Eco y una introducción de Pilar del Río.

“Al revisarlo para la traducción me di cuenta de que Saramago había recuperado textos antiguos y, de pronto, sentí que ese libro era una despedida. Es un regalo inesperado que nos hace de sus afectos, sus amores, hace bromas, se fija en la gente importante de la cultura, de la política, los autores que ama, de Fuentes, de Fernando Pessoa, de García Márquez. También habla de Berlusconi, al que no ama, por supuesto”, concluyó la viuda del escritor portugués.